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Los comunistas yanquis y Trump

(guancha.cn)

LA HABANA, Cuba.- Hace unos días, Emile Scheper, secretario de relaciones internacionales del Partido Comunista de los Estados Unidos de América (CPUSA, por sus siglas en inglés), dijo al periodista del Granma Sergio Alejandro Gómez que desde que Donald Trump fue electo presidente, hay una creciente curiosidad por las ideas marxistas entre los norteamericanos y el partido de los rojos  no para de recibir solicitudes de ingreso.

De ser cierto eso, entonces, en agradecimiento a Trump por sus bandazos y desatinos que hacen que la gente lo mismo mire a la izquierda que  alce la vista al cielo, los comunistas deberían hacerle un monumento al magnate presidente frente a la sede en Manhattan de su partido.

En realidad, no es para tanto. Lo más que consiguió Trump dando sustos  fue que el senador Bernie Sanders, el equivalente suyo a la izquierda en cuanto a populismo y despropósitos, se la pusiera bien difícil a Hilary Clinton para conseguir la nominación por el Partido Demócrata. Y allá fueron los militantes del  CPUSA a votar disciplinadamente  por los demócratas, como hacen desde hace varias décadas, desde que renunciaron a presentarse a las elecciones presidenciales, convencidos de que tan insignificantes y desconsoladamente pocos como son, sus votos no dan ni para el chicle.

Según dijo Scheper a Granma, el CPUSA cuenta en los 50 estados de la Unión con unos 5 000 miembros. Calcule qué representa esa cantidad en una población de más de 300 millones.

El CPUSA,  en sus mejores tiempos, los años 60 y 70, cuando su secretario general era el testarudo Gus Hall, no logró tener más de 25 000 militantes.  Es un partido de cuatro gatos, un grupúsculo como dirían los mandamases castristas, son —ellos sí— “escuálidos”, como llamaba Hugo Chávez a los opositores venezolanos. Pero hay que reconocerle a sus militantes que en sus 98 años de  historia, han sido muy persistentes, y más leninistas y estalinistas que los propios Lenin y Stalin.

Fundado en 1919, a menos de dos años del triunfo de la revolución bolchevique en Rusia, el CPUSA,  como una resistente bacteria, se las ha arreglado para sobrevivir a la persecución policial  por su quintacolumnismo y espionaje a favor de la Unión Soviética (recordemos los casos de los esposos Rosenberg y de Alger Hiss) desde los tiempos del pánico rojo de los años 20 hasta el macartismo; a la lucha entre facciones, a varias disidencias —o “revisionismos de derecha”, como prefieren decir los camaradas— en sus filas, las más serias, el Browderismo, que enfrentó a sus líderes Earl Browder y William Z. Foster, la de John Gates, amén de trotskistas, maoístas y la Nueva izquierda;  al desencanto de muchos en 1956 por la invasión soviética a Hungría y el informe secreto de Khrushov al XX Congreso del PCUS sobre los crímenes de Stalin, cuando los camaradas yanquis se negaron a rectificar el rumbo y se reafirmaron tan estalinistas como siempre, lo cual han seguido siendo hasta hoy, con un empeño digno de mejor causa.

A nivel internacional, el CPUSA también está totalmente aislado. Su irrestricto apoyo a la ortodoxia marxista-leninista-estalinista y su sumisión a la Unión Soviética hiciera lo que hiciese,  los alejó de los partidos comunistas de Europa Occidental, China y del Tercer Mundo, e incluso le ganó la animadversión del PCUS a finales de los años 80, en tiempos de Gorbachov, cuando queriendo ser más papistas que el Papa, Gus Hall y  los comunistas yanquis  se opusieron denodadamente a la Perestroika, lo cual les costó que el gobierno soviético les cortara la ayuda financiera que recibían, que era  mayor  que la de cualquier otro partido comunista en el mundo  (se calcula que solo entre 1971 y 1989 el CPUSA habría recibido  unos 42 millones de dólares, de ellos, tres millones en 1987).

En sus declaraciones a Granma, Scheper, aunque admite que Estados Unidos está lejos de una situación prerrevolucionaria  al menos en los términos comunistas,  cree cercano el fin del capitalismo, que según afirma, “muestra síntomas terminales a nivel internacional”.

Sé que las cosas no van bien para el capitalismo, pero no puedo evitar que el optimismo de los comunistas respecto al final del capitalismo  me recuerde a esos predicadores evangelistas que se la pasan anunciando que ahora sí se aproxima el fin del mundo.

Precisamente a los anuncios apocalípticos de  esos predicadores en las estaciones de radio, que se suman a lo que califica como “la manipulación ideológica de los grandes medios que generó una avalancha derechista”, Scheper atribuye que se haya creado entre los norteamericanos  una “falsa conciencia de clase”, que el descontento no haya tomado por la senda izquierda y muchos pobres hayan creído en las promesas de Trump y votado por él.

Volviendo al tema del monumento que le deberían hacer los comunistas yanquis a Trump, otro motivo que tendrían para erigírselo sería las posibilidades que pudieran dar sus dislates  para una eventual radicalización de la izquierda norteamericana. Los izquierdistas, para tornar a favor suyo la situación, se aprovecharían, parafraseando a Mao, del “desorden en el cielo”. Pero dudo que por muy a la izquierda que estén, opten por el decrépito y sectario CPUSA. No hay que exagerar.

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El Partido Comunista de EEUU viaja a Cuba

(prensapcv.wordpress.com)

LA HABANA, Cuba.- Emile Schepers es un sudafricano comunista que vive en el estado de Virginia, en Estados Unidos. Se deduce que en días pasados estuvo en Cuba, porque un editor de noticias internacionales, Sergio Alejandro Gómez, lo entrevistó para Granma, aunque nada dice sobre Cuba, a qué vino, ni el tiempo que estuvo en nuestro país.

Pero lo cierto es que vino a decirles a los cubanos que el comunismo se niega a desaparecer en Estados Unidos. Vaya con este empecinado viejito de rostro melancólico y duro de pelar, que llegó a la casa del trompo a querer bailar con las ideas que tienen hartos a los cubanos.

La entrevista que le hace el colega Sergio Alejandro a Emile Schepers, secretario de Relaciones internacionales del Partido Comunista norteamericano (CPUSA) es digna de comentar.

Señala este “comuñanga”, así llaman los cubanos despectivamente en el argot popular a los comunistas trasnochados, que ellos no han dejado de ser optimistas. Y que son optimistas —qué seres tan contradictorios son estos raros especímenes de la viña del Señor—, pese a que su partido, fundado en 1919 (¡hace nada menos que un siglo!), sólo haya podido lograr cinco mil miembros, en un país con más de trescientos millones de habitantes.

Estoy segura de que no cuenta ni con un miembro de origen cubano de los dos millones que llegaron allá.

Seguramente Schepers no sabe que en Cuba se fundó un partido, el Partido Pro Derechos Humanos, el 20 de julio de 1988 y que al cabo de dos meses ya tenía más de seiscientos miembros y que por último, su gente más valiosa fue de cabeza a prisión, porque Fidel Castro dijo que “no quería partidos de bolsillo”.

Así ocurre cuando los que se dicen llamar comunistas, como Emile Schepers, toman el poder: el partido de ellos va al trono y el resto de los partidos prohibidos o encarcelados.

Otro de los detalles que me llamó la atención de la entrevista a Schepers, es que no menciona el nombre del venerado padre de los soviéticos, José Stalin, tampoco el de Trotski, Mao y mucho menos el de Lenin o Fidel Castro y sí varias veces el de Donald Trump, Barack Obama y Bernie Sanders.

¿Qué ocurrirá?

¿Será que para los comunistas optimistas estadounidenses esos animales políticos dejaron de ser importantes?

Según este antropólogo sudafricano, cuentan con un portal en la web que da a conocer las luchas de su partido. A mí me gustaría saber a cuáles luchas se refiere, si a lo largo de un siglo no las conocemos ni siquiera los cubanos en estos años de castrismo, con todos los medios de prensa a disposición del gobierno, el mismo que, supongo, acogió por estos días a Schepers.

Emile Schepers (Granma)

Perdonemos los desvaríos de este viejito con cara de malo y esperemos que algún día estudie a fondo el régimen de terror del llamado comunismo castrista y sus fracasos, si es que conoce los de Stalin o Mao, ya que ni aún así haya dejado de pensar en que podrá haber comunismo en la tierra.

“Es consciente -escribe el colega- de que su país está ‘lejos de una situación prerrevolucionaria’”.

Tan lejos, pero tan lejos, señor Schepers, que pensar en eso no vale la pena. Primero las gallinas parirán elefantes y murciélagos las palomas. Ojalá y nunca tengamos esa desgracia en la Tierra.

A usted le deseo lo mejor. Continúe en ese país donde hay libertad hasta para sus ideas. Así son las verdaderas democracias. Disfrútela a plenitud.