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Pase lo que pase, al pueblo cubano le tocará lo peor

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Cubana espera en cola para comprar productos de primera necesidad (foto archivo)

LA HABANA, Cuba. – Marina Ayala tiene 74 años. Debe ser de las pocas personas de más de sesenta que no posee ninguna de las condiciones médicas preexistentes que la harían vulnerable a contagiarse con la COVID-19. Desde que comenzó a agravarse la situación epidémica en Cuba ha puesto en práctica todas las medidas de protección y acatado, hasta donde le ha sido posible, el distanciamiento social.

Sobre el aislamiento absoluto la enérgica anciana no quiere saber. Considera ridículo que autoridades y periodistas repitan que hay que quedarse en casa cuando es imposible comprar comida, aun teniendo dinero. La urgencia del hambre la obliga a salir a diario, tomando todas las precauciones pero sin miedo, porque Marina pertenece a una generación que confía plenamente en los beneficios de comer adecuadamente y tres veces al día.

En ese sentido, asegura que aquí todos somos vulnerables a la COVID-19 debido a los prolongados ciclos de mala alimentación que ha padecido el pueblo. “Cualquiera puede ser diabético o hipertenso, pero cuando la gente no come bien se enferma aunque no padezca de nada”. A pesar de los pronósticos, Marina cree que la población mayor de 60 años podría aportar menos casos y víctimas que los restantes grupos etarios, precisamente porque “comió lo que tenía que comer en los años más importantes del desarrollo”.

Su criterio, basado en una idea asumida desde la infancia, coincide con los datos socializados por el Ministro de Salud, Dr. José Ángel Portal Miranda, según los cuales hasta el momento el mayor número de contagios se han verificado en la población de entre 54 y 59 años. El funcionario también se refirió a otro rango de infestados que incluye un número significativo de personas menores de 45 años; una tendencia que, de mantenerse, impactaría negativamente en la fuerza laboral del país.

Para Marina, la relación entre esas cifras y la contingencia alimentaria que ha atravesado Cuba durante sesenta años -con una pausa marcada por su integración al CAME- es clara. A ello habría que sumar la falta de suplementos vitamínicos o estimulantes del sistema inmunológico, así como el consumo de alcohol y tabaco, en especial el tabaquismo pasivo.

“Cuando era niña mi padre nos daba diariamente, a mis hermanos y a mí, una cucharada de Emulsión de Scott y vitamina C. Éramos pobres pero jamás nos faltó la buena comida, ni las vitaminas, ni jarabes para el sistema inmunológico (…) Yo oigo a la gente joven quejarse de fatiga, dolores en los huesos, en el pecho, mareos. Parecen más viejos de lo que son en realidad”.

La anciana está convencida de que su organismo de 74 años tiene mejores defensas para combatir la COVID-19 que las nuevas generaciones. El Período Especial afectó severamente la salud de los cubanos, sobre todo de los nacidos después de 1959. Decenas de miles arrastran las secuelas de la polineuritis avitaminosa y otras enfermedades inmunodepresoras. En comparación con sus padres y abuelos podrían resultar más débiles de cara a un virus cuyo enfrenamiento requiere de un sistema inmunológico fuerte, puesto que no existe cura todavía.

Considerando que el 30% de la población cubana es asmática, otro tanto padece de hipertensión y el 10% de Diabetes Mellitus -según datos aportados por el Dr. Francisco Durán, director nacional de Epidemiología-, debieron tomarse medidas urgentes para producir y poner en venta alternativas terapéuticas con una función preventiva y coadyuvante.

La realidad es que las farmacias de Cuba, incluso las que comercializan en divisas, están desabastecidas de suplementos nutricionales y vitamínicos, un detalle que viene a pespuntear de gris el negro panorama de las aglomeraciones para intentar comprar lo que aparezca. Por toda respuesta, la empresa Labiofam ha creado el Preveng-Ho-vir, fármaco homeopático para el tratamiento profiláctico de la COVID-19 en la población mayor de sesenta años, que representa el 20.4% de los cubanos.

Aunque procura ser optimista, Marina no cree que sea suficiente con la homeopatía y la policía en la calle tratando de poner orden. La imposibilidad de acceder a una alimentación adecuada amenaza al país; no solo por lo que no hay, sino por el efecto potencialmente devastador de productos como las salchichas, que la gente acapara y consume a diario a pesar del peligro de desencadenar cuadros de hipertensión arterial, un padecimiento para el que también escasean las medicinas.

“Cuba es un país enfermo”, asegura la anciana mientras baldea el portal de su vivienda. Lleva razón al decir que el manejo de la epidemia ha sido deficiente. Las personas siguen en la calle buscando comida; no hay medicinas ni desinfectantes menos dañinos que el cloro, altamente irritante de las vías respiratorias. Sea cual sea el resultado de lo que está por venir, el régimen no saldrá bien parado; pero al pueblo cubano le irá mucho peor.

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La escasez de medicinas es culpa del régimen, no del embargo

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Farmacia en Santa Clara (foto archivo)

LA HABANA, Cuba. – La falta de medicamentos es otro viejo problema que el gobierno tampoco puede resolver, porque en este sector, como en otros, no existe un método efectivo para controlar y planificar el trabajo y los recursos. Tampoco hay que olvidar la falta de sentido de pertenencia y la pérdida de valores morales de los funcionarios que intervienen en este proceso. Cuando el Dr. Emilio Delgado Iznaga, director de Medicamentos y Tecnología Médica del MINSAP, en la Mesa Redonda del 7 de junio admitió: “Donde falta (un medicamento) hay de uno u otro problema, problemas organizativos, de distribución, de pedido, de algo”, nos hizo pensar que son estas brechas las que dan lugar al desvío de medicamentos que nutren a la bolsa negra.

Al referirse a las farmacias, el Dr. Delgado Iznaga reconoció un “debilitamiento en el trabajo de las mismas, la falta de control y la tremendísima responsabilidad que tienen”, y como siempre, para echarnos a pelear unos con otros, concluyó: “La población debe exigirle a las farmacias”. ¿Es que acaso los administradores de las farmacias son los responsables de que los medicamentos se desvíen para donaciones a sus compinches, o para hacer política, o para exportar, como sucede con otros recursos que se le escatiman a la población?

“En esto de la venta de medicinas, la farmacia es el último eslabón de la cadena, y como en otros casos, esos trabajadores reciben bajísimos salarios. Sin embargo, no se puede perder de vista que todos tienen estómago y familia que mantener, pero el bloqueo interno de 60 años no permite un salario decoroso, por eso roban para malcomer”, me comentó una vecina.

Aunque la compra-venta ilegal de medicamentos es un tema muy sensible, es el gobierno el responsable, como dueño absoluto de los medios de producción, de garantizar a los enfermos las medicinas que necesitan. La opinión que más se escucha de las personas que compran en la bolsa negra es que preferirían hacerlo en las farmacias al precio establecido, mas con esta opción, aunque más cara, al menos se sienten aliviados, pues las enfermedades no esperan y siempre es preferible a la farmacia internacional. “Ahí sí la puñalada es grande”, me dijo Alain. Cuando su padre de 85 años enfermó de bronconeumonía y el médico le sugirió el antibiótico efectivo, lo buscó y no lo encontró en bolsa negra, por lo que tuvo que acudir a la farmacia internacional.

Al referirse a los 138 medicamentos que están en falta, el doctor Delgado aclaró que los médicos tienen otras opciones dentro del cuadro básico de medicamentos. Sin embargo algunos, conscientes y sensibles, a riesgo de la reacción del paciente, sugieren pedirles a algún familiar en el extranjero, algo que los cubanos hacen con mucha frecuencia, sobre todo por la necesidad de vitaminas y suplementos dietéticos que en nuestro país no se comercializan.

En cuanto al Polivit desaparecido hace casi un año el Dr. Delgado reconoce: “En el caso del Polivit se ha decidido, a pesar de ser muy necesario, aplazar su circulación. La industria tiene materia prima para hacerlo, pero nos hemos puesto de acuerdo para poder hacerlo controlado”.

Y es que la escasez de medicamentos fundamentalmente por falta de materia prima es un problema que data de algunos años. Al respecto, los comentarios generalizados de personas que tienen vínculos con la Industria Farmacéutica es que esto parece deberse al incumplimiento en los pagos a los proveedores, y se menciona a China como uno de ellos. Dicho incumplimiento es, de hecho, un viejo hábito de nuestro gobierno, por lo que esta versión resulta más verosímil que culpar al reciente recrudecimiento del embargo, como lo hicieron dirigentes del sector en la Mesa Redonda del 6 y 7 de junio.




Farmacia en Santa Clara con anuncios de la República… ¡y sin medicinas!

Farmacia en Santa Clara (foto del autor)

VILLA CLARA.- Limonada purgante, cigarrillos balsámicos que quitan el asma, corifina contra la ronquera, geniol para los resfriados, cafiaspirina para la jaqueca… En las vidrieras de la farmacia más céntrica de Santa Clara han colocado publicidad original de la etapa republicana en Cuba.

Hace más de cinco meses que comenzaron las labores constructivas en este inmueble que data aproximadamente de la segunda década del siglo XX y que perteneció al Doctor en Farmacia Federico Alvares de la Campa y a su familia hasta 1959. Cerca de 170 mil CUC costó la remodelación del local, ejecutada por el Fondo de Bienes Culturales.

El pueblo siempre la reconoció como la “Farmacia Campa”, a pesar de que su nombre original a relieve fue retirado y sellado con pintura para borrar de su fachada cualquier vestigio que indicara privatización. A casi seis décadas, el local vuelve a exhibir la estampa de su propietario encima del portón.

Tras la clausura de la instalación, ubicada específicamente en el boulevard de la ciudad, muchos pacientes tuvieron que moverse a otros barrios para adquirir los medicamentos prescritos. “Bonito, muy bonito, pero siguen perdidas una pila de cosas”, se queja uno de los ancianos que hacen fila este viernes para comprar pastillas.

Farmacia en Santa Clara (foto del autor)

Aunque la mueblería luce totalmente remozada a la usanza de antaño, en ninguna de ellas se muestran los medicamentos disponibles. “Seguro, porque no alcanzan a llenar los estantes”, protesta otra señora de la cola. En una de ellos solo logra visualizarse una bolsa térmica sin precio disponible.

“Esto lo que parece es un museo”, espeta otra mujer que se detiene a mirar la cantidad de vasijas de uso químico exhibidas en las vidrieras y que acompañan a la publicidad, alguna en idiomas incomprensibles para la mayoría de los transeúntes como francés o alemán. “¿Pa’ qué ponen esto si no lo venden aquí?”, pregunta ella. “Pa’ lindo mijita, pa’ lindo, pa’ que los turistas se recreen. Y con la cantidad de gente sin casa que hay…”, le contesta el viejo revendedor de cuchillas y periódicos que meses antes tuvo que retirarse de esos portales donde postraba su pequeña quincalla.

En Villa Clara, donde están reparando varias edificaciones como parte de una regeneración urbanística, gran parte de ellas para entregarlas a la cadena Palmares y acercarlas al consumo turístico, aún escasean medicamentos y productos de primera necesidad en las Tiendas Recaudadoras de Divisa (TRD).




Escasez de medicamentos en Cuba afecta actualmente a 45 fármacos

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Cola en una farmacia de Santa Clara (Foto archivo)

LA HABANA, Cuba.- El desabastecimiento de medicamentos en la red de farmacias y hospitales estatales de Cuba afecta actualmente a 45 productos luego de la crisis que alcanzara un déficit de 150 fármacos en agosto del pasado año, informan hoy medios oficiales de la isla.

Del cuadro básico del país -integrado por 761 medicamentos- faltan productos identificados como de “primera prioridad” por el Ministerio de Salud Pública (Minsap), entre ellos los empleados para el tratamiento de la gota, problemas circulatorios, afecciones cardiovasculares, la epilepsia y el mal de Parkinson.

La jefa del Departamento de Análisis y Planificación de medicamentos y Farmacoepidemiología del Minsap, Cristina Lara, explicó que la afectación de las medicinas para tratar esas enfermedades se debe a que las materias primas necesarias para producirlas son importadas y no están disponibles, según cita un artículo publicado en el periódico Juventud Rebelde.

La empresa estatal BioCubaFarma produce 505 (63 %) de los 801 fármacos consumidos en el país, para lo que importa más del 85 % de la materia prima, en su mayoría comprada en mercados lejanos como China, India, y Europa.

En el caso del alopurinol y la colchicina, empleados por los enfermos de gota, la especialista dijo que deben tener solución en julio tras la llegada de las materias prima al país a finales de este mes, y otros productos ya están en la isla y se distribuirán próximamente, mientras se buscan soluciones para los restantes.

En los últimos dos años, Cuba ha sufrido el desabastecimiento de una serie de medicamentos de alto consumo ocasionado principalmente por impagos a proveedores extranjeros, pero también por la venta ilegal y otras prácticas fraudulentas en el acceso a los fármacos, según reconocieron en noviembre pasado autoridades del sector.

En ese sentido, el director de Medicamentos y Tecnologías médicas del Minsap, Emilio Delgado, señaló que además del déficit en la producción y distribución de medicamentos, las ilegalidades y hechos de corrupción asociados a la venta ilícita de medicamentos mellaron notablemente la disponibilidad y accesibilidad de los productos.

Recordó que por esa razón se adoptaron medidas para “erradicar estas prácticas y mejorar la calidad” del servicio, entre ellas la reducción de más de 200.000 inscripciones de medicamentos controlados que no se correspondían con las necesidades reales de los pacientes con enfermedades crónicas en el país.

Desde 2017 las autoridades de la isla intensificaron el control, descubrieron una red de funcionarios y obreros que adulteraba con un placebo un medicamento de consumo infantil y aplicaron medidas administrativas que incluyeron la separación definitiva de la entidad, destituciones del cargo, descuento salarial, denuncias a la policía y pusieron en circulación un nuevo modelo de receta médica.

El directivo del Minsap refirió que tras la crisis con la disponibilidad de medicamentos y a partir de un estudio realizado por el Minsap y el grupo BioCubaFarma se establecieron tres niveles de prioridad dentro del cuadro básico de medicamentos.

En primer lugar se ubicaron los fármacos que “no pueden faltar”, que hoy son 450, en segundo los que “no deben faltar”, y en un tercero los que ante situaciones de crisis “podrían sufrir mayores afectaciones”, como algunas cremas, excepto las destinadas a la atención de pacientes con quemaduras.

EFE




¡A medicarse corred, caibarienenses!

VILLA CLARA, Cuba.- El año empezó, con la farmacopea del cubano “entarjetado” prácticamente pelada. Como casi siempre, reciclado, y a la espera de la abundancia imperialista que este travestido capitalismo de estado se resiste a colimarle.

La carísima cadena “Caracol S.A.” adelantadita ella, que es de raíz hotelera y que nadie explica por qué está inserta en un pueblo derrumbado cuyo rescate hoy parece más obra del apremio que del deseo de volverlo atractivo para un “futuro” turismo, tiene un establecimiento abierto en el antiguo Ten Cents local, el que no hace honor al ancestral, anglo y abaratado nombrecito.

Lo mismo que su legendaria casa-matriz habanera, cita en Galiano y San Rafael y que era sitio exclusivo para comer, convertida ayer en el mercado Trasval de la ferretería más cara de la tierra. Ambas esquinas están henchidas de flagrantes inflaciones.

Bueno, Trasval era: “Tras-paso de Val-ores”. Con la corrupción, cambió el sello. No los guarismos. Caracol siguió enroscada como tripa de ombligo, engordando estafas a las bivalvas masas.

El sorprendente reconocimiento —hace muy poco— del Estado —¿partido en partes?— a su incapacidad para controlar la producción estable (antaño maciza), garantizar recursos fiables, materias primas y calidades mínimas al producto farmacológico terminado, o abastecer periódicamente los estantes de dispensarios médicos, constituye otra alarma entre los muchos accidentes que se esconden en la espesura cubana.

Porque develar pistas de esas dañinas maniobras nunca ha sido prioridad en la rotunda mesa, que intenta embrollar al ingenuo y al iluso tirándoles trapos a diestra y siniestra.

Pero la parte sabrosa de la comercialización lustrosa, la que corre de la mano de la gerencia milico-lucrativa, esa, no se esconde. Por el contrario, titila.

Baste mirar los insultantes (des)precios que en vidrieras exhiben los establecimientos (que por suerte aún quedan abiertos para los que puedan acceder a ellos) a mercancías extintas y quiméricas.

Pero que se venden aún por obra y gracia del viejo exilio adolorizado más la nueva mafia nacional —experta en escaparse por la ventana  a la hora del conteo— y que se auto-exonera.

Porque los turistas no necesitan comprarse medicamentos en su breve paso por la isla. Estando advertidos de la ubicua carencia nacional, cargan todo lo que necesitarían desde punzarle un dolor hasta un entablillamiento. Luego regalan lo acarreado antes de partir (en la mayoría de los casos).

Por ejemplo, no se vende en farmacias populares ningún derivado del diclofenaco sódico (conocido como Voltarén) que resulta un analgésico instantáneo para aliviar enfermos terminales o crónicos. Lo que viene para ellos es dipirona, cuando viene. Y hay que matarse en la cola cantada o comprarla a sobreprecio, lo cual duplica los dolores aliviables con el ausente remedio.

Una ampolleta inyectable de Voltarén (75 mml) subió en un lapso de 12 meses de 5 cuc a 7,50.  El neurobión, similar, está a 8,10. Una tira de 10 tabletas (100 mg no-retard) que costaba 4,50 frisa la decena.  Ahora en la re-preciación por vencimiento, siquiera existen. ¿Y que han devaluado? Pues lo invendible.

No es consecuencia de una política paliativa en pos de solventar carencias u otra magnanimidad humanitarista. Eso se lo dejan a iglesias, caravanas solidarias y demás nexos misericordiosos. Es nuestra cabrona propensión a la pedigüeñería.

Es también impugnación a la vergüenza de no dar, no regalar a instituciones, siquiera a hospitales, hospicios y demás ramales de los estropeados MINSAP y MINED, que los teloneros ideológicos usarían cual triunfalista propaganda.

Prefieren mirar las caras de clientes boquiabiertos apegados a la pecera que tener un gesto de piedad con ellos.

Habituados como estamos a la devaluación progresiva e involucionaria del sistema; ¡Aquí lo que cuenta es el cash!

Y nada más (que ese fue el mejor y más cumplido línea-miento).




“Si falta uno, ya no hay solución”

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VILLA CLARA.- La falta de financiamiento para pagar a los proveedores extranjeros de materias primas es responsable de la carencia de medicamentos básicos que se hizo notoria en Cuba desde 2016 y dura hasta hoy, reveló al periódico Granma a finales de 2017 Rita María García Almaguer, directora de operaciones del Grupo de las Industrias Biotecnológica y Farmaceutica (BioCubaFarma).

Según la funcionaria, “más del 85% de los productos que se utilizan en la producción de medicamentos y el 92% de los principios activos, provienen de mercados lejanos como China, India y Europa”.

Sin embargo, asegura que “la industria se ha ido recuperando”  después del paro de varias fábricas en los últimos dos años y actualmente mantiene estabilidad en la mayoría de las producciones.

El desabastecimiento, insiste la funcionaria, no impidió “la entrega estable de medicamentos al programa de VIH y atención al grave, así como de oncología”.

Numerosos seropositivos, sin embargo, han interrumpido las terapias antirretrovirales en Cuba en los últimos meses por falta de Lamivudina, el más básico de los medicamentos contra el Sida que fabrica la industria nacional.

“Primero se perdió el Tenofovir”, explica Rafael Ramírez, seropositivo hace más de ocho años.

Sin indicaciones médicas ni opciones de sustitución, Ramírez aumentó la posibilidad de resistencia viral al abandonar los tres medicamentos establecidos y conformarse con dos.

“Así estuve hasta que desapareció también la Lamivudina”, sigue Ramírez, que llegó a consumir apenas un medicamento durante varios meses con riesgo de empeorar su pronóstico de salud.

Las monoterapias se usaron sin mucho éxito entre 1987 y 1996 con el AZT o Zidovudina como principal opción de tratamiento. Las denominadas “triterapias”, se impusieron a finales del siglo XX como recurso más eficiente para impedir la resistencia viral. Durante la siguiente década, el nuevo esquema terapéutico redujo la mortalidad por Sida hasta el 70% en países como España.

A pesar de la voluntad declarada en escenarios internacionales de combatir el Sida y de la producción de genéricos nacionales en los Laboratorios Novatec, Cuba no consigue garantizar antirretrovirales a todos los diagnosticados. Los que acceden a la terapia gratuita en las farmacias comunitarias del país, con frecuencia tampoco la reciben completa y a tiempo.

A mediados de 2016 se reportó la falta de Efavirenz en un contexto de comunicaciones confusas por parte del viceministerio de Higiene y Epidemiología y el Programa de Prevención y Control de Its-Vih-Sida.

Marisela Lantero, jefa del Programa, declaró entonces a este reportero que “se trabaja para que no falten a nadie (los antirretrovirales)”, mientras Marlevis Bello, subordinada de Lantero en Villa Clara, aseguró que las carencias pueden preverse con tres meses de antelación y, por consiguiente, no deberían ocurrir.

Bello compartió en julio de 2016 una comunicación electrónica de Isis Cancio, funcionaria del viceministerio, donde se indicaba suprimir antirretrovirales tóxicos como Estavudina, que los seropositivos cubanos consumieron varios años a pesar de la recomendación de suprimirlos por parte de la Organización Mundial de la Salud.

A Rafael Ramírez le explicaron en la consulta del policlínico Mario Antonio Pérez, en Sagua la Grande, que “no tenían efecto positivo ni negativo”. La administración de Estavudina durante varios años ocasionó la grave lipoatrofia que se advierte en el rostro de Ramírez.

A Roberto García Gordillo, seropositivo diagnosticado hace ocho años, le dicen en su área de salud que no pueden modificarle la terapia por falta de opciones. Roberto no se adapta a la combinación de Lamivudina, Zidovudina y Nevirapina y aspira a simplificar su tratamiento con Atripla en una dosis diaria.

“La enfermera me advirtió que no cuente con Atripla porque está escasa, pero sé que muchos pacientes la consumen”. Gordillo exige la posibilidad de elegir una opción más cómoda. Mientras tanto, en la espera, su estado inmunológico decae.

“Trabajamos para lograr la disponibilidad de al menos un medicamento por grupo farmacológico”, dijo García Almaguer a Granma. Para el VIH esa política no es suficiente. Tres o nada.

“Si falta uno, ya no hay solución”, concluye Rafael Ramírez.




¿Qué tiene para celebrar el sistema cubano de salud?

Estantes de una farmacia en Cuba (Archivo)

LA HABANA, Cuba.- Algunos medios internacionales han explicado que Cuba cerró el año 2017 con dos grandes crisis: la financiera y la diplomática con los Estados Unidos de América; pero han pasado por alto otras situaciones que se pueden calificar de críticas dentro del país; baste recordar que hace más de una década atrás se mencionaban —de manera constante— las joyas de la corona “revolucionaria”: la educación, el deporte y la salud.

Los dos primeros sectores, educación y deportes, exhiben de manera pública su deterioro incluso en la arena internacional. Las aulas del nivel primario se han visto ocupadas por maestros improvisados, a los que dan por llamar “emergentes”, que no tienen ni formación pedagógica ni vocación, pero sí de forma general muy mal aspecto en la manera de vestirse y una vulgaridad extrema en la forma de expresarse, lo que ha hecho que continúe enfermándose la sociedad en lo que a moralidad se refiere. Por su parte los resultados deportivos internacionales muestran el desastre en que se ha convertido la formación de atletas en el país, tras la pérdida de una gran parte de las instalaciones que se crearon al efecto y la emigración de muchos de los deportistas.

Sin embargo, la esfera de la salud se mantiene ensalzada, mostrando cifras y “logros” que no se corresponden con la realidad que vive el cubano cuando hace uso del Sistema Nacional de Salud Pública. Se dice que “Cuba ha logrado no solo tener un sistema de salud universal y gratuito, sino alcanzar indicadores tan altos como los de naciones del Primer Mundo”.

La dictadura ha estado festejando que, por décimo año consecutivo, se tiene una tasa de mortalidad infantil por debajo de cinco por mil nacidos vivos. No obstante, en los datos mostrados por la Dirección de Registros Médicos y Estadísticas de Salud nada se dice del índice de fecundidad, porque es bien conocido que la mujer cubana no quiere parir, el número medio de hijos que tienen las generaciones que están en etapas reproductivas, cada vez es menor, debido a todos los problemas de índole social, económico y político que existen en el país.

El pasado año nacieron casi 115 mil niños, pero son 1 900 menos que en el 2016, que ya había reducido el número de partos con respecto al año anterior. La población cubana ha envejecido, lo que no contribuirá tampoco a que aumente el número de mujeres gestantes.

El ministro de Salud Pública (MINSAP), Roberto Morales Ojeda, quien es también miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba, significó el aumento de la actividad quirúrgica en el país e incluso planteó que el 14% de las cirugías se habían realizado utilizando técnicas mínimamente invasivas.

Lo que no explicó el alto dirigente fue que en los hospitales hay cerrados un número considerable de salones de operaciones por las malas condiciones en que se encuentran y las agonías que pasan los enfermos ingresados e incluso sus familiares, que les tienen que llevar sábanas, almohadas, toallas, ventiladores, cubos para recoger agua e incluso en algunos casos tienen que resolver los medicamentos. Eso sin contar que la comida del hospital está tan mal confeccionada que para muchos resulta imposible de ingerir.

Por los medios se anuncian las reparaciones de diferentes salas y locales en algunos hospitales, pero la voz popular cuenta la anécdota que el ministro antes mencionado fue a revisar una obra terminada en un hospital de la capital, en el municipio 10 de Octubre, en la Sala de Terapia Intensiva, y después de haber salido del lugar se cayó el techo. Algunos de los que lo acompañaban sintieron mucho que no le hubiera caído encima para que pudiera constatar la mala calidad con la que se repara.

El hecho de que haya una gran falta de medicinas y medicamentos, convierte para el régimen en “resultados significativos” el “lograr” producir más de 71 millones de unidades de productos naturales, para aplicar la medicina “tradicional” alternativa.

Las personas se quejan —en particular la población envejecida— no solo de la falta de medicamentos, sino también de las largas colas que hay que hacer que incluso rebasan las 6 horas. Los mecanismos administrativos son tan complejos, que la persona que despacha en la farmacia se demora mucho entre un cliente y otro, ya que tiene que realizar una cantidad de operaciones, entre ellas recibir certificados médicos, elaborar “tarjetones”, llevar el inventario, elaborar el vale y cobrar.

Para la mujer cubana promedio, es un problema incluso menstruar, porque las almohadillas sanitarias que se venden en la red de farmacias, de forma normada, no tienen la calidad requerida; sin embargo, la Empresa de Materiales Higiénico-Sanitario “Mathisa” produce almohadillas para las Tiendas Recaudadoras de Divisa, que tienen mejor calidad. Habría que aclarar que la organización de la venta en las farmacias, de estas “íntimas”, como las conoce la mujer cubana, exige buscar el nombre de las usuarias, en algunos casos en listados, en otros en enormes libros, que cualifican a la persona para poder comprar y además controlar en la libreta de abastecimientos de la cliente.

Los hechos delictivos vinculados a la venta de medicamentos son tan evidentes que el régimen se ha visto en la necesidad de hacerlos públicos. Se han elaborado medicamentos alterando las materias primas, como el metilfenidato, un psicoestimulante, y se comercializó al igual que si se tratara del legítimo, estando involucrados en esta inhumana operación dirigentes y trabajadores del laboratorio farmacéutico Reinaldo Gutiérrez, del municipio Boyeros. Los receptores en su mayoría fueron niños. Aquellos que tomaron este fármaco pusieron en riesgo su salud y los propios funcionarios del MINSAP han dicho que son imposibles de medir los desenlaces que ha tenido este lamentable suceso.

Entidades subordinadas a BioCubaFarma y al Ministerio de Salud Pública han permitido que se cometan delitos de venta de medicamentos en la bolsa negra, incluyendo los conocidos como “controlados”. De los almacenes se sustrajeron dos bultos valorados en unos 4300 pesos moneda nacional, producto de la falta de control y de las violaciones de lo establecido.

En esta cadena de ilegalidades están las farmacias que realizan ventas con precios alterados y sin prescripción facultativa. La Fiscalía General de la República informó que hay menores de edad vinculados a esos hechos. Incluso se detectó la venta de tramadol (analgésico de tipo opioide que alivia el dolor) en el municipio Guanabacoa que procedía de Guantánamo.

Algunas personas comentan que en las 67 naciones con las que Cuba tiene colaboración médica, debe estar una gran parte de los medicamentos que le faltan a nuestro pueblo. El Ministro de Salud Pública explicó en la recién finalizada Asamblea Nacional del Poder Popular que se encuentran en falta 49 medicamentos, de ellos 44 de producción nacional y 5 de importación.

Según el periódico Granma del pasado sábado 30 de diciembre de 2017, todo está tan bien, que se puede “brindar por la salud”, no obstante, es recomendable revisar el líquido con el que se realizará el brindis.




Otra caja de Pandora se abre en Cuba

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Distribución de medicamentos en Cuba (foto archivo)

LA HABANA, Cuba.- Con fecha 28 de diciembre de 2017 el periódico Granma publicó un extenso artículo donde se destapa un grave hecho delictivo: la adulteración de medicamentos detectada en el laboratorio farmacéutico Reinaldo Gutiérrez, ubicado en el municipio de Boyeros, en la capital cubana, a partir de la sustitución de metilfenidato  por placebo, este último un producto inocuo “utilizado para la limpieza de las máquinas una vez concluida cada  producción de medicamentos”.

La información tiene como fuente un reporte entregado a Granma por la Dirección de Información y Análisis de la Fiscalía General de la República, e incluye una somera referencia a una lista de hechos delictivos detectados en el transcurso del año 2017, relacionados con la sustracción y el comercio ilícito de fármacos en diferentes entidades subordinadas a la Organización Superior de Dirección Empresarial (OSDE) BioCubaFarma, y con sus correspondientes procesos penales, sin profundizar mucho en los detalles.

No obstante, en el caso del referido laboratorio sí se mencionan los chivos expiatorios que suelen acompañar este tipo de noticias en los medios gubernamentales, a saber, una jefa de brigada de la máquina de blisteo, un operario, un jefe de turno y “estibadores de la empresa provincial minorista de medicamentos del Este” –es decir, solo personal de base relacionado directamente con el proceso productivo o con la manipulación y transporte de los fármacos–, quienes se afirma “recibieron en total sumas de efectivo superiores a 1500 CUC”.

Una cifra que constituye una verdadera nadería, en especial si se tiene en cuenta un sencillo dato que no mencionan Fariñas y Rodríguez en su artículo, pero que resulta de capital importancia por sus implicaciones: el metilfenidato es una sustancia psicoestimulante sintética –es decir, una droga– que eleva los niveles de dopamina y norepinefrina en el sistema nervioso central. Por su estructura molecular, el metilfenidato es similar a las anfetaminas, pero sus efectos –que inician aproximadamente 30 minutos después de ingerida la píldora y se prolongan por varias horas– son análogos a los de la cocaína, si bien menos poderosos.

Así, pues, estos malhechores sustraían, no la materia prima de, digamos, las dipironas, los hipotensores o los diuréticos –medicamentos éstos que escasean y tienen gran demanda entre la población– sino “casualmente” una sustancia psicotrópica… Pero las periodistas, (¿piadosamente?) pasan ese detalle por alto. ¿Será que en este Día de los Santos Inocentes la prensa oficial cubana pretende tomarnos el pelo? ¿Acaso se trata de engañar a la opinión pública nacional encubriendo lo que a todas luces es un comercio ilegal de estupefacientes, es decir, una red de narcotráfico dentro de la Isla?

Sin dudas, con la prensa oficial cubana sucede como con la lencería fina: resulta mucho más interesante y atractivo lo que se insinúa que lo que se muestra. Porque todo el texto conduce, además, a otras consideraciones de tipo administrativo sobre las que no se comenta absolutamente nada en el Granma, y que deberían implicar efectos penales para otras testas, mucho más elevadas que las de los delincuentillos atrapados en el caso y señalados en el texto de marras.

De manera que el lector se queda inmerso en un océano de interrogantes y muchas preocupaciones.

Pongamos en la palestra algunos cuestionamientos que emanan de este artículo publicado –no por la prensa enemiga ni por los voceros del Imperio para tergiversar la realidad y dañar a la revolución–, sino precisamente por el órgano oficial del partido comunista de Cuba:

  • Resulta obvio que (al menos) en el mencionado laboratorio no existe un adecuado control sobre las materias primas, incluyendo las que constituyen un fuerte potencial para el desarrollo de un mercado subterráneo de drogas en Cuba, con todo lo que ello implica;
  • no se realiza un adecuado control de calidad con un examen aleatorio sistemático y minucioso de los lotes de medicamentos producidos en el laboratorio de referencia, toda vez que salieron impunemente cantidades indeterminadas de placebo hacia la red minorista, en lugar de las tabletas con los componentes apropiados;
  • las cartas tecnológicas de los laboratorios farmacéuticos pueden ser fácilmente violadas por personas inescrupulosas que trabajan en esta industria;
  • la maquinaria del laboratorio es susceptible de ser utilizada a voluntad por operarios y otros trabajadores;
  • no existe un sistema de vigilancia eficaz sobre el proceso productivo a pesar de que se manejan sustancias psicoestimulantes que –como es informalmente conocido– están comenzando a inundar muchos barrios y sitios puntuales muy concurridos de la capital cubana.

Llegados a este punto, cabe preguntar: ¿qué garantías hay de que estas y otras violaciones no se estén cometiendo en otros laboratorios, incluyendo la producción de fármacos que se exportan a otros países?; ¿a quién pueden demandar los padres de los niños que –según refiere el artículo– estuvieron consumiendo tabletas adulteradas, sin efectividad alguna para el tratamiento de su enfermedad?; ¿cuán serias y confiables pueden ser las certificaciones que avalan la producción de medicamentos en Cuba?;¿hasta cuándo  se seguirá omitiendo la inexcusable responsabilidad de todos los directivos de la industria farmacéutica y otros funcionarios relacionados con ésta, desde los más cercanos al proceso productivo hasta el flamante presidente de BioCubaFarma, señor Eduardo Martínez Díaz y el propio Ministro de Salud Pública, doctor Roberto Morales Ojeda?;¿en verdad alguien se cree que “la preparación del personal, el sentido de pertenencia, los valores éticos y morales y la formación político-ideológica” serán estrategias eficaces para erradicar los delitos que en el artículo son eufemísticamente llamados “hechos extraordinarios”?

Seguramente sin proponérselo, estas corresponsales del Granma han puesto el dedo sobre una llaga que, si lo piensan bien, tal vez hubiesen preferido dejar oculta, porque lo cierto es que la podredumbre de la realidad cubana de hoy es tan general e incontrolable que resulta imposible destapar una fracción de ella sin exponer un aluvión de corruptelas que salpican incluso los pies más egregios, tal como si se tirase porquería contra un ventilador.

Han abierto otra caja de Pandora que, con toda seguridad, tendrá algunas secuelas… quizás algunas de las cuales no estaban previstas. Son los riesgos de la profesión, incluso para aquellos que dejan preterido el compromiso con la verdad para postrarse a los pies de las ideologías.




Escándalo en Cuba: Funcionarios adulteraron medicamento infantil

Cola en las afueras de una farmacia en La Habana, octubre 2017 (Foto archvio)

LA HABANA, Cuba.- La Fiscalía General de Cuba (FGR) destapó una red de funcionarios y obreros que adulteraba un medicamento de consumo infantil para su venta en el mercado negro, una práctica que prolifera en medio del desabastecimiento en las farmacias cubanas, informaron hoy medios oficiales.

El delito, descubierto en uno de los laboratorios de la empresa estatal de medicamentos BioCubaFarma, consistía en sustituir el principio activo metilfenidato por una sustancia placebo en la fabricación del fármaco comercializado como “Ritalin”.

Este medicamento es un psicoestimulante recetado a niños y utilizado para tratar el Trastorno de Déficit de Atención (TDA) con hiperactividad.

Las medicinas adulteradas llevaban un “placebo que es utilizado para la limpieza de las máquinas una vez concluida cada producción de medicamentos”, especificó la FGR en un extenso artículo a página completa del estatal diario Granma.

“Como consecuencia estos productos fueron introducidos en farmacias de la capital y posteriormente vendidos a padres de niños que reciben este medicamento por las patologías que presentan”, el “punto más triste e indignante” del reporte oficial, insiste Granma, órgano del gobernante Partido Comunista de Cuba (PCC, único).

Los responsables, según la investigación, son varios trabajadores de un laboratorio farmacéutico del municipio Boyeros de La Habana, entre ellos “la jefa de brigada de la máquina de ‘blisteo’ (empaque), un operario, un jefe de turno y estibadores de la Empresa Provincial Minorista de Medicamentos del Este”.

De acuerdo al grado de participación, los implicados recibieron sumas en efectivo de más de 1.500 CUC (equivalente al dólar), muy superiores a los 28 dólares al mes que gana como promedio un trabajador estatal cubano al mes.

En el último año y medio se ha agravado en Cuba el desabastecimiento de numerosos medicamentos debido fundamentalmente a impagos a proveedores extranjeros, pero también a la venta ilegal y otras prácticas fraudulentas en el acceso a los fármacos, según reconocieron en noviembre último las autoridades estatales del sector.

En la isla las medicinas están subvencionadas por el Estado y se pagan en moneda nacional muy por debajo de su valor de mercado, por lo que una parte acaba desviada al mercado ilícito para ser vendidas en divisas.

La dipirona, el analgésico y antipirético más utilizado en Cuba; los diuréticos que forman parte del tratamiento contra la hipertensión, los antihipertensivos, antihistamínicos, y las pastillas anticonceptivas, son algunos de los medicamentos desaparecidos de los estantes.

La Fiscalía General abrió expedientes a otros trabajadores de BioCubaFarma por la “comercialización de medicamentos en el mercado informal” en especial los llamados “controlados”, medicamentos de alta gama vendidos a pacientes crónicos.

En una de las sucursales del grupo estatal en La Habana se detectó la pérdida de dos bultos de fármacos valorados en 4.274 pesos cubanos (unos 170 dólares).

Otros delitos fueron descubiertos directamente en las farmacias, donde se vendían productos en falta a precios mayores que los establecidos y sin prescripción médica.

En uno de estos casos, en una farmacia del municipio capitalino de 10 de Octubre, estuvieron involucrados menores de edad.

“Los referidos casos se encuentran en tramitación algunos y otros se presentaron a los tribunales con solicitud de sanciones severas, atendiendo a la responsabilidad probada a los acusados, conducta y antecedentes administrativos y policiales”, agregó la Fiscalía.

El presidente de BioCubaFarma, Eduardo Martínez, reconoció la semana pasada ante el Parlamento cubano que el 2017 “ha sido un año complejo” y “cuando existe escasez proliferan los hechos de indisciplina, sobre todo la sustracción de medicamentos”.

Los fármacos más vulnerables a la sustracción son las tabletas, los analgésicos, antipiréticos y otros mucho más costosos, que se sustraen para venderlos en otros países, como los hemoderivados y los biotecnológicos, explicó Martínez.

En Cuba faltan hoy 49 medicamentos, de ellos 44 de producción nacional y cinco importados, dijo por su parte el ministro cubano de Salud, Roberto Morales, que auguró un 2018 “de esfuerzo del país” en este sentido.

BioCuFarma produce 505 (63%) de los 801 fármacos consumidos en el país, para lo que importa más del 85 % de la materia prima, en su gran mayoría comprada en mercados lejanos como China, India, y Europa.

(EFE)




Cuba: sin medicinas y sin “bondad”

Cola en las afueras de una farmacia en La Habana, octubre 2017 (Foto archvio)

LA HABANA, Cuba.- La farmacia, en plena avenida de Carlos III, en la capital cubana, estaba atestada de personas. La cola se extendía hacia afuera del local y formaba un conglomerado humano en el portal, entorpeciendo el paso a la entrada del edificio de apartamentos colindante. “¡Hace una semana que no puedo dormir por falta de mi medicina!”, grita a voz en cuello una paciente frustrada al enterarse que, después de esperar su turno por más de una hora, ya se ha agotado el alprazolam, medicamento indicado por su psiquiatra para tratar su ansiedad y su trastorno del sueño. “¡Llevo días recorriendo las farmacias de los 15 municipios y nada!, ¡a nadie le importa, nadie sabe cuándo habrá la medicina, nadie soluciona el problema! Aquí el que no tiene un buen billete o un familiar en el extranjero que le mande la medicina lo único que le queda es morirse. Y después pon el noticiero y oye lo bueno que es el sistema de salud cubano. ¡Es una burla y una falta de respeto!”.

Las impasibles dependientas tras el mostrador continúan despachando los escasos productos en existencia y la mujer sale como una tromba furiosa de la farmacia. Mientras se aleja por la acera sigue descargando su impotencia en alta voz, desbarrando contra “este puñetero país de mierda” y agitando en el aire la inútil receta. La gente en la cola se queda mascullando sus propias y particulares desgracias. Un señor hipertenso se queja de que hace dos meses no logra comprar el enalapril ni la clortalidona, una cardiópata asegura que están faltando los antiarrítmicos como el atenolol y el nitrosorbide. Todo el mundo comenta sobre la escasez de duralgina, aspirina, meprobamato.

Es una escena cotidiana. La severa escasez de medicamentos que se ha estado agudizando en Cuba en los últimos meses, lejos de solucionarse, ha devenido tendencia que amenaza con convertirse en un mal tan “irreversible” como el sistema sociopolítico que la genera. La propia prensa oficial ha reconocido la falta de medicinas, que incluye al menos 160 fármacos, pero no ha apuntado la solución del problema ni una probable fecha de normalización en los abastecimientos a las farmacias.

Esta carestía, sin embargo, no es un fenómeno aislado ni reciente. Desde los angustiosos años 90’, tras el colapso del comunismo soviético, no solo se produjo una caída estrepitosa en la producción nacional de fármacos, sino que también disminuyó sensiblemente la importación de los que no se generaban dentro de la Isla. De hecho, la mayoría de las medicinas que se expendían libremente en la red de farmacias, sin necesidad de prescripción facultativa, pasaron a ser “controladas”, lo que significa que comenzaron a venderse solo contra receta médica debidamente acuñada.

Desde entonces y hasta hoy, la lista de fármacos racionados incluye también algunos de los analgésicos más básicos, materiales de curación, ungüentos, termómetros y otros artículos, lo que ha marcado una mengua significativa en el botiquín familiar del común de los cubanos.

Fue precisamente en medio de la crisis de los 90 cuando se implementó el “tarjetón”; una ficha personal donde constan nombres y apellidos, número de identidad y dirección particular, concebida para garantizar en las correspondientes farmacias los medicamentos necesarios para los pacientes de enfermedades crónicas —diabéticos, hipertensos, cardiópatas, neuróticos, etc.—, previa presentación del certificado médico que acreditara el padecimiento en cuestión.

Justo es reconocer que la medida logró su propósito, al menos mientras se mantuvo estable el suministro regular de las medicinas en las farmacias. Sin embargo, la actual crisis de medicamentos afecta incluso a este creciente sector de pacientes crónicos, a muchos de los cuales les resulta vital el acceso a los fármacos indicados en el tratamiento de sus enfermedades.

El asunto se torna tanto más grave por cuanto la población cubana presenta una indetenible tendencia al envejecimiento, y se sigue registrando un aumento significativo de enfermedades de alto riesgo para la vida, como la hipertensión, las afecciones cardiovasculares, la diabetes y la hipercolesterolemia.

Entretanto, y como sucede invariablemente ante cada situación de penuria, a lo largo de los años se ha desarrollado una robusta e intrincada red de mercado ilegal de medicinas, en cuya ancha corriente medran tanto ciertos administradores y dependientes de farmacias —dado su acceso directo al producto— como pequeños negociantes de ocasión, de esos que pululan en cada barrio traficando con cualquier cosa medianamente vendible, hasta algunos galenos inescrupulosos y “cuadros” burócratas del sistema nacional de salud, quienes disponen a su arbitrio de los talonarios de recetas. Porque, como se sabe, la corrupción y las miserias son directamente proporcionales: crecen a la par.

Por supuesto, la ley de la oferta y la demanda funciona perfectamente en el mercado negro, de manera que a medida que aumenta la escasez los precios de las medicinas se han disparado. Algunos productos duplican, cuando no triplican, su precio anterior en el propio mercado informal. Por ejemplo, un blíster de 10 tabletas de la muy demandada duralgina (dipirona), un analgésico que en la red de farmacias tiene un precio de 40 centavos en moneda nacional y que hasta hace poco costaba 5 pesos (CUP) en el mercado negro, ahora se llega a cotizar en 10 (CUP).

Lo mismo sucede con los psicofármacos, también de alta demanda en un país donde el estrés y la depresión forman parte del cotidiano de vida. El clorodiazepóxido, el diazepam, el alprazolam, entre otros, se han encarecido hasta ponerse fuera del alcance de aquellos que más los necesitan: los más pobres.

Hasta el momento, las autoridades han evitado profundizar en el tema, que apenas han mencionado tangencialmente. Días atrás el anuncio en los medios oficiales acerca de que en la televisión se destinaría una transmisión de la “Mesa Redonda” a analizar este delicado asunto, creó expectativas en la población. Sin embargo, por razones no explicadas al público se ha pospuesto dicho programa.

Por el momento, se mantiene la crisis, y según testimonios de algunos galenos que han preferido permanecer en el anonimato, en hospitales como el muy renombrado Hermanos Ameijeiras, enclavado en el municipio Centro Habana, pronto comenzarán a impartirse charlas y conferencias a los médicos sobre las bondades y ventajas de la medicina homeopática, lo cual indica que las carencias de medicamentos verdaderamente efectivos van para largo.

Varios estantes están vacíos en esta farmacia. La situación se repite en toda la capital (Foto archivo )

Pero tan irritante como la crisis es la “solución” que se aporta desde la sección Acuse de Recibo del periódico Juventud Rebelde. Bajo el título de “Medicamentos, angustias y estrategias”, el reportero Jesús Arencibia Lorenzo reproduce la carta de un lector que se queja de que nunca alcanza a comprar sus medicamentos de hipertenso —es decir, fármacos controlados por “tarjetón” y supuestamente garantizados por la red de farmacias— porque mientras él pasa el día trabajando hay personas que no trabajan y que hacen la cola y “acaparan”, de manera que “siempre son los mismos” los que consiguen las medicinas cada mes.

El lector en cuestión comenta que “cada minuto, hora, día y mes que pasa” sin las medicinas se sufre “deterioro del organismo y propensión a sufrir accidente cerebrovascular o de miocardio”. Todo lo cual es rigurosamente cierto y razonable; no así su propuesta de solución. El referido lector asume que, ante la insuficiente distribución del medicamento lo justo es “aunque sea repartir a la mitad: un mes para ti, uno para mí”.

Es decir, su propuesta no consiste en exigir que se busque una vía para solucionar la escasez de medicinas, sino poder acceder a los fármacos al menos en meses alternos: el mes en que “le toque” la medicina estaría a salvo del infarto y al mes siguiente (cuando “le toque” a otros) viviría bajo riesgo de morir. O sea, este sujeto no aspira siquiera a tener la medicina cada mes, como “los acaparadores”, sino que para él la expresión máxima de justicia sería que éstos estuvieran tan jodidos como él.

Un supuesto que apoya el periodista Jesús Arencibia, cuando arenga: “En medio de carencias cuya solución muchas veces no está al alcance inmediato de la mano, lo que no se debe perder, al menos en un proceso social como el nuestro, es el sentido de la justicia y de la bondad, para que bonanzas y penas se repartan con la mayor equidad, en cada caso”.

Y añade al cerrar: “Quizá cuando avancemos al escenario de máxima transparencia”, en el cual la entrada de fármacos a las farmacias y los registros de cifras de pacientes sean documentos accesibles y públicos para la ciudadanía —“escenario de control popular”, lo llama él— “tal vez evitemos que unos pocos se beneficien mientras los demás siguen aguardando en zona de peligro”.

Todo lo cual sugiere que al final del día podrán faltar los medicamentos que nos mantienen dolorosamente vivos en esta ínsula absurda, pero lo que sí no puede faltarnos es la “bondad” que nos permite multiplicar las miserias. ¡Y todavía hay quienes se preguntan cómo es que el castrismo ha logrado sobrevivir por más de 60 años!