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Distracciones de la dictadura

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MIAMI, Estados Unidos.- Los atisbos de rebeldía en Cuba no suelen correr con oportunidades mediáticas. Siempre parece haber una distracción creada por el régimen, exprofeso, o algún acontecimiento de valor internacional que cambie el foco de atención.

Cuando el Papa Juan Pablo II visitó la isla en 1998, los discursos eclesiásticos reverberaban en franca oposición a la dictadura. Medios de prensa poderosos del mundo aprovecharon la ocasión para cubrir temas e historias censuradas por el régimen.

De pronto, al presidente Bill Clinton se le ocurre tener amoríos con una pasante en la propia Oficina Oval. Las cámaras y micrófonos corrieron presurosos a cubrir el escándalo inédito desde que los Kennedy disfrutaban de la Monroe en la piscina de la Casa Blanca.

Es de especular que el dictador Fidel Castro, tan dado a la prensa norteamericana, a la cual concedía entrevistas francas y abiertas, obliteradas para los periodistas oficiales a quienes mangoneaba y humillaba a su antojo, se haya sentido acongojado con el traslado de las noticias a Washington.

Castro sabía cómo lidiar con el representante de Dios en la tierra y Cuba nunca se “abrió al mundo”. Cuando lo despidió en el aeropuerto ignoró al Cardenal Jaime Ortega Alamino, y le dio por conversar con Carlos Manuel de Céspedes, Vicario General de La Habana.

La tiranía es experta en distracciones de toda índole ante sus reiteradas crisis. Los crueles actos de repudio durante los días del éxodo del Mariel fueron la respuesta a la entrada de miles de cubanos comunes a la embajada del Perú.

El derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate cerró acercamientos que podían haber ocurrido con el “enemigo imperial”, al igual que unos años antes la intervención armada en África.

Esas fueron distracciones épicas, uniformadas de verde olivo, que de alguna manera contaron con la anuencia de la izquierda internacional, dada a la simpatía por el régimen y sus triquiñuelas.

La rebelión de julio de 2021, y la repetición frustrada de noviembre, que han dejado a menores de edad presos, madres amenazantes y desalentadas increpando al régimen online, exilios y destierros, se disipan y sólo sobreviven en la perseverancia y el compromiso de Miami y otras latitudes donde residen cubanos dignos, sin miedo de que les impidan volver a la isla.

No hay distracción más siniestra y eficaz que la producida por el desabastecimiento y la indigencia. Una de las madres con hijos detenidos habla de cómo han sido olvidados por los que fueran sus amigos del alma. La falta de solidaridad se hace tan endémica como la pandemia en el ambiente de la supervivencia.

La política “no cabe en la azucarera”, ni en el trozo magro de pollo, ni en las colas interminables.

Otra de las distracciones actuales es una suerte de rabia colectiva acumulada que se descarga contra los delincuentes. Ladrones magullados o apuñalados a plena luz del día, con poca intervención de la policía, mientras serenos transeúntes graban con sus teléfonos las explosiones de violencia.

En toda esta barahúnda que huye de las causas reales de la debacle cubana, atribuida al “bloqueo imperialista”, un padre organizó en secreto, según propia confesión, el peregrinaje desde La Habana a la Ermita de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba, para consumar promesas por haber salvado a su hijo de un cáncer.

El llamado “Pagador de Promesas” criollo tiene todo el apoyo del régimen en su recorrido a pie por las principales ciudades de la isla, donde es recibido con eventos y alabanzas.

La iglesia se ha mantenido cautelosa en lo que la prensa oficialista lo utiliza como prueba del respeto de la dictadura por la religiosidad y la libertad de expresión del pueblo.

En La Habana, por otra parte, se ha producido una inusual y airada manifestación de protesta, pero de cubanos frente a la embajada de Costa Rica, reclamando visas para escapar a Nicaragua y de ahí seguir el accidentado recorrido a la frontera sur de los Estados Unidos.

La policía política del régimen vigila, atentamente, estos exabruptos de pueblo autorizados que simulan una sociedad vital, donde parece haber personas con la capacidad de reclamar libremente sus derechos.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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