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Gobierno cubano exportará más de 200 toneladas de langosta, mientras el pueblo pasa hambre

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MADRID, España.- En medio de la aguda crisis alimentaria que afecta al pueblo cubano, el régimen anunció que las empresas de la industria pesquera en Granma sobrecumplirán el plan de pesquería de langostas para exportación previsto para el año actual.  

“Para este último semestre del año se pretende alcanzar 218.1 toneladas del codiciado crustáceo en aguas niquereñas, con lo que se define el cumplimiento del plan de pesquería para el 2022 fijado en unas 200 toneladas”, precisó a la prensa estatal Rusbel González Remón, al frente del Grupo de Desarrollo de a Empresa Pesquera Industrial de Granma (Epigran). 

Según información compartida este fin de semana por el medio local La Demajagua, la Unidad Empresarial de Base InduNiq, ubicada en Niquero, tenía un plan para el mes de julio de 44 toneladas, y en nueve días logró 52. 

“Independientemente de la actual situación energética, procesamos las 52 toneladas de langosta obteniendo un aprovechamiento industrial por encima del 87 por ciento. Resultado que nos ubica entre los mejores a nivel nacional”, dijo Jorge Rosa Acuña, jefe de planta de dicha unidad.

Acuña también se refirió a la puesta en marcha de un nuevo túnel de congelación y un congelador de placa que multiplicó la capacidad de almacenamiento de la langosta. 

Mientras tanto, el desabastecimiento de alimentos básicos y esenciales en Cuba está afectando la adecuada nutrición del cubano de pie, para quien cada día es un calvario conseguir el alimento que llevar a la mesa. 

Recientemente trascendieron imágenes en redes sociales de ancianos hurgando en tres tanques de basura, en La Habana, en los que fueron arrojadas varias cajas de plátanos, ajíes y aguacates. 

A comienzos del mes en curso la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) pidió al Gobierno cubano actuar ante la crisis de medicamentos y alimentos, agravada durante el último año. 

Debido al desabastecimiento alimentario, que “constituye actualmente uno de los principales retos enfrentados por la población, revelando una situación de extrema vulnerabilidad socioeconómica y de inseguridad alimentaria en el país”, la Comisión reiteró “su llamado al Estado de realizar acciones concretas para garantizar a todas las personas, sin discriminación, el acceso a una alimentación adecuada o los medios para obtenerla, y a que se tomen acciones urgentes para asegurar que haya provisión suficiente y asequible de alimentos para satisfacer la demanda nacional, asegurando especialmente la protección de las poblaciones en mayor condición de vulnerabilidad”. 

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“Miren el hambre que hay en este país”: Graban a ancianos hurgando en la basura

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MIAMI, Estados Unidos. – Las imágenes de ancianos hurgando en tres tanques de basura en los que fueron arrojadas varias cajas de plátanos, ajíes y aguacates presuntamente en mal estado, en La Habana, se viralizaron este domingo por mostrar la aguda crisis alimentaria que afecta a los cubanos.

“Miren esto, la gente aquí en Cuba como recoge los plátanos que van a botar pa la basura. Miren esto, caballero. Aquí en Cuba”, dice el hombre que graba las imágenes, publicadas en Facebook por el usuario Alain Hebra.

“Esos plátanos los van a botar para la basura y mira la gente cómo los recogen. Miren el hambre que hay aquí. No es cuento, es verdad. Miren esto. Miren el hambre que hay en este país”, continúa la voz en off.

“Ay, Dios mío, qué falta de respeto. A recoger los plátanos que van a botar en la basura. Miren pa’quello, lo nunca visto”, termina el primer video.

En otro clip de la misma escena, la persona que graba añade: “Miren ahora, recogiendo ají. Miren a la gente recogiendo ajises [sic] del latón de basura. Miren pa esto, caballero. Y después dicen que aquí no hay hambre, recogiendo los ajises [sic] del latón de basura”. 

“Ay, mamá. Ay, por Dios, Canel, mira esto, mijo, mira esto. Miren pa’quello, y después dicen que no hay hambre. Ay Dios mío, la gente recogiendo los aguacates del latón de basura. ¿Hay hambre o no hay hambre?”, se pregunta y termina.

De acuerdo con Hebra y otros usuarios de redes sociales las imágenes fueron grabadas en la Calle Monte, entre San Joaquín y Diez de Octubre, en el municipio habanero del Cerro.

Aunque no se precisa la fecha exacta del video, numerosos internautas de la Isla suponen que fueron tomadas recientemente y aseguran que evidencia la crítica crisis alimentaria del país, actualmente sumido en cortes de electricidad, aumento de la desobediencia civil, falta de medicamentos básicos y una epidemia de dengue hemorrágico.

“Esta es nuestra realidad sin filtros, sin NTV [diciendo] que hay de todo. He aquí: esta es la verdadera realidad del cubano”, escribió en el foro generado por los videos la usuaria Damaris Del Carmen Fernández Pérez.

“Esto quiere decir que somos un país donde la miseria y el hambre ya han llegado a sus últimas consecuencias, con tantos virus y enfermedades que tenemos. Qué tristeza, qué horror”, añadió Ivonne González.

La mayoría de los usuarios que comentaron los videos expresaron su falta de esperanzas y frustración. “Estamos así, y el que vive en Cuba sabe de lo que les hablo, estamos muy mal, tengo 50 años y nunca en mi vida he vivido semejante humillación”, lamentó Kenia Linares.

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Afectada producción de yogurt para niños, lo sustituirán con “otro producto”

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MADRID, España.- El Ministerio del Comercio Interior (MINCIN) de Cuba informó que la producción de yogurt con destino a niños de siete a 13 años se encuentra afectada, “por lo que se evalúa su sustitución con otro producto”; aunque no precisó cuál sería este “otro producto”.

En su informe sobre la distribución de la canasta familiar normada correspondiente al mes de agosto, compartido por el diario Juventud Rebelde, el MINCIN indicó que también hay afectaciones con la entrega de pollo, uno de los alimentos más consumidos por los cubanos. 

Durante el mes de agosto se pretende distribuir el pollo que correspondía en junio, y posteriormente se comercializará el de julio, precisa la información. 

También quedan pendientes de julio entregas del café y huevos, que se espera poder distribuir durante esta semana. 

Según el MINCIN, para el mes en curso se mantendrá la venta controlada de chícharos, cigarros y productos de aseo.

Para agosto se asegura la distribución de arroz, frijoles, azúcar, sal y aceite, así como de compotas, leche para niños, y dietas para embarazadas y enfermedades crónicas de la infancia, añade Juventud Rebelde. 

A partir de la producción de leche fluida, se respalda su consumo en un grupo de territorios para los niños de uno a seis años y dietas médicas.

Con este panorama de atrasos en la distribución de alimentos básicos y de desabastecimiento, el Gobierno cubano publicó el pasado jueves la Ley de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria y Nutricional (Ley SSAN) con la que, según las autoridades, se pretende alcanzar la soberanía alimentaria y garantizar el derecho de toda persona a una alimentación sana y adecuada.

La ley habla de “una alimentación sana y adecuada”, “sistemas alimentarios locales soberanos y sostenibles” y “una alimentación suficiente, diversa, balanceada, nutritiva, inocua y saludable”.

Sin embargo, no explica cómo se logrará esta soberanía alimentaria cuando están en falta los productos de la canasta básica del propio régimen; con los agromercados y las tiendas a las que pueden acceder la mayoría de los cubanos desabastecidas; la población haciendo largas colas para comprar lo que aparezca, y el sistema agrícola en crisis. 

Este lunes la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) pidió al Gobierno cubano actuar ante la crisis de alimentos que atraviesa el país, considerada “uno de los principales retos enfrentados por la población, revelando una situación de extrema vulnerabilidad socioeconómica y de inseguridad alimentaria”. 

En su más reciente informe el CIDH denunció que “el cuadro de desabastecimiento de alimentos básicos y esenciales en Cuba está afectando la adecuada nutrición de la población, sobre todo de las personas mayores, con enfermedades crónicas, mujeres embarazadas, niños, niñas y adolescentes”.  

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CIDH exige al régimen cubano actuar ante desabastecimiento de medicinas y alimentos

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MADRID, España.- La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) pidió al Gobierno cubano actuar ante la crisis de medicamentos y alimentos, agravada durante el último año.

En su más reciente informe la Comisión recordó que estos elementos estuvieron entre los detonantes de las manifestaciones del 11 y 12 de julio de 2021 (11J) y que aún se mantienen. 

En estas fechas “miles de personas cubanas salieron a las calles, en más de 40 ciudades del país, para protestar pacíficamente a fin de exigir el ejercicio de libertades civiles y cambios en la estructura política del país, además de protestar ante falta de acceso a derechos económicos, sociales y culturales, sobre todo por la persistente escasez de alimentos y medicamentos, y el agravamiento de las consecuencias de la pandemia de COVID-19 en la Isla”, apunta el texto. 

La CIDH expresó su preocupación por las limitaciones en la prestación de los servicios de salud, la insuficiencia de camas o ambulancias para tratar a las personas contagiadas, el colapso de hospitales, la escasez de medicamentos esenciales, de jeringas, oxígeno y otros suministros, junto a las dificultades para acceder a tratamientos de otras enfermedades y patologías en el contexto de la pandemia.

En cuanto al desabastecimiento de medicamentos esenciales, de acuerdo con informaciones recabadas, 8 de cada 10 personas cubanas no pudieron conseguir medicamentos en las farmacias debido a su escasez y 20 % indican haber tomado medicinas vencidas. Igualmente, sigue preocupando el hecho de que las personas tengan que acudir al mercado informal para acceder a medicamentos o productos de primera necesidad, así como la indicación del gobierno de usar plantas medicinales para suplir la escasez de medicamentos a nivel comunitario y hospitalario, expuso la CIDH. 

En cuanto al derecho a la alimentación, denunció que “el cuadro de desabastecimiento de alimentos básicos y esenciales en Cuba está afectando la adecuada nutrición de la población, sobre todo de las personas mayores, con enfermedades crónicas, mujeres embarazadas, niños, niñas y adolescentes”. 

Ante la situación de desabastecimiento alimentario, que “constituye actualmente uno de los principales retos enfrentados por la población, revelando una situación de extrema vulnerabilidad socioeconómica y de inseguridad alimentaria en el país”, la Comisión reiteró “su llamado al Estado de realizar acciones concretas para garantizar a todas las personas, sin discriminación, el acceso a una alimentación adecuada o los medios para obtenerla, y a que se tomen acciones urgentes para asegurar que haya provisión suficiente y asequible de alimentos para satisfacer la demanda nacional, asegurando especialmente la protección de las poblaciones en mayor condición de vulnerabilidad”. 

Por otra parte, la situación de las misiones médicas internacionales continúa siendo un motivo de preocupación para la CIDH. Al respecto, recordó que el 10 de junio de 2021 el Parlamento Europeo aprobó una resolución en la que condena las violaciones sistémicas de los derechos humanos y laborales cometidas por el Estado cubano contra su personal sanitario enviado a prestar servicios en el extranjero en misiones médicas. 

La CIDH reiteró que “es necesario adoptar políticas públicas que garanticen la protección efectiva de los derechos del personal de salud que se encuentra prestando sus servicios en Cuba, así como en las misiones internacionales, conforme a los estándares internacionales de derechos humanos en la materia, incluyendo las regulaciones de la Organización Internacional del Trabajo”.

Para la elaboración de este informe anual la Comisión Interamericana de Derechos Humanos contó con información de organismos internacionales, de la sociedad civil y del propio gobierno a través de la página del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba y otros medios oficiales, así como con sus propios mecanismos de monitoreo como el sistema de peticiones y casos, medidas cautelares, audiencias públicas, entre otros.

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Cubanos, sin alimentos, pero con Ley de Soberanía Alimentaria

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MADRID, España.- En medio del desabastecimiento y las dificultades de los cubanos para conseguir alimentos básicos, el régimen de la Isla publicó este jueves la Ley de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria y Nutricional (Ley SSAN) en la Gaceta Oficial. 

Según la normativa, aprobada en sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba, se pretende alcanzar la soberanía alimentaria y garantizar el derecho de toda persona a una alimentación sana y adecuada.

La ley, conformada con nueve títulos, 24 capítulos, 101 artículos y cuatro disposiciones finales, “regulará la organización de los sistemas alimentarios locales, soberanos y sostenibles que articulan la producción, comercialización y consumo de alimentos”.

De acuerdo a información de la Agencia Cubana de Noticias (ACN), la directora jurídica del Ministerio de la Agricultura, Mayra Cruz Legón, explicó que a partir de este momento comienza un proceso dividido en tres etapas que incluyen la divulgación de su contenido y la capacitación de los actores y organismos involucrados en ella, hasta llegar a su puesta en marcha, prevista para octubre.

Cruz Legón mencionó que se establecerá un sistema de educación nacional que se basa en las buenas prácticas alimentarias, fortalecer la autonomía municipal, regular la reducción de pérdidas de desperdicios de alimentos y promover la práctica de la agricultura sostenible sobre las bases agroecológicas.

Las autoridades cubanas indican además que se crearán comisiones de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria y Nutricional, que serán dirigidas por los máximos órganos de gobierno a nivel nacional, provincial y municipal; de las que serán parte los productores agropecuarios, buscando encadenamientos productivos para aprovechar los recursos y utilizarlos de forma racional.

Sin embargo, las autoridades no explican cómo se logrará esta soberanía alimentaria cuando los agromercados y las tiendas a las que pueden acceder la mayoría de los cubanos están desabastecidas; con casi toda su población haciendo largas colas para comprar lo que aparezca, y con el sistema agrícola en crisis. 

El sector agropecuario cubano registró en el 2021 uno de los peores ejercicios de los últimos años. Las principales producciones de la agricultura tuvieron considerables descensos, agravando la escasez de oferta y las dificultades de los cubanos para comer todos los días.

El Proyecto de Ley de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria y Nutricional había sido anunciado en marzo pasado, con los mismos planteamientos retóricos que ahora han sido aprobados: “una alimentación sana y adecuada”, “sistemas alimentarios locales soberanos y sostenibles”, “una alimentación suficiente, diversa, balanceada, nutritiva, inocua y saludable” y “derecho a la alimentación sana y adecuada”. 

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La falta de comida en Cuba no es cinematográfica

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MIAMI, Estados Unidos.- Cuando regresamos a Cuba en 1962, luego de vivir durante buena parte de los años cincuenta entre Chicago y Hialeah, nos golpeó duro la depauperación que ya asolaba a las tiendas de expendio de alimentos.

Residiendo eventualmente en la humilde casa de mi abuela en Poey, antes de mudarnos a la Habana del Este, recuerdo cómo la familia se movilizaba al saber de la llegada de latas de leche condensada a la bodega de la esquina

Todavía no se había instaurado el igualador de la miseria, eufemísticamente llamada libreta de abastecimiento, y se vendían los productos que aparecieran indiscriminadamente. Eso sí, la infame y agobiante “cola” ya se abría paso en la sociedad cubana.

Por estos días, en que arriban compatriotas en otra suerte de nuevo éxodo masivo, he notado en los mercados el deslumbramiento que produce entre los recién llegados la cantidad apabullante de opciones que exhiben los estantes atestados de bienes comestibles.

Son rostros que no se repiten, de asombro y reflexión. Miradas que combinan júbilo y pesadumbre por aquellos dejados atrás. La escasez debe ser el más terrible y eficaz de los chantajes que el comunismo pone en función para su aparato de control.

Por supuesto que no se trata de las aciagas hambrunas que sufren países en África, debido a otras circunstancias geográficas y de corrupción gubernamental.

La carencia socialista hunde sus raíces en la inoperatividad económica del sistema controlado por avariciosas mafias militares y civiles que no ofrecen un resquicio de oportunidad al prójimo.

La escasez provoca ansiedad e incertidumbre. Nunca se sabe realmente dónde serán satisfechas las necesidades. Hay que estar atentos y vigilantes porque los productos llegan, sin aviso, y no cubren todas las expectativas poblacionales.

Esta búsqueda constante de sustento anula cualquier otro cuestionamiento social, zombifica a la sociedad.

Es curioso cómo las obras consideradas clásicas, producidas por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, el oficialista ICAIC, no se hayan detenido en el drama de esta hecatombe alimentaria sin fin, inspiradora de otras cinematografías internacionales más sinceras y verosímiles.

En la película Los sobrevivientes figuran burgueses insiliados y patriotas, quienes deciden no abandonar el país y terminan aislados y empobrecidos, cazando y comiendo gato en sus propios predios.

El escenario que Tomás Gutiérrez Alea prefiguró para los enemigos de la revolución en 1979, retrató lo acontecido durante el llamado Período Especial en tiempo de paz de finales de los años noventa para los seguidores de Castro.

Alicia en el Pueblo de Maravillas, de Daniel Díaz Torres, satiriza sobre la debacle gastronómica en los restaurantes.

En el cortometraje Madagascar la col se convierte en un alimento omnipresente, lo cual responde, más allá de la metáfora inquietante, a la absurda realidad de la distribución alimentaria en la isla.

Es cierto también que el frustrado personaje de la madre en esa película de Fernando Pérez le advierte a su hija, la idealista Laurita, que no tiene comida para los “negritos” desamparados a quienes desea dar refugio en su casa.

En Cuca y el pollo Carlos Lechuga recrea cierto maratón donde el premio es un trozo magro de la socorrida ave.

En su primer largometraje, Melaza, especula sobre la pobreza y el ansia de la carne de res, alimento que se esfumó de la mesa cubana.

El cortometraje Gozar, comer, partir, de Arturo Infante tiene un segmento dedicado a la culinaria nacional, donde varias mujeres degustan un ajiaco, pero siguen soñando con recetas de “antes, antes, antes” totalmente desaparecidas. En esta sátira contrarrevolucionaria la abuela termina masticando un vaso de vidrio, rara costumbre que, al parecer, no ha podido mitigar.

El ICAIC, sin embargo, siguió obliterando el tema en su filmografía de mesas servidas, creando una suerte de “fábrica de sueños socialista”.

El cine independiente, donde figuran Lechuga e Infante, ha expuesto momentos de feroz y absurda necesidad en cuanto a la alimentación, sobre todo en el área documental.

Obras de Ricardo Figueredo resultan ilustrativas en este sentido: La singular historia de Juan sin nada y La teoría cubana de la sociedad perfecta.

Por supuesto que Fiel Fidel, documental de Ricardo Vega, explora el origen de la debacle alimentaria empleando imágenes y parrafadas alucinantes del propio dictador Fidel Castro.

No es menos cierto también que los Noticiero ICAIC, elaborados por José Padrón y Francisco Puñal, aprovecharon un resquicio de permisibilidad para investigar in situ la desaparición de alimentos específicos que no debían faltar en la mesa criolla.

La falta de alimentos no solo ha humillado y sojuzgado al cubano en su imposibilidad de alcanzar la libertad, sino que establece una diferencia clasista entre los que poseen acceso a la bolsa negra alimentaria, entre otras alternativas, y los sobrevivientes de la libreta de abastecimiento.

El cine tiene una tarea pendiente en esta área narrativa para que las futuras generaciones no olviden “la masa cárnica”, los filetes de claria, los bistecs de colcha de piso, las pizzas de condones, el café mezclado, así como la elusiva carne de avestruz y jutía, entre otros engendros alimentarios sugeridos por la maldad totalitaria.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Crisis alimentaria en Cuba: peor que el Período Especial

LA HABANA, Cuba.- El problema de la alimentación en Cuba está alcanzando niveles de desastre muy superiores a los experimentados durante la crisis de los años noventa, a pesar de la actual diversificación de la economía, el cuentapropismo, las facilidades para viajar y las remesas.

Treinta años después de la debacle financiera que debió servir al menos para aleccionar a los dirigentes del Partido Comunista de Cuba (PCC), la pesadilla nacional sigue sin solución y empeorando a un ritmo que contradice cualquier pretensión oficialista de lograr la “soberanía alimentaria”. El mes de marzo finaliza con un preocupante descenso en la venta de pollo, único cárnico cuya distribución mantenía cierta regularidad, aunque insuficiente para satisfacer la demanda; y la desaparición casi total de frutas y viandas de los mercados agropecuarios.

Si en el Período Especial los habaneros viajaban a la periferia que hoy se conoce como Mayabeque y Artemisa para canjear ropas, zapatos y aseo por sacos de viandas, ahora, en pleno siglo XXI, deben hacer dilatadas colas para comprar unas pocas libras de papa o una mano de plátano burro. Coles, zanahorias y algunas hortalizas son los productos más asiduos en los puntos de venta, donde el plátano macho se vende a escondidas y una jaba de boniatos con huecos cuesta treinta pesos. Dondequiera que se detiene una carretilla con mercancía, así esté regular o mala, inmediatamente se ve rodeada de gente ávida, dispuesta a hurgar en el surtido medio putrefacto hasta encontrar algo aceptable, que se pueda comer sin riesgo de sufrir una cagantina o un empacho.

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Tumulto para comprar muslos de pollo y detergente en la tienda Yumurí, Centro Habana. Foto del autor

No se dice en las noticias, pero la gran mayoría de los cubanos se ha desentendido de la crisis epidemiológica provocada por la COVID-19 para lidiar con el desafío que supone su propia supervivencia. No lo ha dicho ningún ministro, pero la escasez es tan aguda que Cuba debe estar atravesando un paro productivo de proporciones peligrosas, con casi toda su población volcada en las largas filas para comprar lo que aparezca, y la totalidad de los recursos en función de una vacuna que sin dudas es necesaria, pero no va a sacarnos del subdesarrollo y probablemente esté causando daños colaterales derivados de la falta de medicinas para controlar padecimientos que pueden resultar mortales sin la atención y el tratamiento requeridos.

En lugar de darle espacio y libertad a los productores, el régimen ha redoblado el acoso contra los únicos que pueden aportar algún alivio al demacrado bolsillo de los trabajadores. A consecuencia de la persecución, los vendedores han metido el agro en sus casas y trabajan a escondidas, gracias a la complicidad del barrio, como si ayudar a remediar tanta hambre fuera un delito.

No se ha vuelto a hablar del Banco de Fomento Agrícola desde que Alejandro Gil –ministro de Economía– anunciara su creación a inicios de noviembre de 2020 como una importante medida para impulsar el desarrollo del sector agropecuario. A juzgar por la pobreza que se extiende a lo largo y ancho del país, no se ha concretado incentivo alguno para los campesinos, y vale señalar que tampoco para los pescadores ni los ganaderos.

Leche –líquida o en polvo–, yogurt, helado, queso, mantequilla, son bienes que los cubanos no han vuelto a degustar, excepto aquellos que poseen divisas o suficiente moneda nacional para pagarlos a precios híper inflados.

Las pescaderías estatales son un monumento al absurdo, donde en lugar de productos del mar se vende jamonada apócrifa, croquetas de dudosa composición o rabirrubias diminutas, a 98 pesos el kilogramo. En el otro extremo del ridículo, en esos mismos establecimientos, el gobierno ha autorizado la venta a la población de tronchos de Aguja y Emperador que llevaban meses añejándose en las neveras de los hoteles, nada menos que a 341 pesos el kilogramo, casi 15 dólares al cambio oficial.

Lo más triste, no obstante, es que mientras el régimen aprovecha la escasez y el hambre para venderle al pueblo alimentos congelados porque no hay turistas que se los coman, pescadores por cuenta propia venden en la puerta de su casa enormes ejemplares recién salidos del mar, eviscerados y pesados delante del comprador, a 70 pesos la libra. Mientras la Aguja y el Emperador mudan de nevera sin que aparezcan consumidores dispuestos a pagar los precios que impone el estado, el pescador vende sus piezas enteras en pocos minutos, gana su sustento honradamente y los clientes quedan conformes.

Tal es la ley del mercado que los burócratas ahogan con regulaciones y prohibiciones, para que los cubanos continúen entendiendo la vida en términos de dependencia y obligatoriedad hacia un sistema explotador. Cuba está peor que en los años noventa porque las mordazas se mantienen intactas. Los cambios han sido mero maquillaje para atraer a incautos inversionistas, o congraciarse con el ala menos suspicaz de la opinión internacional.

La prensa cubana procura restarle gravedad al desastre y llenar de optimismo las ollas vacías con recetas culinarias que reflejan cuán desconectados están los redactores del acontecer nacional, donde una libra de arroz vale 40 pesos, un cartón de huevo 300 y una botella pequeña de salsa china 200. Incluso en la plataforma virtual TuEnvío, las únicas “proteínas” disponibles son picadillo mixto y perritos (salchichas).

Cuba se queda sin alimentos ni esperanza mientras el régimen, en su obcecación, dispara a matar. Hambrear a un pueblo, silenciarlo e imponerle la continuidad del yugo como única alternativa, debería ser considerado un crimen de lesa humanidad. No se trata de un segundo Período Especial, como muchos afirman. Es un proceso de aniquilación sistemática que va de lo físico a lo espiritual, triturando la psiquis y convirtiendo al cubano en algo no muerto, pero tampoco vivo. No puede llamársele vida a un estado de coma que solo se interrumpe para acelerar el hundimiento de la nación, o lo que queda de ella.

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El lento colapso de un país que se está quedando sin alimentos

Una holguinera espera que un mercado sea abastecido (Foto del autor)

HOLGUÍN, Cuba – Entre los estantes del puesto de venta de Frutas Selectas de esta ciudad del oriente del país hay fotografías de los revolucionarios Camilo Cienfuegos y Ernesto “Che” Guevara; además de un gran cartel con el eslogan de esta empresa estatal: “Frutas Selectas: lo más selecto del trópico”. 

Lo que no hay es fruta o alimento alguno a la venta.  

Frutas Selectas es una comercializadora de frutas, vegetales y viandas que antes de la pandemia de la COVID-19 era proveedora de hoteles, restaurantes y otros negocios turísticos. Ahora, en ausencia de visitantes del extranjero, sus clientes son los casi 300.000 habitantes de Holguín. 

Aunque el mercado estaba totalmente desabastecido, fuera del comercio se había comenzado a formar una pequeña cola. Algunas personas esperaban sentadas sobre un muro o se recostaban en el mostrador con sus jabas (bolsas de junco o de nailon) vacías y los brazos cruzados. 

Esperaban con la expectativa de que en algún momento la tienda pusiera algo a la venta, cualquier cosa.  

“Llevamos dos días en cola a ver si llega algo”, dijo Hilda Lobaina, una ama de casa de 72 años, que hacía cola y cuyo tapabocas no ocultaba la frustración de su mirada. 

“Somos el único país del mundo donde se hace cola en mercados desabastecidos a la espera de lo que llegue”, dijo un jubilado del sector del comercio que solo quiso identificarse como Antonio por temor a represalias. 

A unos dos kilómetros de allí, en el mercado agropecuario estatal número uno de Holguín, hay también un cartel que dice que desde el 1 de abril todas las frutas, verduras o viandas “están reguladas por la libreta”. Es decir, que solo se vende una cantidad máxima de alimentos cada mes por persona. 

Por lo general, hasta la llegada de la pandemia, en los mercados agropecuarios era posible comprar libremente los productos. Ahora se han establecido máximos por familia (Foto del autor)

Hasta la llegada de la pandemia, los productos frescos no habían estado sometidos a normas tan estrictas. En el caso de los plátanos burros, el único producto que estaba a la venta ese día, el límite eran cinco libras. Cientos de personas hacían cola para conseguirlos. 

Raciel Céspedes, un hombre de 75 años, explicó que a pesar de haber llegado a primera hora de la mañana y pasar dos horas haciendo fila, aún no había conseguido los “fongos”, como aquí es conocido este tipo de plátano enano.  

“En mi casa no hay comida y si no compro vianda no como hoy”, dijo Céspedes. 

En los últimos meses, las escenas de mercados desabastecidos y largas colas o con un solo producto a la venta se han repetido por todo el país. 

Los cubanos, que han sufrido escasez de alimentos por años, han visto como la situación se ha agravado a medida que la economía del país, controlada por el Estado, se ha sumido en una crisis más profunda desde la llegada de la COVID-19. 

Después de años de lento declive impulsado por la crisis en Venezuela y el endurecimiento de las sanciones estadounidenses, el ritmo del colapso económico parece ahora haberse acelerado. El síntoma principal del problema es una severa escasez de comida.

Cuba es un país que no produce suficientes alimentos para abastecer a su población y necesita comprarlos en el exterior en dólares o euros principalmente. 

Pero desde hace algunos meses, con sus principales fuentes de ingreso a la baja y sin acceso a mercados financieros internacionales, el Estado cubano tiene más dificultades de las habituales para disponer de divisas.

Aunque en el país no se difunden estadísticas económicas precisas y actualizadas, información disponible en el exterior pone de relieve la precariedad de la situación.

Según datos oficiales del Banco Internacional de Pagos (BIS), al finalizar junio de 2020, las empresas cubanas disponían, en cuentas de entidades bancarias en el exterior, el equivalente a 867 millones de dólares en divisas fuertes (euros o dólares). 

Para Cuba, este es el peor dato desde finales de 2005, según muestran los registros del BIS. 

En los últimos 15 años, Cuba había dispuesto de un promedio de 2.200 millones de dólares en divisas fuertes al cierre de cada trimestre, según la estadísticas de la citada institución. Ahora, dispone de menos de la mitad. 

Esto se está traduciendo en una reducción drástica de las importaciones, que cayeron un 34 por ciento en los primeros ocho meses de este año con respecto al mismo periodo de 2019, según los datos del Fondo Monetario Internacional (FMI)

Hasta agosto, Cuba estaba importando, cada mes, unos 210 millones de dólares menos que el año pasado.

Entre los países a los que se ha dejado de comprar se encuentran los principales proveedores de alimentos de Cuba, como Brasil, Estados Unidos o España, según datos oficiales de esos países.

Las ventas de Brasil a Cuba descendieron un 23 por ciento con respecto al año pasado; las de España un 36 por ciento, las de Estados Unidos un 45 por ciento.  

Esto se está traduciendo en menos pollo, aceite, arroz, maíz o frijoles, y en que se esté reviviendo el temor a que se repita una situación como la vivida en la década de 1990, durante el llamado Periodo Especial. 

En la actualidad, prácticamente todos los productos de consumo cotidiano están sometidos a algún tipo de racionamiento. En un país que se engorgullecía de haber erradicado el hambre, el gobierno ha tenido que recurrir a donaciones del Programa Mundial de Alimentos (PMA) para garantizar la disponibilidad de frijoles, arroz y aceite en cinco provincias del oriente, como explicó la organización en un reciente informe.

“Sin duda, esta es la situación más crítica que ha afectado a Cuba desde el Periodo Especial”, dijo el economista Ernesto Hernández-Catá, exprofesor de la Universidad John Hopkins, en una entrevista para este reportaje. 

Otros prominentes economistas cubanos han coincidido en este diagnóstico. “Cuba sufre la peor crisis económica desde la ocurrida en los años 90 tras el colapso de la URSS”, escribió recientemente Carmelo Mesa Lago, académico de la Universidad de Pittsburgh. 

¿Un nuevo modelo?

En la mayor parte de los países domina la percepción de que la actual crisis económica tiene un culpable: la pandemia. En Cuba, el análisis que hacen muchos economistas es más complejo. 

“Cuba llega a la crisis en una crisis”, ha sostenido en varias entrevistas el profesor de la Universidad de La Habana Omar Everleny Pérez. En su opinión, ya desde 2019, se atravesaba un periodo de escasez por las dificultades de la economía del país de exportar productos o servicios, generar divisas y con ellas importar alimentos. 

El economista incluso afirmó en un conversatorio organizado por las revistas El Toque y Periodismo de Barrio, que “el desabastecimiento que hay en las tiendas donde se alimenta la población no tiene nada que ver con la pandemia”.

Otros expertos coinciden en que aunque la actual crisis tiene causas coyunturales, son las estructurales, relacionadas con el modelo económico cubano, las más importantes. 

“Cuba sufre de una crisis crónica de divisas debido a la insuficiencia y declinación de las exportaciones de bienes a través de muchos años (…). Si bien la crisis tiene elementos coyunturales provenientes de la pandemia, los problemas graves son estructurales”, dijo el economista Luis R. Luis, uno de los directivos de la Asociación del Estudio de la Economía Cubana (ASCE) en una entrevista para este reportaje.

“La crisis actual tiene dos elementos. Uno refleja los efectos de la pandemia. El otro es la rigidez y el carácter distorsionado e ineficiente de la economía cubana. Esto no se va a resolver con el fin de la pandemia y exigirá reformas fundamentales de la economía”, comentó el profesor Hernández-Catá. 

Entre muchos expertos domina la sensación de que Cuba ha llegado al final de un camino y que lo que se avecina es un periodo de transición en el que el país tendrá que encontrar un nuevo modelo. 

En las últimas dos décadas, Cuba prácticamente dejó de ser un país azucarero, pero no desarrolló otra industria de magnitud similar que le permitiera generar divisas. 

Si el nivel de vida de la población no cayó aún más fue principalmente por el turismo, las remesas de los migrantes y el comercio con Venezuela. Esta última ha sido, con diferencia, la principal actividad económica del país en los últimos años.  

Ahora, Cuba se enfrenta ante la incertidumbre de si los visitantes volverán de manera masiva y si los migrantes seguirán enviando tantas remesas. Pero también afronta la certeza de que su actividad más lucrativa, su relación con Venezuela, ya no volverá a ser tan beneficiosa como antes.

Esto ha motivado a algunos expertos a considerar que el país no puede seguir pensando en depender de una sola actividad o socio. 

“Durante los últimos 60 años, Cuba ha sido incapaz de financiar sus importaciones (…) sin ayudas sustanciales o subsidios de una nación extranjera. Ese es el legado a largo plazo de la economía socialista cubana”, escribió el profesor Mesa Lago en un artículo publicado el año pasado.

“La historia ha demostrado que la dependencia de, primero, los subsidios soviéticos y más tarde de los swaps (intercambios) de petróleo por médicos con Venezuela han sido un grave error. Estos acuerdos de carácter político son malsanos porque dependen, no de las ventajas comparativas de los participantes, sino de la largueza (generosidad) de países básicamente frágiles como la URSS y Venezuela”, concluyó el profesor Hernández-Catá.

Fin de la fiebre venezolana

Cuando la economía de Venezuela comenzó a colapsar hacia 2015, el impacto en Cuba no se sintió de inmediato. Comenzó un lento declive de la economía del país que terminó por agravarse con la llegada de la pandemia. 

Desde el comienzo del siglo, Cuba envió decenas de miles de trabajadores, principalmente sanitarios, a Venezuela. A cambio, además, de dinero en efectivo, obtenía petróleo que refinaba y reexportaba a la propia Venezuela y otros lugares.

Todo ese comercio llegó a representar el 20 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de Cuba. 

Aunque el país solo en ocasiones puntuales ha publicado información sobre los beneficios de su relación con Venezuela, los cálculos que han hecho algunos economistas ponen de relieve que el comercio con la “hermana” República Bolivariana era el mayor negocio del Estado cubano.

Era también lo que permitía al Estado mantener el ritmo de las importaciones de productos básicos que necesitaba la población y que ahora escasean. 

Según los cálculos del académico Luis R. Luis, la relación entre los dos países alcanzó su cima hacia 2014. Entonces, la exportación de médicos y otros servicios profesionales alcanzó unos 7.500 millones de dólares. Venezuela pagó algo menos de la mitad, 3.400 millones, en barriles de crudo y otros 4.100 millones en efectivo.

Pero a medida que Venezuela se adentraba en la peor crisis de su historia y que las sanciones de Estados Unidos y otros países se endurecían en su contra, este comercio se fue reduciendo. 

Cuba, que dispone de profesionales sanitarios en abundancia, solo redujo en parte el tamaño de sus misiones al país, pero Venezuela encontró cada vez más dificultades para pagar por ellas en crudo o dólares. 

Luis estima que el pago en petróleo pasó de los 3.400 millones de dólares en 2014 a algo menos de 900 millones el año pasado, una caída del 74 por ciento.  

Estos datos son coherentes con las cifras oficiales difundidas por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) de Cuba, que muestran cómo el valor del comercio de bienes con Venezuela, que consistía principalmente de petróleo crudo y refinado, se desplomó entre 2013 y 2019. El valor de las exportaciones al país sudamericano descendió casi un 90 por ciento, mientras que el de las importaciones cayó un 63 por ciento.

Con menos petróleo que refinar y vender en dólares, el país comenzó a sufrir escasez.

“La economía ha sido golpeada por importaciones decrecientes de petróleo venezolano”, señalaba un reporte de noviembre de 2016 de la embajada de los Países Bajos en La Habana. “Como resultado, los ingresos en divisas de reexportaciones de petróleo cayeron y condujeron a una escasez de efectivo que está amenazando la capacidad de Cuba de cumplir sus pagos con proveedores extranjeros”. 

Según la ONEI, las deudas del Estado cubano con proveedores extranjeros se duplicaron entre 2013 y 2017. 

Pero el problema fue más allá. Al recibir cada vez menos pago en especie, el monto que se debía desembolsar en efectivo fue creciendo. Qué sucede con este dinero es un enigma, dado que Cuba apenas publica información sobre su relación económica con Venezuela.

Hasta ahora no se sabe si el efectivo se está pagando, ni en qué moneda se estaría haciendo el pago (si son dólares o son bolívares, por ejemplo) o a cuánto asciende actualmente la deuda.

En 2019, la ONEI reportó que Cuba había exportado servicios médicos valorados en casi 5.400 millones de dólares. Fue la segunda ocasión en que las autoridades publicaron este dato. 

Pero no queda claro si esa suma, que en gran parte procede de Venezuela y representa el ingreso mayor para el país, realmente llegó a cuentas bancarias del Estado cubano o si el dinero solo existe, en “teoría”, a efectos de la contabilidad estatal. Las razones para dudar existen.

Un agujero en la economía

El país gobernado por Nicolás Maduro ha sufrido en los últimos cinco años el mayor colapso económico que se ha registrado en un país en paz en décadas; y su capacidad de exportar petróleo y obtener a cambio dólares ha venido disminuyendo desde hace años.  

Esto significa que Venezuela tiene cada vez más dificultades para saldar sus deudas con Cuba. Varios economistas cubanos dan por hecho que el país no está cobrando de Venezuela lo debido desde hace años. 

En un análisis de 2018 para el Cuba Study Group, el economista Pavel Vidal expuso que la ONEI no había contabilizado adecuadamente la actividad económica del país, ya que había reflejado como ingresos dinero que en realidad no había forma de cobrar a Venezuela en el corto plazo.

  “Están asumiendo que la incapacidad de Venezuela para pagar por los servicios médicos es debida a un problema temporal de liquidez. En realidad, es un problema estructural”, escribió Vidal. 

El académico de ASCE, Luis R. Luis también afirmó en un reciente artículo que Venezuela carece de capacidad de pagar a Cuba en divisas fuertes y que solo podría hacerlo con crudo o en la moneda nacional, el bolívar.                                                                                                                                                                               

Esto constituye un grave problema para Cuba ya que Venezuela produce cada vez menos petróleo y sus buques petroleros ―y en específico los que viajan a Cuba― están sometidos a las sanciones de Estados Unidos desde mediados del año pasado. 

Además, el bolívar ha sufrido constantes devaluaciones que lo han convertido en una moneda prácticamente simbólica. Dado que Venezuela no produce la mayoría de los alimentos que Cuba necesita comprar, su moneda tampoco sirve para adquirirlos.

En una entrevista para este reportaje, Luis aseguró que hay varios hechos que explican la actual situación de escasez en el país como la desaparición del turismo por la pandemia o el endurecimiento de las sanciones estadounidenses, pero ninguno tiene tanto peso como la incapacidad de pago de Venezuela.  

“Ha habido una caída masiva de estos pagos desde un nivel de 6.600 millones de dólares en 2016 a menos de 1.000 millones de dólares en 2019. Otros factores de la crisis son mucho menos importantes”, dijo el economista.

Silencio oficial

Hasta el momento, los dirigentes cubanos no han mostrado en público indicios del deterioro de la relación económica con el gobierno de Maduro. Pero desde que Venezuela comenzó a colapsar, han dado pasos para buscar alternativas a la dependencia, como fomentar la inversión extranjera. 

A finales de 2015, llegaron a un acuerdo con el llamado Club de París, que agrupa a una serie de países, en su mayoría europeos, a los que Cuba debía miles de millones de dólares. Según el trato al que se llegó, Cuba se abriría a la inversión de estos países a cambio de una condonación parcial de lo adeudado. 

“El deterioro que ha experimentado Venezuela ha conducido a las autoridades de la isla a un proceso de reposicionamiento con vista a reducir los traumas asociados al posible colapso de las relaciones con el país sudamericano”, interpretó el Club de París al anunciar el acuerdo.

Pero Cuba no logró atraer inversiones extranjeras significativas fuera del turismo; la dependencia de Venezuela continuó, la situación del país sudamericano empeoró y las sanciones de Estados Unidos contra ambos gobiernos se endurecieron, dificultando aún más los envíos de crudo.  

En el último año y medio, los dirigentes cubanos comenzaron a preparar a la población para tiempos difíciles, incluso mencionando la posibilidad de un nuevo Periodo Especial.  

Esto tiene un impacto profundo para los cubanos, que recuerdan esa época como un trauma. 

“La crudeza del momento nos exige establecer prioridades bien claras y definidas, para no regresar a los difíciles momentos del Período Especial”, dijo el gobernante Miguel Díaz-Canel en un discurso de abril de 2019. 

Unos días antes, el primer secretario del Partido Comunista, Raúl Castro, hizo unas declaraciones similares, alertando a los cubanos de que, aunque ahora el país tenía una economía más diversificada que cuando cayó el bloque soviético, debían prepararse “siempre para la peor variante”.

A medida que avanzaba 2019, la “peor variante” se fue dando. Las estadísticas que recopila el BIS sobre depósitos y préstamos en bancos internacionales ponen de relieve que el país se fue quedando sin dólares o euros. 

En marzo de 2019, las empresas estatales cubanas disponían del equivalente a 2.300 millones de dólares en divisas fuertes en el exterior. Para diciembre la cifra se redujo a 1.300 millones y siguió cayendo en 2020. Para el final de junio, ya en plena pandemia, se disponía de 867 millones, la peor cifra desde 2005.

Aunque Cuba tiene lazos estrechos con países como Rusia o China, de ellos apenas importa alimentos. Para comprar comida (salvo el arroz, que se adquiere en Vietnam, principalmente), el país necesita dólares o euros con los que pagar a proveedores brasileños, estadounidenses o argentinos. 

Pero el país se fue quedando sin divisas y, por tanto, sin comida.

Colas y ausencias

En Cuba, las colas, la distribución irregular de algunos productos o la desaparición durante meses de otros ha sido durante décadas un problema cíclico. 

Sin embargo, en los últimos años, al mismo tiempo que la economía venezolana colapsaba, se ha vivido un lento declinar en las existencias de productos de consumo cotidiano.

De una selección de 64 productos de uso común, 39 experimentaron una caída en su disponibilidad en tiendas cubanas entre 2015 y 2018, según datos de la ONEI. La cantidad de aceite de cocina a la venta en comercios minoristas disminuyó un 36 por ciento, el jabón y la pasta dentrífica un 30 por ciento; la leche fresca, las pastas y la carne de cerdo un 25 por ciento; la leche en polvo y el pollo un 20 por ciento.

Aunque la ONEI no ha publicado aún estos datos para 2019, muchos cubanos coinciden en que la disponibilidad de productos siguió cayendo y que la escasez se agravó aún más durante la pandemia.

Los datos oficiales disponibles en el exterior ponen de relieve que el país está importando considerablemente menos alimentos que hace un año. 

Las compras de pollo congelado a Estados Unidos en agosto pasado fueron una cuarta parte de lo importado en el mismo mes de 2019. Las compras de soja brasileña para hacer aceite de cocina, entre enero y septiembre de este año, fueron la mitad de las que tuvieron lugar en el mismo periodo del año pasado.  

A esto se añade otro fenómeno: la caída en los últimos años de la producción agropecuaria nacional. Según un análisis del economista Pedro Monreal, entre 2018 y 2019 (últimos años con información disponible), 12 grupos de productos de consumo habitual experimentaron caídas. La cantidad de carne de vaca producida se redujo un 23 por ciento, el arroz un 18 por ciento. 

Aunque no se disponen de datos para este año, es posible que esta tendencia a la baja haya continuado ya que la escasez de divisas ha reducido también las importaciones de fertilizantes y combustibles necesarios para mantener la producción.

En un reciente informe oficial, las autoridades reconocieron que en 2020 se dejarán de cosechar unas 30.000 toneladas de arroz por falta de combustible. Esto equivale a alrededor del 10 por ciento de la producción nacional. 

La escasez es notoria en todas las ciudades del país y se ha traducido en largas colas desde la madrugada en las tiendas estatales y en el auge de un mercado negro digital en el que los productos alcancan precios disparatados. 

“El principal problema que tenemos es la alimentación. No puede ser que en medio de la COVID-19, la gente tenga que salir a la calle y pasar todo el día para comprar pollo. Es algo elemental”, comentó el economista Omar Everleny Pérez en el citado conversatorio con medios.                                                                     

En Holguín, a diario se hacen largas filas frente a las tiendas o mercados, especialmente si se ha corrido el rumor de que algún establecimiento pondrá a la venta un producto muy demandado o ausente por semanas.

En una mañana de agosto, María Eugenia Durán, una señora de 67 años, llevaba dos horas esperando turno para comprar yuca en un mercado de la ciudad. Era el único producto a la venta en el establecimiento. 

Visiblemente cansada y con su jaba vacía, Durán dijo que “todo escasea y para  comprar lo más mínimo hay que hacer interminables colas. A veces no logras comprar nada porque los productos se agotan”, lamentó Durán. “Desde el año pasado hay carencias de todos los productos básicos y de alimentación. Esto apunta a un nuevo Periodo Especial”.

Mientras hablaba, un chiste de alguien en la cola hizo que en el rostro de la mujer se adivinara una sonrisa bajo la mascarilla: “Por ahora, en Oriente nos libramos del coronavirus, pero todavía sufrimos el colonavirus”, bromeó un señor.

El economista Luis aseguró que mientras escaseen las divisas, el país seguirá en una crisis alimentaria. “Los datos recientes sugieren que se evitará el peor caso, una catástrofe de nutrición, a un costo elevado en cortes de importaciones como medicamentos,  combustibles y otras materias primas”, dijo.

Sin embargo,  para Cuba, que durante la pandemia se ha esforzado en mantener su imagen internacional de potencia médica para poder seguir exportando sus servicios sanitarios, pagar ese costo no será tan sencillo.

Nota del editor: Este reportaje se completó con la información y edición de IWPR.

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“Nos estamos muriendo de hambre y no nos traen nada”

MIAMI, Estados Unidos. – Este sábado, vecinos de Arroyo Naranjo se unieron en una protesta en las calles de su comunidad debido a la cuarentena obligatoria por coronavirus, la escasez de alimentos y la falta de atención de las autoridades gubernamentales.

“Esto es una falta de respeto. Que busquen la Brigada Especial y que nos lleven a todos. ¿Qué nos vamos a hacer?”, lanzó una de las mujeres que aparece en el video de la protesta, viralizado en las redes sociales y los medios de comunicación independientes.

Ante el temor de otra de las manifestantes, la misma mujer aseguró: “(Las autoridades) no nos van a hacer nada. Nosotros nos estamos muriendo de hambre aquí y no traen nada”.

Por su parte, otra de las mujeres presentes puso en duda los reportes de los medios oficiales sobre la situación de los cubanos sometidos a cuarentena en sus comunidades. “En la Televisión te dicen que a las gentes que están aisladas por el COVID-19 se le tiene que llevar aseo, se le tiene que llevar módulo y le tienen que dar atenciones y aquí no viene nadie”.

“Nosotros no tenemos ningún caso positivo aquí. ¿Por qué no nos abren? ¡Que nos abran, que nos abran!”, clamó otras de las mujeres en medio de la protesta.

Según se dio a conocer a CubaNet, el pasado mes de agosto el reparto Alturas del Rosario, perteneciente al consejo popular La Güinera, en Arroyo Naranjo, fue declarado en cuarentena después que siete de sus residentes dieran positivo al nuevo coronavirus.

Fuentes de la comunidad, en condición de anonimato, aseguraron a este medio que salvo los agentes uniformados, ningún funcionario gubernamental acudió al lugar para constatar las crecientes necesidades de los afectados por la medida de aislamiento. Las autoridades, que limitaron la movilidad de los vecinos de Alturas del Rosario, no pusieron a la venta alimentos y artículos de primera necesidad en la zona.

Tras la protesta filmada y publicada en redes sociales, el Gobierno municipal de Arroyo Naranjo se habría excusado por lo sucedido, señalaron fuentes anónimas.

CubaNet comprobó que, tras la manifestación, los vecinos de Alturas del Rosario, recibieron refrescos, plátanos y aguacates. Los vecinos tuvieron que pagar 15 pesos en moneda nacional por el módulo de alimentos entregado, aunque varios de los productos inicialmente incluidos tuvieron que ser retirados, debido a su mal estado de conservación.

De acuerdo con fuentes relacionadas con los hechos, la cuarentena en la zona fue levantada tras la protesta. No obstante, los vecinos se mantenían bajo el toque de queda, como el resto de la capital cubana.

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Coleros, revendedores… más enemigos para un mismo saco

Cola

Cola
Una cola en La Habana (Foto: Ernesto Pérez Chang)

LA HABANA, Cuba. – Más de 22 000 sujetos movilizados para cuidar colas en las tiendas pero ni uno para cosechar los productos que se pudren en los campos ni para criar los animales que se necesitan para dar de comer a un pueblo. Miles de trabajadores sustraídos a la producción de bienes y servicios en un país donde la masa laboral, de acuerdo con las estadísticas oficiales, usualmente infladas, supera en muy poco los 2 millones y medio de personas. Un disparate supremo.

Son exactamente 22 281 movilizados, sin contar jefes y subjefes que deben sobrepasar el millar, si tenemos en cuenta que fueron creados más de 500 “grupos”, “subgrupos”, “comisiones” y “equipos de trabajo” para intentar darle solución al fenómeno de las colas convertidas en multitudes por causa del desabastecimiento, un problema instalado en Cuba desde mucho antes de la pandemia de COVID-19.

Sin embargo, los brazaletes que portan los “organizadores de colas” lo que llevan impreso es eso, “COVID”, no “anticoleros”, y aunque parezca una broma, en realidad es un mensaje visual donde se asocia “tumulto”, “caos” con “pandemia” y que, por tanto, inoculará en las mentes de las personas, en mayor o menor grado, la idea de que el hambre es un asunto “coyuntural”.

Parece algo ingenuo pero no lo es. El “departamento ideológico” del Partido Comunista sabe de ese tipo de artimañas propagandísticas, las ha practicado durante décadas, y está ofreciendo el tipo de “soluciones” de prestidigitador que sabe dar durante las crisis, es decir, identifica un enemigo al alcance de la mano —en este caso coleros y revendedores—, canaliza el creciente malestar popular hacia ellos, desviando la atención sobre sí mismo, a la vez que desata una campaña propagandística que proyecte la idea de que “ahora sí vamos a avanzar”, cuando en realidad se trata de uno de esos momentos de crisis profunda en que el régimen retorna a la más rabiosa “cacería de brujas”.

Parece que lo han dejado claro echando mano a esa vieja frase de “la calle es para los revolucionarios”, con la cual no solo se pasan por… ahí… el artículo de la Nueva Constitución donde se habla del respeto a la libertad de opinión sino que anuncian lo que pudiera ser un nuevo paso en la escalada contra “gente molesta”. En consecuencia ya andaba el periódico Granma relacionando retóricamente a los coleros con el periodismo independiente, como haciendo lugar en el saco donde echan todo lo que no “luce bien” en la “construcción del socialismo”.

Pero la frase empleada por Díaz-Canel es fatal a esta hora, más cuando de rebote cualquiera pudiera preguntar si también las tiendas en dólares serían algo “exclusivo” para los “revolucionarios” o tan solo para aquellos que tengan “FE”, es decir, Familia en el Extranjero.

Pues la respuesta es no. Para los revolucionarios solo las calles, incluidos los baches, las aguas albañales, las colas y los tanques de basura desbordados. ¿Y las tiendas en dólares, y los hoteles en Varadero? Bien, ¿y tú?

Ni siquiera las aceras. Solo las calles. Esas mismas donde se enfrentan hambrientos, coleros, revendedores, envidiosos, chivatos y cuidadores de colas por un paquete de pollo.

Cierto amigo, hace un par de días, razonaba con lógica aplastante sobre el problema que implicará para el Gobierno el haber creado estos grupos de vigilancia. Calculaba que 22 000 coleros significan 22 000 paquetes de pollo menos para ofertar “al pueblo” porque se vuelven 22 000 paquetes (con algo más que pollo) a repartir como premio a esos mismos que velan por el orden en las colas. Porque conociendo la “psicología del cubano”, sabemos que ninguno se prestará a una intensa jornada de trabajo en “sus calles” sin “luchar” la recompensa material, porque si en un exceso de “espiritualidad revolucionaria” renuncian a hacer colas para cuidar de ellas, entonces ¿en qué momento comprarán? ¿Cómo harán para alimentar a sus familias?

En algún instante de la “operación anticoleros” deberán violar la ley para poder hacerse con algo de lo que ven cargar en las bolsas de quienes compran. En algún rapto de flaqueza en su ejercicio de “honradez” pensarán, primero, en el “gran poder” que les han otorgado en medio de la hambruna; segundo, en que el dinero que reciben como salario no les sirve para comprar en tiendas MLC y, quizás por último, como gota que desborda el vaso, en el sobrepeso de esos dirigentes partidistas a los que nadie aún ha logrado ver en una cola. Y así, aunque hayan besado la bandera como juramento, terminarán cediendo a la “naturaleza humana”.

Cola
Foto: Ernesto Pérez Chang

Será así, indiscutiblemente, porque el Gobierno no ha ofrecido una solución verdadera. En realidad apenas ha hecho lo que siempre lo ha caracterizado. Una vez más pretende exterminar por la fuerza la espontaneidad y la independencia —extremadamente peligrosas cuando se trata de ideología— de un proceso natural. Las ha sustituido con algo similar pero bajo su control.

Lo mismo que con los coleros, ya sucedió con los parqueadores, que surgieron espontáneamente y al poco rato el Gobierno ordenó crear una figura similar, asociada al Ministerio de Transporte, para desaparecer a los “independientes”. Ha pasado con taxistas, bicitaxistas, arrendadores de viviendas, agricultores, criadores de cerdos, “mulas”, revendedores de mercancías importadas, más un largo etcétera que irá desapareciendo por tener todos en común el haber surgido independientes de las instituciones estatales. Error fatal en un escenario donde el Gobierno pretende el dominio “casi” total.

Y escribo “casi” porque ya el régimen lleva por experiencia lo que pasó hace algunos años cuando Fidel Castro, para intentar acabar con el robo de combustible en las gasolineras, sustituyó a los empleados “ladrones” de todos los establecimientos expendedores por sus queridos y honestos “trabajadores sociales”, a los que incluso llamaba “sus hijos”. ¿El resultado? Las pérdidas económicas fueron redobladas, en algunos casos hasta en 10 veces, pero de ese fracaso no se escribió mucho, aunque de los trabajadores sociales se fue escuchando cada vez menos.

“En Cuba no hay socialismo ni capitalismo. En Cuba hay surrealismo de extrema izquierda”, le escuché decir a alguien en la calle al comentar sobre las “medidas” implementadas por el régimen cubano contra “coleros”, “revendedores” y contra la práctica de “actividades económicas ilícitas”.

Si para combatir a los coleros ―los “nuevos enemigos”― el Gobierno necesita de un cuerpo policial, un ejército más otros 22 000 movilizados, eso nos dice que el volumen de “ilegales” a combatir constituye una marea de gente. Y es cierto que son muchos, muchísimos, porque en realidad no son “excepción” sino las mismas criaturas de terror que ha engendrado el propio “sistema”, tanto en la tarea absurda de crear el “hombre nuevo” como en la obsesión por conservar el poder a toda costa.

Siempre he visto al Gobierno cubano como a un tipo deforme y loco que se da cabezazos contra el espejo intentando que este le devuelva una imagen mejor de sí mismo. Hay mucho de esquizofrenia en esa actitud de negar y no querer reconocer que esa fealdad que tiene de frente y que tanto lo “acompleja” no es otra cosa que su propio reflejo, y no una distorsión de la realidad.

Pero mi asociación la reconozco imprecisa, desacertada, porque, aunque el proceder errático del régimen parezca demencia, en realidad es cinismo. Se hizo evidente en los recientes intentos de pasar por buena para “todos” una medida indiscutiblemente impopular que se resume de manera ruda y simple en una frase: “el que tiene dólares se salva; quien no, se jode”.

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