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HCG sobre unificación monetaria: “El sistema es irreformable, insalvable”

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La crisis en Cuba se acentúa y las nuevas medidas no harán más que empeorar la situación (foto archivo)

MIAMI, Estados Unidos. – Con una economía en bancarrota, crisis de liquidez y una fuerte caída de las remesas y el turismo, el anuncio del régimen cubano de la unificación monetaria a partir de enero próximo supone una “durísima terapia de choque” para la población, que la sentirá dolorosamente en sus bolsillos, según la consultora Havana Consulting Group.

Así de tajante se expresó este viernes Emilio Morales, el presidente de dicha firma asesora en su análisis sobre las implicaciones del “paquetazo” anunciado por las autoridades en Cuba para eliminar la dualidad monetaria, es decir, el fin del peso convertible (CUC), paritario con el dólar, para dejar como única moneda oficial de la isla al peso cubano (CUP).

Y es que el ansiado fin de la dualidad monetaria se materializa, en opinión de Morales, en el “peor momento que vive el país en lo político, económico y social en más de seis décadas de sistema totalitario”.

Así, la llamada “tarea de ordenamiento”, consistente en la desaparición del CUC, se presenta como el “perfecto sepulturero del sistema”, una medida de una “grave torpeza” no por la eliminación de la dualidad monetaria, sino por la forma en que se ha llevado acabo “obviando las reglas elementales del mercado”, opinó.

El único aspecto positivo de esta “metida de pata” es que la “tarea de ordenamiento” se convertirá en el “caballo de Troya que acelerará el proceso para forzar una transición en Cuba”.

A juicio de Morales, la señal es clara: “El sistema está llegando a su fin” y su “hundimiento, inevitable”.

“El sistema es irreformable, insalvable”, y esta medida que acaba de implementar el régimen cubano es la “gota que colmará la copa de la frustración de la población”.

En el informe, el economista cubano califica de “ficticio” el aumento salarial previsto en la isla caribeña, una subida que “carece de respaldo productivo” y ausencia de cualquier “reforma estructural de la economía”, lo que convierte esta medida en un “globo que se desinflará muy rápido”.

El régimen cubano ha fijado el salario mínimo en 2100 pesos cubanos (CUP), unos 87 dólares al cambio previsto, mientras que las pensiones oscilarán entre los 1528 (64 dólares) y 1733 CUP (72 dólares), según datos del Havana Consulting Group.

Pero esta subida “totalmente ficticia” no podrá cubrir los altos costos que tendrá que pagar una familia por la escalada de los precios de la cesta de la compra, la electricidad, el transporte, la telefonía, etc.

Una situación que podría desembocar en un “mayor activismo contestatario por parte de la población en las calles”.

Morales apuntó que la elevada tasa de cambio en el mercado negro muestra la “alta demanda insatisfecha que existe”, debido principalmente a la “escasez de productos en el mercado minorista dolarizado y controlado por el Estado”.

A la postre, el mercado informal es la “válvula de escape de la población para sobrevivir en el modelo centralizado que ha impuesto” el régimen cubano por más de 60 años.

La consultora hizo hincapié en los profundos desajustes de la economía cubana, con más del 35 % de la población en edad laboral desempleada, el 65 % de los trabajadores recibiendo un salario “prácticamente subsidiado por el Estado” y el 80 % de los productos alimenticios que se consumen importados.

Por ello, la inflación resultará “inevitable”, con un ajuste “artificial” de la tasa debido a una economía “disfuncional” sin un “mercado libre de oferta y demanda, de libre empresa y de liberación de precios”.

La “tarea de ordenamiento” no aporta medidas positivas encaminadas a mejorar la economía al dejar fuera tres elementos clave: la “liberación de las fuerzas productivas, la liberación de precios y el establecimiento de un mercado libre de empresa regido por la oferta y la demanda”, precisó Morales.

(EFE)

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Cuba y los juegos del hambre

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La crisis en Cuba se acentúa y las nuevas medidas no harán más que empeorar la situación (foto del autor)

LA HABANA, Cuba. – Dijeron que construirían el socialismo pero los materiales apenas alcanzaron para una Edad Media “tropical”, aunque con todo cuanto demanda un medioevo “respetable”: siervos atados a las tierras y a la voluntad de un único señor, férreo control de la información, cacería de brujas, tribunal inquisidor e histeria colectiva que en cualquier momento pudiera pasar de los actos de repudio a los linchamientos.

Harían de Cuba el país más próspero —al menos fue lo que prometieron en principio— pero ni las tierras de cultivo ni los mercados de Haití, durante las peores crisis, han estado tan desolados como los nuestros.

De hecho, por poner solo un ejemplo, la aerolínea haitiana Sunrise Airways posee más aeronaves que Cubana de Aviación, que estuviera entre las principales del sector antes de 1959. Hoy nuestra vecina del Caribe tiene más rutas internacionales en el área e incluso más vuelos regulares hacia aeropuertos de Cuba. Una realidad asombrosa, increíble pero no absurda.

Lo sería si no hubiera una explicación sobre por qué somos un país que no produce nada cuando debiera ser diferente, teniendo en cuenta el excesivo control estatal sobre las empresas y las personas, y aún siendo el Partido Comunista esa “incorruptible e infalible vanguardia de la sociedad llamada a gobernar eternamente”, según la retórica  y las leyes del régimen. Pero se sabe que nuestra miseria, que ya alcanza el estado de calamidad, es obra y gracia de esa “continuidad” que nos pretenden vender como un “valor agregado” cuando en realidad es solo persistencia en el error.

Error que, en buena lid, tampoco lo es porque frente a nosotros, como una burla ante la “falta de liquidez”, van alzándose los nuevos hoteles en proporción inversa al deterioro de las viviendas de la gente de a pie, pero a igual ritmo acelerado en que se hinchan las barrigas y las cuerdas vocales de los “cuadros” dirigentes, a quienes se les paga por producir consignas, actos de repudio y llamadas a la violencia contra quienes sueñan con un país donde, al menos, se produzca alimentos.

De modo que el fracaso económico todo parece indicar que es una estrategia política de un sistema totalitario que necesita de muchas cabezas enfocadas exclusivamente en qué hacer para comer o en cómo escapar, y no en cambiar y mejorar las cosas.

Pareciera una tesis hiperbólica pero sesenta años de fracasar en algo tan sencillo como sacarle frutos a la tierra y a los mares aquí donde la naturaleza es plena en bondades hace sospechar que el hambre no es ni fatalidad ni castigo externo, no cuando el “enemigo” ha sido por muchos años nuestro más grande proveedor no solo de remesas sino de pollo congelado.

Así, el hambre ha devenido “voluntad política”, aunque de tan sobrados iban en su empeño que se les fue la mano, y no contaron con una pandemia que les transformara la estrategia en desastre total.

El resultado más visible de tantos años sin preocuparse por qué hace la gente de a pie para comer al menos una única vez en el día son extensiones de tierras sin cultivar y, lo que es peor, sin esperanzas de ser cultivadas. Pusieron tanto empeño en producir “emigrantes” que apuntalaran la economía con remesas, que ya no quedan brazos jóvenes y fuertes para labrar sino solo para remar con rumbo norte.

Si el hambre, hasta cierto límite, es efectiva para controlar a las “masas”, cuando la situación se torna intensa, sostenida y desesperanzadora es contraproducente en asuntos de empecinamientos políticos.

Imagino que si, en lugar de la pregunta sobre por qué no se podía viajar en Cuba, el joven estudiante Eliécer Ávila hubiera indagado sobre por qué no se produce alimentos suficientes en la isla, la respuesta de Ricardo Alarcón habría sido muy similar a ese supremo disparate de antología sobre aviones y cielos abarrotados.

En “última instancia” el hambre que padecemos los cubanos sería un sacrificio al que nos condenan “por nuestro propio bien”. Al menos es lo que se intuye de esa dinámica de producir para exportar o con destino al turismo, prohibir la pesca y la ganadería independientes, condicionar la entrega de tierras y licencias a la lealtad política, limitar al máximo las importaciones y dolarizar una economía donde a los trabajadores se les paga con una “moneda nacional” que es marginada por el propio banco que la emite.

Absurdo total. Tanto como pensar que el problema del hambre se solucionará con la reforma monetaria que se iniciará el 1ro de enero de 2021, cuando en realidad el “día cero” y lo que llegará con él habrán de ser como un disparo de arrancada para terminar de dolarizar oficialmente lo que siempre lo estuvo de manera simulada, es decir, bajo el amparo artificial de un “peso convertible” que jamás nadie logró “convertir” sino en un estorbo.

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Incertidumbre entre los cubanos ante la nueva reforma monetaria (foto del autor)

Pero la “dolarización socialista” es otro absurdo. Más que vender en dólares el régimen ha convertido el comercio de alimentos y artículos de primera necesidad en una subasta, un remate público, donde triunfará el mejor postor. Solo basta con salir a las calles para constatar ese terrible azar donde apenas compra quien logra comprar y donde a duras penas se come lo que aparece.

Un juego macabro que tiene a los cubanos enloquecidos en busca de un modo de acceder a una moneda foránea que cada día se vuelve más difícil de adquirir y que, por tanto, su carencia agudizará fenómenos sociales como la corrupción, la prostitución, la criminalidad, la violencia, la inseguridad en las calles, la pobreza, las enfermedades y muertes por malnutrición, la baja natalidad, el éxodo tanto de mano de obra como de profesionales altamente calificados, entre otros, volviendo irreversible el estado de ruina nacional que hoy es más que palpable.

A excepción de quienes han escrito, en estricto secreto, las trampas (más que las reglas) del “nuevo” juego económico, nadie más sabe cómo transcurrirá lo que está a punto de acontecer pero, de acuerdo con lo vivido por estos días, incluido el “revival” de la retórica violenta de los tiempos de intolerancia radical que parecían superados, no hay señales de que se aproximen días mejores sino otra fase, mucho más incierta y peligrosa, de nuestros propios “juegos del hambre”.

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¡Es el despojo, estúpido!

Cuba, Economía, Unificación monetaria

(Foto: Internet)

LA HABANA, Cuba. – En el ya lejano 1992, una frase se popularizó de modo increíble en la política estadounidense: “¡Es la Economía, estúpido!”. Se trataba de uno de los tres lemas que el jefe de la campaña electoral de Bill Clinton proclamó como los temas centrales para ganar la competencia por la Casa Blanca escenificada aquel año. La expresión alada demostró su validez, y Clinton ganó la presidencia.

He recordado esa expresión de 28 años de antigüedad a raíz de las especulaciones que se arremolinan tras los anuncios hechos por encumbrados jerarcas cubanos acerca de la “inminente” unificación de la moneda nacional. Cabe destacar en particular la comparecencia de este martes, en la Mesa Redonda de la televisión, de Marino Murillo Jorge.

Se trata del Jefe de la Comisión de Implementación de los Lineamientos; porque sí, aunque el país se esté cayendo a pedazos, la alta burocracia del castrismo sigue pensando en términos de los inoperantes “Lineamientos”. Murillo perpetró, junto al vicepremier Alejandro Gil Fernández, una cansona perorata sobre lo que los castristas, inmunes al concepto de lo grotesco, han bautizado, de manera pomposa y ridícula, como “Tarea Ordenamiento”.

Algunas de las frases pronunciadas por el voluminoso mayimbe, despiertan natural inquietud: “eliminación de subsidios y gratuidades”, “ordenamiento monetario y cambiario”, “reforma salarial”. No se trata de expresiones tomadas al azar, sino de los pilares fundamentales de la nueva aventura económica que el castrismo se apresta a iniciar.

Con respecto a la unificación monetaria, don Marino confesó: “Devaluar la moneda y subir los salarios es sinónimo de crecimiento de precios, que significa inflación”. Por consiguiente, el bautizado como “Zar de las Reformas”, pese a tener ahora una visibilidad mucho menor que años atrás, se ha convertido en portavoz del régimen en este importante asunto y, como reza el dicho popular, “ha puesto el parche antes de que salga el grano”.

En medio de estos anuncios, ¿acaso alguien que esté en su sano juicio pensará —¡a estas alturas del juego!— que el resultado neto de esa vorágine de aumentos de salarios y precios será favorable para el cubano de a pie! ¡Habría que estar loco para creer semejante cosa!

Si algo ha caracterizado la actuación del castrismo en el terreno económico ha sido el mantenimiento a ultranza del control totalitario sobre los procesos productivos, el deterioro paulatino de los ingresos reales de sus súbditos. Así ha sucedido desde que pasaron los años iniciales del populismo desenfrenado.

Hay una expresión alada de la gran Margaret Thatcher que viene como anillo al dedo: “Los socialistas fracasan cuando se les acaba el dinero… de los demás”. ¡Admirable manera de reflejar la esencia de ese sistema inoperante y expoliador!

Fue precisamente eso (“hacer caridad con el bolsillo ajeno”) lo que hizo desde un inicio el fundador de la dinastía. ¿Cómo olvidar la rebaja de alquileres! ¡No es difícil imaginar el entusiasmo y la “intransigencia revolucionaria” de un cubano de a pie que, de un día para otro, se encontrara con que —digamos— los sesenta pesos mensuales que tenía que pagar por concepto de renta de su vivienda ¡se habían reducido a sólo treinta!

Se comprende que el así beneficiado —y toda su familia— se declararan seguidores entusiastas de “la Revolución”, dispuestos a matar y morir por ella. Claro, ese idilio no duró demasiado. Bastó que el exceso de circulante vaciara las tiendas y los jóvenes casaderos se vieron impedidos de independizarse (al desaparecer del mercado las viviendas en alquiler) y condenados a convivir con sus progenitores.

Sólo que, al producirse ese choque con la realidad, ya la propaganda castrista instilaba en los cerebros de sus súbditos —todavía proclives al adoctrinamiento— que las culpas de las carencias las tenía el Gran Totí: “el imperialismo yanqui”. Poco más tarde, se dieron los toques finales al eficiente aparato represivo que impera hasta hoy, y se esfumó cualquier vía para la discrepancia o la protesta.

Finalizada ya aquella especie de “luna de miel” que duró un par o trío de años (al haberse acabado “el dinero de los demás”), se abrió el larguísimo capítulo de los latrocinios del castrismo contra el pueblo. Aquí cabe citar la “Gran Estafa” de la recogida de millones de pesos para reedificar la calcinada tienda “El Encanto”, atraco que se saldó con la construcción de un modesto parquecito. También las “casas del oro y la plata”, en las que esos metales preciosos se cambiaban por baratijas. Y un largo etcétera.

El mismo establecimiento de la doble moneda constituyó un capítulo más en esa larga historia de expolio y abuso. Recordemos que, de inicio, las tiendas en divisas funcionaban sólo para diplomáticos y otros extranjeros. La presencia de un cubano en las cercanías de alguna de ellas era motivo suficiente para amedrentarlo y reprimirlo.

Después, ante la necesidad, los jerarcas aceptaron que también los nacionales pudiesen acceder a esos comercios. Pero, al menos de inicio, eso se suponía que fuera sólo para los que tuvieran FE (familia en el extranjero) y recibieran remesas. Esto enmascaraba y “justificaba” los elevados precios de los artículos allí vendidos. Sin importar que entre ellos estuviesen algunos de primerísima necesidad, como el aceite vegetal y el jabón.

Por ese mismo camino de expoliación y despojo han transitado otras medidas que ha ido adoptando el régimen de La Habana. En los meses más recientes, esto ha incluido el notable empobrecimiento de los surtidos de las tiendas que venden en pesos cubanos convertibles, y el establecimiento de otra red que sólo vende en verdaderas divisas (dólares, euros, yenes) y están un poco mejor abastecidas.

En ese turbio contexto, ¿habrá alguien que crea que el gran rebumbio ya anunciado para cuando se acometa la eliminación de la dualidad monetaria será para bien del cubano de a pie! ¿Que, al incrementarse precios y salarios, y eliminarse “gratuidades infundadas” (no las que disfrutan los privilegiados del régimen, ¡claro!), el resultado neto beneficiará a “los humildes”?

¡Allá quien quiera creérselo! Mientras no me demuestren lo contrario, yo, sin ánimo de ofender a nadie y con la única aspiración de parafrasear lo ideado por el antiguo Jefe de Campaña de Bill Clinton, proclamaré: ¡Es el despojo, estúpido!

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BCC niega “los rumores” sobre el inicio de la unificación monetaria 

iglesias Banco Central de Cuba

Sede del Banco Central de Cuba (Foto: Flickr)

MIAMI, Estados Unidos. – Este jueves 10 de septiembre el Banco Central de Cuba (BCC) emitió una nota oficial acerca de “los rumores que circulan en las redes sociales sobre el supuesto comienzo de la unificación monetaria a partir del primero de octubre de 2020”.

La entidad aclaró que esa información “no es verídica” y ratificó que, cuando se decida dar inicio al proceso definitivo de unificación monetaria, la noticia “se comunicará oportunamente a nuestro pueblo por los canales oficiales”.

Como en otras ocasiones, el BCC reiteró que “con la aplicación de la unificación monetaria no se afectará el efectivo en poder de la población, ni los saldos de sus cuentas en los bancos”.

Tras los rumores sobre el posible inicio de la unificación monetaria, difundidos ampliamente en redes sociales y otros canales de información, los cubanos trataron de deshacerse de sus ahorros en CUC o peso cubano convertible.

Este miércoles CubaNet publicó un reporte sobre la negativa de varios negocios en la provincia de Mayabeque a aceptar el pago en CUC, debido a los rumores acerca de la supuesta unificación monetaria, un proceso que el régimen cubano ha anunciado y postergado por más de una década.

“No aceptamos CUC porque este es el país más inestable del mundo y no sabemos con lo que (las autoridades) se puedan tirar de un día para otro. La bola que hay en la calle es que el CUC perderá mucho valor y no nos queremos arriesgar”, comentó esta semana a CubaNet Yasser Fernández, el propietario de una cafetería ubicada en el municipio de Quivicán, en Mayabeque.

Por su parte, Evelín González, una cubana decidida a “librarse de los CUC”, aseguró a este medio que los bancos no tenían CUP o moneda nacional. “Te dicen que no hay dinero para cambiar. Tuve que poner todos los CUC que tenía en mi tarjeta de Bandec porque es la única forma que había de cambiarlos a CUP. En la calle nadie quiere los CUC”, lamentó.

Hasta ahora, el proceso de unificación monetaria ha traído consigo una ola de temor ante la posible devaluación del CUC. Muchos negocios privados han dejado de aceptar esa moneda como forma de pago o, en cambio, solo la aceptan a un valor inferior (20 pesos).

Aunque las autoridades han tratado de ofrecer calma y confianza en el proceso de unificación monetaria, no es la primera vez que rumores extraoficiales acerca de la nueva política cambiaria en Cuba ponen en vilo a los residentes en la Isla.

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El fin del CUC y lo que se avecina para los cubanos

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(foto: AFP)

LA HABANA, Cuba. – Los rumores acerca de la pronta unificación monetaria ganan mayor veracidad en la medida que se amplía el comercio en divisas mediante las tiendas MLC, mientras en el mercado subterráneo la moneda estadounidense mantiene una tasa de 1.50 CUC por cada dólar. La medida, tan ansiada como temida por los nacionales, vendría acompañada de otras normativas diseñadas para contener, probablemente sin éxito, la inevitable inflación; además de quitarle más responsabilidades al Estado en lo concerniente al tema de los subsidios.

CubaNet tuvo acceso a información sobre la aplicación de algunas de esas medidas en el venidero trimestre. Aunque las autoridades mantienen en silencio y “en estudio” todo lo relacionado a este particular, los datos obtenidos se ajustan a lo publicado en esta página el pasado 25 de agosto, y también al actual contexto de emergencia para intentar paliar la crisis sanitaria y económica que mantiene al país en números rojos.

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Se espera que en los próximos seis meses los cubanos puedan cambiar en CADECAS y bancos todo el efectivo en moneda CUC, de acuerdo a la tasa vigente de 24×1. Pasado ese período, el chavito quedaría devaluado a razón de 20 pesos por CUC, y los vueltos en todas las tiendas recaudadoras de divisas (TRD) serían en moneda nacional, algo que desde hace un tiempo se aplica en algunos establecimientos comerciales de la capital.

Los salarios tendrían un nuevo aumento en proporción al incremento en el costo de los productos que se adquieren por la libreta de abastecimiento, debido a que los subsidios desaparecerán excepto en casos y bienes específicos. Con el nuevo reordenamiento de precios, salarios y tasas de cambio, se maneja que el monto total de la canasta básica sin subsidiar ascendería a poco más de 1500 pesos, aunque hasta el momento no se ha precisado qué otros productos serán incluidos en la cartilla para justificar el pago de una suma tan elevada.

El salario mínimo, por consiguiente, no podría ser inferior al costo de la canasta básica y no habría límites en cuanto a la cantidad de dinero a devengar por los trabajadores estatales que laboren en empresas eficientes. Como parte de la nueva política de incentivos para aumentar la productividad, las empresas tendrían la potestad de pagar el rendimiento de los empleados con sus propias utilidades y distribuirles en ciclos trimestrales el remanente de las mismas, una vez liquidadas las cuotas fiscales obligatorias.

Por tanto, quedaría eliminado el concepto de “estímulo” mensual, innecesario una vez que se modifique la escala salarial sin límite de ganancia; y se mantendría el impuesto sobre los ingresos personales para cualquier trabajador que reciba más de tres mil pesos al mes. El dinero descontado sería incluido en el presupuesto del Estado.

En el ámbito académico los aumentos se verificarían de conformidad con el grado científico. Se espera que un Licenciado cobre 400 pesos sobre su salario por concepto de categoría, y un Máster en Ciencias 800 pesos. A ello se añadirían ajustes relacionados con la categoría docente; pero no se precisa si otras cargas laborales (impartición de conferencias, participación en tribunales académicos, tutorías de tesis, revisión de exámenes de ingreso) también serían remuneradas o continuarían siendo gratuitas, para disgusto de los profesores.

La contraparte a esta alentadora relación esfuerzo-salario sería el alza brutal en los precios, que prácticamente mantendría incólume la actual desproporción entre el costo de la vida y el bajo poder adquisitivo de la moneda nacional, sobre todo si se toma en consideración que casi ninguna empresa estatal funciona de manera eficiente.

De ser finalmente aprobado, el paquete de medidas supondría enormes desafíos para el sector empresarial cubano siempre corto de recursos, personal idóneo y capacidad inversionista. Propiciaría otro nivel de desigualdad salarial entre quienes trabajen en entidades rentables y los que pertenezcan a instituciones subsidiadas, impedidas de autogestionarse fuera del férreo control estatal.

Con todo y lo funesto que ha sido el año 2020, lo que se avecina para 2021 no luce mucho mejor. La pandemia seguirá un tiempo más entre nosotros y lo que el castrismo tenía pensado hacer sin prisas pero sin pausas, ahora deberá ejecutarlo a grandes trancos en un escenario totalmente adverso. Para los cubanos sigue siendo necesidad primordial la unificación de la moneda, al menos para tener una visión coherente de la economía del país y ocuparse por entero de lo único que importa desde hace meses: conseguir dólares a como dé lugar.

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El vilipendiado peso cubano

Cuba, Dólares, CUC

Peso cubano, CUC y dólares estadounidenses (Foto: tomada de Periódico Cubano)

LA HABANA, Cuba. – Durante semanas, los medios oficiales se refirieron a la unificación monetaria con predicciones de su inminencia, criterios de expertos acerca de la imposibilidad de realizarla en la actualidad y opiniones favorables de la población, interesada en evitar los engorrosos cambios de moneda.

En Cuba nada ocurre ni se publica sin la anuencia del Partido Comunista,  y muy pocas personas osan opinar públicamente sin ella. El tema se convirtió en una escenificación sobre la disposición del Gobierno a escuchar a los especialistas y una preparación psicológica  para los cubanos. 

La unificación monetaria y de las tasas de cambio para las empresas sería la posible solución para incentivar el aumento de la producción y las exportaciones, y debería ser la primera etapa. Las empresas tienen varias tasas de cambio, desde 1 dólar = 1 CUC, lo cual desincentiva las exportaciones y otras actividades. La aplicación para la población podría ahondar la precariedad del poder adquisitivo, el incremento de los precios y la desafección política, debido a la creciente escasez de productos de primera necesidad, que el Gobierno asegura no poder solucionar por su falta de liquidez. 

En medio de la angustia y los seis meses de encierro más o menos estricto provocados por la pandemia de coronavirus, solo queda sumar que las grandes dificultades resultantes de la unificación echarían más leña al fuego. 

Las recomendaciones de expertos sobre la postergación servirían para justificar no cumplir las directivas sobre su implantación antes del Congreso del Partido en 2021, precisamente por la tensa situación económica y social existente. Los Lineamientos elaborados durante el ejercicio presidencial de Raúl Castro fijaron como prioridad concluir el proceso de unificación monetaria y cambiaria para esa fecha. Luego, Díaz-Canel aseguró que el ordenamiento monetario se encontraba en fase avanzada de estudio y aprobación, lo que incluía la elaboración de las normas jurídicas, la organización y ejecución de los procesos de capacitación, aseguramiento político y comunicación social, durante la sesión de la Asamblea Nacional de diciembre pasado. Asimismo, confirmó que el proceso abarca aspectos estrechamente interrelacionados que tendrían impacto en toda la sociedad, y serían aplicados con la secuencia prevista, minimizando los efectos en la población, al tiempo que reiteró las garantías a los depósitos bancarios en divisas extranjeras, pesos convertibles, pesos cubanos y el efectivo en manos de la población.

Durante las crisis cíclicas de la economía cubana, el Gobierno ha adoptado medidas coincidentes: al comienzo del Período Especial por la pérdida de las subvenciones de la Unión Soviética y sus aliados, y actualmente para colectar el dólar en poder de la población.

En 1993 se despenalizó el uso y tenencia del dólar para los cubanos, cuando muchos aún cumplían condenas de cárcel, y se abrieron las tiendas recaudadoras de divisas (TRD), donde se compraba directamente en dólares. En diciembre 1994 se introdujo el Peso Convertible (CUC) para las transacciones en las TRD, paralelamente con el dólar. En 2003 se retiró el dólar de la circulación en el sector empresarial y en 2004 para la población, como medio de pago. Desde entonces en la comercialización han coexistido el peso cubano (CUP) y el peso convertible CUC, o sea la dualidad monetaria.

La Resolución No.19/2014, emitida por el Ministerio de Finanzas y Precios, detalló las medidas financieras y contables que entrarían en vigor antes de la unificación monetaria, así como los procedimientos y normas a partir del denominado “día cero”. El general Raúl Castro dijo en 2017: “Debo reconocer que este asunto nos ha tomado demasiado tiempo y no puede dilatarse más su solución”.

Actualmente la doble moneda, CUC y CUP, se deprecia aceleradamente en el mercado informal, igual que en la década de 1990 cuando un dólar equivalía a 150 pesos (CUP). Ahora, con la apertura de las tiendas en  Moneda Libremente Convertible (MLC) el dólar resulta aún más apreciado por la población (que podría adquirir, si lo permiten sus remesas, los artículos altamente deficitarios) y por el Gobierno (que recolecta el billete verde llegado a través de remesas y otros medios).

La unificación monetaria y cambiaria es necesaria, pero tiene que ser precedida y acompañada de otros cambios en la conducción económica y productiva de la nación, algunos incluidos en la Constitución y los Lineamientos, pero han sido limitados, revertidos o postergados. Esos y otros más fueron expuestos constructivamente durante años por el economista Oscar Espinosa Chepe: por eso lo castigaron como “contrarrevolucionario” y finalmente lo condenaron a 20 años de cárcel. Yo fui expulsada de mi centro de trabajo por no reconocerlo como tal. Lamentablemente, algunos de los eminentes economistas que opinan hoy coincidían con muchos de sus análisis y recomendaciones, pero prefirieron callar y darle la espalda para no perder sus posiciones.  

Las modificaciones radicales en la agricultura, el libre ejercicio del trabajo privado y la legalización de micro, pequeñas y medianas empresas, deberían anteceder a la unificación monetaria para la población, a fin de propiciarle los medios para afrontar la devaluación de la moneda y adquirir los bienes y servicios para mejorar la calidad de vida.

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Cuba, la unificación monetaria y el “horizonte” como destino

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La economía cubana y la dualidad monetaria. (foto: AFP)

LA HABANA, Cuba. – Una nota recientemente publicada por la prensa oficial cubana, vuelve sobre el repetido y hasta ahora no resuelto tema de la unificación monetaria, a través de una entrevista realizada por su autora a varios especialistas del Banco Central de Cuba.

Dichos funcionarios coincidieron en la importancia de la unificación monetaria y cambiaria como una “condición necesaria, aunque no suficiente, para reordenar y actualizar la economía nacional” y ofrecieron su visión sobre los orígenes de la dualidad monetaria y sus antecedentes históricos, con una explicación acerca de cuál sería el entorno económico ideal del país para que (finalmente) el dinero cumpla sus funciones.

Sería ocioso repetir lo dicho por los expertos, funcionarios gubernamentales a fin de cuentas, cuyo discurso en nada difiere de las incontables explicaciones vertidas sobre este controversial asunto desde que, en 2011, el entonces General-Presidente tuvo una epifanía y declaró que era hora de unificar las dos monedas nacionales. Casi diez años después todavía no se ha consumado el milagro.

Cabría esperar que estos altos burócratas de las arcas nacionales, protagonistas de la nota de referencia, nos hubieran ofrecido algún avance sobre las estrategias de soluciones que —supuestamente— se están aplicando para cortar el nudo gordiano de la dualidad monetaria y cambiaria. O, como mínimo, debieron aclarar en qué punto estamos en los pasos y etapas que supuestamente se planearon en los “Lineamientos” se estarían dando para hacer posible (si es que lo fuera) la tan esperada unificación.

Se hubiera agradecido un poco de luz en medio de una realidad tan confusa y oscura que las monedas —lejos de unificarse— se siguen diversificando. La reciente irrupción de las divisas extranjeras en el sistema de comercio nacional multiplica las distorsiones, profundizando la devaluación de las monedas cubanas, robusteciendo el mercado negro cambiario y reforzando las ya grandes brechas sociales existentes entre los sectores más empobrecidos y sin acceso a las divisas, y los “privilegiados” que cuentan con alguna fuente de ingresos en moneda extranjera.

Es decir, que al día de hoy lo más lesivo a nivel social, más allá de la cosa financiera, no es ya el viejo problema de la existencia de dos monedas, sino la coexistencia de dos tipos de monedas: por un lado, las nativas (CUP y CUC), con presencia física en el deprimido comercio nacional, sin valor real y sin respaldo financiero, un triste remedo de las antiguas fichas de central azucarero de herencia colonial; y por otro, las divisas extranjeras, con valor real pero con presencia solo virtual (dolarización solapada), y privilegiadas dentro del propio sistema de comercio nacional (apartheid comercial) con la habilitación de mercados destinados exclusivamente a quienes tienen acceso a ellas a través de tarjetas magnéticas ancladas a cuentas bancarias en moneda libremente convertible.

Obviamente, aunque es inobjetable la urgencia de captar divisas, lo cual —según declaran los expertos vernáculos— teóricamente debería contribuir a acelerar la unificación monetaria, en la práctica éste sería un proceso extremadamente largo debido a la crisis económica interna agravada por la severa crisis económica global actual relacionada con la pandemia de la COVID-19) y a la vez con un costo social impredecible, teniendo en cuenta la crispación al interior de la Isla, el creciente descontento, el incremento de las medidas represivas y los controles policiales y parapoliciales, y el evidente distanciamiento entre “gobierno” y “gobernados”.

Resulta, entonces, bastante improbable —por decir un adjetivo amable— que en medio de semejante tormenta se puedan “sanear las finanzas internas” y “crear un entorno ideal para que el dinero cubano cumpla sus funciones”. Salvo que los jerarcas tengan algún as bajo la manga, lo cual jamás ha sido favorable para el común de los cubanos.

Pese a todo esto, y a propósito de la soñada unificación monetaria, Karina Cruz Simón, especialista de la Dirección de Estudios Económicos expuso premisas que a la luz de la situación actual constituyen puras quimeras. La “clave”, plantea la experta, es estabilizar la moneda nacional, lo cual se logra, entre otros factores, “garantizando que los procesos de emisión de dinero se correspondan con la evolución de la economía real o productiva”.

Lo que no menciona esta funcionaria es cómo cree que se pueda realizar semejante sortilegio. Como si no se hubiera comprobado suficientemente a lo largo de todo el experimento castrista que una economía “real o productiva” requiere de manera imperativa impulsar sin más demora una transformación profunda de las relaciones de propiedad en Cuba: otra distorsión igualmente compleja y de larga data que comenzó desde los albores mismos de la llamada revolución y ha sido la base del desastre económico nacional.

Lograr ese “escenario favorable para que el peso cubano pueda cumplir con sus funciones y se logren preservar los equilibrios macroeconómicos” no depende solo (ni mágicamente) de los factores que mencionó Cruz Simón y que también resultan inalcanzables si Cuba no se abre a la economía de mercado y si, simultáneamente, no se reconocen los derechos económicos, políticos y sociales de sus ciudadanos para que participen como protagonistas y no como rehenes en el nuevo escenario económico.

El obstáculo fundamental para avanzar en las dos caras de la necesaria unificación y revalorización de la moneda nacional —economía y finanzas— es el obsoleto y demostradamente fallido principio de “planificación general de la economía”, que es el nuevo eufemismo para referirse a una economía centralizada.

En realidad, todas las propuestas “renovadoras” lanzadas hasta el momento por el Poder político en aras de “echar a andar la economía” solo tienden a blindar ese centralismo estatal fracasado y a perpetuar al mismo poder en sus privilegios. Y es esa tozudez la que impide en primer término el avance de la economía y, en última instancia, hacer posible la unificación monetaria. Cuando se han vivido 60 años de totalitarismo y descalabros económicos ininterrumpidos no es preciso ser un especialista en la materia para entenderlo así.

Pero, para no pecar de injustos, habrá que reconocerles alguna coherencia. Ya el propio título de la nota de Granma lo anunciaba sin afeites: la unificación monetaria de Cuba está “en el horizonte” … Y es sabido que el horizonte es una línea imaginaria e inalcanzable. Es en esa línea donde siempre ha situado el Poder todas sus promesas de prosperidad, y allá siguen nuestros destinos. Al menos en eso nunca nos han mentido.

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Unificación monetaria: en sus marcas, listos…

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(Foto: 14ymedio)

LA HABANA, Cuba. – Manolito es un pintor de autos que lleva algún tiempo guardando CUC para comprarse un carro (claro está, de los que llevan años rodando) y está preocupado porque leyó en la prensa que la unificación monetaria esta próxima a consolidarse. “Y es que aquí no se puede hacer planes, porque vivimos con mucha incertidumbre. Hoy es una cosa y mañana, otra”, se queja. Hubo un momento en que pensó cambiar los CUC por pesos (CUP), pero ahora opina que lo mejor es cambiarlos por dólares, “moneda dura”, pues, aunque tenga que perder algo en el cambio, su dinero estará seguro. Pero se le hace difícil conseguirlos, porque los que viajan están detrás de ellos.

A finales de 2019, sin previo aviso ni dar explicaciones a la población, cerraron las Casas de Cambio (CADECA) con lo cual afectaron a muchos jubilados que cobraban en ellas –uno de los servicios que prestaban estas a la población, que hoy tiene que hacer largas colas en los bancos–. Al mismo tiempo se inició el experimento de dar el vuelto en CUP en dos tiendas capitalinas. En el mismo periódico se informa: “En un comunicado reciente del Banco Central de Cuba (BCC) se afirma, como parte de las medidas de ordenamiento monetario, que lleva a cabo el país, se decidió iniciar el experimento de los cambios en pesos cubanos (CUP) en dos unidades de dicha red de comercio minorista”. Así comenzaron las especulaciones y la desconfianza se apoderó de la población. Los que compraban y cambiaban CUC “por fuera” dejaron de hacerlo. Al mismo tiempo, algunos particulares dejaron de aceptar pagos en CUC, otros trataban de cancelar o sacar los CUC de sus cuentas bancarias, y no han sido pocos los que han invertido sus ahorros ante el temor de perderlos en un cambio desfavorable. Me comentaba una empleada de la Western Union que la entrada de remesas por esta vía ha mermado, aun durante el fin de año. Y es que los cubanos del exilio, ante la inestabilidad de estos últimos meses, utilizan otras vías para enviar ayuda a su familia.

Cuando se acabaron los socios (países socialistas de Europa del Este) a Fidel Castro no le quedó más remedio que despenalizar el dólar –el dinero de sus enemigos–. Esa fue para él una gran derrota frente al imperialismo. Ahora necesitaba de los cubanos en el exilio para poder “insertarse en el nuevo contexto de la economía internacional”. Para ello, además, legalizaron el envío de remesas familiares y fueron creando toda una estructura para la dualidad monetaria, como las mencionadas casas de cambio de moneda extranjera, tiendas recaudadoras de divisas, cuentas de ahorro en divisas y estímulos en divisas en determinados centros de trabajo. A pesar de todo esto, el paso de los años demostró que el sistema socialista no funciona.

En los últimos años, Venezuela con su petróleo apuntaló en algo la endeble economía cubana. Pero cuando se acabó esa ayuda, quedó al descubierto la aguda crisis económica. Como en el período especial, los comunistas acuden a la comunidad cubana en el exterior, esta vez con una ingeniosa y cruel forma de aprovecharse de las necesidades de sus familiares en Cuba para sacarles los dólares –hablan de “captar divisas para la economía”–: la venta de artículos electrónicos, automotrices e informáticos –nunca alimentos–, exclusivamente a través de tarjetas internacionales VISA y Mastercard (siempre y cuando no sean emitidas por bancos estadounidenses). Sirven también las tarjetas emitidas por bancos comerciales cubanos y por FINCIMEX. Los depósitos sólo se admiten en moneda libremente convertible (MLC). Y si es en dólares americanos, se roban el 10 %.

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Díaz-Canel: “Unificación monetaria ayudará a estabilizar la economía”

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Tres tipos de monedas y tres formas de cambios que caotizan la economía cubana (Foto de archivo)

SANCTI SPÍRITUS, Cuba. – La unificación monetaria y cambiaria que prepara el régimen cubano ayudará a “estabilizar” las condiciones económicas de la isla y permitirá “hacer muchas más cosas”, aseguró el gobernante del país, Miguel Díaz-Canel.

Ese “complejo” proceso para el que aún no hay fecha anunciada “es una de las cosas que van a ayudar a estabilizar un poco las condiciones y a partir de ahí se podrán hacer muchas más cosas”, afirmó el mandatario en declaraciones a medios extranjeros, entre ellos EFE, durante una visita a la provincia central de Sancti Spíritus.

La eliminación de la doble moneda se ha convertido en los últimos meses en una prioridad del Gobierno cubano frente a la crisis que golpea al país, propiciada por el endurecimiento del embargo de Estados Unidos con nuevas sanciones y el colapso económico de Venezuela, principal aliado de la Isla, entre otros factores.

En el país circulan dos monedas y los expertos consideran que esa dualidad es uno de los principales escollos para la economía del país: el peso cubano (CUP), en la que se pagan los salarios estatales, y el peso convertible (CUC), la moneda fuerte, paritaria con el dólar y equivalente a 24 CUP, según la tasa abierta de cambio oficial.

En los últimos meses las autoridades han dado pasos experimentales, pero aún se desconoce la fecha exacta en que el CUC saldrá de circulación, lo que ha provocado efectos como su devaluación frente al dólar en el mercado informal.

“Hay muchas cosas que estamos ordenando y por supuesto el proceso en el que hemos ido avanzando y que es muy complejo por la cantidad de cosas que se acumularon es el de la unificación monetaria y cambiaria”, indicó Díaz-Canel.

“Destrabar” la economía

Una de las expresiones recurrentes del mandatario en sus intervenciones desde que llegó al poder en abril del 2018 ha sido la de “destrabar la economía”, para lo cual en sus recorridos de trabajo por todas las provincias cubanas pide continuamente a los ciudadanos que aporten ideas y que ayuden a identificar qué factores impiden avanzar.

El Gobierno de Cuba pretende “trabajar en un ejercicio de pensamiento colectivo y tratar de tener todo un banco de situaciones en las cuales hay trabas, en las cuales puede haber burocracia, en las cuales hay decisiones que tenemos que actualizar, para entonces, con ese banco de problemas, poder empezar a buscar los caminos con los cuales podemos ir eliminando, destrabando, ir soltando esas amarras”, explicó.

Entre los colectivos a los que ha pedido colaboración el gobernante se encuentran los economistas, muchos de los cuales han hecho recomendaciones públicas coincidentes sobre los pasos que debería seguir el país para mejorar su situación, unas medidas que hacen especial hincapié en dar un margen mayor de maniobra al sector privado, y que hasta ahora no se han materializado.

“En todas esas cosas se está trabajando”, reveló el presidente, aunque precisó que todos los procesos económicos están conectados entre sí, lo que hace necesario analizar cada medida “porque la decisión que tomes en un ámbito afecta al otro”.

Además, consideró que “algunos economistas cuando hablan de destrabar y de desatar las fuerzas productivas en el país solo piensan en el sector privado”, en tanto la premisa gubernamental es que el principal actor económico sea “el sector empresarial estatal y como un complemento de esa economía estatal, el sector privado”.

“No estamos negando al sector privado, pero es un complemento de la economía estatal, y realmente en lo que hemos ido implementando, le hemos dado más libertad al sector privado que al estatal”, insistió.

Por ello, prosiguió, el Ejecutivo está centrado ahora en “ir desatando” el sector estatal “sin frenar al sector privado”, así como “encontrar los adecuados dimensionamientos que tiene que tener el Estado y que tienen que tener lo privado y lo cooperativo, y las adecuadas relaciones” entre ambos.

“Si uno ve la lista de políticas que se han aprobado, el país ha cambiado mucho en diez años, en los últimos quince años, y seguirá cambiando, y seguirá cambiando para bien”, auguró el gobernante.

Sobre las propuestas de los economistas de analizar los modelos económicos de China y Vietnam -países de ideología comunista, pero economías liberalizadas- para adaptarlos a Cuba, Díaz-Canel comentó que se han estudiado las experiencias de esos países, pero recordó que ninguno de ellos ha estado sometido a un embargo durante seis décadas.

(EFE)

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El régimen se alarma: teme el caos tras la desaparición del CUC

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(foto: DCubanos)

LA HABANA, Cuba. – Uno de los miedos que al parecer teme enfrentar el gobierno cubano si decretara de súbito la eliminación del peso cubano convertible (CUC) es el descontento popular debido al impacto psicológico que provocarían las cifras altísimas de los precios al ser traducidos a pesos cubanos no respaldados en divisas o CUP.

Hay demasiadas insatisfacciones acumuladas para sumar una más a la actual situación política que pudiera tornase peligrosa, de modo que el temor es más que una suposición.

La prueba es que ya ha ido ensayando con algunas variantes desde hace algún tiempo como esa de obligar a determinados establecimientos estatales a aceptar el CUP, incluso a homologar los precios de los productos en exhibición, o la más reciente de procurar, en un par de comercios de la capital, los vueltos de los pagos en CUC en “moneda nacional”, que es como llamamos al peso de toda la vida para diferenciarlo de esa otra moneda, también “nacional”, pero que ni siquiera los bancos consideran como tal. Tengamos en cuenta que hoy cualquier transacción en ventanilla con CUC debe hacerse en aquellas habilitadas para “monedas extranjeras”, una de las tantas “curiosidades” de la economía cubana.

Pero la presencia de ese CUC del que hoy todos nos deshacemos, al menos ha servido para disimular un tanto el desequilibrio más que dramático entre salarios estatales y precios de productos y servicios, aun cuando buena parte de Cuba no puede acceder a estos a no ser para adquirir cosas esenciales (ni siquiera básicas), aunque bajo enormes sacrificios en la economía personal.

Todavía con el CUC en circulación algunas personas pueden pensar “esto o aquello me costó un pesito”, cuando en realidad están hablando de 25 pesos cubanos, es decir, mucho más de lo que ganaría como salario en una jornada laboral de ocho horas, que a veces se extiende a dos o tres más por esas “dificultades” de la vida diaria en el socialismo que ya conocemos: transporte pésimo, cortes de electricidad, guardias obreras e incluso extremismos de los jefes que de vez en cuanto gustan de “medir” el “compromiso ideológico” de los trabajadores, pero eso es otro tema.

Lo cierto es que al desaparecer el CUC se van con él, al menos, las fantasías de, primero, creer que tenemos dinero en el bolsillo cuando jamás pasó de ser un bono y, segundo, el espejismo de que las cosas no están mucho más caras que “afuera” donde más o menos cuestan lo mismo.

Quizás por eso aún nadie se decide por declarar una fecha límite, pero ya es más evidente que tienen pensado hacerlo de un momento a otro, aunque evitando ser demasiado aguafiestas dejarán pasar las celebraciones de fin de año para, en las primeras semanas del 2020, anunciar el ultimátum al CUC que, sin dudas, tendrá que llegar acompañado de otras medidas relacionadas con los salarios al sector no presupuestado que ayuden a minimizar los efectos psicológicos del “día posterior”.

Algunas fuentes consultadas de manera anónima, relacionadas directamente con el proceso de implementación de los llamados “Lineamientos económicos”, confirman que ya se encuentra todo listo para la definitiva salida de circulación del CUC en el primer semestre del año venidero y que, acompañando este proceso, llegarán nuevas reformas salariales, como resultado de estudios que establecen la necesidad de fijar el salario mínimo mensual por encima de los mil 500 pesos cubanos (menos de 60 dólares estadounidenses de acuerdo con el cambio actual en la calle) así como un tope máximo de 10 mil (por debajo de los 400 USD) para las empresas estatales que han adoptado la forma de “pago por resultados”.

Tal medida, de acuerdo con las fuentes consultadas, probablemente repercuta además en la elevación de las pensiones en cerca del 50 por ciento o un poco más del valor actual, también incluiría la eliminación de otras formas de pago asociadas a los salarios estatales como esas que consideran las condiciones anormales en el desempeño de las labores o el pago extra de estipendios diarios ‒como los del almuerzo‒, o anuales ‒para la adquisición de vestuario, por ejemplo‒, cuestiones que estarían integradas en ese incremento salarial que, supuestamente, perseguiría elevar el poder adquisitivo de los trabajadores estatales del sector no presupuestado, quienes quedaron fuera de la reforma más reciente del 2019, a pesar de estar ligados directamente a la producción, la venta y exportación de bienes y servicios. Otra curiosidad más de la economía de Cuba.

Sin embargo, igual que ha sucedido con el CUC cuyo “deceso” se ha venido anunciando desde hace más de un quinquenio, no solo ha quedado toda esa información sobre los “cambios futuros” para conocimiento de unos pocos sino que ni siquiera se habla de fechas, sino de “intenciones para 2020” que, sin dudas, será uno de los años más difíciles para el régimen de La Habana con la lluvia de medidas en su contra por parte del gobierno de los Estados Unidos, así con el debilitamiento y desaparición de los principales aliados en la región, como son los casos de Venezuela, Bolivia, Brasil y Ecuador.

El trauma masivo que provocará la desaparición del CUC cuando las personas deban darse de frente con la cruda verdad de lo que en realidad reciben como salario (incluso como remesas en aquellos casos en que no son regulares ni estables en su valor), así como las empresas estatales descubran en números reales su indiscutible ineficiencia, es bien previsible y el gobierno cubano deberá resolver lo más pronto posible cómo habrá de controlar la situación ya no para evitar el caos sino para que no se acerque demasiado rápido a sus niveles críticos.

Algunos entre los pocos que han alcanzado a conocer los planes de reforma salarial y de pensiones para 2020 se muestran entusiasmados, igual que lo hicieron en su momento cuando por vez primera se habló oficialmente de eliminar la dualidad monetaria y cambiaria pero ahora la felicidad va mezclada con esa dosis de frustración que les ha impregnado una espera tan prolongada.

A otros, probablemente la mayoría, pienso en algunos economistas de prestigio dentro del ámbito académico cubano, les preocupa de dónde saldrá el dinero necesario para sostener tales reformas, más cuando las principales figuras del gobierno han reconocido públicamente que Cuba atraviesa por una crisis de liquidez, han disminuido los contratos para la exportación de servicios médicos, la temporada alta del turismo va camino al abismo y no se alcanzan los niveles de producción y exportación necesarios para que se eleve la curva de ingresos por sobre la de gastos.

Sin dudas, uno de los más complicados acertijos con los que habrá de comenzar el año nuevo si en verdad llegara a cumplirse lo que tanto se ha dicho al menos para ese exclusivo grupo de “informados” o “privilegiados de la información”.

Unos planes a futuro inmediato que serían magnífica noticia para quienes piensan que una subida de salario en una moneda sin respaldo real es la mejor solución para la vida de penurias que enfrenta cualquier cubano o cubana que vive exclusivamente de sus ingresos como trabajador estatal pero que en realidad pudiera ser el preámbulo de otra (u otras) crisis de la que ‒tal como sucede hoy con el CUC‒ habremos de lamentarnos dentro de cinco o diez años, si es que el régimen sobrevive a tal nivel de descontento popular.

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