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Revendedores, el nuevo enemigo público

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Revendedores, el nuevo enemigo público (foto archivo)

LA HABANA, Cuba. – El grito de alarma cayó como un trueno en medio de la bulla, los pregones y los apurados trueques que a diario se suceden en el agro más concurrido del municipio Centro Habana; un puerto seguro para quienes sucumben a la escasez, pero a diferencia de la mayoría disponen de un dinero extra para sortear la inflación. De un plumazo desaparecieron los vendedores de papas, leche en polvo, puré de tomate, pollo, detergente y cuanto es imposible adquirir por vías regulares en La Habana.

Varios compradores se quedaron medio atontados, sin comprender el porqué del repentino jaleo por algo que hace años dejó de ser novedad. “¡Dejen el mareo que ahí vienen los inspectores, detrás de la iyabó!”, repetía una voz, aludiendo a la blanca patrulla que se deslizó muy despacio por la calle anegada en aguas pútridas; mientras los policías apenas miraban a su alrededor y los fiscalizadores escrutaban cada quicio, entrada de solar, ventanuco y esquina donde habitualmente se plantan los revendedores para intentar dar salida a su mercancía.

Una vez más el sistema informativo de la televisión cubana ha colocado el foco de atención sobre el amplísimo sector de la ciudadanía que se dedica a hacer colas, acaparar bienes y revenderlos a precios prohibitivos. Quienes deberían analizar el problema socioeconómico en su generalidad, se concentran en la arista más visible e incómoda para los ciudadanos, señalando a quienes indudablemente cargan una cuota de responsabilidad, pero no son los culpables del actual estado de cosas.

En las infinitas colas habaneras la comidilla son los revendedores; esos que marcan tres y cuatro veces para varias personas, provocando que la espera prevista para un par de horas consuma media mañana, incluso el día entero. En las redes sociales han comenzado a aparecer denuncias a grupos de personas -mujeres la mayoría- que abarrotan los soportales vendiendo todo lo que la gente no puede conseguir. Los precios se han disparado en proporción al tiempo que se invierte en las colas y al aumento del riesgo ante las redadas policiales, más frecuentes ahora que las medidas contra la COVID-19 y el abismo económico que se traga a Cuba han obligado al régimen a frenar el comercio ilícito para que el pueblo tenga oportunidad de acceder a la limitada gama de productos en existencia, evitando así un posible estallido social.

Pero la depresión del bolsillo doméstico es tal que la gente solo acude al mercado negro cuando ya no le queda más remedio y con el alma embargada de pesar, para adquirir productos que hasta hace muy poco languidecían en las neveras. Hasta el picadillo de pavo ha pasado a engrosar la lista de ofertas del mercado informal, donde su precio ha sido alterado de 1.40 CUC (35 pesos) a 2 CUC (50 pesos). El papel higiénico que se vende a 1.20 CUC en las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD) ha subido a 50 pesos y lo mismo ha sucedido con prácticamente cada producto que cuesta menos de 1.50 CUC. Lo ganancia mínima que se obtiene de cualquier artículo vendido en el mercado negro es de diez pesos, y la cifra crece en la medida que se acentúa la escasez y el gobierno no da señales de buscar una solución al delicado tema de la alimentación.

El pollo es el producto más encarecido, con una escala variable entre 10 y 15 CUC por cada paquete de muslitos que en la red estatal cuesta 8.25 CUC. Únicamente en repartos y zonas periféricas, donde el flujo de caudales es mucho menor, los precios se atenúan sin llegar a ajustarse a los salarios, insuficientes ya tanto en el sector estatal como en el privado.

Es una situación insostenible que escapa al control policial y para la cual se esperaban medidas más efectivas que la venta racionada de una libra extra de pollo a precio liberado. La imposibilidad de reclamar a las autoridades una solución acorde a la contingencia empeorada por la epidemia de coronavirus, ha provocado que la ira del pueblo estalle contra quienes han hecho de la especulación un modo de vida gracias a la indulgencia del propio régimen, que ahora quiere castigar como delito lo que ha sido pan de cada día.

Pero haciendo a un lado el oportunismo y la usura de los revendedores, ¿por qué si no hay turismo en Cuba no aumenta en las tiendas el volumen de suministros a disposición de un pueblo al que se le pide constantemente quedarse en casa y evitar las aglomeraciones? ¿Qué está haciendo o piensa hacer el régimen con las reservas de avituallamiento destinadas al sector turístico, frente a una pandemia cuyo final nadie puede predecir?

Considerando que ahora mismo el turismo en Cuba no es una prioridad, ¿por qué no aliviar a un pueblo que se arriesga a diario para poner un plato de comida en la mesa, o luchar un paquete de detergente para lavar su ropa? Sin dejar de criticar la práctica onerosa de los revendedores, los cubanos deberían analizar todas las variables que ha traído consigo la pandemia; porque si inaceptable es que ciertos individuos lucren a costa de la necesidad de todos, también lo es que el régimen guarde provisiones mientras el pueblo pasa hambre y arremete contra sí mismo.

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La eterna inoperancia del socialismo en Cuba

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Cola en Cuba para comprar alimentos (foto archivo)

LA HABANA, Cuba. – Entre los pasados días 2 y 4, el diario Granma, flamante “órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba”, publicó las tres partes de un reportaje seriado. Aunque cada una de ellas tenía título y autores diferentes, el tema común es el de los ciudadanos que se dedican a revender los productos que comercializan las tiendas estatales.

Lo primero a señalar es que los escribidores castristas reconocen lo obvio: “Un local desabastecido no puede hacer competencia con ilegalidades de este tipo” (se refieren a las que realizan los revendedores); “los productos muchas veces están como decoración en las tiendas por sus precios exorbitantes, no hay variedad de opciones y prima el desabastecimiento”.

La tercera entrega recoge opiniones de distintos lectores: “El negocio empieza en el lugar”; “muchos revendedores reciben las mercancías de manos del personal que trabaja en las tiendas”; “estamos en presencia de un mercado negro […] con redes que van desde los propios almacenes y tiendas hasta la cara visible, que son los que están ofertando en la calle”.

Tampoco se olvida (aunque sin darle ese nombre) otra faceta de la corrupción imperante: “Los avisos tempranos que reciben (los especuladores), vía celular, cada vez que hay algún operativo contra ellos”. “Cuando los inspectores ‘anuncian’ que van a llegar, [los vendedores] recogen y entonces puedes ver los productos de mala calidad hechos por cuentapropistas, y tan pronto se van los inspectores, de la nada, aparecen nuevamente los productos que se comercializan en las tiendas en divisas”.

En resumidas cuentas, el trabajo periodístico multiautoral refleja aspectos importantes de una faceta más de la calamitosa situación que padece hoy Cuba. Pero de nuevo —y para no variar— se atribuye todo al actuar indebido de las personas: “directivos de tiendas […] haciendo negocios con los delincuentes”, “implicación de muchos dependientes”; “los que acaparan los materiales con el único fin de generar desabastecimiento y sacar provecho luego”; y los ya mencionados “inspectores [que] anuncian que van a llegar”.

¿Las “soluciones”? Las mismas de siempre: las de la represión. “Medidas más drásticas”; “reclamos y denuncias de la gente”; “limitar la venta per capita”; “colocar cámaras de seguridad”; que los tenderos “denuncien a aquellos que pasan varias veces por el mostrador”; “296 multas por un monto total de 325,750 pesos” (sólo en la provincia de Matanzas).

No falta tampoco la nota ridícula: En el súmmum de la cursilería, los autores de la segunda entrega, tras mencionar El Rastro de Tulipán, Cienfuegos (“lugar que tiempo atrás, tuvo fama de temible para la población”) agregan lo siguiente: “Pero llegaron el compañero Orden y la compañera Exigencia y mandaron a parar tanto descaro”…

Por supuesto que el problema —como casi todo en nuestra sufrida Patria— no se origina en las personas, sino en el sistema inviable. Pero esperar que tal cosa sea señalada de manera explícita por personeros del periodismo oficialista cubano equivaldría a confiar en un imposible.

Calamidades como las antes señaladas son las que pasan cuando se hace caso omiso de las leyes de la economía. ¿Y acaso no se ha afirmado (¡y nada menos que por el ministro del ramo!) que en Cuba no opera la de oferta y demanda!

En el sistema normal que prima en el mundo civilizado, las necesidades insatisfechas de los usuarios (que en los casos que se citan son reales, como lo demuestra la disposición de muchos cubanos a pagar a los revendedores precios más caros) quedarían resueltas con facilidad por el sencillo método de importar cantidades adicionales de los productos demandados. (Se trataría, además, de una actividad bien rentable para el régimen, si tenemos en cuenta el elevado sobreprecio que cobran las tiendas estatales).

Pero está claro que semejante solución no entra en los planes de los ineptos burócratas del Ministerio del Comercio Exterior cubano, quienes, con el monopolio que detentan, constituyen un elemento vital del inoperante aparato que el castrismo dedica a la siempre ingrata tarea de repartir la miseria.

Ahí está, para demostrarlo, la actuación de los emprendedores que suplen muchas de las innumerables carencias que sufre el cubano de a pie. Ellos, mediante el rudimentario método de importar productos a través de “mulas” que viajan a países extranjeros a comprar lo que se necesita, aseguran lo que el omnipotente “Estado socialista”, con su infinita torpeza, es incapaz de garantizar.

Pasa lo mismo con el tema central de la serie: “Desgraciadamente, en la ferretería de Infanta y Benjumeda no hay todo lo que se necesita para construir o remodelar una vivienda”. Y refiriéndose a los revendedores: “Es cierto que los precios son el doble de los que hay en las tiendas, pero la calidad de las ofertas, la mayoría de las veces, son más variadas (sic); y el servicio es completo porque incluye, además, el traslado”.

Igual sucede con la gestión de venta: En la ferretería La Especial, “la dependiente atiende a todos con rostro aburrido y asegura […] que ya no quedan lavamanos; que esos —y señala— son solo de exhibición”. Mientras tanto, un “joven atento” ofrece su variado surtido de ese mueble sanitario a un potencial cliente; “pero están fuera de la tienda, responde el joven con una sonrisa”. En el ínterin, “otros de sus ‘colegas’ se avalanchan hacia otro cliente”. (¿Habrán querido decir que “se abalanzan”?).

Las citas y los comentarios podrían alargarse, pero sería llover sobre mojado. La causa de esta otra calamidad puede ser determinada con facilidad por cualquiera que analice los hechos de manera serena. Pero entre ellos no se cuentan los jefes encumbrados, empeñados en la tarea imposible de obtener resultados distintos —y mejores— con las mismas herramientas melladas que han demostrado de sobra su total ineficiencia.

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Extrañas soluciones a la escasez

Venta de artículos de aseo en Cuba, 2011 (absolutviajes.com)

LA HABANA, Cuba.- A partir de enero de 2011 los artículos de aseo (jabón de baño y de lavar, pasta dental y detergente líquido) fueron excluidos de la libreta de racionamiento para ser vendidos en los Mercados Artesanales Industriales (MAI) que todavía muchos conocen como ferreterías.

Los precios dejaron perplejos a muchos, demasiado altos para su baja calidad. Sin embargo, a pesar de las quejas y los comentarios desfavorables, son casi la única opción para las personas con más bajos ingresos, que se ven obligadas a comprarlos pues los que se venden en CUC son aún más caros.

Otra de las dificultades es que estos a menudo desaparecen del mercado, a pesar de que funcionarios del Ministerio de Comercio Interior (MINCIN) aseguran ante la prensa que la producción, a cargo de la empresa Suchel, no sufre contratiempos y cumple lo pactado, aunque señalan que la demanda ha aumentado. Asimismo, insisten en que no hay razón para que el suministro falle. ¿Cómo se explica entonces que tantas personas nos veamos obligados a caminar – o aun viajar – de un MAI a otro en busca de jabón, pasta dental o detergente líquido?

Es cierto que se han reforzado puntos de venta en algunas bodegas… en teoría. La realidad es que allí el surtido es más limitado, y el desabastecimiento, más prolongado. Es por eso que numerosos vecinos de Lawton estamos disgustados e indignados por el cierre del MAI de Concepción entre 10 y Acosta, El Turquino, pues esto limita aún más los espacios de venta, ya deficitarios. Por ejemplo, Sarita, una octogenaria que camina con bastón, afirma que ella compraba en esta ferretería no solo porque le quedaba más cerca, sino porque recibía mejor trato que en Dolores y 16. Tras el cierre del local, no sabe qué se va a hacer, pues ahora tendrá que recorrer 12 cuadras.

A algunos de los afectados que indagaron en el MINCIN, un funcionario les dijo que lo cerraban porque “no era rentable”. Pero ellos razonan que, si bien últimamente estaba desabastecido, meses atrás este comercio estaba siempre surtido y con bastante afluencia de público, ya que muchos lo preferían pues la empleada era amable y la atención era algo más personalizada. Según dos clientas, María y Tamara, ya desde hacía un tiempo la dependienta se había quejado de que a pesar de su reclamo, apenas abastecían la tienda. Hay quienes opinan que es muy posible que pronto veamos reparar y acondicionar el local por un cuentapropista, como hicieron con la carnicería y la bodega de la esquina de Concepción y Acosta, que hace poco cerraron para ser arrendadas a particulares.

“Ese argumento utilizado por el funcionario del MINCIN, de que la ferretería no es rentable, no es creíble, porque aquí los precios son elevados, y los artículos, de baja calidad”, calcula Jorge Blanco, otro vecino afectado, “por no mencionar que el sueldo mensual de la dependienta no superaba los 10 dólares”.

Un empleado, que no quiso dar su nombre, piensa que todo esto obedece a lo anunciado en la televisión: que cada municipio recibe el 1 % de la recaudación de sus impuestos, así que al cerrar estos comercios – algunos al borde del derrumbe – y rentarlos a particulares, el Estado se evita los cuantiosos gastos por concepto de reparación (que como requisito debe correr por el cuentapropista) a la vez que recauda dinero. Y concluye: “Según se dijo, estas recaudaciones se utilizarán en beneficio de la comunidad: para reparar escuelas, parques, calles, etc. ¡Qué extraña solución para nuestros problemas!”




Rezando por que haya baterías para motos

Mujeres caminan en La Habana frente a una motorina estacionada en una calle habanera (14ymedio)

LA HABANA, Cuba.- En el año 2013, Rigoberto estaba pensando qué hacer con su vida. Le habían diagnosticado una osteocondritis que en lo adelante le impediría seguir con su duro trabajo de albañil. En ese momento se enteró de que en La Habana estaban vendiendo motos eléctricas por piezas. Con sus ahorros y un dinerito prestado se compró una.

No sabía nada de esos equipos, pero inteligencia y destreza manual no le faltaban. Estuvo dos días armando la moto como si fuera un rompecabezas. Al final funcionó, y como había muchas piezas en las tiendas, decidió venderla en el doble de lo que le había costado. Con el dinero recibido fue corriendo a buscar lo necesario para armar dos más.

Esta vez sólo tuvo que dedicar un día a cada una de ambas. Cuando por fin pudo encontrar compradores, en las tiendas ya las piezas escaseaban, pues personas hábiles y con dinero se habían dado cuenta de que tarde o temprano podrían comenzar a revender esas partes, y las estaban acaparando. Llegó el momento en que uno de los comercios, en El Cotorro, se quedó sin piezas. Sin embargo, los vecinos del lugar las vendían de todos los tipos. A sobreprecio, claro.

Entre motos y fragmentos, Rigoberto se hizo mecánico a la fuerza. Se puso a estudiar todo lo relacionado con las motos eléctricas y llegó a tener un gran dominio de su trabajo. En un par de ocasiones se sorprendió a sí mismo, pues fue capaz de determinar lo que le pasaba a uno de esos vehículos con sólo oírlo y mirarlo. De ese modo fue ganándose una buena clientela para su tallercito de reparaciones.

Se puso más que feliz cuando supo por el periódico que en Las Villas iban a empezar a fabricar baterías para este tipo de transporte; también lo alegró que la empresa Minerva, según se anunció, se dispusiera a construir vehículos eléctricos de todo tipo, con lo que ya no sería necesario importar equipos chinos. A final de cuentas, mientras más motos se vendieran, más clientes llegaría a tener.

Tanto estudió, que navegando en internet logró incluso contactar con una fábrica china. Le informaron que ellos podían ponerle en la puerta de su casa cualquier cantidad de motos con piezas de repuesto, todo garantizado, al precio de 850 dólares cada una. El único impedimento es que el gobierno cubano no permite la importación a personas nacionales, de modo que no pudo empezar ese negocio.

Pasaron dos años y no se vio en las tiendas ni una sola de las baterías para motos que se iban a producir en Las Villas. De paso desaparecieron también las que venían de China. La demanda crecía, pues uno de los negocios más rentables para los cubanos emprendedores era ir a Panamá, cargar en un contenedor varias motos eléctricas a razón de entre 900 y 960 dólares, según el modelo, y enviarlas a Cuba pagando cerca de 200 por el transporte. Ya aquí, cada equipo se revendía en casi dos mil dólares.

Para desgracia de los improvisados negociantes, los panameños se enteraron de los pormenores de esas transacciones y casi duplicaron los fletes. Por su parte, en Cuba se establecieron nuevas regulaciones. El envío por barco tarda tres meses; por Aerovaradero o Palco, en ambos casos por avión, demora menos de 30 días, pero la ganancia es menor. Se siguen importando motos de varios modelos y marcas asiáticas por esa vía.

Recientemente el periódico Granma dio a conocer que en Cuba están ensamblando motos de mil watts, mucho menores que las Unico y Ava que se compran en Panamá. Esos nuevos equipos se venderán a razón de 1269 pesos cubanos convertibles (unos 1300 dólares). También anunciaron que se activaría en el Mariel una fábrica de motos y baterías.

Gracias a los buenos contactos que ha establecido en las tiendas estatales, Rigoberto sabe que, en lo que va de este año, el Estado sólo ha vendido 3 motos en Las Villas y 4 o 5 en La Habana. En lo que respecta a triciclos, únicamente se comercializó 1 en la capital. Las baterías siguen ausentes, ahora con un gran demanda por los años que hace que no se venden en la tiendas.

Todos los que tienen sus motos paradas por falta de esos acumuladores, esperan que en algún momento se cumpla lo que anunció el periódico; que, gracias a la fábrica de Las Villas o a la del Mariel, las imprescindibles baterías abundarán a un precio más asequible.

Mientras tanto, Rigoberto reza por que se salga de este impasse y él no se vea obligado a abandonar, por falta de clientes, su negocito de reparación de motos. Si esto llegara a suceder, tendría que inventar otro nuevo para subsistir.




De alimento tradicional a manjar de lujo

Un criador privado, aunque consiga el pienso y el sancocho, es difícil que pueda tener una cochiquera con más de veinte animales (foto del autor)
Un criador privado, aunque consiga el pienso y el sancocho, es difícil que pueda tener una cochiquera con más de veinte animales (foto del autor)

LA HABANA, Cuba.- El viejo Laureano no pudo celebrar año nuevo. Aunque su mujer hizo una pequeña cena familiar donde sirvió pollo, arroz moro, más algo de viandas hervidas, en la mesa faltó lo que, para casi todos los cubanos, resulta el elemento indispensable para un banquete de Noche Vieja: la carne de cerdo asada.

Aunque la había en los agromercados y en ventas callejeras, los precios excesivos le impidieron a Laureano festejar “como dios manda”. Él y su esposa trabajan desde muy jóvenes pero, como a la mayoría de los cubanos, el salario que reciben no les alcanza para adquirir otros alimentos que no sean “los de la libreta”.

¿Cuánto cuesta una libra de carne de puerco en La Habana? ¿Por qué se ha transformado de alimento tradicional en casi un manjar de lujo? ¿Tienen que ver los productores de carne, privados o estatales, con los precios abusivos del mercado?

Según se refleja en las tablillas de las carnicerías, el valor de una libra de carne de cerdo puede oscilar entre los 15 y los 45 pesos (entre los 60 centavos de dólar y casi los 2 dólares). Más del diez por ciento de un salario promedio. El costo más bajo debiera corresponderse con las tarifas estatales, reguladas por el gobierno; mientras que los más elevados se le atribuyen a los negocios que se abastecen de la producción privada.

Eladio, administrador de un agromercado estatal de La Habana, habla de esta diferencia:

“(La carne que llega a los mercados estatales) viene de cooperativas y de granjas, no de los productores independientes. No es mucha y no llega siempre, una o dos veces por semana es que entra. La gente la espera, hace cola (filas) desde temprano, antes que abra el mercado, para poder comprar esa (carne) que es más barata (…) entre los 20 y los 30 pesos (un dólar o poco más de un dólar), en fin de año puede bajar hasta los 10 pesos (50 centavos de dólar) pero solo en fechas especiales. (…) El resto del año se mantiene en el mismo precio (20-30 pesos). (…) La carne de los productores independientes es la que cuesta hasta 50 pesos la libra de bistec y casi siempre hay pero no todo el mundo puede comprarla debido a los precios”.

Esteban vive de criar cerdos en el patio de su casa. Él también se encarga de la matanza y de la venta de la carne en un puesto que ha improvisado cercano a donde vive. Por los precios elevadísimos de su mercancía, el suyo pareciera un negocio próspero, sin embargo, nos explica las razones por la que debe vender la carne sobre los 35 pesos la libra:

Ya levantar y mantener un corral es un problema, opina Ovidio. Corral de un productor privado (foto del autor)
Ya levantar y mantener un corral es un problema, opina Ovidio. Corral de un productor privado (foto del autor)

“No te niego que (la carne) está muy cara pero hay que pensar en cuánto nos cuesta a los criadores. Quien no conoce este negocio, no piensa en todo lo que se necesita para criar un puerco. (…) Uno solo se echa (consume) un saco de pienso en menos de una semana, el saco te cuesta 100 pesos (4 dólares), así que calcula cuánto hay que comprar en una semana para unos 10 animales. Aun así tienes que ligarlo (mezclarlo) con sancocho (en Cuba se le dice a los desperdicios de comida) y también la lata (el quintal) de sancocho cuesta (…) yo la consigo a 10 pesos y todos los días son hasta 10 latas, más los sacos de pienso que se van como agua. Al final le vienes sacando a la carne no más de 5 pesos por libra. Saca la cuenta para que tú veas, y todavía me falta hablar de los corrales, pagarle al veterinario para que te vacune a los animales, (comprar) el cloro para los pisos, es una jodienda, no es tan fácil como la gente piensa”, señala Esteban.

Ovidio, otro criador de cerdos, ofrece sus argumentos sobre las causas de los altos precios, también vinculadas a las condiciones de cría:

“En las granjas controladas por Estado son otras condiciones. El sancocho va gratis de los comedores (comedores obreros, pertenecientes a las empresas estatales) a los corrales, los sacos de pienso no cuestan lo mismo. Por eso pueden vender la carne a menos precio. El gobierno no explica en la televisión estas cosas y todo queda como que los productores privados somos unos abusadores, que elevamos los precios porque nos da la gana (injustificadamente) y eso crea un estado de opinión que nos deja como a los malos de la película y no es así. (…) Para los criadores (privados) la cosa se complica con todo. (…) Ya levantar y mantener un corral es un problema, mantener a los inspectores contentos, porque la mayoría de los corrales vierten los desperdicios en el drenaje normal (doméstico), cuando no se tiene la posibilidad de hacer una buena instalación, que es carísima. Como casi siempre una parte del negocio es ilegal, si te roban animales no puedes denunciarlo en la policía, ten en cuenta que el pienso y el sancocho hay que conseguirlos por la izquierda (en el mercado negro). (…) Está prohibido a los comedores (estatales) regalar o vender el sancocho a los particulares (privados), todo son obstáculos. No hay modo de criar haciéndolo todo de manera legal, tienes que violar la ley y todo eso es dinero y más dinero. (…) Cuando al final cobras la carne a 40 pesos, prácticamente la estás regalando. (…) Hay ganancias, es verdad, pero no es lo que la gente piensa”, opina Ovidio.

Ángel, vendedor de carne en un agromercado, nos ofrece su visión del asunto:

“Yo criaba puercos y tuve que dejarlo porque no es negocio (rentable), no solo que es una esclavitud, porque tienes que estar arriba de eso todo el día, que si dale comida, que si parió una puerca, que si se tupió la fosa, que si viene salud pública, es una pesadilla, sino porque al final no le sacas casi nada. (…) hay veces que gastaba más en un puerco que lo que recuperaba. Creo que la libra de carne me salía en 100 y yo la vendía en 40. (…) Eso es negocio para el que tiene alguna componenda, para el tipo que sabe dónde se consigue o se roba el pienso. (…) Casi siempre son tipos que trabajan en granjas del Estado y crían allí por la izquierda, o sacan de allí para su negocio particular, pero criar al pecho (de manera autónoma y sin acudir al mercado negro) es una locura. Nunca lo hagas”, aconseja Ángel.

Obtener el alimento diario implica grandes sacrificios. Frente a un agromercado (foto de archivo)
Obtener el alimento diario implica grandes sacrificios. Frente a un agromercado (foto de archivo)

La mayoría de los productores privados, sin ningún tipo de vínculo ya sea clandestino o legal con entidades estatales, dicen criar con la finalidad de vender hacia las fechas finales del año. Este es el momento en que tienen mayor probabilidad de no haber invertido en vano el dinero que les cuesta sostener la empresa.

“Un criador (privado), aunque consiga el pienso y el sancocho, es difícil que pueda tener una cochiquera con más de veinte animales”, explica Alejandro, criador de una granja estatal: “de esos tendrá menos de la mitad para sacrificar, así que no puede abastecer constantemente el mercado, ni siquiera su propio punto de venta. (…) la mayoría cría para vender en fin de año, ese es todo el dinero que ve en el año, y no es mucho. (…) La carne que ves en los mercados sale de las granjas estatales o de cooperativas con vínculos con el Estado y es la misma que vale 40 pesos y que algunas veces te rebajan a 15 o a 10, es la mismitica. Viene del mismo lugar. (…) Tienes que preguntar por qué a veces a un precio y después a otro. (…) No tiene que ver con la producción ni porque exista un excedente ni porque sean bondadosos, estás equivocado, es porque ya te sacaron el dinero todo el año. Es porque les da la gana, así es, porque les da la gana”.




¿Cómo llega el alimento a la mesa del cubano?

Las bodegas vacías obligan a participar del contrabando (foto del autor)
Las bodegas vacías obligan a participar del contrabando (foto del autor)

LA HABANA, Cuba.- Son apenas las 7 de la mañana y un viejo camión Ford de los años 50 es detenido por la policía a pocos kilómetros de la entrada a San Juan y Martínez. Al chofer no le parece raro. Lleva años transportando personas desde los municipios de la costa sur de Pinar del Río a la cabecera provincial, incluso hasta La Habana, y sabe que esa carretera, en ciertos períodos del año, es minuciosamente requisada.

Los pasajeros tampoco se preguntan las razones de la detención. Conocen la rutina y ya están acostumbrados a tales situaciones.

Solo algún extranjero, de esos que vienen a Cuba y se salen de la ruta turística para aventurarse en el día a día de los “nativos”, pudiera mostrar asombro e imaginará, por el modo intimidante en que los policías han subido al vehículo, los registros de las pertenencias de los viajantes, el menosprecio que exhiben al cachear y al hacer preguntas acusatorias tanto a hombres como a mujeres, que se trata de un operativo antidroga.

Sin embargo, después la escena comenzará a revelársele absurda, surrealista, cuando de los maletines o debajo de las ropas que visten los cubanos e incluso en los lugares menos imaginados como la barriga de una falsa embarazada comiencen a brotar langostas, camarones, pescados, bolas de carne, quesos, tabaco torcido o en hojas, como si fuese una extravagancia de Salvador Dalí.

La carretera por la que viajan, en dirección a La Habana, es una ruta importante de contrabando pero no solo de cocaína, marihuana o personas sino, fundamentalmente, de especies marinas y terrestres vedadas al consumo de la población, aunque no siempre por un afán conservacionista sino porque, en algunos casos, son “de interés económico” (como los mariscos, la carne de res y los lácteos, también el tabaco) y solo el gobierno tiene el derecho a comercializarlos y a consumirlos, dos operaciones que al instante se convierten en delitos muy graves cuando una persona  las realiza por su propia voluntad.

No obstante, los contrabandistas cada vez son más creativos y se las ingenian de diversas maneras para continuar tributando a un mercado negro sobre el cual se alza la verdadera economía cubana y que es la fuente de ingresos fundamental para casi todos los cubanos, residan dentro o fuera de Cuba, sean gente de a pie o dirigentes del partido comunista.

Nela, por ejemplo, es una mujer que ya sobrepasa los 60 años, pero, además, es una de las tantas “contrabandistas” que usan su fachada de “abuelita” para trabajar como mula. Por cada viaje que realiza a Pinar del Río recibe un buen dinero y, según nos cuenta, ha modificado sus ropas para convertirlas en “escondites secretos”:

“Es muy incómodo sobre todo por el calor pero es mejor que esconder las cosas en tanquetas o en el fondo de los maletines. Eso es lo primero que registran los policías. (…) Me hice una faja para (debajo de) la blusa y encima siempre me pongo un abrigo. (…) Dentro de la faja acomodo la carne de caguama y los paquetes de masa de pescado, los acomodo bien y la gente lo que piensa es que soy una vieja barrigona. (…) También guardo cosas en los ajustadores (sostenes) y hasta en el blúmer”, dice Nela mientras ríe, como si no se enfrentara a una situación de riesgo.

Yanai, una joven que trabaja como mula para el mismo comprador de Nela, también narra sus peripecias: “Te lo digo como una gracia pero uno pasa tremendos sofocones. (…) Hay policías a los que uno les da algo y te dejan pasar pero hay otros que se ponen terribles. (…) Yo me hago pasar por embarazada y en la barriga guardo las cosas. Lo más difícil son las langostas porque esos bichos tienen una peste (mal olor) que cualquiera te descubre a mil kilómetros pero uno a veces cuadra con el chofer y él las esconde (…) a veces en las gomas de repuesto, o debajo del asiento, en la caja de herramientas. (…) También los choferes se conocen a casi todos los policías y se entienden”, afirma Yanai.

Eduardo es un exoficial de la policía que dice haber realizado varias operaciones de decomiso en las carreteras. Hoy, ya fuera de servicio, debido a la experiencia adquirida y lo lucrativo del negocio, se ha convertido en contrabandista y describe algunas de las maneras en que ocultan las mercancías:

“Donde menos te lo imaginas encuentras, pero aunque parezca de bobos, aún hay quienes siguen guardando las cosas en el fondo de las latas de sancocho (desperdicios que sirven de alimento a los animales de cría), en los bolsos, mochilas, pero los más vivos se las inventan. (…) Dentro de sacos de carbón, en ajustadores, dentro de un televisor, termos de café, llantas, donde sea. Una vez encontramos más de cien langostas debajo de una carreta de arena y eso porque ya teníamos marcado al tipo. (…) Algo que nosotros revisábamos mucho eran los carros de muerto (fúnebres) y las ambulancias (…) tú no sabes lo que la gente esconde en los carros de muerto, incluso con el muerto arriba”, comenta Eduardo.

contrabando
Algunos vehículos para el transporte de pasajeros han sido adaptados para el contrabando y que esto forma parte esencial del negocio (foto del autor)

Daniel, un camionero que en ocasiones cubre la ruta Pinar-Habana, admite que algunos vehículos para el transporte de pasajeros han sido adaptados para el contrabando y que esto forma parte esencial del negocio, más que el acarreo de personas:

“Soy consciente de eso, aunque no es mi caso”, aclara Daniel. “Lo he visto y tengo amigos que lo hacen pero es peligroso (…). Hay quienes instalan tanques de combustible falsos o les ponen compartimentos ocultos. Usan también los forros de los techos o dentro de las lonas, hasta detrás de las defensas, o en tubos que sueldan debajo de los camiones, en doble fondos. (…) Eso da dinero, hace más rentables los viajes. (…) No es que los viajes (de pasajeros) no den dinero pero si le agregas lo otro, haces el triple en cada viaje”.

Estas no son todas las vías por las que llegan los alimentos a la mesa de los cubanos que viven en la isla. Incluso pudieran existir otras maniobras de ocultamiento que demasiados años de prohibiciones han ido afinando al punto que se han vuelto indetectables, tal vez debido a que se insertan en los mismos mecanismos de híper control diseñados desde las instituciones gubernamentales para enfrentar el contrabando.

Llevar a nuestras mesas otras comidas que no sean sólo ese puñado de alimento insuficiente, magro, que se vende normado en las bodegas un único día del mes, implica insertarse en una verdadera historia de horror y misterio de la cual poco se sospecha cuando quien toca a la puerta, agazapado en la oscuridad de la noche, propone un paquetico de camarones o una librita de carne de res, manjares que aquí, en la isla, por clandestinos, ya casi nadie llama ni en voz alta ni por sus verdaderos nombres.




Nueva rebaja de precios en Cuba, esta vez a la ropa infantil

Rebajan precios a ropa infantil en Cuba (foto de archivo)
Rebajan precios a ropa infantil en Cuba (foto de archivo)

LA HABANA, Cuba. – Una nueva disposición que disminuye el costo en CUC de las confecciones textiles para niños de entre 1 y 12 años de edad ha entrado en vigor hoy 24 de mayo, según la nota oficial del Ministerio de Finanzas y Precios que publican los principales medios de la isla.

El objetivo de estas medidas que se han estado anunciando en las últimas semanas y que reducen los precios de algunos productos “consiste en aumentar la capacidad de compra del peso cubano”, reza el comunicado.

La nueva rebaja, que disminuye “en el entorno de un 6 %” los precios de textiles para niños, no cuenta con listado de precios ya que, según el Ministerio de Finanzas y Precios, es mucha la variedad en este sentido.

El salario medio mensual en Cuba, según el informe de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONEI) correspondiente a 2015, aumentó a 687.00 pesos, lo que equivale a 27.48 CUC. Tal cifra es considerada por muchos cubanos como insuficiente a la hora de afrontar los gastos domésticos, aun con las actuales rebajas de precios.

Este anuncio es la continuidad de una serie de medidas que están teniendo lugar en el país. Productos como el pollo, el aceite de cocina, el papel sanitario y la leche, disminuyeron sus costos en los últimos días.

A continuación reproducimos la nota del Ministerio de Finanzas y Precios:

Nuevas medidas encaminadas a aumentar de manera gradual la capacidad de compra del peso cubano

Dando continuidad a las medidas encaminadas a aumentar de manera gradual la capacidad de compra del peso cubano, se implementa a partir de hoy 24 de mayo de 2016, la disminución de los precios de venta a la población en pesos cubanos convertibles (CUC) de las confecciones textiles para niñas y niños de uno a 12 años, en el entorno de un 6 por ciento.

Tal y como se procedió con el calzado infantil, anunciado el pasado día 17, no se publican los listados de precios, dada la amplia diversidad de surtidos.

A tales efectos, el Ministerio de Finanzas y Precios ha emitido las indicaciones pertinentes.

Ministerio de Finanzas y Precios




Economía de sastre

tienda de ropaLA HABANA, Cuba. – Los nuevos tiempos que se viven en Cuba, donde la ortopédica economía socialista parece poco a poco suplantada por un tipo de capitalismo propio de los inventos del cubano, han comenzado a aparecer en las calles nuevas formas de relaciones contractuales con los empleados del estado.

Ejemplos son el pago del consumo eléctrico, el agua y otros servicios sociales, donde se abona un poco más de lo estipulado, pero más tarde, ¨así no te multan, ni te cortan el servicio¨, asegura Jacinto Frías, de 80 años vecino de el palo, municipio Playa, ¨cuando fueron a cobrarme la electricidad de mayo, convine con el cobrador pagarle en junio los dos meses, con un dinerito extra por la cortesía¨.

De igual forma coordinaron el pago del agua ¨un poco más, pero más tarde¨, varios vecinos del reparto Flores, que al momento de pasar el empleado de Aguas de La Habana cobrando el servicio, no contaban con el dinero suficiente.

Más ejemplos recogidos en diferentes sitios de la capital se extienden también al área de los cuentapropistas, como carretilleros y vendedores de carne de puerco, que anotan en una libreta las deudas de los necesitados para cobrar a fin de mes, con una punición adicional.

“Economía de sastre”, dice Ángel, de 79 años y jubilado del sector de comercio, residente en el barrio La aldea de Romerillo. “Antes de 1959 uno podía concertar con el sastre la confección de un traje, y pagarlo algo más caro días después, cuando se tuviera el dinero, así se resolvía la situación, se estrenaba el traje el día del evento, o la celebración, y tanto el modista como el cliente quedaban satisfechos.”

Pero Monono, impedido físico de 72 años, vecino de 226 entre Tercera B y Tercera C, en Jaimanitas, a quien le amputaron la mitad del pie derecho producto de su diabetes, recuerda que ¨en aquel tiempo el sastre te confeccionaba el traje a la medida en cuestión de horas, y si no tenías el dinero ajustabas pagarlo después, un poco más caro, en cambio llevo un mes esperando mi sandalia del pie derecho, que pagué por anticipado en la zapatería Cuba-RDA, de Marianao, y aún nadie de ese establecimiento puede decirme cuándo estará¨.

“Fui al taller en el mes de abril, con la receta de sandalia para mi pedazo de pie, solicité que me hicieran dos, porque como sobrevivo de la reventa de objetos en la calle gasto mucha sandalia. Me dijeron que solo podía acceder a una por receta. Tal vez para ahorrar material la hicieron con una suela muy fina, que se gastó en menos de lo que canta un gallo y se le abrieron huecos. Regresé al taller en mayo, con otra receta y el zapatero se molestó mucho al verme. Pagué nuevamente los veinte pesos que solicitan por anticipado, y ya he ido tres veces a buscarla, pero no me dan respuestas. Con el trabajo que me cuesta el viaje hasta allá.”

Cuenta Monono que nadie, ni el zapatero, ni la recepcionista, ni el administrador del taller Cuba-RDA le dan razón de la sandalia. Todos dice lo mismo: No se sabe. ¨Tal vez sea una represalia por mis quejas, o un mal trabajo del taller, pero creo que lo que buscan es sacarme más dinero. La última vez me dieron un número de teléfono, pero cada vez que llamo me dicen lo mismo: No se sabe¨.

¨La sandalia es de muy mala calidad, con la suela muy fina, y veinte pesos es lo que me gano en el día con mi negocito de reventa de cigarros, apenas me alcanza para la comida del día. Aquí ya nadie se conduele con los necesitados, para el que cobra todos somos iguales: lo mismo si es un anciano, un impedido físico, o un gerente de una firma. Si pagas más te satisfacen al momento, si pagas más pero más tarde igual te atienden con esmero, si eres insolvente te dan el número de teléfono y te dicen que llame, para ver si muerdes el anzuelo. Yo voy a esperar hasta cansarlos, total, si al mes siguiente tendré que ir a solicitar otra, porque la suela no sirve, es muy fina, yo camino arrastrando el pie por la calle, y se gasta muy rápido¨.