1

Nuevo mecanismo castrista contra el delito en entidades estatales

cemento viviendas Cuba

LA HABANA, Cuba.- En los últimos tiempos los jerarcas económicos del castrismo, en aras de atenuar la corrupción y los hechos delictivos que abundan en las empresas y entidades estatales de la nación, impulsaron el control interno en dichas dependencias. Un control basado en la figura del auditor interno, un trabajador de la entidad con conocimientos de Economía y Contabilidad, cuya misión principal es vigilar al resto de sus compañeros para que no se apropien de los productos terminados, los insumos productivos y otros recursos con que cuenta su empresa.

También este auditor interno debe velar por que la gestión económico-productiva de la entidad siga las pautas trazadas por los niveles superiores, y así evitar que los errores metodológicos sean detectados por los auditores externos de los ministerios o de la Contraloría General de la República.

Sin embargo, todo indica que el mecanismo del control interno no ha sido capaz de contener el desvío de recursos -un eufemismo utilizado por las autoridades para no mencionar la palabra robo- que afecta al sector estatal cubano. Evidentemente no existe un ambiente de control en la mayoría de las entidades. Nadie se siente dueño de nada, ni siquiera los jefes administrativos, muchos de los cuales son los primeros en adueñarse de lo ajeno.

entidades estatales Cuba COVID-19 empleados estatales
Empleados estatales en Cuba. Captura de pantalla

En este contexto de impaciencia gubernamental por tratar de evitar el desfalco de sus recursos productivos no faltó la sugerencia del mandatario Díaz-Canel, en el sentido de instaurar un control popular en las empresas y entidades estatales. Mas, nunca se ha dicho de qué manera se piensa instaurar semejante control, si se empleará a los Comités de Defensa de la Revolución, o se activarán las Brigadas de Respuesta Rápida.

Así las cosas, la contralora general de la República, Gladys Bejerano, sin desentenderse totalmente del control interno -cuya comprobación nacional se anuncia para el mes de septiembre- se ha referido recientemente al autocontrol, un nuevo mecanismo que se caracteriza porque cada trabajador de la entidad ¡se controle a sí mismo!

La Contralora declaró que durante los meses de junio y julio tendrá lugar un Ejercicio Nacional de Autocontrol, el cual se realizará “con el fin de promover una cultura de control y prevención en las administraciones y encaminado a fortalecer su conducta ética, los sistemas de control participativo y las rendiciones de cuentas transparentes”.

Es obvio que las bondades que el oficialismo espera de este autocontrol, un mecanismo poco menos que rayano en el absurdo, deja entrever los pocos resultados que se han obtenido por anteriores mecanismos de control.

Por otra parte, y aunque no se han anunciado últimamente cifras de hechos delictivos en empresas y entidades estatales, algunos sucesos nos permiten apreciar que estas anomalías siguen estando presentes en gran escala.

Por ejemplo, en la reunión del Consejo de Ministros correspondiente al mes de abril, la propia Contralora evaluó el comportamiento de las indisciplinas, ilegalidades y manifestaciones de corrupción administrativa durante el año 2021, y reafirmó que las actividades del comercio y la gastronomía, la industria agroalimentaria y la comercialización mayorista habían sido las más afectadas en ese sentido.

Claro, lo que nunca ha reconocido la señora Gladys Bejerano es el fracaso de su Contraloría en la tarea de prevención de tamañas ilegalidades en el sistema empresarial de la isla, lo que ha dado lugar a la incesante búsqueda de nuevos mecanismos de control.

Y, a la postre, fracasarán también esos nuevos mecanismos de control. Porque en ese entramado de dueños sin rostros de la propiedad social, en el fondo a nadie le importa cuidar lo que únicamente le pertenece a la camarilla gobernante.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.




Los obstáculos como método de control en Cuba

Foto Archivo

GUÁNTANAMO, Cuba.- Aunque el modelo económico cubano no funciona -lo cual fue reconocido por Fidel Castro ante un periodista extranjero-, en el Proyecto de Constitución no se vislumbran cambios significativos teniendo en cuenta los obstáculos que persisten.

En el Título II, referido a los fundamentos económicos, se aprecian tres artículos esenciales: el 20, que mantiene como sistema económico fundamental el supuestamente basado en la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción; el 22, que advierte que no se permitirá la concentración de la propiedad en personas naturales o jurídicas no estatales; y el 31, que afirma que el trabajo es un valor primordial, un deber y un derecho para todas las personas en condiciones de trabajar.

No puede soslayarse que de ser aprobado este Título, tal y como aparece en el Proyecto, se necesitarán varias leyes complementarias que sustituyan o actualicen a las existentes.

Los artículos 20, 22 y 31 del Proyecto de Constitución.

La alta nomenclatura del partido comunista cubano insiste en calificar como socialista al sistema que ha impuesto. Pero aquí el pueblo no es propietario de los medios fundamentales de producción, ni siquiera los administra. La prueba más evidente de que el pueblo no se reconoce como propietario de esos medios se expresa mediante el ausentismo laboral, el bajo rendimiento productivo, la malversación, el robo y los daños a la propiedad estatal.

Si el pueblo fuera realmente propietario de las fábricas y unidades de servicio estatales sería el decisor de sus políticas económicas y tendría  control sobre ellas, participaría en el análisis sobre los efectos ecológicos que provocan y los trabajadores podrían designar a sus dirigentes. Nada de eso existe en Cuba.

Como demostró Simone Weil en su libro “Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión social”, cuando se establecieron dictaduras unipartidistas en los países europeos “socialistas”, sus dirigentes mantuvieron intactos los mecanismos de la opresión capitalista e incluso eliminaron derechos como la libre organización de sindicatos y el de huelga, que fueron grandes conquistas de la clase obrera. En esos “socialismos” la subordinación de los obreros a la fábrica y a quienes los dirigían reposó en la propia estructura heredada del capitalismo, y no en el régimen de propiedad. Pudiera añadirse a tan lúcidos comentarios que esos países reprodujeron el método de ordeno y mando, que la participación de los trabajadores en la elaboración de los planes y en su control fue siempre formal y que se perpetuó la desigual distribución de la riqueza, sólo que entonces los más afortunados fueron los dirigentes comunistas, ahítos de privilegios obtenidos a costa de la sumisión de toda la sociedad. En Cuba ha ocurrido lo mismo.

Después de casi sesenta años de fracasos económicos, el partido comunista cubano comienza a dar tímidos pasos para fortalecer la autonomía de las empresas estatales y convertirlas -dice- en productivas. Sin embargo -y a pesar de los evidentes éxitos obtenidos en China y Viet Nam, debidos a una estrategia más  audaz que la cubana- los comunistas cubanos continúan actuando conservadoramente.

En cuanto a la regulación del mercado mencionada al final del artículo 20 seguramente seguirá siendo una quimera para una economía muy dependiente del exterior e incapaz de satisfacer establemente necesidades esenciales de la población.

El artículo 22 ha sido uno de los más debatidos. Debe su existencia a que los mandantes cubanos no admiten fuerzas económicas capaces, a mediano o largo plazo, de disputarles el control absoluto que ejercen sobre la economía del país. Resulta un freno a la iniciativa privada y a la eficacia que puedan demostrar las cooperativas y hasta las empresas mixtas.

Por su parte el artículo 31 está redactado de forma hermosa, pero no es la belleza de estilo la que lo garantizará. En este Proyecto el derecho al trabajo también aparece en el capítulo III del Título IV, lo cual demuestra un mal uso de la técnica jurídica. Más allá del defecto formal está por ver si se va a respetar un derecho  vulnerado reiteradamente desde 1959, cuando comenzó a aplicarse una política laboral discriminatoria, basada en la sumisión al castrismo.

No se vislumbra nada realmente significativo

Si el Título II resulta aprobado tal y como se nos presenta en el Proyecto, deberán dictarse varias leyes complementarias para asegurar el cumplimiento de estos fundamentos económicos.

Teniendo en cuenta las características del sistema legislativo cubano, donde a veces una resolución de un ministerio o el comentario de un dirigente paralizan la ejecución de una norma aprobada en la Asamblea Nacional del Poder Popular, el problema no resulta pequeño. A ello se suma que el proceso contencioso-administrativo cubano impide a los ciudadanos reclamar ante los tribunales ante la inconstitucionalidad de cualquier norma dictada por el Estado y -de poder hacerlo- la relación jurídica creada para resolver el diferendo no será nunca igualitaria porque los tribunales están sometidos al control del partido.

Aunque el Proyecto de Constitución reconoce explícitamente la propiedad privada sobre determinados medios de producción, se constata la ojeriza que los mandantes cubanos sienten hacia toda forma económica fuera de lo que llaman propiedad estatal socialista. Mientras las iniciativas que puedan desplegar esas otras formas de producción estén limitadas por la vocación omnímoda del Estado estos tímidos cambios no impactarán significativamente en nuestra menguada economía. Si continúan los obstáculos al pleno desarrollo de todas las formas de producción seguiremos padeciendo una economía de subsistencia.

Los mandantes cubanos temen a la riqueza en manos de otros, aunque sea fruto del trabajo honesto, pues con ella pueden lograr un nivel de vida equiparable al que ellos disfrutan y también socavar el poder que representan. “Te haré pobre para controlarte” no es una mera consigna para la nomenclatura comunista, refleja un método eficaz para perpetuarse en el poder. Esa es la razón de la existencia de tantos obstáculos para el pleno desarrollo de todas las formas de producción en los fundamentos económicos del Proyecto de Constitución.

Roberto Jesús Quiñones Haces




Control estatal para la escasez, la historia repetida

Carretilleros en Puerto Padre (Foto: Alberto Méndez Castelló)
Carretilleros en Puerto Padre (Foto: Alberto Méndez Castelló)

LAS TUNAS, Cuba.- La escasa producción agropecuaria de Cuba, incapaz de alimentar a su población por sí misma a pesar de sus más de 56 años de “reforma agraria,” hace a los mismísimos vicepresidentes de los consejos de Estado y de ministros recorrer toda la isla, mientras los jefes municipales, reunidos diariamente, con tanteos cuales palos de ciegos corrigen ordenanzas emitidas apenas la semana anterior.

En la provincia Las Tunas, los carretilleros (vendedores ambulantes de productos agrícolas), a partir de este mes debían comenzar a comercializar sus mercancías a precios establecidos a través de una lista oficial, según informó CubaNet.

Pero recientemente, en la “reunión diaria para analizar el abasto de productos agrícolas” en el municipio de Puerto Padre, las autoridades informaron a los carretilleros que “hasta el próximo 29 de febrero” podían continuar comercializando sus productos a precios establecidos por el mercado, como venían haciéndolo hasta la notificación de los precios estatales.

Según informó la emisora local Radio Libertad, la medida está encaminada a aligerar el inventario (existencia de mercancías) en manos de los carretilleros y “reducirá el movimiento de productos frescos fuera del control estatal”.

Roy Molina Campos, primer secretario del Partido Comunista (PCC) en Puerto Padre, aclaró a representantes de la Agricultura, Acopio y la ANAP (Asociación Nacional de Agricultores Pequeños), presentes en una reunión, que tal concesión –la hecha a los carretilleros hasta el próximo día 29 para deshacerse de sus productos a precios de oferta y demanda– “no incluye el trasiego masivo de viandas, granos y hortalizas en medios particulares del campo a la ciudad”, que ahora corre a cuenta de la estatal empresa de Acopio.

Ya en la provincia Las Tunas las autoridades han decomisado mercancías en traslado por “particulares del campo a la ciudad” e impuesto multas a las personas que ejercían ese comercio.

Junto con la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), los inspectores de la gubernamental Dirección de Supervisión Integral (DIS), son los encargados de operar contra las personas que incurran en “el trasiego masivo de viandas, granos y hortalizas en medios particulares.”

Por una ironía del destino, una conjunción histórica, o una vendetta de larga data, es en la casa paterna del periodista Agustín Tamargo, un anticastrista consumado fallecido en el exilio, defensor de la democracia y el libre mercado, donde ahora la DIS tiene su sede municipal en Puerto Padre.

Entre no pocos carretilleros e inspectores de la DIS existen relaciones tensas por multas reiteradas. “Ellos (los inspectores) quieren que estén (los carretilleros) en permanente movimiento, que no se estacionen en las esquinas y por eso les han puesto multas de hasta 700 pesos (el salario mensual promedio en Cuba es de poco más de 600); pero vea como están las calles, llenas de huecos. ¿Cómo van a transitarlas con un carricoche donde transportan 200 o 300 libras?”, dijo a CubaNet Alexis Guerrero, integrante de la opositora Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), quien ha protestado junto a los carretilleros en la sede del Gobierno municipal por estas multas que consideran injustas.

Pero las protestas de los carretilleros en Puerto Padre por permanecer en un sitio fijo en lugar de ir ambulantes, aunque inciden a la hora de aplicar medidas gubernativas de carácter general –como esta de obligarles a acatar precios oficiales de un día para otro–, con todo y la ya mostrada capacidad de respuesta de los vendedores, pesa menos que la explosiva carga de contenido social que entraña el desabastecimiento, si ellos dejaran de funcionar también de hoy para mañana.

Al respecto un exdirectivo de Comercio dijo a CubaNet, a condición de anonimato: “Esto es otro alarde del Gobierno para mantener al pueblo entretenido y dislocarlo del verdadero problema, el del Gobierno que no funciona; pero es el mismo perro con diferente collar; en los años 80 (del pasado siglo) cerraron el mercado libre campesino, dijeron que los guajiros (agricultores) eran unos ladrones, que le robaban al pueblo, y hasta les pusieron un nombre: ‘bandidos de Río Frío’”.

“Después, en los años 90 hicieron algo parecido, pero a los cabezas de turco, a las víctimas de la cortina de humo los llamaron ‘macetas’; conozco a un guajiro, Ramón Pérez, al que le confiscaron todas las vacas, no le dejaron ni las espuelas a este vaquero. Y a un constructor, Falco Martell, le quitaron desde los cubos hasta los andamios y lo metieron preso por actividad económica ilícita”, añade.

La fuente concluye que “ahora es igual, pero ahora no culpan a los campesinos sino a los carretilleros y a quienes compran las cosechas a los campesinos para luego venderla a los carretilleros”.

Preguntados el campesino Ramón Pérez y el constructor Falco Martell por este corresponsal acerca de las acusaciones contra ellos, en el caso del primero la respuesta fue que, efectivamente, su ganado había sido expropiado cuando la “ley de los macetas”. El albañil Martell dijo que ciertamente, había sido encarcelado por actividades económicas ilícitas y todas sus herramientas incautadas, aunque poseía patente para ejercer su oficio. Pero ambos entrevistados se negaron a hacer declaraciones al respecto coincidiendo en que “aquello es mejor ni recordarlo”.




“Los gobiernos entienden que ya no se puede controlar el flujo de información”

jimmy wales wikipedia
Jimmy Wales

EL PAÍS – Lo suyo no es la geolocalización, al menos su versión analógica. “No sé ni dónde me encuentro. Me han traído aquí, y desde aquí me llevarán a otro sitio”. Jimmy Wales (Alabama, 1966) se explaya en una larga conversación con EL PAÍS en el interior de una carpa alojada en el Palacio de Cibeles, fastuosa y quizá provisional sede del Ayuntamiento de Madrid. Es el gurú estrella de la Accenture Digital Conference, que impartirá poco después de la entrevista. No se priva de comentar la influencia de la tecnología en el auge de las protestas sociales y confiesa que entra a editar artículos de la Wikipedia a menudo, aunque no recuerda ni el primero ni el último. Acude a leer la enciclopedia virtual tanto como un usuario medio. “Todos los días”, recalca, por si no quedase claro.

Con el ritmo de crecimiento de nuevos artículos en Wikipedia, ¿le preocupa que el conocimiento quede demasiado fraccionado?

La verdad es que no. Por el tipo de clasificación de los contenidos y por los hipervínculos. También por los wikiprojects, que usamos para organizar el conocimiento de un gran área, como la medicina. Fraccionar el conocimiento no supone un gran problema. Puedes empezar por una parte y luego la conectas con el resto. Así funciona el conocimiento, en realidad.

¿Hay algún tipo de forma emergente de conocimiento que escape de Wikipedia actual? ¿Quizá los datos?

Sí, por supuesto. Y no hay que irse a los datos, sino a otras formas más tradicionales. Hay mucho conocimiento que per se no pertenece a una enciclopedia: las recetas, las críticas de cine… También lo son los horarios de autobús, pero esto ya te lo da una app, no pertenece a Wikipedia. Pero sí, hay muchos datos interesantes y tenemos un proyecto, Wikidata, que aborda cómo incorporarlos y usarlos con sensatez en Wikipedia.

Estamos en una época interesante para la censura: en el pasado los gobiernos creían de verdad que podían impedir que la gente se enterase de las cosas y ahora todo lo que pueden hacer es evitar que hablen demasiado”

¿Podría citar un ejemplo?

Aún es un sueño para nosotros, pero cuando se publican nuevos datos de población tras un gran censo, de Madrid por ejemplo, deberíamos ser capaces de actualizarlos en Wikipedia y que esos datos quedasen actualizados en todos lados. Estos pequeños fragmentos de conocimiento, como los datos, son tan universales y tan directos que tenemos que ser capaces de actualizarlos rápidamente y a escala global. Ahora tienen que actualizarlos mucha gente distinta, en diferentes idiomas.

Leer el artículo completo en EL PAÍS.




Bajo control

PINAR DEL RÍO, Cuba, marzo (173.203.82.38) – La ambigüedad de la palabra control asusta. Si tenemos bajo control las cosas, todo marcha bien. El mundo es nuestro si tenemos el control sobre lo que nos pertenece y evitamos perder. El miedo a la palabra llega cuando somos los controlados, los impedidos, los sin derechos.

Aida López Reyes, ama de casa, de 63 años, madre de dos hijos, lleva más de treinta años cuidando a su esposo parapléjico. Más que los años, la lucha cotidiana le ha curtido el carácter y la piel.

“Mi esposo –dice- era administrador de la empresa gráfica provincial; secretario general del núcleo del Partido comunista de la entidad. Tenía treinta años cuando le dio la trombosis. Formábamos una linda pareja”.

Mientras habla mira a su esposo sobre la cama. El hombre tiene los ojos cerrados y sonríe mientras la escucha, como si soñara con aquella época.

“Fueron buenos tiempos. Veíamos crecer a nuestros hijos y pensábamos que el mundo era de nosotros. Entonces éramos soñadores. El día que mi esposo tuvo el percance despertamos para siempre. Pero el verdadero despertar fue cuando llegaron a la casa dos hombres del gobierno. Se presentaron como funcionarios del Partido y nos llenaron de promesas. En el mismo paquete de las promesas iban las amenazas contra mí”.

El hombre cambia la sonrisa por una mueca, mientras dos lágrimas brotan de sus ojos.

“Aquellos señores me insultaron. Se atrevieron a decirme que estarían al tanto de mi conducta para con mi esposo. Que no me estaba permitido tener a otro hombre por respeto a mi marido militante del Partido, por su condición de dirigente. Me trataban como si yo fuera propiedad del Estado, y no soporté la ofensa. Les respondí que sabía de sobras lo que me tocaba hacer, que no tenían derecho a decirme aquello”.

Aida nació en un hogar campesino, y sabe poner las palabras donde van, sin alterar su sentido. Mientras habla acaricia los cabellos del hombre, pocos y blancos.

“Los boté de mi casa. Jamás cumplieron con las promesas que hicieron. Mi familia y yo vivimos apenas con el salario de la seguridad social que le corresponde a mi esposo. Son ciento quince pesos (menos de cinco dólares) mensuales. Nos sostenemos con la ayuda de los vecinos. Vivimos en este barrio desde hace treinta años.

¿De qué le valió a mi esposo tanto sacrificio?. A fin de cuentas toda su vida fue eso, fuimos eso: individuos controlados por el Estado”.




Sindicato y cuentapropismo

LA HABANA, Cuba, marzo (173.203.82.38) – El  gobierno, en materia sindical parte de un  silogismo: lo que es bueno para el estado es bueno para los trabajadores. Sin embargo, el control sindical de los trabajadores por  más de medio siglo demuestra que la realidad es bien diferente.

En 1991, luego de la desaparición del bloque soviético, se autorizó el trabajo por cuenta propia; y se intentó, sin éxito, el control sindical de miles de cuentapropistas

Ahora mismo, debido a otra crisis, se otorgaron licencias para ejercer algunos oficios. El gobierno retoma su viejo empeño de controlar a los trabajadores independientes y trata de imponer los gremios estatales mediante varios subterfugios. El más socorrido es ofrecer amparo al trabajador no estatal en supuestos o reales asuntos de poca monta, como reclamaciones al Estado mediante el sindicato oficialista, o canalizar la obtención de materias primas a sabiendas de que el gobierno tiene el control de las importaciones y domina el comercio minorista.

Aseguran que el sindicato puede ayudar con sus buenos oficios, como en el caso de que habla la prensa, del propietario de una cafetería, a quien un trabajador de la campaña contra el mosquito Aedes Aegipty, le comunicó que iba a fumigar el negocio. El cuentapropista se negó a cerrar en ese momento, por ser la hora de mayor ajetreo de venta. El fumigador insistió en cumplir con su deber, y el asunto se resolvió “gracias” a la intervención del sindicato: se fumigaría después del cierre de la cafetería.

El verdadero objetivo del gobierno para tratar de imponer la sindicalización a los cuentapropistas es no perder el control político sobre ellos

“Ya no estoy obligado a participar en las manifestaciones convocadas por el gobierno, ni pagar las cuotas obligatorias para mantener el sindicato, las Milicias de Tropas Territoriales, ni firmar el libro de entrada. Ahora me siento más libre” –expresó Humberto Masó, un nuevo trabajador independiente.

[email protected]