1

Menudo anticipo el de la refinería de Cienfuegos

Derrame de petróleo en la bahía de Cienfuegos (Cubadebate)

GUANTÁNAMO.- Las intensas lluvias que en días recientes azotaron a la provincia de Cienfuegos añadieron a sus consecuencias naturales otra que pudo haberse evitado y obstaculiza los esfuerzos que por años se vienen realizando para recuperar el ecosistema de la contaminada bahía de Cienfuegos.

Algunos dirigentes locales han tratado de minimizar los hechos, pero las imágenes transmitidas este miércoles por el Noticiero Nacional de la Televisión y las que hoy publicó Cubadebate refutan inobjetablemente esa posición.

Según un reportaje realizado por varios periodistas de Juventud Rebelde y publicado por ese medio de prensa ayer 30 de mayo, “una gran mancha de petróleo se extendía por la extensa área impactada”, desde la zona del malecón hasta La Punta y el canal de la bahía. Los autores del reportaje dicen que se “escaparon” (¿?) unos 12 000 metros cúbicos de aguas oleosas mezcladas con hidrocarburo almacenado en las piscinas residuales de la refinería de petróleo Camilo Cienfuegos, según declaró al periódico Yarina de la Caridad Herrera, delegada territorial del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (CITMA).

Ante las cámaras del noticiero el gerente de la refinería encomió la rápida respuesta del colectivo laboral al colocar una barrera colectora. Pero fue una declaración carente de objetividad según demuestran las fotos e imágenes publicadas.

El director de la planta, ingeniero Hermenegildo Montalvo Ibarra, aseguró que la velocidad de las aguas del cañón de la bahía de Jagua se llevó completamente el producto contaminante y hoy la rada tiene entre un sesenta y un setenta por ciento de hidrocarburo en casi todas sus zonas.

La propia televisión nacional informó ayer sobre un barco arrendado por Cuba que encalló frente al poblado del Castillo de Jagua y en las imágenes se apreciaron manchas de petróleo sobre el muelle y las orillas. Para que se tenga una idea de la magnitud de este nuevo desastre ecológico que sufre la bahía de Cienfuegos, entre la refinería y el Castillo de Jagua hay aproximadamente ocho kilómetros y la rada tiene una superficie de 88,46 km2, una de las mayores de Cuba. Si realmente el 70% de la bahía está perjudicado se trata de 61 922 km2.

No es la primera vez que esto ocurre pero todo parece indicar que las autoridades del Gobierno, las de la Defensa Civil, el CITMA y los dirigentes de la refinería no han sabido adoptar medidas efectivas para impedir que los derrames de hidrocarburos sigan convirtiendo a esta bahía en un estanque de aguas negras y apestosas, sobre todo en la parte de la doble vía, cerca del reparto Pastorita.

Una ciudad acosada por la contaminación

Hace poco un periodista norteamericano calificó a Cienfuegos como el mejor destino turístico de Cuba y estoy seguro de que no le faltó razón. Pero si continúan los daños ecológicos no será más así.

En la década de los sesenta del pasado siglo el castrismo comenzó a construir industrias en Cienfuegos y los lugareños pensamos que sería para bien, pero muy pronto comenzaron los efectos indeseables. Oleadas de trabajadores procedentes de otras regiones del país, sobre todo de Oriente, provocaron incidentes violentos que destaparon la alarma entre los cienfuegueros. Violaciones, borracheras, groserías y altercados públicos comenzaron a proliferar para escándalo de los nativos.

Pero lo peor en definitiva fue el efecto contaminante provocado por las industrias que debían conducir al desarrollo y la prosperidad de la provincia. Perdidas ―¿para siempre?― parece que están ya aquellas aguas transparentes de la bahía muy cerca del Muelle Real, en los clubes Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena y en el antiguo Yatch Club, reconvertido hoy en coto exclusivo para turistas y pudientes.

Hasta finales de la década de los setenta podían verse a las toninas nadando juguetonamente en la bahía mientras los alcatraces, gaviotas y corúas surcaban el cielo en busca de los ya perdidos agujones, chopas y guasas. Los pargos, sierras y chernas estaban al alcance de todos hasta que el Comandante controló su pesca, aunque todavía pocos años atrás podían saborearse en las ya también desaparecidas minutas de pescado, que se vendían en todos los barrios de la ciudad, en ventorrillos ambulantes donde también se podía degustar a un precio ínfimo un apetitoso coctel de ostiones aderezado con limón, una pizca de sal y salsa a gusto del cliente. ¡Cómo cambian los tiempos Venancio, qué te perece!

Hoy la bahía de Cienfuegos es una triste evidencia de los daños ecológicos provocados por la caótica instalación de industrias en el interior de la bahía y muy cerca de la ciudad, las que también han contaminado el aire, provocando que los habitantes de la Perla del Sur estén entre los que más enfermedades respiratorias padecen.

Como si no colmaran la copa los reiterados actos contaminantes de la refinería de petróleo, los de la Papelera Damují ―si es que aún esa empresa existe― los de la fábrica de fertilizantes, los de la industria del plástico y del astillero, los de las aguas residuales del sector residencial con deficiente tratamiento que desembocan directamente en la bahía y los de la fábrica de cemento Carlos Marx, recientemente el castrismo decidió convertir la estructura que debió cobijar al primer reactor nuclear de la imaginada ―y gracias a Dios nunca terminada Primera Central Electronuclear de Cuba― en un reservorio de desechos tóxicos.

Todos estos hechos perjudican al ecosistema y demuestran la poca importancia que el Gobierno concede al mismo en la práctica. Esta realidad innegable amenaza las bellezas naturales de una de las ciudades más bellas de Cuba, que en abril próximo cumplirá su bicentenario. ¡Menudo anticipo el de la refinería!




Asediados en la Sierra del Infierno

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=1eYowIgKRMo[/youtube]

 

LA HABANA.- En ausencia del dueño de la granja, Ariel Ruiz Urquiola, los dos lugareños violentaron los límites cercados para llegar al patio de la casa, donde Omara Ruiz Urquiola y su madre fueron sorprendidas por las amenazas que vociferaban los invasores.

Hasta la intención de enseñar los genitales a las mujeres, como muestra rudeza, llegaron las ofensas de Yendry Álvarez para apoyar a su compinche Yoel Álvarez, ambos matones al servicio de Acelio Álvarez Martínez, usurpador de la finca colindante. La hostilidad de los agresores tenía un objetivo: intimidar a las mujeres para que abandonaran la Sierra del Infierno.

Esta anécdota que nos cuentan los hermanos Ariel y Omara Ruiz Urquiola tiene mucho en común con los westerns clásicos, donde el sheriff, el alcalde y bandidos se unen para expulsar del pueblo a los granjeros y apoderarse de sus propiedades.

La historia de intimidaciones, destrucción de la propiedad y consentimiento de las autoridades se repite en diversas variantes dentro de la finca donde se encuentra la casa del doctor en Ciencias Biológicas Ariel Ruiz Urquiola, ubicada en la Sierra del Infierno, perteneciente al Parque Nacional Viñales, Pinar del Río.

El peligro de preservar el ecosistema

El científico llegó a Viñales con un proyecto representativo de las universidades de La Habana y Humboldt de Berlín, que involucra a varios investigadores cubanos. La ruptura de las instituciones oficiales con el trabajo de Ariel Ruiz cambió de cierta forma el rumbo de la exploración dirigida a estudiar el origen y evolución de la vida en la zona más antigua de Cuba.

El biólogo se convirtió en campesino usufructuario de la tierra para fortalecer su intención de desarrollar una granja agroecológica, en apoyo a la conservación y diversificación del Parque Nacional. Pero la casa adquirida en propiedad para su estancia en el Consejo Popular Cuajaní, Viñales, y el derecho en usufructo adquirido sobre la tierra, pusieron en peligro su vida, la de su familia y los participantes del proyecto.

La utilización de las tierras del Parque Nacional Viñales para la crianza de cerdos silvestres ha dañado por años los suelos y cultivos, contaminando los reservorios de agua dulce. Al respecto, Ariel Ruiz dijo a CubaNet: “Desde hace cuatro años hemos enviado cartas advirtiendo del desastre a la administración del Parque Nacional Viñales y otras instituciones de Gobierno (…) La doctora en Ciencias Sociales Graciela González Olmedo también se unió nuestro reclamo. Sin embargo, parece que existe complicidad de las autoridades porque los infractores actúan con impunidad”.

Señales del futuro turístico en los mogotes

Los valores patrimoniales del Parque están reconocidos dentro de los planes de la Áreas Protegidas de Cuba desde 1998 y como Paisaje Cultural de la Humanidad desde 1999. Estos planes incluyen la promoción de proyectos de investigación como los de Ariel Ruiz, destinados al desarrollo de la geodiversidad local.

Conocido como “el jardín de Cuba”, en los últimos años el Valle de Viñales adquirió un valor turístico que cambió de forma definitiva la localidad de Vueltabajo. En el 2017 unos 600 000 turistas visitaron la zona que hizo florecer, en unos tres años, más de mil casas de renta y unos 130 paladares. El Gobierno no se quedó atrás y comenzó a remodelar los hoteles existentes, y hasta una vieja escuela en el campo enclavada en el Valle aportará unas 200 habitaciones al futuro turístico de la localidad.

En el último año, el crecimiento del sector privado en el interior del poblado comenzó a extenderse hacia los valles y las laderas de las serranías, donde comenzó a elevarse la demanda de turismo ecológico que visita la zona.

Omara Ruiz Urquiola, quien representa legalmente el proyecto de biogranja en ausencia de su hermano, culpa los intereses lucrativos de los males que suceden en la Sierra del Infierno.

“Están actuando como rancheadores con licencia de las autoridades para expulsarnos de la Sierra (…) Hay demasiada permisibilidad con las ilegalidades como para pensar que no existe complicidad entre infractores y el Gobierno local. No puede ser que haya tenido que escribir al ministro del Interior para que la policía de Viñales aceptara la denuncia contra los matones que invadieron nuestra finca”.

Aunque el diablo mande en el infierno

Después de varios intentos de denuncias sobre las afectaciones de los suelos y la destrucción de plantaciones, el biólogo Ariel Ruiz logró que el Ministerio de Agricultura expropiara la tierra al campesino Antonio Rodríguez Rodríguez. La parcela fue comprada como propiedad de forma ilegal: teniendo en cuenta que en Cuba las tierras son propiedad del Gobierno, solo se entregan en usufructo, sin derecho de venta entre particulares.

La hacienda pasó a manos de la Empresa Forestal La Palma. La expropiación sin penalidad sobre el mal uso de los suelos, dedicándola a la cría de cerdos, alimentó la ilegalidad en la zona. Antonio Rodríguez, junto a Acelio Álvarez Martínez, incrementaron la crianza de puercos, destruyendo en los primeros días de marzo el 50 % de las plantaciones de plátano y el 25 % de la de ñame, en la finca del investigador.

El doctor en Ciencias Biológicas asegura que no concederá espacio al cansancio hasta que las instituciones no pongan freno al aumento de la destrucción del ecosistema y la propiedad ajena, en una localidad agasajada como Monumento Nacional desde 1978 por sus valores geológicos y la presencia de más de 150 espacies endémicas.

“Por lo menos, en cumplimiento de la Ley, a nosotros no van a lograr sacarnos (…) Hay otras dos familias que han salido de la Sierra del Infierno porque según el presidente de Gobierno, José Antonio Valle Crespo, nosotros no estamos en el plan de electrificación del Valle, sin embargo, el Gobierno provincial y la Unión Eléctrica aseguran que toda la sierra está electrificada (…) Estamos luchando contra la impunidad de los criadores de puercos y la intención de sacarnos de aquí”.

Abandonar la tierra no está en los planes de Ariel, Omara y los investigadores que los acompañan en su empeño. Para ellos la conservación en la Sierra del Infierno es un reto, aun cuando la batalla sea contra el diablo.




Emprendedor cubano instala planta para fregar autos con agua de lluvia

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=vkJ_8G7TIu4[/youtube]

 

MIAMI,  Estados Unidos.- Un emprendedor cubano ha instalado una planta de fregado de autos que utiliza agua de lluvia y reciclada para operar, informa la agencia Xinhua.

El negocio funciona en la localidad de Cojímar, un pueblo pesquero al este de La Habana famoso por haber sido frecuentado por el premio Nobel estadounidense Ernest Hemingway.

Cuba es un país que sufre una prolongada sequía, donde las redes hídricas son de pequeño porte debido a las características geográficas y donde además la infraestructura hidráulica es en extremo ineficiente, con pérdidas que rebasan el 50% del agua bombeada.




Ómnibus chino de “última tecnología” desembarca en La Habana

(Foto: Cubadebate)

LA HABANA, Cuba.- Un autobús eléctrico de fabricación china se convirtió hoy en el primero de su tipo que circula en Cuba con su incorporación a una de las rutas del servicio de transporte público de La Habana, informó EFE.

El ómnibus del tipo E12 fue preparado de acuerdo a las características y condiciones del país caribeño y entre sus peculiaridades cuenta con un generador de 380 voltios adaptado por especialistas de la compañía china Yutong, según indica el sitio web estatal Cubadebate.

La nueva guagua de 12 metros de largo, 2,5 de ancho y 3,2 de altura, tiene capacidad para transportar a 35 pasajeros sentados, mientras otros 70 pueden viajar de pie “en un amplio pasillo”.

Entre sus características técnicas figuran la limitación de transitar a una velocidad máxima de 69 kilómetros por hora y un sistema que le permite ajustar automáticamente la fuerza de freno en cada neumático.

El primer conductor del autobús “ecológico” en la isla, Daniel Ríos, explicó que también dispone de aire acondicionado y de un sistema de autorecarga o recuperación de energía, que mediante las acciones de desaceleración y frenado, convierte la energía cinética en eléctrica.

Santos fue elegido entre un grupo de conductores con más de 20 años de experiencia y un historial sin accidentes de tráfico.

La compañía Yutong, presente en Cuba desde 2005, tiene un lugar destacado en el mercado de la isla, donde ha vendido más de 6000 vehículos de una veintena de modelos.

Sin embargo, dicho número no alcanza a cubrir las necesidades del limitado parque automotor de la isla, donde la escasez se ve reforzada por la sobreexplotación de los vehículos. En la capital del país, donde viven más de dos millones de personas, la crisis del transporte se evidencia en las largas colas.

En la actualidad Yutong cubre casi la totalidad del transporte urbano e interprovincial, según señaló su gerente de ventas en el país caribeño, Jesús Zhou.

La pasada semana, responsables de la Empresa de Transportes de La Habana anunciaron en un reporte de la televisión estatal la incorporación de 90 nuevos autobuses articulados como parte de un programa con una inversión de 14 millones de dólares.

Según los directivos, con esos nuevos equipos suman 1001 los autobuses que prestarán servicio de transporte público en la capital cubana, donde ahora se traslada diariamente más de un 1 millón de personas.

Cuba es uno de los países con menor tasa de vehículos por habitante en el mundo.

Yutong es la mayor empresa productora y comercializadora de ómnibus de China y exporta a más de 190 países con ganancias que superiores a los 500 millones de dólares al año.

Además, es uno de los líderes mundiales en la investigación de tecnologías de energías renovables aplicadas al transporte y desarrolla modelos de vehículos ecológicos de los cuales vendió más de 20 000 hasta 2016.

(Con información de EFE)




La amenaza de vivir en Buena Vista

LA HABANA, Cuba.- La bahía de Buena Vista es un espacio natural “protegido”.  En 2000 fue declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco y en 2002 se adhirió al Convenio de Ramsar. Forma parte acuosa del archipiélago Sabana-Camagüey, compartida entre las provincias de Villa Clara y Sancti Spíritus mayormente, y exhibe, no obstante esas lisonjas, una polución cretina y ascendente en salíferos y márgenes, viales o inviables, como otras muchas fuentes biodiversas del país que son también reservorio mundial.

El peso específico del agua salada —química pura— permite demostrar tal aserción con las acumulaciones visibles de materias podridas, más los olores peculiares que continuamente ofrece en purga.

Uno vacila si no se hartará un mal día mamá natura de tanto reciclar cantidades industriales de excrecencia derramada y decida dejar morir toda especie que de sus bondades dependa.

Los habitantes de las periferias ya están habituados a nada extraordinario percibir en el entorno hostil, excepto que un monstruo prehistórico emerja, consecuencia de algún movimiento telúrico. Porque a pesar de advertencias médicas y experiencias dermatológicas, siguen zambulléndose en estas aguas negras sin mucho escrúpulo.

La zona aparece circunscrita —según el Atlas que la Academia de las Ciencias de la URSS regaló al susodicho en 1971— como hospedera del mayor y único epicentro que tuvo lugar jamás en toda la costa norte de la isla: 8,50 grados en la escala Richter.

Eso equivaldría a entender por qué esta bahía inspira peligro a pesar de su escaso calado, entre un cayerío hoy superpoblado de hoteles y playas traslúcidas (hasta hace poco vírgenes que no se enteran de la cagazón que tienen detrás), y una costa churrosa a más no poder. Como “áreas geográficas con humedales” en extinción es que se les clasifica.

El maltrato añadido engrandece el peligro

La labor perjudicial de nuevas construcciones “primermundistas” —inminentes campos de golf, por ejemplo, que acabarán con la disponibilidad del agua—, instituye impúdica burla a los ecologistas, pues una planta potabilizadora recién es que se instala en el área, tras 20 años de extenuación del manto freático adjunto al emponzoñamiento paulatino de sus afluentes acuíferos.

Los complejos agroindustriales (Chiquitico Fabregat, Heriberto Duquezne, etc.) que aún tributan a sus ríos (porque otros como el Marcelo Salado entró en recesión cuando el desmantelamiento azucarero acaecido en los años 90), descargan los residuos de la producción y destilación de alcoholes, además de las aguas albañales que generan las poblaciones de bateyes y caseríos asentados en el recorrido fluvial hacia los mares cercanos. Las industrias tenera, química y sidero-mecánica también dan lo suyo.

El río Guaní, el Reforma, el Jiquibú, y otros arroyos apegostrados de cachaza desde aquellos sitios altos arrastran la porquería varios kilómetros mar adentro. Van, desde la seca hasta las torrenciales lluvias, aportando al desastre que han ocasionado hombres y animales al ecosistema, porque en ellos evacuan, mutan y anidan multitud de gérmenes y parásitos, roedores perniciosos y alimañas poco beneficiosas.

Las lagunas de oxidación construidas en los nuevos repartos militares han sido mal calculadas y hoy ayudan a polucionar la orilla al desbordarse. Si las zonas anegadas ya causan conmoción vecinal, cuando el verano arrecie la cosa empeorará.

Las casas construidas a la vera de cualquier charco carecían de fosas comunes para albergar la mierda. Y los complejos e instalaciones socioeconómicas o de recreo del pasado siglo que todavía hoy funcionan en municipios grandes como Caibarién, Yaguajay y demás costeros, también ignoraron las ingenierías hidráulica y sanitaria. Pon tanto, el entramado albañal ha sido desiderátum de la sandez y la abulia.

La zona, sin embargo, ha sido privilegiada con un subsuelo rico en ríos subterráneos y pozos de grande aforo, pero el uso indiscriminado más el sobredimensionamiento de sus aljibes en épocas cruciales del año han terminado por reventarle la capacidad de abasto.

Las zanjas públicas y las alcantarillas de los poblados que desembocan en la bahía cochina, no solo arrastran aguas fluviales ácidas, larvas de insectos y clarias amerizadas, sino que esconden las cárcavas de traspatios que alivian detritus barranca abajo.

Y cuando hace calor, se multiplican enfermedades, engordan mosquitos y devienen las calles mal tratadas y peor atendidas por la aséptica dirección de Comunales, desbordadas e intransitables.

Entrevistados trabajadores y habitantes de las zonas (porque los directivos/responsables no emiten palabra inteligible, por razón obvia), la mayoría desconoce que debajo de sus recintos, centros laborales y demás instalaciones sociales o culturales, unas madejas de tubos llevan al lecho marino su carga mortífera.

De niño, recuerdo que apodaban a toda la pesca —obtenida de la bahía donde crecí y que se extraía birlando las prohibiciones—, como “chopas mojoneras”.  Y el asco afloraba, naturalmente, pues los puestos de minutas y fritas se nutrían de esas inciertas capturas.

Ahora que las prohibiciones han puesto a la pesca de cabotaje al borde de la quiebra, no demuestran otra cosa que el propósito de priorizar un paisaje “virgen” para la industria turística, “preservando los fondos marinos al liquidar el arrastre de pesca que emplea tarrayas y nasas, entre otras artes paupérrimas”. Queda claro que la afectación a la salud o la alimentación de potenciales consumidores está exenta de cualquier prerrogativa.

Y la gente aquí, como en toda Cuba, sobrevive y sobrevivirá por los siglos de los siglos de la caza furtiva y tragando peces como estén. Aunque hayan digerido el azogue del termómetro que ellos mismos botaron inconscientes cuando terminó la fiebre, como si otra “perla de la mora” fuera.

Los biólogos que no accedieron a dar índices de la flagrante inmundicia, ni de planes de limpieza inmediatos o estudios medioambientales, mostraron un arrumaco de espanto ante las preguntas de este indagador, enfático en cuestiones que nadie suele averiguar. Saben que, de hablar demasiado, se les acaba el sostén (que por supuesto, incluye al pescado que reciben desigualadamente).

La prensa no ha cubierto un tema que incrimine a las autoridades en sus espacios noticiosos o informativos, y se intuye que no lo hará jamás porque hacerlo la pondría en peligro mayor que las toxicidades de esta bahía.

A menos que estalle un escándalo ecológico de menores dimensiones del que ya existe, o algún turista extranjero/dirigente de vacaciones muera ahogado de súbita albañalidad, o se quede ciego al chocar —en tan preclaras inmersiones— con una mole fósil de caca petrificada.




Huracán ‘Gobierno’ arrasa el Parque Central bayamés

GRANMA, Cuba.- Desde febrero pasado la sombra fue desapareciendo progresivamente del parque central bayamés Carlos Manuel de Céspedes, mientras una brigada de demolición talaba, a ras de la tierra, los 39 flamboyanes que le rodeaban.

Este sitio, además de histórico, fue la primera Plaza de la Revolución que tuvo Cuba con ese nombre y constituía hasta hace poco uno de los espacios públicos más visitados y céntricos de la urbe bayamesa. Actualmente ofrece además servicios de wifi.

Hoy en el parque Carlos Manuel de Céspedes ronda una atmósfera de desolación… e insolación. La frescura de que antes gozaba ha sido trocada en tórrido vapor, y sus bancos de mármol con espaldares y brazos de hierro y su piso de granito pulido brillan al sol, mientras paseantes e internautas buscan refugio en los portales aledaños.

La fronda de los árboles que sombreaban el parque citado, ofreciendo frescura y purificando el aire, servía además a colonias enteras de aves, que hacían de ella su hogar nocturno y llenaban de trinos las mañanas y atardeceres. Según Rafael Reyes Tamayo, vecino del lugar, “después que cortaron las matas, una invasión de bichos (insectos) se aglomeran todas las noches alrededor del alumbrado público”.

El basamento de la decisión gubernamental local para la poda responde a la teoría de Jesús Catasús Guerra, licenciado en ciencias biológicas, quien argumentó ante la prensa local que “el framboyán amarillo no es un árbol para el interior de las ciudades. Crece rápido y corpulento. Sus raíces pivotantes, no profundas sino superficiales, dañan el contorno donde crecen y sus ramas por demás son quebradizas”.

La drástica medida, muestra de agresión al medio ambiente y destrucción del patrimonio local, fue antecedida por el talado total de los árboles de la cafetería El Viajero, aledaña a la Terminal de Ómnibus Nacionales y el Parque del Amor, frente al hospital provincial bayamés.

El talado alterno pudo ser la opción más ecológica y acertada, al permitir la sustitución parcial y equilibrada, dejando temporalmente algunas partes sombreadas, pero Bayamo, como el resto de Cuba, está lleno de obras a realizar por plazos que jamás son terminadas; los recursos destinados a las operaciones posteriores desaparecen o se destinan a otras obras, dejando colecciones de trabajos inconclusos.

Desacertadamente los árboles (Ficus benjamina) que sustituirán los difuntos flamboyanes, comparten características similares a los talados. El clima tropical y las altas temperaturas son favorables para un rápido crecimiento. Estas plantas pueden superar los 30 metros de altura en condiciones naturales.

Ejemplares de apenas dos metros de altura, sembrados como sustitutos, ya muestran gruesas raíces superficiales en los estrechos parterres donde han sido sembrados. Cuando alcancen la edad de los talados, los daños pudieran ser catastróficos.

Refiriéndose a la tala, Rafael, un vecino del lugar, opina: “Quizás fue necesario por el daño que hacían los gajos al caer y la previsión estatal ante futuros huracanes y los daños estructurales, pero también es cuestionable el daño ecológico que entraña la decisión; esas cosas no se pueden decidir por un solo factor en contra, sin tener en cuenta los factores ambientales, la comodidad social y mucho menos la afluencia de personas al lugar”.

Continúa, mientras señala el Hotel Royalton, ubicado frente al parque: “Ahí vienen cantidad de turistas y la vista principal es este parque. ¿Tú crees que con esta desolación les dé ganas de sentarse al sol o tomarse alguna foto en este desierto?”, no, que va, esas decisiones no se debían tomar a la ligera”.

Efraín Céspedes Luna, residente del poblado de Julia, afirma que, por un árbol cercano, su casa corre los mismos riesgos que el Gobierno Municipal ha querido evitar en el parque bayamés, sumándole una invasión de murciélagos. Sin embargo a pesar de sus múltiples gestiones nunca ha tenido ayuda de nadie.

La Promotora Cultural, Katy Rodríguez, reflexiona: “Aquí (en el parque) se hacen cantidad de actividades culturales, recreativas y celebraciones, incluso ha sido sede de graduaciones masivas y actos políticos. Yo no sé cómo se las van a arreglar para rescatar esas cosas, porque ahora solo se puede estar aquí después que cae la tarde. Por el día y a pleno sol, esto es una hoguera.

Su interrogante obtuvo respuesta durante la inauguración de la actual Feria del Libro en Bayamo. Se inauguró al amparo de la noche anterior, 13 horas antes del comienzo oficial de las ventas. Otras actividades vinculadas al evento, también han sido planificadas para el horario nocturno. Para la venta de libros en horario diurno, se han tenido que armar carpas, toldos y naves desmontables en las calles circundantes.

Otro aspecto ignorado por los antiecológicos decisores fue el valor sentimental e identitario de la talada arboleda. Muchos sienten añoranza de acontecimientos pasados, bajo la desaparecida sombra. Pasarán años antes de volverla a disfrutar en horario diurno.




De caracoles, clarias, peces león y demás invasiones

Caracol gigante africano (commons.wikimedia.org)

VILLA CLARA, Cuba.- El primer ruido por la importación irresponsable de peligrosas especies exóticas al país, sonó en 2014 con el molusco nombrado Achatina fulica.

Un aduanero entretenido —o corrupto— permitió a un turista practicante del sincretismo yoruba procedente de Lagos, Níger, la entrada de un ejemplar vivo del caracol africano más mortífero y depredador del que se tenga noticia. Lo traía, declaró después, por encargo de suma santería.

Acto seguido, recordándose la beatificación ochentona hecha en aquellas selvas-afro por el mofletudo rey-puesto al insular rey-de-puesto —quien giraba entonces por campamentos de su soldadesca sufragados por el Kremlin—, el aeropuerto entero cayó en trance y de bruces se postró, turulato, dejándolo continuar en paz, monstruo consigo.

Traía la babosa terrenal de mayor tamaño: su concha puede medir hasta 30 cm de longitud y 8 cm de alto. Aunque es especie herbívora, come de todo, incluidos excrementos, ciertos áridos y materiales dúctiles de construcción por postre (si llegara a “vacacionar” en alguna instalación del consorcio Gaviota, la dejaba sin paredes, pues entre el pladur y el yeso que priman, se mecen sus exquisiteces).

En cautiverio, puede consumir alimentos de origen animal, como comida de perros y gatos, aunque es notable que el caracol común también consume lo que aparezca en épocas de lluvia. Máxime que perros y gatos del país andan en desbandada sin dinero ni comida fija (porque no las tienen ni sus propietarios).

Actualmente está extendido el bicho por Sudamérica: en la madurada Venezuela y en la macrina Argentina, en muchas islas del Pacífico y, en general, por todas las zonas tropicales del mundo (no solo donde existan generales).

Aparece en la lista de las 100 especies invasoras más dañinas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Algunos lo han convertido en mascota tenebrosa. Sin embargo, es ilegal en varios países, entre ellos España (desde 2011); ahí ha terminado inscrito en el Catálogo de Especies Dañinas a Desterrar; así como en los Estados Unidos, donde la McDonald’s no tiene todavía ningún interés en filetearlo, como sí hemos hecho en las pescaderías cubanas con la mixturada claria-clariidae (Clariallabes) —mitad pez gato africano (Clarias gariepinus) y mitad pez tigre malayo (Panthera tigris/Gunther) pertenecientes a la familia Alestidae— que hoy es capitana-depredadora de todas las invasiones de oriente a occidente. Lo peor reside en su felinidad, pues traga ratas, ratones y hurones portadores de espiroquetas y leptospiras sin padecerlas.

Las bestezuelas clarias pueden dar albergue a muchísimas variantes de digeneans entre miríadas de endo-y-ecto-parásitos, reservorios del mal humano y el caos ecológico. Pueden sobrevivir casi como las cucarachas hasta una explosión nuclear y cuando no tienen qué comer después de andar tres días por esos caminos del mundo sin agua y sin aliento, pues se devoran entre sí, o como cualquier batracio: se entran a dentelladas no solo en la piel.

Porque siguiendo los pasos ahistóricos de la gorronización de la isla por orden de un dictador anterior para desplazar a las cagonas golondrinas, un edecán del MINFAR las introdujo desde Vietnam, China y Tailandia bajo premiable encomienda en los 90s, con el fin de salvarnos de la inanición. Existe un corto titulado “Revolución Azul” (Fabián Archondo, 2008) que ofrece confesión del oficial diseminador —Macario Toledo— quien muestra un exuberante orgullo patrio en tan descabellada acción, desde el matancero Hershey donde la propagó.

Resulta cómica la tesis de que la Brigada 2506 pretenda reclutarla para destronarnos algo, dado que puede convertirse en plaga comilona dando cobijo a nemátodos asquerosos, parásitos que se alojan en los tejidos fibromusculares y secretan en la baba, ocasionando afecciones como meningoencefalitis eosinofílica y angiostrongiliasis abdominal, transmitidas por la lombriz Angiostrongylus cantonensis, que infecta los pulmones de las ratas. (Ya por suerte, en el barrio Chino de Zanja no venden ratas fritas por pollos, y del pesca’o, mejor ni hablemos). Así que para “gusanos” entrenables, con aquellos brigadieres basta.

También conforman vectores de la bacteria gramnegativa Aeromonas hydrophila, con distintos síntomas, principalmente vómitos y diarreas continuas en las personas con sistemas inmunológicos delicados, siempre en el supuesto caso de que su preparación para el consumo no haya sido bien realizada, ni debidamente neutralizada su carne con cloro o sosa caústica. Asimismo, el consumo u olisqueo de esta especie por parte de animales domésticos desesperados les ha causado muerte instantánea.

De alguna venenosa manera, el mortífero pez león (también africano) —que ya se expandió a través del país por obra y desgracia del personal alocado de cierto acuario—, sumado a este caracol nefasto más la imparable claria, se han apoderado en conjunto del mar y la tierra cubanas exhibiendo semejanzas fulminantes.

Somos los humanos culpables de casi todo error cometido en la naturaleza, la que suele portarse más sabia ubicando a alimañas atroces en remotas regiones y no aquí, donde prima la indefensión y el desconocimiento.

Pero nosotros, seres conscientes cruzados con burros, hacemos siempre lo contrario (justo donde todo es más frágil).

El trueque médico-económico actual con el resto del mundo ha estrenado muchas enfermedades inexistentes en Cuba hace apenas unos años: el dengue hemorrágico, el cólera, el H1N1, el zika y esa fiebre impronunciable. Hasta que un día nos sorprenda  el ébola. Todo a causa de no poner como se debe a nuestros entes serviciales en respectivas cuarentenas.

El caracol es una especie terrestre de la familia Achatinidae, en el orden Pulmonata. Algunas oriundas tribus ¿también habaneras? lo ingieren con sumo cuidado por sus oscuros poderes indemostrados. Luego lo gritan a henchido pulmón. Somos “los caballos” —gritan— y ya sabemos cómo nació esa animalidad.

Por Capricho Aduanero, como la canción.

Ahora nos tocará “(re)mover” los caracoles para librarnos de la tripleta devoradora.

Igual que algunas variedades, Achatina fulica es además hermafrodita, y crece y se reproduce a gran velocidad, por lo que puede ocasionar graves daños en ecosistemas y cultivos. Alcanza este “machihembro” —no registrado en el CENESEX—, la paridera de 1200 descendientes anuales. En su ma-pa-trimonio, deviene felicísimo consigo mismo, aliviado de impertinente consorte.

Se recomienda no tomarlo con las manos desnudas y menos si en ellas hay cortaduras o heridas (se debe usar guantes siempre). En zonas cercanas a la feria agropecuaria de Rancho Boyeros han sido hallados hasta 200 miembros de esta secta irreligiosa en una sola mata. Porque a ellas trepan, como gallinas, habiéndolas emponzoñado antes.

Si restara lugar, el resto de la prevención requerida que lo haga el MINSAP, transitando por La Habana infestada palo y cubo en mano, a ver si es posible retardar aún este avance fiero, con la altísima ayuda del Señor, y de nosotros, los eternos pe(s)cadores.




De la segadora del pobre a los incendios forestales

La quema de malas hierbas con frecuencia termina en incendios forestales (foto tomada de internet)
La quema de malas hierbas con frecuencia termina en incendios forestales (foto tomada de internet)

LAS TUNAS, Cuba – Recientemente el jefe de guardabosques Rafael Aguilera Montes de Oca dijo a medios oficiales que, en lo transcurrido de 2015, en el municipio de tunero de Puerto Padre se han producido siete incendios forestales, que afectaron 56,5 hectáreas de bosques y produjeron pérdidas valoradas en 262 mil pesos, por lo que se están llevando a cabo inspecciones para actuar contra los infractores.

Estos sucesos no son inéditos. Según Bosques de Cuba (Colectivo de autores, Editorial Científico-Técnica, La Habana, 2011), desde 1961 y hasta 2010 en el país se habían registrado 12 418 incendios que afectaron 316 769 hectáreas de bosques, cifras que indican un promedio anual de 248 incendios y 6 335 hectáreas dañadas o totalmente destruidas por el fuego. Esto representa pérdidas estimadas en 575 millones de pesos “sin considerar los daños ecológicos y sociales provocados”.

Según este colectivo de autores, entre las causas que ocasionaron estos incendios, “la actividad humana representó 89% y sólo 11% correspondió a causas naturales”.

Son disímiles las causas de los fuegos en los bosques provocadas por el quehacer humano, a saber: colillas de cigarros o restos de hogueras prendidas por cazadores o leñadores, vehículos sin cortafuegos en los tubos de escapes transitando por los senderos del bosque, entre otros. Pero uno de los casos frecuentes es la llamada “segadora del pobre”.

¿De qué se trata? El término lo acuñó en su libro Alimentación del ganado en América Latina el Dr. Jorge de Alba en 1958, y al respecto afirmó: “Hay una manera correcta y otra incorrecta de usar el fuego. No se justifica condenar la práctica en todas las ocasiones y hasta legislar contra ella en áreas de poco desarrollo económico, donde el fuego constituye el único medio de controlar malezas y uniformar el campo de pastoreo. El fuego constituye en muchas tierras la segadora del pobre”.

57 años después de que Jorge de Alba hubiera defendido al fuego como una forma de matar la maleza, todavía este es el caso de Cuba

Al respecto, dice un campesino cubano: “Si usted tiene un campo enyerba’o, pero bien enyerba’o, y tiene poco o ningún petróleo para ararlo con el tractor, y nada más cuenta con la yunta de bueyes, usted le mete candela al campo aunque también coja candela el monte que está detrás, ya después se le echará la culpa a alguien que tiró una colilla o a un camión que pasó sin matachispas en el escape, pero de ningún modo se va a fajar a mano limpia contra la yerba que da al pecho. Pa’ eso está la candela”.

Visto desde un punto de vista ecológico en pleno siglo XXI, del todo es censurable la “filosofía” de este campesino, pero desde el ángulo de los hechos y no del derecho, en una situación de carencias materiales y ética como las padecidas en Cuba, ¿está legitimada la desobediencia y el tomar la justicia por la mano propia?




El papa Francisco y el debate sobre los pobres

francisco-palomaMIAMI, Florida -Su Santidad está intensamente preocupado por el bienestar de los pobres y por la salud del planeta. En poco tiempo ha proclamado dos encíclicas para enfrentarse al tema: Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio) y Laudato Si (Loado sea).

La participación de la Iglesia en este asunto es legítima, al menos desde su perspectiva. El papa, como buen creyente, suscribe la hipótesis creacionista. Su Dios, supone, creó el mundo –todo lo que existe–, como les reveló la Biblia en el Génesis, y con él a una criatura muy especial, el hombre, que tiene la responsabilidad de administrar la Creación. Por lo tanto, el bienestar de los seres humanos y la salud del planeta le atañen, especialmente a una persona convencida de ser el representante de Dios en la Tierra.

En general, la visión de Francisco es la de alguien que rechaza el mercado y sospecha de las virtudes de la propiedad privada, o lo subordina todo a un inasible bien común, como sostiene la Doctrina Social de la Iglesia, un curioso cuerpo doctrinario, a veces contradictorio, en el que se trenzan los planteamientos económicos, los dogmas religiosos y los juicios morales.

El papa argentino, afortunadamente, no es el único teólogo católico que tiene esas preocupaciones. El sacerdote Robert A. Sirico, que es, además, economista, y pasó las calenturas socialistas en su juventud, de las que consiguió curarse, hace 25 años fundó en Michigan el Acton Institute of Religion and Liberty para explicar cómo el mercado, la propiedad privada y la libertad son mucho más eficientes para combatir la pobreza y mantener los equilibrios ecológicos que las decisiones de los comisarios o la buena voluntad de los obispos.

Invito a los lectores a que entren en la página web del Acton Institute, contrasten la encíclica Loado sea con la crítica que ahí se le hace, y lleguen a sus propias conclusiones. El papa Francisco es una persona carismática y bien intencionada, pero esos rasgos de su personalidad no le conceden una especial verosimilitud a sus opiniones sobre el desarrollo. Si Sirico, como creo, tiene razón, los criterios del papa, en general, resultan contraproducentes.

Pero hay otros cristianos que participan en el debate. Los luteranos también se lo toman muy en serio e invocan las mismas razones teológicas que Francisco, pero arriban a conclusiones contrarias.

En abril, pocas semanas antes de la encíclica del papa sobre el cambio climático, más de un centenar de científicos, teólogos y profesores universitarios vinculados al luteranismo, le dirigieron al papa una carta abierta advirtiéndole que los combustibles nucleares y fósiles –petróleo, carbón–, la propiedad privada, el comercio libre, el Estado de Derecho y los gobiernos limitados habían logrado rescatar de la pobreza a millones de personas que podían volver a ella si se aceptaba como ciencia las opiniones para ellos caprichosas y equivocadas de algunos ecologistas embriagados por el estatismo.

Los lectores interesados en conocer los argumentos de la carta abierta y la impresionante lista de firmantes pueden acceder al documento por medio de Internet: Cornwall Alliance for the Stewardship of Creation.

Una observación final: el papa y muchos de sus seguidores participan de una gran contradicción en el terreno económico cuando predican al mismo tiempo las virtudes del ascetismo y la frugalidad y la necesidad de rescatar de la pobreza a cientos de millones de personas.

La pobreza material es la consecuencia del no-consumo. Los pobres carecen de todo: desde agua potable hasta de un techo decente, pasando por medicinas, ropa y alimentación adecuadas, transporte y comunicaciones.

Para que abandonen la pobreza hay que convertirlos en consumidores progresivos. Una sociedad productiva sólo puede crecer si genera incesantemente más bienes y servicios para un número mayor de personas, empleando proporcionalmente menos recursos. Si se detiene ese ciclo sobrevienen el desempleo y la miseria.

Carece de sentido condenar a los alemanes por vivir opulentamente y censurarlos porque hay millones de personas que viven mucho más miserablemente que ellos y se sienten con derecho a emularlos. Lo mismo puede decirse de los norteamericanos o de los daneses.

¿Cuánto es suficiente? Depende de cada individuo. El valenciano Rodrigo Borja, que fue papa con el nombre de Alejandro VI, era el cardenal más rico de su tiempo (y el que más hijos tuvo). Benedicto XVI se sentía bien en los mejores aposentos del Vaticano. A Francisco I, en cambio, le basta una habitación mucho más modesta en una especie de hotel en el que pernocta.

Un papa capaz de reconocer paladinamente que no era nadie para juzgar las preferencias sexuales de sus prójimos, puede entender que tampoco es nadie para decidir cuáles autos o cuántos metros de vivienda son moralmente justificables. Eso pertenece al ámbito de la subjetividad individual y de la definición personal de lo que es necesario, confortable o lujoso. ¿Quién es él para decirles a los demás lo que pueden o deben consumir? Aceptar esa limitación humildemente acaso sea una de sus mayores virtudes.




Ecología no rima con socialismo

Pedraplén de Caibarién a Cayo Santa María, al norte de Cuba. Uno de los impactos más fuertes al ecosistema marino. 48 kilómetros de carretera construidos sobre el mar_foto tomada de internet
Pedraplén de Caibarién a Cayo Santa María, al norte de Cuba. Uno de los impactos más fuertes al ecosistema marino. 48 kilómetros de carretera construidos sobre el mar_foto tomada de internet

LA HABANA, Cuba.-Hace unas semanas, en Caracas, en medio de una pachanga chavista, donde los panas de las camisas rojas posaron de verdes ambientalistas para repudiar la tala de árboles para las guarimbas, el presidente Nicolás Maduro anunció la realización de un próximo congreso constituyente ecologista.

¿Qué saldría de ese congreso? ¿Una enmienda a la constitución bolivariana que consagre el respeto a la Madre Natura, o la Pachamama, si prefieren, para que suene más folklórico y adecuado al socialismo del siglo XXI?

No estaría mal la iniciativa, pero, ¿en estos momentos, con tantos y tan graves problemas como hay en Venezuela?

¿Se respetarían realmente los derechos de la Pachamama en Venezuela? A juzgar por lo visto en Ecuador, donde estos derechos están reflejados en la constitución, parece que no. Cuando del petróleo amazónico se trata, el demagogo de Rafael Correa está tan dispuesto a embarrarse la mano como los rapaces inescrupulosos de la Chevron.

En la pachanga ecológica chavista lo menos importante es la ecología. Lo suyo es otro tipo de “ambiente”… Uno que tiene que ver más con los matones en motos de los colectivos que con la Pachamama.

El socialismo del siglo XXI per se no garantiza la protección del medio ambiente. No hay por qué hacerse ilusiones, solo porque Evo Morales haga ofrendas –cuando se acuerda, le conviene y le da por eso- en el Tihuanaco o el lago Titicaca.

Ecología no rima con ninguno de los ismos. Todos sabemos las graves consecuencias que ha tenido para la salud del planeta la voracidad de las corporaciones multinacionales capitalistas. Pero el socialismo real -el único que ha existido y que si ya no existe como tal es porque es absolutamente incompatible con la naturaleza humana- con sus empresas faraónicas de planificación centralizada, a las que no había quién les reclamara por los desastres -como el de Chernobil-, parece haberlo aventajado en cuanto a contaminación, desertificación y otros daños ambientales en Europa Oriental y las repúblicas ex soviéticas del Asia Central.

La Cuba del socialismo castrista, “el mar de felicidad” que decía Hugo Chávez, no es una excepción.

Los chavistas, que muestran esa loable preocupación por los árboles, debían saber que, en Cuba, la deforestación producida por la tala indiscriminada ha provocado la erosión y salinización de los suelos, además de incontables daños a los ecosistemas.

Entre 1968 y 1969, la Brigada Che Guevara, por iniciativa del Máximo Líder, con buldóceres y dinamita, destruyó millares de hectáreas de bosques en todo el país. El objetivo de aquel crimen de lesa ecología era dedicar esas tierras al cultivo de la caña que garantizaría la producción de 10 millones de toneladas de azúcar en la zafra de 1970, que finalmente no fueron, a pesar de que el Comandante todo lo puso en función de ella, e hizo que el año durara más de doce meses y la semana –¡ay, Manzanero!- más de siete días…de trabajo forzado en los cañaverales.

Para sembrar café caturra en el llamado Cordón de La Habana, otra brillante idea del Comandante, la susodicha brigada arrasó las arboledas que rodeaban la capital, para dejarnos sin frutas, sin sombra, tan achicharrados por el sol como las posturas de cafetos que no prosperaron, y con bandadas de pájaros que huían buscando donde anidar y que se arremolinaban en el cielo, como los de aquella película de Hitchcock, solo que en lugar de atacar, se cagaban en las cabezas de los habaneros.

Presidente-Maduro-Campaña-de-ahorro de energía_foto tomada de internet
Presidente-Maduro-Campaña-de-ahorro de energía_foto tomada de internet

Los desastres ecológicos alcanzarían su clímax durante el Periodo Especial, cuando los árboles y los bancos de los parques fueron convertidos en leña para cocinar, se llevaron la arena de las playas para reparar las casas que se venían abajo, y las clarias que algunos aprendices de mago (biólogos) introdujeron en Cuba para garantizar que pudiéramos comer pescado, acabaron con casi todas las especies de la fauna fluvial.

Todas estas barbaridades deberían ser tomadas en cuenta por esos atorrantes y oligofrénicos que ahora quieren hacer que rime -a la cañona- la ecología con el socialismo.

[email protected]