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En albergues por 18 años: Una familia cubana “sin baño, sin cocina, sin nada”

LA HABANA, Cuba. – Magdalena Méndez Vázquez, 29 años, madre soltera, ha vivido en albergues por 18 años. Actualmente, ocupa un local de propiedad estatal en el municipio Playa, La Habana, junto a su abuela y su hijo menor de edad.

Según los vecinos de la zona, el local siempre fue un almacén sin uso aparente. No tiene baño ni cocina ni suministro de agua potable, requisitos básicos para declarar habitable un espacio, según las normativas de Vivienda en Cuba.

En 2003, Magdalena descubrió que había estado viviendo sobre una fosa, lo que la obligó a dejar para siempre su casa. “Nos dimos cuenta cuando intentamos hacer una barbacoa y perforando el piso empezaron a salir aguas albañales”, explica. Desde ese entonces, la vivienda fue declarada inhabitable y ella, su abuela y su bisabuela tuvieron que mudarse al primer albergue que les ofrecieron las autoridades.

 

El local donde residen actualmente Magdalena, su abuela y su hijo de siete años (Foto del autor)“Ese lugar estaba peor. No había condiciones para vivir y después nos mandaron para otro albergue en la Calle 33 (municipio Playa), donde vivíamos 11 familias juntas”, cuenta.

En 2014, su bisabuela falleció y nació su hijo, que “a los seis meses de nacido tuvo la primera convulsión epiléptica”. Desde entonces fue diagnosticado como epiléptico y asmático.

En marzo de 2020, las autoridades de Vivienda les informaron a Magdalena y el resto de las familias albergadas que serían trasladadas temporalmente para construir apartamentos en el lugar, que luego les serían otorgados. Magdalena fue reubicada en un almacén, a dos cuadras del albergue. Con ayuda de su abuela y vecinos pudo acomodar el local para habitarlo durante algún tiempo. No obstante, el espacio está lejos de tener las condiciones mínimas necesarias.

“Aquí estoy sin baño, sin cocina, sin nada. Cojo agua de la acera del frente para poder cocinar y bañarnos, y hacemos nuestras necesidades en un cubo que está detrás de la puerta”, apunta. “Voy a Vivienda, me dicen que van a resolver y nada”.

El 16 de julio de 2019 la Dirección Municipal de Vivienda respondió a una queja formulada por la entrevistada ante el Consejo de Estado. Al respecto, la Asamblea Municipal del Poder Popular de Playa aseguró que no disponía de capacidad en ningún albergue ni fondo habitacional, por lo que el caso era declarado “con razón y sin solución”.

Respuesta a la queja formulada por Magdalena Méndez Vázquez (Foto del autor)

Según un informe del Ministerio de la Construcción, en 2019 el déficit habitacional en Cuba ascendía a 929 695 viviendas. De ellas, hacían falta 185 348 solo en Playa.

Magdalena y su abuela reciben ayuda de los vecinos cercanos para cubrir las necesidades básicas. Así lo cuenta Beatriz, quien las visita a diario y accedió a ofrecer su testimonio a CubaNet. “Son mujeres luchadoras. Y no es un problema de política, es un problema de humanidad”, dice. “Yo las ayudo en lo que puedo, pero merecen tener un lugar digno para vivir”.

La abuela de Magdalena, Carmen Cárdenas, una anciana de 76 años, cuenta que nunca esperó verse en una situación similar: “Bañarme, haciendo caca y orinando en un cubo”.

El espacio donde duerme la familia (Foto del autor)

Igual que su abuela, Magdalena también está agotada: “Llevamos más de 15 años sin vivienda y rotando por los albergues. Estoy cansada, no tengo fuerzas. Vamos a Vivienda y recibo esa respuesta (con razón y sin solución). No es justo”, lamenta.

Los reclamos por una vivienda digna los comenzó su bisabuela, Juana Cárdenas Andreu. En 2003, la anciana envió una carta al entonces primer secretario del Comité Provincial del PCC en La Habana, donde relataba las pésimas condiciones en que vivía junto a su familia.

El local donde reside la familia no cuenta con cocina (Foto del autor)

“Mi caso es realmente crítico debido a que soy una anciana de 73 años. Convivo con mi familia, entre ellos dos niñas que son mis nietas, de tres años y otra de 15 años”, indicó en ese entonces Juana. “Mi vivienda es interior (…) situada encima de una fosa que provoca abundante humedad, los pisos de la sala comedor se están rajando producto que cuando llueve toda la casa se me moja”.

Juana falleció en 2014, mientras vivía en un albergue con su hija y una de sus nietas, Magdalena. Dieciocho años después, su hija, su nieta y el bisnieto que no llegó a conocer continúan sin una vivienda digna, esperando en vano que el Gobierno les provea un techo.

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