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Régimen niega empleo al exprisionero político Lázaro Mendoza García 

LA HABANA, Cuba. – El opositor y exprisionero político cubano Lázaro Mendoza García denunció ante las cámaras de CubaNet que sufre discriminación política por parte del régimen de la Isla, que se niega a ofrecerle empleo por su activismo. 

“Todo parece indicar que la Seguridad del Estado intenta asfixiarme económicamente. Quieren doblegarme por hambre, pero no lo van a conseguir. Prefiero sacar un cartel en el Capitolio para que me metan preso y me tengan que dar comida gratis, aunque sea el sancocho ese que dan en prisiones”, denunció Mendoza.    

El activista, inicialmente había sido contratado como custodio diurno en una de las sedes de Correos de Cuba del municipio La Lisa, donde reside. Sin embargo, varios días después de iniciar su contrato, la administradora de la entidad le comunicó que no podía continuar en el empleo por sus antecedentes penales.

“Me hacen el contrato y el día 22 de enero empiezo a trabajar. Todo el mundo estaba contento con mi trabajo, pero ya el día 28 viene la administradora y me dice que había bajado (una orden) del Ministerio (de Comunicaciones) de que yo no podía trabajar allí porque tenía muchos antecedentes”, explica Mendoza. 

“Todos mis antecedentes son por actividades políticas, por protagonizar diferentes protestas contra instituciones claves de la dictadura, y eso les duele. Por eso tratan de rendirme por hambre”, aseguró el exprisionero político.

Mendoza es líder del Movimiento Justicia, una organización no gubernamental que lucha a favor de los Derechos Humanos. Él mismo ha protagonizado numerosas protestas frente al Capitolio de La Habana, el Ministerio de Justicia y la Asamblea Nacional del Poder Popular, entre otras instituciones oficiales cubanas.

En marzo de 2017, el activista fue liberado tras cumplir 11 meses de cárcel por protagonizar una protesta en la vía pública. En esa ocasión recorrió cuatro prisiones: Valle Grande y Combinado del Este en la capital; Taco Taco, en Pinar del Río, y la prisión de Guanajay, en la provincia de Artemisa. A pesar de que nunca fue sancionado por un tribunal estuvo casi un año en prisión.

“En mi caso hay discriminación política, racial; discriminación de toda índole porque ahora me encuentro con que no tengo un sostén (económico), no tengo sostén de vida”, lamentó.

“No tengo trabajo, no tengo dinero, no tengo comida… ¿Cómo me alimento? Yo quiero trabajar para ganarme la vida, pero por mi activismo político el régimen me lo impide; ellos quieren liquidarme”, insistió.

Entretanto, el Gobierno cubano continúa calificando a los activistas opositores como “mercenarios al servicio del imperio”.

“Ellos llevan toda una vida diciendo que la oposición recibe financiamiento desde los Estados Unidos, que somos mercenarios pagados por la CIA (Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos). lo cual no es verdad, si no mira mi caso”, apuntó Mendoza.

“Siempre tratan de que las personas que disienten estén en la situación más mala en que puedan estar. Este es solo uno de los grandes costos que hay que pagar por pensar diferente al ‘todocastrismo’. Son una maquinaria perversa de destruir personas por tener ideas diferentes a las de ellos”, afirmó.

Lázaro Mendoza, exprisioneros políticos, represión en Cuba, discriminación política

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MSI: El precio de oponerse a la dictadura

Cuba libertad de prensa

MSI, Movimiento San Isidro
Luis Manuel Otero Alcántara (extremo izquierdo) y varios miembros y simpatizantes del MSI (Foto: Facebook)

GUANTÁNAMO, Cuba. – Contra los jóvenes del Movimiento San Isidro (MSI) la dictadura cubana ha desatado una sistemática y difamatoria campaña mediática que todavía este 25 de diciembre tuvo espacio en el programa “Palabra precisa”, del canal Cubavisión, inmediatamente después de la transmisión de la telenovela brasileña.

Para nada importó a quienes dirigen ese canal, a Lázaro Manuel Alonso ―uno de los nuevos testaferros del odio mediático― y a Rosa Miriam Elizalde ―otra de sus adláteres, miembro del equipo de dirección del libelo terrorista Cubadebate―, que fuera Navidad. Posponer la transmisión del programa habría demostrado un mínimo de respeto por la comunidad cristiana cubana y por una fecha que marca anualmente a gran parte de la humanidad.

Pero la dictadura cubana, por mucho que disfrace de corderos a sus dirigentes y testaferros, es esencialmente mendaz y diabólica. Por eso el ejercicio del odio y la represión contra la alteridad es una práctica constante para ella.

Gracias a medios de la prensa independiente cubana conocimos lo ocurrido a Luis Manuel Alcántara el pasado 19 de diciembre, cuando fue expulsado de un negocio privado por órdenes de la Seguridad del Estado.

Otero asistía a la obra “Mistery Rose”, en Casa Vieja Habana, un proyecto privado en Habana 203, entre Tejadillo y Empedrado, cuando lo llamaron aparte y le comunicaron que tenía que salir con todos sus acompañantes del local porque la dueña no quería buscarse problemas.

La decisión de la dueña del establecimiento fue una violación de lo establecido en el artículo 42 del engendro jurídico que la dictadura proclamó como Constitución y que prescribe: “Todas las personas son iguales ante la ley, gozan de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, género, orientación sexual, identidad de género, origen étnico, color de la piel, creencia religiosa, discapacidad, origen nacional o territorial, o cualquier otra condición o circunstancia personal que implique distinción lesiva a la dignidad humana”.

Estoy convencido de que todas las personas de buena voluntad coincidirán en que la discriminación política constituye una distinción lesiva a la dignidad  humana. Sin embargo, así como impusieron esa supuesta constitución, los defensores del castrismo la violan, erosionando su propia institucionalidad, porque la discriminación política ha sido una constante desde 1959 hasta hoy.

Este hecho demuestra el rigor de la persecución y el ensañamiento político de la dictadura contra quienes tienen el valor de oponérsele. No les ha bastado a sus máximos representantes difamar hasta el cansancio en las redes sociales y la televisión nacional contra los valerosos jóvenes del MSI; crear las bases de un supuesto movimiento alternativo ―“dialogante” y afín a la dictadura―; tratar de que vecinos cercanos a Damas 955 ―la sede del movimiento― se enfrenten a los díscolos; sitiar a los artivistas y periodistas en sus domicilios, lo cual es otra violación de la supuesta Constitución (en este caso del artículo 52, que establece la libertad de movimiento dentro y fuera del territorio nacional); u organizar mítines de repudio frente a sus viviendas, donde “espontáneamente la masa aguerrida y revolucionaria” les grita denuestos y frases apartadas de toda decencia.

Los dirigentes de la dictadura y sus perritos de la Seguridad del Estado se creen tan inteligentes que piensan continuar engañando al pueblo con la manipulación mediática de la verdad, usando a quienes dependen de sus prebendas y a otros que sencillamente disfrutan de las parrandas del odio, porque de todo eso hay en ese cosmos diabólico creado en Cuba después de 1959.

Estas vilezas cometidas contra Alcántara y sus amigos demuestran nuevamente por qué jamás se da a conocer al pueblo el monto del dinero asignado a la represión en el presupuesto anual del Estado. 

También demuestran las difíciles circunstancias en que viven los opositores que han decidido usar los espacios públicos para dar a conocer sus proyecciones y luchar decididamente por la democracia en nuestro país.

Contrastando con la trascendente actitud cívica protagonizada por los jóvenes del MSI y con su preocupación por el destino de la patria, hay actitudes como la asumida por la dueña de Casa Vieja Habana.

No hay que ser ingenuos. Dentro del sector privado cubano hay muchos dueños aparentes de negocios que pertenecen realmente a poderosos representantes de la dictadura, pero también hay individuos a los que la patria les importa un bledo y su único objetivo es ganar dinero y mantenerse bien distantes de toda acción que pudiera interpretarse como un compromiso político en contra de la dictadura para luego tratar de salir del país. En mi opinión estos últimos constituyen la gran mayoría. No todo el mundo tiene la grandeza de alma de Salvador Cisneros Betancourt.

Los artistas y el público asiduo a Casa Vieja Habana deberían boicotear ese negocio, no solo dejando de asistir allí sino explicando al público habitual el fundamento de su decisión y pidiéndole que la imiten.

La foto y el nombre de la dueña del establecimiento ―tan solícita para cumplir las órdenes de la Seguridad del Estado― deberían ser divulgados en todos los sitios de Internet, para que pueda ser identificada como cómplice de este execrable acto de discriminación política, no vaya a ocurrir que dentro de algún tiempo aparezca en Miami como otra de esas personas que aquí no le han tirado ni un escupitajo a un mural de un CDR y allá se presentan como émulas de James Bond.

Debería hacerse no solo para impedir que viaje a los EE. UU., sino también para registrarla dentro del significativo grupo de cómplices de la dictadura, porque si de algo estoy absolutamente convencido es de que algún día habrá justicia en nuestro país.

La oposición cubana necesita defenderse de acciones como estas. La adopción del método de la lucha pacífica no debe alimentar la ingenuidad de que no está en guerra. Y se le hace una guerra deleznable, donde para la Seguridad del Estado todo vale.

Es hora de comenzar a realizar otras acciones que garanticen, al menos, que este tipo de vilezas no van a quedar impunes.

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