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Chivatos y topos: el régimen los glorifica pero el pueblo los desprecia

chivatos, agentes de la Seguridad del Estado

LA HABANA, Cuba. – Igual que ocurrió en todos los Estados policiales del mundo comunista, el régimen castrista, desde sus primeros años, se encargó de que agentes encubiertos de su policía política, la Seguridad del Estado, se infiltraran en todos y cada uno de los sectores de la sociedad cubana. 

Así, en estos 62 años de dictadura, donde los mandamases han dado más prioridad a la producción de chivatos y espías que a la de alimentos, han sido penetradas por los topos castristas no solo las organizaciones opuestas  al régimen (en Cuba y en el exterior), sino también las iglesias, las organizaciones fraternales, la cultura, el deporte.

Ya no asombra que cuando periódicamente, para intimidar y aparentar que lo tiene todo bajo control y se las sabe todas, el régimen destapa la identidad de algunos de estos topos, haya entre ellos personas de toda laya. Hasta a técnicos en antenas y masones con altos grados han sacado a relucir. Y totomoyos que hacen que uno se pregunte, siendo tan brutos, cómo alguna vez pudieron engañar a alguien.     

El más reciente de estos topos destapados es el médico Carlos Leonardo Vázquez, el agente Fernando de la Seguridad del Estado. Un ser de aspecto repulsivo y pobre expresión oral, lo que demostró en el programa televisivo “Palabra precisa”, en el cual el entrevistador, el periodista Lázaro Manuel Alonso, tuvo que enhebrarle las frases que a duras penas lograba sacarle de su deteriorada y balbuciente boca. 

Con este patético personaje hablando de “un taller paramilitar” en el que aseguró participaron dos generales, el régimen trató de demostrar que el teatrista Yunior García Aguilera, por el hecho de haber asistido en España a un seminario sobre el papel de las fuerzas armadas en las transiciones, se proponía, con la marcha cívica convocada para el 15 de noviembre, “buscar un enfrentamiento de las FAR con el pueblo” y provocar una intervención militar estadounidense.

No hizo falta esperar a que García Aguilera se defendiera. Por descabelladas, poquísimos creyeron en las aseveraciones del agente Fernando. Y lo que es peor: de tan poco convincente, se convirtió en el centro de chistes y memes en las redes sociales.

En los últimos años, con estos destapes de topos ―también en eso― el régimen da muestras de su irreversible decadencia. Cada vez son más ridículos y menos creíbles los destapados. Recordemos los casos de Carlos Serpa Maseira, un tipo que casi no sabía hablar y menos escribir y al que disfrazaron de periodista independiente para que vigilara a las Damas de Blanco; y de Raúl Capote, un escritor de tercera categoría al que pocos conocían y a quien, de creer en sus palabras, la CIA quería convertirlo en el Solschenitzin cubano para lograr un cambio de régimen. 

Es evidente el deterioro en la calidad de los infiltrados si comparamos al agente Fernando con Odilia Collazo, que durante años logró engañar a opositores y diplomáticos extranjeros, o a Serpa con Manuel David Orrio o Néstor Baguer, dos infiltrados en la prensa independiente que fueron destapados y utilizados como testigos acusatorios en los juicios contra los escritores Raúl Rivero, Ricardo González Alfonso y Jorge Olivera, encarcelados durante la ola represiva de marzo de 2003.

Y no es que fueran gran cosa aquellos topos, pero Orrio y Baguer, de los que muchos sospechaban, aunque desagradables por lo insidioso, al menos eran cultos, escribían bien y tenían labia para argumentar su chivatería. Los destapados más recientes lo que dan, además de asco, es risa.

De las burlas no se libran ni los cinco espías de la Red Avispa, que se mantuvieron fieles al castrismo, pasaron años en cárceles estadounidenses y fueron recibidos como héroes a su regreso a Cuba.  

¡Qué lejos queda Alberto Delgado, el infiltrado muerto por los alzados del Escambray en que se basó la película “El hombre de Maisinicú”! Qué poco creíbles, qué ridículos se ven hoy, los idealizados agentes del G-2 de las series televisivas “Sector 40”, “En silencio ha tenido que ser” y “Julito el Pescador”!

Hoy, a sus espías, topos y chivatos, el régimen trata de ensalzarlos y glorificarlos, pero la mayoría de los cubanos, en vez de admirarlos, los detesta y desprecia. 

Lo que sí ha conseguido el régimen con estos topos y chivatos es crear desconfianza entre la población, que la gente viva temerosa de ser delatada y convencida de que “las paredes tienen oídos” y “aquí no se sabe quién es quién”. 

Y también ha tenido éxito la Seguridad del Estado con muchos grupos opositores, a los que los infiltrados, sembrando cizaña y fomentando rencillas, han logrado dividir y enfermar de paranoia.  

Casi todos los destapados en los últimos años no son castristas convencidos de su causa, como pretende mostrarlos el régimen, sino personas de carácter débil o de baja catadura moral, a quienes la Seguridad del Estado  ha logrado quebrar y chantajear para ponerlos a su servicio.

Cada vez es más difícil para la Seguridad del Estado reclutar a agentes de penetración que valgan la pena. Pero parece que ya no es mucha la exigencia. Es tan grande el descontento contra el régimen y su temor paranoico de que se puedan convertir en opositores los escritores y artistas, las personas negras, los campesinos, los abogados, los masones, los abakuás, los gais y lesbianas, los raperos y reguetoneros o los cuentapropistas, que le echan mano a cualquier sulacrán que consigan.   

Al paso que va el reclutamiento de informantes, los nombres bíblicos, rusos o de emperadores romanos, no alcanzarán a la Seguridad del Estado para bautizar a sus agentes infiltrados hasta en la sopa, aunque terminen despreciados y sirviendo de blanco a las burlas de la población.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Se solicitan más chivatos

Cuba, Chivatos,

 

Cuba-CDR
(Foto: La Demajagua)

LA HABANA, Cuba. – En 1932, durante las tres semanas que pasó en Cuba, el norteamericano Walker Evans logró una impresionante colección de fotos de La Habana. En varias de ellas hay una presencia constante, fantasmagórica e inquietante: un negro de mediana edad, vestido de traje blanco, corbata negra y blanca y sombrero de pajilla. Parado en una céntrica esquina de la ciudad, viendo pasar a la gente, sus ojos parecen seguirnos desde la fotografía.

Guillermo Cabrera Infante decía que el tipo de las fotos, al que Evans bautizó como “el ciudadano de La Habana”, se veía peligroso. Siempre mal pensado y sagaz, el escritor opinaba (y probablemente tenía razón) que aquel hombre vestido de blanco, que indudablemente no era un iyawó -la corbata desentonaba-, pudo ser un porrista de Machado. Quizá el 12 de agosto de 1933, cuando cayó la dictadura de Machado, aquel hombre pudo ser uno de los despedazados o ahorcados por las turbas que se vengaron de los esbirros. Pero tal vez sobrevivió y sirvió luego de apapipio al régimen de Batista. Si es cierto eso de que hay tradiciones familiares que perduran, puede que alguno de sus hijos o nietos sea hoy chivato del régimen castrista.

En Cuba no habrá alimañas venenosas, pero abundan los chivatos, apapipios y porristas. Los hay a tutiplén. Peones del odio, prestos a ser azuzados por sus amos, son nuestra maldición nacional.

Siempre hubo esa gentuza en Cuba. Desde los tiempos de los rancheadores que perseguían a los esclavos fugitivos y de los guerrilleros que combatían a los mambises con más saña que los españoles (se dice que fue uno de estos guerrilleros quien mató a José Martí en Dos Ríos) hasta los matones de la Liga Patriótica de Machado. Pero el castrismo, quién lo duda, ha sido la apoteosis de la chivatería.

Ya vamos por la tercera generación de cubanos a los que les inculcaron que era su deber vigilar, en los barrios, las escuelas y los centros de trabajo, y delatar a todo aquel que pudiera estorbar de cualquier manera los propósitos del régimen. Les dijeron que eran contrarrevolucionarios, antisociales, mercenarios, gusanos. Enemigos a los que hay que odiar y aplastar sin contemplaciones.

Hay gradaciones entre los que, de un modo u otro, se prestan para la chivatería. Están los convencidos, que cada vez son menos; los que no pueden decir que no, porque tienen mucho que perder; los que precisan demostrar la más sumisa fidelidad para que los dejen hacer y deshacer, o sencillamente, los que no pueden vencer el miedo y se dejan utilizar.

Pero también están los que si los convocan, sirven de fuerza de choque para hostigar y reprimir. Los vimos, en los años 60, apedrear a los que iban a las iglesias; en 1980 vejar a los que se iban del país por Mariel; los vemos, gritando consignas que ofenden la dignidad y la decencia, con los rostros desfigurados por el odio, en los actos de repudio contra los opositores y las Damas de Blanco.

Resulta patológico que mientras más los maltratan, peor viven y más hambre pasan, más chivatos hay y más incondicionales son, acechando y haciéndole un infierno la vida al prójimo.

Últimamente, con tanto descontento como hay entre la población, el régimen trata de incentivar la chivatería. Ha llegado a ofrecer recargas telefónicas a los que hagan delaciones a la policía.

Quieren, atizando la envidia contra el que tiene un poco más de dinero y vive mejor (siempre que no sea de la clase dirigente), que la gente culpe de sus vicisitudes a los transportistas privados, los vendedores de los agromercados, los campesinos, los intermediarios, y que los denuncien.

Y no faltan los denunciantes. Luego de aplaudir esa cruzada contra las ilegalidades y la corrupción que nunca llega a las alturas, seguirán en las colas, a merced de la misericordia del estado para no morirse de hambre.

Un día estos chivatos quedarán solo en fotos detenidas en el tiempo, como las del fantasmal negro vestido de blanco que retrató Walker Evans en una céntrica esquina habanera en 1932.

Estos chivatos, pese a todo el daño que hicieron, darán lástima. Porque eso, más que asco, es lo que inspiran estos pobres diablos que perdieron su dignidad sirviendo a una tiranía despreciable.

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Cuba: a legalizar lo que se hace ilegal

Cuba chivatos
Foto archivo

LA HABANA, Cuba.- El pasado 18 de noviembre la Gaceta Oficial de Cuba Extraordinaria No.27 publicó el Decreto Ley No.389 en el que Miguel Díaz-Canel firma como presidente del Consejo de Estado, pues a pesar de la fecha en que se dio a conocer, había sido redactado el 8 de octubre, o sea más de un mes antes. Así se cumple el dicho: “en Palacio todo va despacio”.

El documento tiene una primera parte dedicada al terrorismo en la que al parecer, en estos momentos, no encajamos los disidentes, pues un artículo publicado en el periódico Granma sobre José Daniel Ferrer –hace apenas unos días– califica al líder opositor de contrarrevolucionario y mercenario, pero no usan la palabra terrorista, como siempre han acostumbrado a decir de los defensores de los derechos humanos dentro de la Isla.

En el Capítulo II, dedicado a las técnicas especiales de investigación, se define a una serie de personajes que conocemos con nombres populares, especialistas en las técnicas que ejecutan –que son tan viejas como la prostitución–, que desde La Biblia fue catalogado como soplón.

Este Decreto Ley explica que los llamados “chivatos” son agentes encubiertos, entrenados por los órganos especializados del Ministerio del Interior para penetrar y mantenerse informados, a fin de ejercer el control de las actividades delictivas de que se trate, con la utilización o no de otros recursos técnicos.

Sin embargo, es de conocimiento general que apartando a unos cuantos “ciudadanos revolucionarios”, la mayoría de los que se dedican a realizar este trabajo son personas a las que se les chantajea, en particular en aquellos casos en los que están encubiertos en organizaciones disidentes.

No obstante, la normativa dice: “Nadie puede ser obligado a actuar como agente encubierto, y su negativa no implica la exigencia de responsabilidad alguna”, algo que si no fuera tan triste llamaría a risas, porque son disímiles los chantajes y las bajezas que utiliza la policía política para obtener información de sus mal llamados “agentes”.

También define –el antes mencionado Decreto Ley– al que “echa paꞌlante” como “colaborador eficaz”. Quizás ese es el título que debe llevarse Sergio García González, que según la Fiscalía es quien está acusando a José Daniel Ferrer y a otros tres activistas de la UNPACU de haberlo secuestrado, amarrado y golpeado, al extremo de tener que ser ingresado.

Pero en la realidad el nombrecito de “colaborador eficaz” no cuadra con el que le diría cualquier ciudadano de a pie a la actitud que ha tenido este hombre, a través del cual se ha llevado a prisión a una persona honesta que lucha por el derecho  de todos los cubanos a ser libres. ¿Cómo le llamaría usted que está leyendo este artículo?

De igual forma, en este documento legal están tratando de justificar algo que han llevado a cabo durante muchos años en Cuba, y que es parte del acoso que tienen contra los disidentes y otros miembros de la sociedad: la vigilancia electrónica y/o tradicional, que incluye, como es natural, las cámaras que tienen puestas frente a sus casas algunos opositores y los micrófonos que han sido instalados en sus viviendas para obtener conversaciones, localización y seguimiento, fijaciones fotográficas y filmación de imágenes, intervención de las comunicaciones de cualquier tipo, acceso a sistemas computarizados y otros recursos técnicos.

Aunque plantean que esto se hace con el fin de permitir, conocer y demostrar hechos delictivos, en realidad es una forma de control de todos aquellos que no comparten las ideas del régimen, e incluso, como bien se conoce, lo hacen hasta con los diplomáticos, empresarios localizados en el país, y por qué no con los mandatarios. Todos recordamos la grabación de la conversación telefónica que tuvo Fidel Castro con el ex presidente de México (2000-2006), Vicente Fox Quesada, del Partido Acción Nacional, y que dio a conocer de forma pública en un programa televisivo.

Algunos abogados me han dicho que el Decreto Ley es inconstitucional, ya que contradice postulados que quedaron aprobados en abril de este año cuando se estableció la nueva Constitución de la República.

Se supone que en el próximo mes de diciembre, cuando se reúna la Asamblea Nacional del Poder Popular, se ratifique este Decreto Ley, según lo establecido en el artículo 108 del texto constitucional. Si hubiera un poco de vergüenza entre los diputados, se obtendría una revocación de este instrumento legal que se pone en vigor con el fin de tapar lo que se ha estado haciendo en Cuba hasta el momento, sin ninguna vergüenza.

Los que seguimos la actuación de la dictadura estamos conscientes de que violan sus propias leyes. Así puede verse cada vez que detienen a alguien –sin causa alguna– y lo mantienen en calabozos por más de 24 horas; o cuando ponen multas excesivas, amparados en artículos que incluso ni existen. La modalidad de este mes que ha sido no dejar salir a los disidentes de las casas.

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Cuba y los “ciberchivatos” de Facebook

Jóvenes cubanos utilizando una red wifi (Lisette Poole/Wired)

LA HABANA.- “Era una tarde como otra cualquiera, yo estaba junto a mis padres en mi casa cuando tocaron a mi puerta dos agentes de la PNR con una orden de registro”, cuenta Ángel, un joven al que damos ese nombre ficticio por motivos de seguridad.

“Me dijeron que yo usaba equipos ilegales para conectarme a internet y que ese era motivo por el cual hacían el operativo en mi vivienda (…) se llevaron mi ordenador personal, una laptop de mi propiedad y varios equipos para conexiones inalámbricas entre los que se encontraban un Nanostation M5, un router pequeño y un switch. Pasé un día entero en la estación, donde me  interrogaron varias veces, me preguntaron para qué usaba el internet, y si compartía la conexión con alguien más”, añade.

Ángel nos comentó que en el momento del registro no entendía qué pasaba. Los equipos inalámbricos que usaba para llevar la conexión desde el parque wifi hasta su casa abundan en su barrio pero solo él fue detenido.

“Incluso de camino a la unidad se podían ver equipos similares a los míos en los techos sin esconderse mucho, en varias viviendas muy cercanas a la misma unidad de policía también se podían ver claramente otros Nanostation, pero curiosamente nadie más fue detenido”, añadió el joven.

“Una multa de 300 pesos y todos mis equipos decomisados fue mi sanción, aunque presenté una factura de compra de mi PC y de mi laptop, me dijeron que lo perdería todo; seguía sin entender nada y nadie me daba una explicación hasta que varios días después se me acercó un conocido personaje de mi pueblo que todos sabemos que es agente del DTI y me dijo: Eso te pasó por estar hablando de más en Facebook. Entonces lo entendí todo, hacía varias semanas que estaba compartiendo y debatiendo con mis amistades de Facebook las directas que hace Eliecer Ávila (joven opositor cubano)”, explicó. “me interesaba mucho por sus debates, siempre le daba mi ‘like’ y los compartía entre más de 800 amigos, esa fue la verdadera razón por la que me decomisaron mis cosas”.

El comportamiento en las redes sociales puede “delatar” opiniones políticas, desacuerdos, avenencias, comentarios y debates. El ciberespacio se ha convertido en un nuevo escenario de combate donde algunos se enfrentan y se expresan libremente sin ningún tipo de censura. Ángel solía navegar por internet y compartir también las noticias de Cuba que los medios oficialistas no publican. Según varios amigos suyos, fue este el verdadero motivo del registro y el decomiso de sus equipos.

“Al parecer un nuevo tipo de ‘cederista’ (miembro del CDR, Comité de Defensa de la Revolución) digital o más bien un ‘ciberchivato’ se encontraba entre los amigos de Ángel de sus redes sociales y lo denunció en la Policía. Cuando vemos alguien de nuestro pueblo que nos envía una solicitud de amistad lo aceptamos, pero realmente no conocemos quién es quién y qué está realmente haciendo en Facebook”, comenta un amigo de Ángel que también pidió el anonimato.

“Ellos a lo largo de la historia han sabido vigilar todo muy bien y ahora es el turno de las nuevas tecnologías y se han modernizado los métodos. Hay personas que piensan que ellos no pueden entrar a Facebook y están más que equivocadas. Mi consejo para todos los cubanos es que no acepten a nadie sin conocerlo bien en sus redes sociales, podría ser un informante”, añade el joven.

Facebook es la red social de preferencia en la Isla. En un análisis de gs.statcounter.com en el mes de abril del 2018 hasta la fecha, la red social cuenta con un 52,42% de preferencia seguido por YouTube con 28,75%.

Aunque la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), con sede en Ginebra clasifica a Cuba en el puesto 125 entre 166 países en desarrollo de las telecomunicaciones, siendo esta la cifra más baja de América, cada día son más los cubanos que usan las nuevas tecnologías.




La Sombra ataca de nuevo

PINAR DEL RÍO, Cuba, noviembre, 173.203.82.38 -En mis tiempos de estudiante tuve un profesor de filosofía que se llamaba Antonio de La U. Un día me dijo: “Los perfiles perfectos para el oficio de delator se escogen entre lo más oscuro y bajo de la condición humana. Ladrones, asesinos, viciosos, frustrados y chivatos van todos en la misma bolsa”.

Una mañana de finales del año 1998, la consternación y el aborrecimiento inundaron mi pueblo, Pinar del Río. Un sujeto había apuñaleado a su esposa en presencia de sus dos pequeñas hijas. Lo sorprendente del hecho es que el asesino era policía. Y no era un policía cualquiera; le decían “La Sombra”, un apodo otorgado por la voz popular debido a su muy oscuro y siniestro desempeño como miembro del cuerpo represivo.

Durante un tiempo, antes de convertirse en “La Sombra, había trabajado como custodio de presos en el reclusorio provincial. Y más tarde, “se ganó” el puesto de agente del orden público. Después del crimen, fue llevado a juicio, juzgado y condenado a prisión, en una cárcel de La Habana.

Hace unos días, el opositor pacífico pinareño Ediesmel Manzano estaba contándonos detalles sobre una detención policial que padeció, junto a un grupo de integrantes de su organización (nuevo Partido Republicano de Cuba), al salir de una reunión.

Conversábamos cerca de la puerta de entrada al supermercado estatal del barrio. Y de pronto, me dijo Ediesmel, señalando hacia una cabina telefónica muy próxima a nosotros: “Ese mulato que está hablando por teléfono participó en el operativo en el que nos detuvieron”.

Cuando el sujeto terminó de hablar y dio la vuelta para retirarse, me quedé perplejo: Era “La Sombra”, el asesino confeso y ex policía de oficio, sancionado por matar a su esposa, devenido ahora delator en el enfrentamiento contra los opositores al régimen.

Me parecía mentira. Pensé que yo debía estar equivocado, pero no, mi suposición fue confirmada unas horas más tarde, cuando hablé con un joven que cumple el servicio militar, como custodio, en la unidad provincial de la Seguridad del Estado.

Tal vez valga la pena recordar que en el código penal cubano, una persona es condenada a largas penas privación de libertad por matar una res. Sin embargo, se da el caso de ciudadanos que por matar a un semejante cumplen menor sanción. Asimismo, entre los reconocidos como delitos mayores va incluido el de ser opositor al régimen, sin hacer nada más, sólo por no pensar del modo en que el régimen ordena y por manifestarlo pública y pacíficamente.

No obstante, hasta para nosotros, acostumbrados a soportar las mayores barbaridades en nombre de la ley, resulta sorpresivo el caso de “La Sombra” ¿Un sujeto que asesinó a su esposa dándole 26 puñaladas delante de sus propios hijos, es nuevamente reclutado por las fuerzas del “orden” para ejercer de chivato y de represor paramilitar? Aunque de este gobierno esperamos cualquier cosa, podría decirse que esta vez se les fue la mano.




¡A chivatear se ha dicho!

LA HABANA, Cuba, enero, 173.203.82.38

– ¡Van a dar teléfonos!

Con este grito ilusionado, ha comenzado en el barrio una vorágine de intranquilidades, historias, cuentos y recuentos, pues la noticia de que a todo el municipio Diez de Octubre, que tiene una población de aproximadamente un millón de habitantes, le tocan 127 líneas telefónicas, revive en los vecinos una inolvidable pesadilla.

Es que hace algunos años – y por primera vez desde 1959 – el Gobierno decidió “magnánimamente”, otorgar el derecho a competir por la instalación de una línea telefónica en casa a quienes tuvieran méritos incuestionables, la debida integración revolucionaria, y pudieran “justificar la necesidad real de este servicio”. Ahí mismo comenzó el maratón de llenar planillas, conseguir cartas testimoniales de buena conducta revolucionaria del Comité de Defensa de la Revolución y del centro laboral, y redactar aquellos “cuéntame-tu-vida” para destacar los méritos propios  primero, y luego -como jugar limpio no siempre da buenos resultados- la carrera fue por tratar de disminuir los méritos ajenos, o, dicho en buen cubano, “sacar los trapos sucios” de los demás competidores por los escasos telefonos.

Fue memorable el caso de Bertico, que trabajaba de noche en la radio, y hasta había combatido en la guerra de Angola. Pero como la presidenta del Comité era nueva y no sabía ni dónde estaba parada, durante la verificación dijo que él no trabajaba – pues lo veía siempre de día en la cuadra – y que no tenía méritos.

¡La que se armó! Bertico hizo una carta de reclamación exponiendo todas sus virtudes laborales y de revolucionario ejemplar, pero por si acaso con eso no bastaba, se le ocurrió además “echar p’alante” a otros que sí habían recibido teléfonos, a pesar de no merecerlos en su opinión: uno que vendía carne, otro que tenía una antena parabólica y le había pasado el cable de TV a unos cuantos vecinos, al del banco de apuntaciones… Finalmente Bertico consiguió que le instalaran el teléfono, pero se buscó el  odio de muchos y el recelo de todos en el barrio.

Supuestamente, las líneas que ahora van a ser asignadas han quedado disponibles a raíz del reordenamiento empresarial consecuencia de la nueva división político-administrativa. Los locales donde antes estaban ubicados distintos organismos han sido convertidos en albergues para personas sin hogar y sus antiguos teléfonos serán distribuidos entre la población.

Pero hay algunos afortunados que no tendrán que fajarse con el populacho para lograr el ansiado teléfono. Se trata de los “cuadros”, un grupo para el cual se ha reservado el veinte porciento de las capacidades de cada localidad.

La palabra “cuadros” en el sui generis argot oficial, sirve para designar informalmente a los dirigentes o a los representantes de las distintas organizaciones progubernamentales; todos ellos, por supuesto, miembros del Partido Comunista.

En esta oportunidad los “cuadros” no tendrán que chivatear a sus vecinos para conseguir el codiciado aparatico. Ya lo han estado haciendo hasta por gusto durante toda su vida, no faltaba más.




Con el agente metido en el cuerpo

LA HABANA, Cuba, noviembre (173.203.82.38) – ¡Esto es decepcionante! –exclamó un vecino del barrio que se sentó a mi lado en un banco del parque de 15 y 16, en el Vedado. Al frente, una escultura de Wifredo Lam, a nuestras espaldas, la iglesia del Carmelo, sobre nuestras cabezas, las ramas de un árbol que nos cubría con su sombra.

-Raúl fracasará con todos sus lineamientos y sus m… -dijo-. El mejor servicio que pueden prestarle a este país, es que él y Fidel se peguen un tiro cada uno.

Tras descargar su rabia; el anciano refunfuñó cuando un pájaro le cagó la camisa, mientras él depositaba sobre el asiento una jaba con boniatos.

El hombre se llama Ángel, tiene 77 años y perteneció a la juventud del Partido Socialista Popular. En el año 59 se enroló en el Ministerio del Interior. (MININT); Celia Sánchez le dio un apartamento; reconoce haber hecho loas a Fidel; fue uno de los que gritó paredón, participó de actos de repudio, fue a combatir a Angola; trabajó hasta su retiro, y en la ancianidad descubrió que el socialismo por el que luchó es una gran estafa. Pero en el barrio nadie confía en él, porque está estigmatizado  como  “come candela”, uno de los tantos a quienes los jóvenes achacan la culpa de haber ayudado a consolidar la dictadura de Fidel Castro.

Ángel cita cosas interesantes y vaticina: “Esto está al joderse”.  Cuenta que en el año 58 el estado de opinión sobre Batista era el mismo que hoy existe contra los hermanos Castro. Señala que la degradación moral no tiene límites, la corrupción es un fenómeno generalizado que ha perjudicado a la nación con daños irreversibles. El socialismo es una fábrica de delincuentes y en el capitalismo que él vivió, los policías tildados de criminales, respetaban al trabajador con callos en las manos. “Esos callos –afirma- eran nuestro carné de identidad”.

Pero casi todos rechazan las peroratas de Ángel, un hombre desacreditado por su historia. Unos hacen silencio cuando llega y otros se largan del grupo. Según la mayoría, es un chivato que no debe escuchar cómo la gente del barrio roba en sus centros de trabajo.

Ya anciano, Ángel logró sacarse el policía que tiene metido en el cuerpo, pero nadie le cree. Lo hizo cuando ya es un material inservible para la dictadura y una presencia incómoda para los que critican al régimen. Los vecinos le temen, gracias a esa toxina inoculada durante 50 años de totalitarismo que ha frenado los impulsos rebeldes del pueblo.

Mientras, Ángel descarga sus desilusiones con el castrismo que ayudó a fortalecer, y padece de un sentimiento de culpa que lo tiene al borde del suicidio. En el parque, un grupo de niños, sanos de mente y sin la virulencia de las ideologías, sonríe, retoza con libertad y ninguno se preocupa porque uno de sus compañeritos sea un agente de Seguridad del Estado. Ojalá estos niños se salven, ojalá no tengan tiempo de convertirse en otra generación de robots temerosos.




Se cierra el cerco

LA HABANA, Cuba, julio (173.203.82.38) – Algunos especulan que el régimen ganará la batalla. Otros prefieren no prestar atención a los rumores sobre la nueva estrategia que sacará del aire al enemigo. Para estos últimos, lo importante es seguir disfrutando de las programaciones de las televisoras hispanas de Florida y dejar a un lado los comentarios que adelantan una ofensiva final del gobierno.

Poco a poco se han articulado, en la capital cubana, cientos, o miles, de redes de cables ilegales, que van de casa en casa, a través de patios y azoteas, por encima o subterráneamente, y permiten compartir la señal de televisión foránea, a pesar de los frecuentes operativos policiales, que hasta el momento no han logrado desmantelar las conexiones satelitales.

Al frente de este lucrativo negocio, están quienes pueden pagar los equipos de recepción, con los componentes necesarios, para recibir y distribuir el contenido de los canales 23 y 51 de Miami. Ellos originan cada red y cobran por el servicio. El precio oscila entre los 6 y 12 dólares al mes, medio mes de salario para cualquier cubano. Incluso existen rebajas para las familias de bajos ingresos, y también está la opción pagar a plazos.

Hasta ahora, ninguno de los métodos empleados por el gobierno para eliminar el fenómeno que tanto le preocupa, ha sido exitoso. Desaparece una red y surgen diez. Entre los motivos que explican la continuidad de lo que se tipifica como un delito en el código penal, habría que citar los sobornos a los jefes de sector de la policía y otros funcionarios vinculados a la empresa de telecomunicaciones, que, por el precio requerido, alertan sobre la hora y el día de las redadas.

La nueva estrategia sería activar los mecanismos de vigilancia y delación tradicionales, establecidos a nivel de cuadra. El nuevo  plan a implementar en las próximas semanas para acabar con la referida ilegalidad, es darles un ultimátum a las Comités de Defensa de las Revolución (CDR), para que delaten a los infractores en sus cuadras.

El incumplimiento de la disposición conllevaría medidas disciplinarias, con sus respectivas afectaciones laborales y sociales, que -el gobierno espera- muy pocos estarían dispuestos a enfrentar. La delación entre vecinos, que parecía “adormecida”, vuelve a los primeros planos, aunque en realidad nunca ha dejado de estar presente cuando observamos la historia de Cuba desde el comienzo del socialismo, hace medio siglo.

Miles de cubanos desean seguir en su viaje virtual por un mundo que les han prohibido. Prefieren los chismes de la farándula a los discursos antiimperialistas. Los anuncios de las rebajas de Wal-Mart, que el nuevo culebrón de las enfermedades y tratamientos de Hugo Chávez en La Habana. Las telenovelas antes que la cuadrada Mesa Redonda.

-Nos conformamos con ver algo diferente. Este comunismo es muy aburrido. Al menos con la televisión de allá tenemos un aliciente, un motivo para soñar despiertos.

Marta Vega habla con desenfado y con cierta tristeza ante la posibilidad de que los chivatos del Comité le pongan fin al combustible con que sueña mientras espera un futuro mejor.

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Trabajando por cuenta propia

LA HABANA, Cuba, julio (173.203.82.38) – Hace tres meses pertenezco al gremio de trabajadores por cuenta propia de Cuba. Aproveché la coyuntura después que se autorizara el ejercicio de la actividad privada.

La licencia ampara la actividad número 119: reparador de equipos eléctricos y electrónicos, y el otorgamiento de esos permisos llevaba “congelado” 8 años. Por ejercer el oficio tributo mensualmente 100 pesos a la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT), el equivalente a 5 dólares. Por concepto de servicios públicos, debo abonar el 10 % de mi ganancia mensual, además de 262 pesos (12 dólares) cada trimestre para la seguridad social. Además. al final de cada año viene el leñazo: redactar una declaración jurada con mis ingresos en 12 meses y de ahí pagar un estimado a la ONAT.

Los 314 mil trabajadores por cuenta propia que tributan al Estado, cumplen  requisitos similares a los míos, con mayor o menor tasa impositiva. Por supuesto, los cuentapropistas están sujetos a controles jurídicos y de calidad, para lo cual existen los inspectores, y éstos últimos que también tienen que “resolver” consiguen su dinerito adicional a costa de los inspeccionados.

La ONAT, no es el único organismo controlador de la actividad privada, su función principal es la recaudación de impuestos y cobro de licencias. Funciona en conjunto con los ministerios de Salud Pública, Justicia, Comercio, e Interior.

Curiosamente, la única visita gubernamental que he recibido hasta el momento en mi taller, fue de un oficial del Departamento Técnico de Investigaciones (DTI), el miércoles 15 de junio; y respondía, según dijo, a un “trabajo conjunto entre la ONAT y el Ministerio del Interior”.

Según el oficial, se está llevando un libro de registro con los clientes que lleven  equipos a reparar a los talleres privados. “Puede darse el caso –dijo- de que algún equipo sea robado de una escuela o centro laboral”.

Le contesté que en mi caso llevó un registro de clientes, pero sólo para tener constancia de la garantía y los defectos de las reparaciones. También le comenté que es opcional para mis clientes darme el nombre y los apellidos.

En algo coincidimos: nadie es adivino para saber si un receptor de radio o televisión que traigan a un taller particular es robado de una empresa u otro organismo estatal. Mi función es repararlo, cobrar por ello y tributar lo debido a la ONAT.

Para aclarar dudas invité al oficial del Departamento Técnico a pasar a mi taller de reparaciones. La acumulación de obsoletos tarecos electrónicos lo convenció de que estaba en el lugar equivocado y con el cuentapropista erróneo. Le reiteré que llevo y llevaré la lista de mis clientes, pero sólo para registrar el tiempo de garantía y otra información necesaria en la relación comercial.

Seguramente otras actividades por cuenta propia son también monitoreadas por la policía, además de por la ONAT, sobre todo aquellas que requieran el uso de materias primas comercializadas por el Estado: madera, pieles, pegamentos, esmaltes, combustibles, etc. Mientras no se habilite una red mayorista donde puedan abastecerse los que presten servicios o fabriquen artículos por cuenta propia, la economía informal continuará floreciendo y el desvío de recursos estatales será su principal fuente de abastecimiento.

En mi opinión, llevar un libro de registro con el origen de todo lo que llegue a mi taller, para informárselo a la policía, es algo así como hacer un trabajo de informante por cuenta propia; una licencia que no pedí.

Esta colaboración entre el DTI y la ONAT, que pretende involucrar a los trabajadores por cuenta propia tiene todas las características de un impuesto adicional en “información”.

Nada para asombrarse; seguimos viviendo en Cuba, donde nunca han faltado los “chivatos por cuenta propia”.

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Surfear : ¿con qué tipo de tabla?

LA HABANA, Cuba, marzo, 173.203.82.38 -El lunes siete de marzo destaparon en la televisión otro agente encubierto de la Seguridad del Estado, envuelto en el viejo ropaje ideológico y tan deshilachado como la revolución cubana.

Dalexi González Madruga, el agente destapado en el capítulo Operación Surf, de la serie televisiva Las Razones de Cuba, se identificaba con el seudónimo de Alejandro y es un joven ingeniero en telecomunicaciones.

Saber que Cuba es el único país del hemisferio que no mantiene relaciones con Estados Unidos, que de ella escapan cada año alrededor de 20 mil personas inconformes con su gobierno o con su vida y que cerca del veinte por ciento de nuestra población vive exiliada, debería ser suficiente para que cualquiera entendiese cuales son las verdaderas “razones de Cuba”. Las razones que nos quieren mostrar en la televisión, en un programa con tan pretencioso nombre, no son de Cuba; son más bien de algunos viejitos desde hace medio siglo nos gobiernan por la fuerza y el terror.

Esperemos, que este reality show socialista de nuevo tipo, no se convierta en un culebrón tan largo como los brasileños de TV-Globo. Al paso que vamos, serán tantos los agentes que cada Comité de Defensa de la Revolución deberá estar listo cada noche que se transmita el programita, para homenajear a algún nuevo “destapado” de la cuadra.

Resulta inexplicable que la Seguridad deba tener tantos agentes para espiar a gente pacífica que, para colmo, lo hace todo abiertamente. ¿Acaso se esconden los periodistas independientes para publicar sus trabajos en internet? ¿O Las Damas de Blanco para caminar por la Quinta Avenida? Estas puestas en escenas de Las Razones de Cuba, calzadas además con  constantes spots promocionales, más bien parecen convocatorias de la Seguridad  para reclutar agentes contra ese enemigo que nunca llega.

Da risa, y hasta lástima, que un ingeniero en telecomunicaciones, joven y supuestamente talentoso, diga en televisión que más del noventa por ciento de los jóvenes cubanos no se deja engañar por el enemigo. ¿A cuál enemigo se refiere?

Coincido con él en que muchos jóvenes estarían dispuestos a enrolarse en otras “operaciones Surf”. Pero no relacionadas con esas tablas de surfear presentadas en el documental, que se transforman en antenas satelitales y que, según la gente de Seguridad, comprometen nuestra “soberanía tecnológica”. Hablo de tablas de surf de verdad, o cualquier otra cosa que flote y permita escapar a la Florida, para caer en brazos de ese “enemigo”, que hace medio siglo carga la culpa de todas nuestras desventuras.

Siempre serán necesarios los Emilio, David, Alejandro, Julito el pescador o Matías el nica; para asustar al pueblo, mantener la paranoia y tratar de que las calles de Cuba –rotas, sucias, despintadas, llenas de huecos y colas de gente hambreada- sigan siendo “de Fidel”.

Hay en realidad dos convocatorias simultáneas para jóvenes “surfistas”. La primera, muchísimo más atractiva y exitosa en su misión de reclutamiento, promete como premio la libertad y el sueño americano. La segunda, promete a los elegidos quince minutos de fama en un patético reality show patrocinado por una dictadura tambaleante. La elección resulta fácil.

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