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Activistas mapuches asesinan a joven de 21 años al sur de Chile

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Joven de 21 años asesinado por activista mapuches al sur de Chile. Foto TDN Noticias Twitter

MIAMI, Estados Unidos.- Tres activistas mapuches asesinaron a tiros este martes a un joven de 21 años, identificado como Moisés Orellana, en la localidad chilena de Cañete, al sur del país, informó la agencia de noticias EFE.

Los mapuches habían incendiado anteriormente unas cabañas de la zona, y de acuerdo al subsecretario del Interior, Juan Francisco Galli, el joven fallecido no tenía parte en el “conflicto” desatado por los activistas para que sus presos tengan una sanción penal diferente que respete sus costumbres.

Según el funcionario del gobierno, el presunto grupo de mapuches atacó tres cabañas de la localidad de Cañete, de las que sacaron a las familias que vivían en ellas para luego incendiarlas, como parte una reivindicación habitual que exige, por ejemplo, cumplir el presidio en arresto domiciliario en sus comunidades.

“En su huida, los atacantes se toparon con un vehículo, contra el que dispararon, causando la muerte del joven e hiriendo al resto de ocupantes”, reza la nota.

El subsecretario dijo que “el atentado incendiario fue ‘reivindicado y justificado’ en petición de la aplicación del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre Pueblos Indígenas y Tribales”.

Pero “ninguna demanda, por legítima que sea, justifica estos niveles de violencia, menos aún cuando hoy tenemos que lamentar la muerte de un joven de 21 años producto de un ataque armado”, manifestó Galli.

Desde hace décadas en La Araucanía y otras regiones del sur de Chile existe el llamado “conflicto mapuche”, que enfrenta a comunidades indígenas con empresas agrícolas y forestales que explotan tierras consideradas ancestrales.

Son frecuentes desde hace años los ataques incendiarios a maquinaria agrícola y predios, dijo EFE, “aunque en las últimas semanas la disputa ha subido de intensidad y se han registrado además ocupaciones de edificios municipales y huelgas de hambre de presos indígenas”.

Con estas huelgas los reos piden que se les aplique el convenio 169 de la OIT, reclamo respaldado por activistas mapuches desde el exterior.

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Excepcionalismo americano en la división y el conflicto

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Excepcionalismo americano en la división y el conflicto. Foto internet

ESTADOS UNIDOS.- Excepcionalismo americano es la creencia de que Estados Unidos es único entre las naciones con respecto a su democracia y libertades individuales. La idea del excepcionalismo americano enraíza en la Revolución Americana. En el párrafo inicial de Federalista No. 1, Alexander Hamilton destaca:

“…parece haber sido reservado al pueblo de este país, por su conducta y ejemplo, decidir la importante cuestión de si las sociedades humanas son realmente capaces o no de establecer buenos gobiernos por reflexión y selección, o si están destinadas eternamente a depender de accidentes o fuerza para sus constituciones políticas”.

Aunque el historiador francés Alexis de Tocqueville fue posiblemente el primero en describir el país como excepcional, encuentro irónico que fuera el dictador soviético José Stalin quien realmente acuñara la frase excepcionalismo americano en 1929. Stalin estaba criticando una facción del Partido Comunista americano por defender el criterio de que Estados Unidos era único, y entonces exento de algunos elementos revolucionarios de la teoría marxista. Stalin, en desacuerdo cáustico, llamó a esas ideas “la herejía del excepcionalismo americano”.

Algunos, como el presidente Barack Obama, dudan del excepcionalismo americano. Pero los creyentes en lo distintivo de la cultura americana normalmente basan sus explicaciones sobre el excepcionalismo americano en los recursos naturales de EE.UU., su capacidad industrial, ausencia de rígidas distinciones clasistas, falta de tradiciones feudales, raíces Puritanas, y más. Además, los Padres Fundadores confiaban más en ideales republicanos que en una herencia común, etnicidad o clase rectora. Yo baso mi creencia en el excepcionalismo en la distintiva habilidad americana de convertir la división y el conflicto en fortaleza nacional.

Pocas naciones piensan en la división y el conflicto como fortaleza; prefieren buscar unidad y hablan del bien común. Pero buscando el bien común las sociedades unificadas deben demandar sumisión y obediencia. Cuando la unidad y el bien común son primordiales, las ideas disidentes y opiniones minoritarias no pueden tolerarse. Por ejemplo, durante el Terror en la Revolución Francesa, se creía que una nación exitosa requería armonía social, forzando la aniquilación de todas las facciones disidentes. Los regímenes socialistas comparten esta creencia de la erradicación de facciones en nombre de la unidad y el bien común.

Cuando “el pueblo” se concibe como ser colectivo, la búsqueda de felicidad individual deviene un ataque al orden social. Sociedades comprometidas con la fantasía de felicidad común persiguen la igualdad a expensas de derechos individuales y libertades. El culto a la unidad conduce a formas extremas de gobierno que rechazan legitimidad a cualquier oposición.

James Madison, en Federalista No. 10, explicaba claramente que diferencias y facciones no podían erradicarse de la sociedad sin sacrificar la libertad misma. Consiguientemente, el excepcionalismo americano produjo un gobierno específicamente diseñado para impedir unidad o unanimidad. El entendimiento constitucional americano es un acuerdo para discrepar.

Madison, en su proyecto para el gobierno americano, rechazó la idea de los americanos como “una masa homogénea”. Su plan daba a los ciudadanos libertad de actuar en sus propios intereses e involucrarse en conflictos pacíficos con otros. En esta demostración de excepcionalismo americano, el gobierno no haría esfuerzos para evitar conflictos. Buscaría solamente canalizarlos con la división de poderes ejecutivo, legislativo y judicial, y una estructura de gobierno federal. Madison consideraba que la división y el conflicto eran útiles para impedir una concentración de poder. Tengamos esto en cuenta cuando escuchemos estridentes llamados a la unidad. Discordia y discusión son preferibles al despotismo.

Otra dimensión del excepcionalismo americano, manejando división y conflicto, es la consideración de que las batallas políticas tienen lugar en la arena de ideologías  y no como conflictos entre individuos. Los americanos compartimos el criterio de que la oposición se dirige contra un conjunto de políticas, no contra la legitimidad del gobierno en sí mismo. Los americanos reconocemos el valor de la oposición leal.

Pero el núcleo del excepcionalismo americano, para parafrasear al teórico político Louis Hartz, es un glaciar asentado sobre “miles de convicciones sumergidas” de individualismo y libertad. La poco apreciada esencia del excepcionalismo americano es una comprensión innata de que división y conflicto son guardianes de la libertad. Celebremos nuestras divisiones y conflictos.

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