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“Por un tiempo el jazz se pudo llamar Chazz”

Chano Pozo

MIAMI, Estados Unidos. – Luciano Pozo González o simplemente Chano Pozo, el hombre nombrado “El Tambor Mayor” de Cuba por el gran Fernando Ortiz, nació el 7 de enero de 1915 en La Habana, hace ya 108 años.

Considerado por muchos como el fundador del latin jazz debido a su introducción de la percusión afrocubana en el jazz, Chano Pozo creció en el ambiente de los solares de Belén, Jesús María y Cayo Hueso, en La Habana.

Su adolescencia, durante la cual limpió zapatos y vendió periódicos para ganarse la vida, transcurrió rodeada de la religión abakuá y sus típicos toques de santos y plantes, lo que influyó en gran medida en su virtuosismo posterior a la hora de tocar el tambor y la tumbadora.

Comenzó a participar en los típicos carnavales de la época y fue percusionista de comparsas como El Barracón, La Mexicana, La Jardinera y Los Dandys.

En 1940, cuando ya era reconocido su talento —tocaba con tres y hasta cinco tumbadoras a la vez—, por influencias de Rita Montaner comenzó a trabajar en la emisora Radio Cadena Azul.

Durante los años posteriores compartió escenario con La Única, fue primer bailarín del espectáculo de Tropicana y fundó el septeto Conjunto Azul. Algunos de sus temas como “Blen, Blen, Blen”, “Nagüe, Nagüe”, “Pin Pin”, “Bocoboco” y “Ariñáñara Bocuere” se volvieron muy populares.

Según el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, “por un tiempo el jazz se pudo llamar Chazz”. El autor de Tres tristes tigres introduce la letra de “Blen, Blen, Blen” en un fragmento de su emblemática novela.

Siguiendo los consejos de Rita Montaner y Miguelito Valdés, Chano viajó a Estados Unidos en 1946. Allí continuó su crecimiento musical y tocó con músicos como Mongo Santamaría, Julio Collazo, Desi Arnaz.

En 1947, el músico cubano Mario Bauzá, que sabía que el afamado trompetista Dizzy Gillespie estaba buscando un tamborero, le recomendó a Chano. Gillespie quedó encantado y lo contrató en su grupo. A partir de ahí surgiría una unión perfecta que revolucionó la historia del jazz.

El resultado de esta unión no tardó en tener éxito, y la música creada por Gillespie y Pozo, pasó a denominarse cubop, como subgénero del bebop, considerado por muchos como los inicios del latin jazz.

El 3 de diciembre de 1948 Chano Pozo sería asesinado en el Río Café & Lounge, en Harlem, Nueva York.

Los detalles de su prematura muerte, cuando solo contaba 33 años, nunca quedaron esclarecidos. Algunos afirman que ocurrió el día 2, y que el arma homicida fue un puñal. También hay discrepancias sobre los motivos; pero la versión más apoyada por los investigadores es la relatada al escritor Leonardo Padura por Mario Bauzá.

“La noche del 3 de diciembre, Chano, Miguelito Valdés y yo estábamos citados para un debut en un bar, y yo estuve por la tarde cambiando unos cheques de viaje que tenía. Como todavía faltaba un rato, me quedé en la casa oyendo la pelota de Cuba, en un radiecito que tenía, cuando me llaman por teléfono y me dicen: ‘Oye, Mario, acaban de matar a Chano. En Lennox, entre la 111 y la 112. Entonces me puse a averiguar y supe que la muerte de él fue prefabricada por otra persona, por la envidia que volvió a despertar aquí, por haber triunfado y tener dinero”.

Los restos de Chano fueron trasladados a La Habana y sepultados en el Cementerio de Colón. “Sin Chano ya esto no es lo mismo”, dijo Gillespie tras su muerte.

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Chano Pozo, el más grande de los tamboreros cubanos

Chano Pozo

LA HABANA, Cuba. — Este 3 de diciembre se cumplen 74 años del asesinato en New York, en 1948, de Chano Pozo, el más grande de los tamboreros cubanos; el Tambor Mayor, como lo llamó Fernando Ortiz.

Luciano Pozo González nació en una cuartería habanera en enero de 1915. Sus primeros años, en la pobreza y la marginalidad, discurrieron en los solares de Belén, Jesús María y Cayo Hueso, entre rumbas, toques de santos y plantes de abakuás (era muñanga efó).

Cuentan que era negro como el ébano, con  los hombros caídos y unas manos enormes. Gran bailador, estuvo en las comparsas Los Dandys y La Sultana. Mujeriego, presumido, ostentoso, simpático y jaranero, solía ponerse pendenciero, especialmente cuando estaba bajo los efectos del ron o la marihuana.

Rita Montaner y Amado Trinidad, el dueño de la emisora radial RHC Cadena Azul, descubrieron su talento en 1940 al verlo tocar con tres y hasta cinco tumbadoras simultáneamente en un cabaret de las playas de Marianao.

Cuando en 1946, siguiendo los consejos de Rita Montaner y de su amigo Miguelito Valdés, se fue a New York, ya era famoso en Cuba por números como Blem Blem Blem y Pin Pin Pin, y su participación en Tropicana en el espectáculo Congo Pantera.

En 1947, Mario Bauzá, músico cubano radicado en New York y que tocaba por entonces con Machito and The Afro-Cubans, a los que se había unido luego de dejar la orquesta de Cab Calloway, recomendó a Chano Pozo al trompetista Dizzy Gillespie, que andaba buscando un conguero para su grupo.

La irrupción en el bop de los ritmos afrocubanos gracias a los tambores y el canto de Chano Pozo marcaría un importante hito en la historia del jazz.

Aseguraba Gillespie que Manteca, el más famoso número de Chano Pozo y con el que en vivo hacía un espectáculo que podía durar más de 40 minutos, revolucionó el jazz.

La primera presentación de Chano Pozo junto a la banda de Dizzy Gillespie, en el Town Hall de New York, en 1947, fue descrita así por el escritor Marshall Stearns: “Chano Pozo se agachó en el centro del escenario y batió un tambor de muchas voces con sus manos encallecidas. Mantuvo al público en un silencio de sobrecogido respeto durante treinta minutos, cantando en un dialecto del África Occidental, mientras subía y bajaba, de un murmullo al alarido, y volvía al punto de partida”.

La carrera de Chano Pozo en el jazz duraría poco más de un año. Terminó el 3 de diciembre de 1948, cuando fue muerto a balazos durante un altercado en el Río Bar Grill, ubicado en la esquina de las calles 111 y Lennox, en Harlem.

El homicida fue Eusebio Muñoz, a quien llamaban “El Cabito” porque había sido cabo en el US Marines Corps. Unos dicen que era puertorriqueño y otros aseguran que cubano. Unos dicen que lo condenaron a 10 años de cárcel por el asesinato y que solamente cumplió cinco, pero otros afirman que luego de matar a Chano huyó antes de que llegara la policía y nunca fue llevado a juicio porque no había pruebas contra él, ya que los pocos que presenciaron el incidente eran cubanos indocumentados que estaban borrachos y drogados, y no les convenía hablar con las autoridades por temor a que los deportaran.

La tragedia la originó un paquete de marihuana de mala calidad que el Cabito le vendió a Chano. El músico insultó al Cabito y le exigió que le devolviera los cinco dólares que le había costado. El traficante se negó, sacó una pistola y disparó seis veces contra Chano. Luego, se apoderó de los 1 500 dólares que el músico llevaba escondidos en el zapato izquierdo y huyó.

Hacía unos días que Chano Pozo había hecho un alto en la gira que realizaba con la orquesta de Dizzy Gillespie y regresado a New York para comprar unas tumbadoras con que reponer las que le robaron en Raleigh, North Carolina. Pero prolongó su estancia en New York porque extrañaba a su amante, Caridad Martínez, con la que vivía en Harlem, y también porque se sentía muy molesto con el racismo que percibió en la gira por los estados del Sur.

Cuentan que Chano, pese al éxito en los Estados Unidos, estaba muy preocupado porque se sentía en deuda con Shangó (Santa Bárbara, en la religión católica). Antes de irse de Cuba, un babalawo le había advertido que tenía que hacer iyabó antes de cruzar el mar, o no regresaría vivo a su tierra. Pero a Chano le apuraba el viaje y dejó el hacerse santo para más adelante. Es probable que en la víspera de Santa Bárbara, cuando lo acribillaron a balazos, Chano Pozo haya muerto implorando el perdón de Shangó.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Cubanos que han influido en la historia y cultura de Estados Unidos

cubanos, Estados Unidos, Mes de la Herencia Hispana

MADRID, España.- Del pasado 15 de septiembre hasta este 15 de octubre se celebró en Estados Unidos el Mes de la Herencia Hispana. Durante este periodo cada año se rinde honor a las personas de origen hispano y su influencia en la cultura, historia y logros del país norteño.

Esta festividad comenzó siendo durante una semana, promulgada por el presidente Lyndon Johnson en 1968. En 1988, durante la presidencia de Ronald Reagan, se amplió a un mes.

Se eligió el 15 de septiembre como inicio de la celebración por ser el aniversario de la independencia de varios países latinoamericanos como Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua.

Este año, el Gobierno de Estados Unidos, en un comunicado firmado por el presidente Joe Biden, señaló que la herencia hispana ocupa un lugar permanente en el corazón y el espíritu de EE. UU.

“El Mes Nacional de la Herencia Hispana nos recuerda que la identidad estadounidense es un entretejido común de tradiciones e historias diversas. Desde el inicio, nuestro país se ha apoyado en la fortaleza y las perspectivas de escritores, científicos, soldados, médicos, emprendedores, académicos y líderes hispanos en el ámbito del trabajo y del gobierno”, se lee en el documento.

Así como señaló que la cultura estadounidense se ha enriquecido por los ritmos, el arte, la literatura y la creatividad de los pueblos hispanos.

“Durante el Mes Nacional de la Herencia Hispana, reafirmamos que la diversidad es una de las principales fortalezas de nuestro país. (…) De cara al futuro, seguiremos construyendo un sistema inmigratorio justo, humano y ordenado”, indicó Biden.

Entre los hispanos que han contribuido a la cultura e historia de Estados Unidos, sin duda, hay una larga lista de cubanos.

Por solo mencionar algunos, en el ámbito de la música se encuentran las icónicas cantantes Celia Cruz y La Lupe. Celia Cruz, conocida como la “Reina de la Salsa”, fue cinco veces ganadora de los Premios Grammy; grabó más de 70 álbumes y participó en 10 producciones cinematográficas. Cuenta con una estrella en el Paseo de la Fama en Hollywood.

La Lupe, la “Reina del soul latino”, tuvo su época de oro en la década del 60, años en que se impuso en el mercado musical con temas como “Si vuelves tú” y “Qué te pedí”.

Integran esta lista los virtuosos del jazz Mongo Santamaría, Chano Pozo, Paquito D´Rivera y Arturo Sandoval.

Por su parte, el productor musical Emilio Estefan y su esposa Gloria Estefan, durante la presidencia de Barack Obama fueron condecorados con la Medalla Presidencial de la Libertad de Estados Unidos, el mayor honor civil en ese país, que es entregada a “individuos que han hecho contribuciones meritorias a la seguridad o a los intereses de Estados Unidos, la paz mundial o esfuerzos culturales”, según la Casa Blanca.

Entre los numerosos deportistas que han hecho historia en los Estados Unidos recordamos a Martín Dihigo, “El Inmortal”, uno de los peloteros más completos del béisbol universal; Luis Tiant, quien durante su carrera deportiva acumuló 229 victorias y 172 derrotas, con un promedio de carreras limpias (ERA) de 3.30 en 19 temporadas en las Grandes Liga; y Orlando “El Duque” Hernández, uno de los mejores lanzadores cubanos de todos los tiempos.

En los últimos años han sobresalido el actor William Levy y la actriz Ana de Armas. Esta última goza por estos días de fama mundial por su interpretación de Marilyn Monroe en el filme Blonde.

En otro ámbito, se encuentran el prestigioso diseñador Narciso Rodríguez, creador del vestido que Michelle Obama llevó en el juramento presidencial de Barack Obama; Jorge Mas Canosa, durante años líder del exilio cubano en Miami, quien entre tantas otras acciones, creó la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) en 1981, y la emisora Radio Martí en 1985; y el cubanoamericano Jorge Pérez, desarrollador inmobiliario, coleccionista de arte y filántropo.

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Chano Pozo, el Tambor Mayor

Chano Pozo, jazz, bebop

MADRID, España.- Como parte de los homenajes de CubaNet por el Mes de la Historia Negra, hoy recordamos a quien revolucionaría la historia musical de Cuba y el jazz de los Estados Unidos: Chano Pozo.

Luciano Pozo González, a quien Fernando Ortiz calificaría como “el Tambor Mayor” de Cuba, nació el 7 de enero de 1915 en La Habana.

Considerado por muchos como el fundador del latin jazz debido a su introducción de la percusión afrocubana en el jazz, Chano Pozo creció en el ambiente de los solares de Belén, Jesús María y Cayo Hueso.

A los 13 años estuvo en un reformatorio en Guanajay, según datos recogidos, por haber estado involucrado en un crimen contra un turista. Allí aprendió a leer y a escribir.

Su adolescencia, durante la cual limpió zapatos y vendió periódicos para ganarse la vida, trascurrió rodeada de la religión abakuá y sus típicos toques de santos y plantes; lo que influyó en gran medida en su virtuosismo posterior a la hora de tocar el tambor y la tumbadora.

Comenzó a participar en los típicos carnavales de la época y fue percusionista de comparsas como El barracón, La Mexicana, La Jardinera y Los Dandis.

En 1940, cuando ya era reconocido su talento —tocaba con tres y hasta cinco tumbadoras a la vez—, por influencias de Rita Montaner comenzó a trabajar en la emisora Radio Cadena Azul.

Durante los años posteriores compartió escenario con Rita Montanter; fue primer bailarín del espectáculo de Tropicana; fundó el septeto Conjunto Azul; y algunos de sus temas como “Blen, Blen, Blen”, “Nagüe, Nagüe”, “Pin Pin”, “Bocoboco” y “Ariñáñara Bocuere” se volvieron muy populares.

Según el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, “por un tiempo el jazz, se pudo llamar Chazz”, como homenaje a Chano. Cabrera Infante introduce la letra de “Blen, Blen, Blen” en un fragmento de su novela Tres tristes tigres.

Siguiendo los consejos de Rita Montaner y Miguelito Valdés, Chano viajó a Estados Unidos en 1946.

Allí continúa su crecimiento musical y toca con músicos como Mongo Santamaría, Julio Collazo, Desi Arnaz y se une por un tiempo al conjunto de los “Jack Cole Dancers”.

Muy pronto Miguelito Valdés le presentaría a Mario Bauzá, músico cubano que residía en Nueva York y quien también fue pionero del jazz afrocubano.

Revolución musical. Del bebop al cubop

En 1947, Mario Bauzá, que sabía que el afamado trompetista Dizzy Gillespie estaba buscando un tamborero, le recomendó a Chano.

Gillespie quedó encantado y lo contrató en su grupo. A partir de ahí surgiría una unión perfecta que revolucionó la historia del jazz.

En aquello años, dentro de este género musical estaba de moda el bebop, que marcó la transición entre el jazz tradicional y el jazz moderno, y cuyos precursores fueron Charlie Parker, Max Roach, Bud Powell,  Thelonious Monk y el propio Gillespie.

El quinteto de bebop se caracterizaba por tener trompeta, saxofón alto o tenor, piano, batería y bajo. Llegaría Chano Pozo para añadir magistralmente las tumbadoras y los ritmos afrocubanos.

El resultado de esta fusión no tardó en tener éxito, y la música creada por Gillespie y Pozo, pasó a denominarse cubop, como subgénero del bebop, considerado por muchos como los inicios del latin jazz.

“Manteca”

Aunque son muchas las canciones de Chano que han trascendido e influyeron en la música, es en “Manteca”, donde se hace evidente la introducción, natural, de la percusión y la clave cubana al jazz de la época.

Según ha explicado el periodista Rafael Lam, en 1947, “Chano le dijo a Gillespie, `Tengo una idea para una melodía´. Chano era bastante ingenioso —cuenta Dizzy—. No sabía hablar inglés, tarareaba, canturreaba la línea de base, la melodía —la idea es lo importante—. Ya tenía pensado lo que debía hacer el contrabajo, cómo iba a arrancar y a entrar después los saxos, tarareaba los cambios. Tenía un riff. Y también lo de los trombones, agitaba los dedos de la mano derecha y golpeaba el suelo con el pie para indicar la dinámica del sonido de las trompetas. Sabía perfectamente todas las figuras que quería”.

A partir de la idea de Chano, Gillespie agregó la armonía. También intervinieron los talentosos Walter Gilbert Fuller y Chico O´Farrill.

Aunque no se grabó hasta finales de 1947, en la RCA Victor, “Manteca” se había vuelto popular, meses antes, a partir de una presentación de la big band de Pozo y Gillespie, en un concierto donde también estuvieron el pianista John Lewis y el baterista Kenny Clarke.

“Manteca”, que contrario a lo que muchos creen, no significa manteca, sino marihuana en el habla popular de los Estados Unidos, se convirtió en un himno.

El propio Gillespie afirmó que “Manteca” había revolucionado el jazz y la música popular norteamericana.

Sin Chano ya no quiero bailar

El 3 de diciembre de 1948 Chano Pozo sería asesinado en el Río Café & Lounge, en Harlem, Nueva York.

Los detalles de su prematura muerte, a los 33 años, nunca quedaron esclarecidos; algunos afirman que ocurrió el día 2, y que el arma homicida había sido un puñal. También hay discrepancias sobre los motivos; pero la versión más apoyada por los investigadores es la relatada al escritor Leonardo Padura por Mario Bauzá.

“La noche del 3 de diciembre, Chano, Miguelito Valdés y yo estábamos citados para un debut en un bar, y yo estuve por la tarde cambiando unos cheques de viaje que tenía. Como todavía faltaba un rato, me quedé en la casa oyendo la pelota de Cuba, en un radiecito que tenía, cuando me llaman por teléfono y me dicen: ‘Oye, Mario, acaban de matar a Chano. En Lennox, entre la 111 y la 112. Entonces me puse a averiguar y supe que la muerte de él fue prefabricada por otra persona, por la envidia que volvió a despertar aquí, por haber triunfado y tener dinero. Pero esa persona que fabricó su muerte la está pagando en vida, y el que lo mató, al que le decían `El Cabito´, un puertorriqueño que había venido medio desquiciado de la guerra, nada más fue un instrumento para hacerlo, pues hasta le pusieron el revólver en la mano”, relató Bauzá.

Padura le insistió para que revelara quién había organizado el crimen, pero Bauzá, que murió poco tiempo después, no respondió.

“El Cabito”, Eusebio Muñoz Muñoz, había sido francotirador del Ejército Norteamericano en la Segunda Guerra Mundial.

De acuerdo a algunas versiones, Muñoz Muñoz había ido al bar a reclamarle 15 dólares por la venta de una marihuana, que Chano no había pagado por sentirse estafado. Muchos apuntan que Chano estaba exigiendo respeto.

“El cabito”, quien solo cumplió dos años de prisión por el asesinato, disparó 5 veces a Chano, que ya estaba muerto desde el primer tiro.

Unos días antes, Chano Pozo había regresado a Nueva York tras abandonar una gira que realizaba con Dizzy Gillespie y su orquesta.

Según afirman, su salida de la gira se debió al racismo sufrido durante el recorrido por el Sur de Estados Unidos. Además, planeaba viajar a La Habana para pasar las navidades con su familia y comprar una tumbadoras nuevas.

Los restos de Chano fueron trasladados a La Habana y enterrados en el Cementerio de Colón.

“Sin Chano ya esto no es lo mismo”, dijo Gillespie tras su muerte.

Por su parte, Benny Moré, en la canción “Rumberos de Ayer”, lamentó: “Oh, oh Chano, murió Chano Pozo / sin Chano yo no quiero bailar”.

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A 70 años de la muerte de Chano Pozo

chano pozo musica cuba conga

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LA HABANA, Cuba. – Este 3 de diciembre se cumplen 70 años de la muerte en Nueva York, en 1948, de Chano Pozo, el más grande de los tamboreros de Cuba y una de las figuras más influyentes de la música cubana y el jazz.

Fernando Ortiz lo bautizó “el Tambor Mayor”. Los mejores percusionistas cubanos de las últimas seis décadas, Tata Güines, Patato Valdés, Changuito Quintana, Angá, Yaroldis Abreu, son descendientes directos de Chano Pozo y no han vacilado en reconocerlo.

No obstante, a pesar de su relevancia, sobre la vida del Tamborero Mayor hay muchas lagunas y desconocimiento. Lo que se sabe, más allá de referencias en periódicos y revistas, ha sido fundamentalmente gracias al cortometraje “Buscando a Chano Pozo” que realizó en 1986 la documentalista Rebeca Chávez, y al libro “Las oscuras leyendas de Chano Pozo”, del investigador y músico Ricardo Oropesa González, publicado en el año 2017 por la Editorial Ácana.

Luciano Pozo González nació en una cuartería habanera en enero de 1915. Sus primeros años, en la pobreza y la marginalidad, discurrieron en los solares de Belén, Jesús María y Cayo Hueso, entre rumbas, toques de santos y plantes de abakuás (era muñanga efó).

Cuentan que era negro como el ébano, con los hombros caídos y unas manos enormes; que era un gran bailador (estuvo en las comparsas Los Dandys y La Sultana); que era mujeriego, presumido, ostentoso, simpático y jaranero, pero solía ponerse pendenciero, especialmente cuando estaba bajo los efectos del ron y la marihuana.

Rita Montaner y Amado Trinidad, el dueño de la emisora radial RHC Cadena Azul, descubrieron su talento en 1940, al verlo tocar con tres y hasta cinco tumbadoras, simultáneamente, en un cabaret de las playas de Marianao.

Cuando en 1946, siguiendo los consejos de Rita Montaner y de su amigo Miguelito Valdés, se fue a New York por una temporada, ya era famoso en Cuba por números como Blem Blem Blem y Pin Pin Pin, y su participación en Tropicana en el espectáculo Congo Pantera.

En 1947, Mario Bauzá, músico cubano radicado en Nueva York y que tocaba por entonces —antes de unirse a Machito and The AfroCubans— en la orquesta de Cab Calloway, recomendó a Chano Pozo al trompetista Dizzy Gillespie, que andaba buscando un conguero para su grupo.

La irrupción en el bop de los ritmos afrocubanos, gracias a los tambores y el canto de Chano Pozo, marcaría un importante hito en la historia del jazz.

Aseguraba Gillespie que Manteca, el más famoso número de Chano Pozo y con el que en vivo hacía todo un espectáculo que podía durar más de 40 minutos, revolucionó el jazz y la música popular norteamericana.

La primera presentación de Chano Pozo junto a la banda de Dizzy Gillespie, en el Town Hall de Nueva York, en 1947, fue descrita así por el famoso crítico de jazz Marshall Stearns: “Chano Pozo se agachó en el centro del escenario y batió un tambor de muchas voces con sus manos encallecidas. Mantuvo al público en un silencio de sobrecogido respeto durante treinta minutos, cantando en un dialecto del África Occidental, mientras subía y bajaba, de un murmullo al alarido, y volvía al punto de partida”.

La carrera de Chano Pozo en el jazz duraría poco más de un año. Fue muerto a balazos la noche del 3 de diciembre de 1948, en un altercado en el Río Bar Grill, ubicado en la esquina de las calles 111 y Lennox, en Harlem.

Como sobre otros aspectos de su vida, hay muchas versiones contradictorias sobre el asesinato de Chano Pozo.

El homicida fue Eusebio Muñoz, a quien llamaban “El Cabito” porque había sido cabo en el US Marines Corps. Hasta ahí lo que se sabe con certeza sobre él. Unos dicen que era puertorriqueño y otros aseguran que era cubano. Unos dicen que lo condenaron a 10 años de cárcel por el asesinato, pero que solamente cumplió cinco. Pero otros afirman que luego de matar a Chano, se fue antes de que llegara la policía y nunca fue llevado a juicio porque no había pruebas contra él, ya que los pocos que presenciaron el incidente eran cubanos indocumentados, que estaban borrachos y enmarihuanados, y no les convenía hablar con las autoridades por temor a que los deportaran.

La tragedia la originó un paquete de marihuana que el Cabito le vendió a Chano. Unos dijeron que Chano insultó al Cabito porque la marihuana era de mala calidad. Unos contaron que exigió le devolviera los cinco dólares que le había costado y otros que se negó a pagárselos. Hubo quien aseguró que la bronca fue porque Chano le reclamó al Cabito los quince dólares de vuelto por el billete de 20 dólares con el que le había pagado la marihuana y para el que el traficante no tenía cambio. Lo cierto es que tras la discusión, el Cabito disparó seis veces contra Chano, y luego, mientras agonizaba, se apoderó del dinero que llevaba en los bolsillos y escondido en el zapato izquierdo: 1 500 dólares.

Hacía unos días que Chano Pozo había hecho un alto en la gira que realizaba con la orquesta de Dizzy Gillespie y regresado a Nueva York. Había explicado a Dizzy que era para comprar unas tumbadoras con que reponer las que le robaron en Raleigh, North Carolina, pero algunos dijeron que prolongó su estancia en New York porque extrañaba a su amante, Cacha Martínez, con la que vivía en Harlem, y también porque se sentía muy molesto con el racismo que percibió en la gira por los estados del Sur.

Cuentan que Chano, pese al éxito en los Estados Unidos, estaba muy preocupado porque se sentía en deuda con Shangó (Santa Bárbara, en la religión católica). Antes de irse de Cuba, un babalawo le había advertido que tenía que hacer iyabó antes de cruzar el mar, o no regresaría vivo a su tierra. Pero a Chano le apuraba el viaje y dejó el hacerse santo para más adelante. Es probable que en la víspera de Santa Bárbara, cuando el Cabito Muñoz lo acribilló a balazos, Chano Pozo haya muerto implorando por el perdón de Shangó.

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https://www.youtube.com/watch?v=w0H5RmpAezA




Centenarios olvidados

Chano Pozo y Lilí Martínez (Imágenes tomadas de Internet)
Chano Pozo y Lilí Martínez (Imágenes tomadas de Internet)

LA HABANA, Cuba – Chano Pozo (Luciano Pozo González) nació en un solar habanero en enero de 1915. Su  vida discurrió en los barrios Belén, Jesús María y Cayo Hueso, entre rumba, comparsas, toques de santos, plantes de abakuás donde era muñanga efó, y los cabarets de las playas de Marianao donde solía coincidir con otro gran tamborero, El Chori. También bailó en Los Dandys y en La Sultana.

Fue muerto a tiros por un puertorriqueño, durante una disputa por un paquete de marihuana en un bar de Harlem, New York, en diciembre de 1948.

La irrupción en el be-bop de los ritmos afrocubanos, gracias a los tambores y el canto de Chano Pozo en la banda del trompetista Dizzy Gillespie, en 1947, sería uno de los hitos más importantes de la historia del jazz. A partir de ahí se originó lo que sería conocido posteriormente como latin jazz.

Según dijera  el propio Gillespie, Manteca, el más famoso número de Chano, “revolucionó el jazz y la música popular norteamericana”. Por su parte, el reconocido antropólogo cubano Fernando Ortiz escribió que “por el tambor de Chano hablaban sus abuelos africanos, pero también hablaba toda Cuba”.

Los mejores percusionistas cubanos de las últimas seis décadas –Tata Güines, Changuito Quintana, Miguel Angá, Yaroldis Abreu– heredaron la forma de tocar de Chano Pozo.

Sin embargo, en Cuba ya apenas se habla de Chano Pozo. Una de las pocas personas que se ha ocupado de este imprescindible de la música cubana y el jazz es la documentalista Rebeca Chávez, quien a pesar de los muchos obstáculos que tuvo que enfrentar, hace unos años realizó el excelente cortometraje Buscando a Chano Pozo. Fue como revivir al  Rumbero Mayor.

También en 2015 se cumplen 100 años del nacimiento –y 25 de su muerte– del guantanamero Luis  Martínez Griñán, más conocido como Lilí Martínez, que a pesar de ser  uno de los más grandes pianistas cubanos no ha tenido el reconocimiento que merece.

A finales de los años 40, en el conjunto de Arsenio Rodríguez, Lilí Martínez sustituyó en el piano a Rubén González. Enseguida se convirtió en el arreglista y director musical del conjunto.  Se quedó definitivamente al frente de la agrupación cuando, a inicios de los años 50, Arsenio Rodríguez  fue a operarse de la vista en los Estados Unidos y terminó  radicándose allí.

En dicho grupo también estaban el trompetista Félix Chapotín, el Niño Rivera –que sustituyó a Arsenio Rodríguez en el tres– y el cantante Miguelito Cuní.

Los arreglos de Lilí Martínez para el conjunto, que luego sería conocido  como Chapotín y sus Estrellas, jugarían  un importante papel en el desarrollo del son montuno, caracterizado por la improvisación, la repetición de los coros y la intensidad de la  instrumentación. A su vez, el son montuno sentaría las bases de lo que casi 30 años después sería bautizado en New York y Puerto Rico como la música salsa.

Lilí Martínez fue muy influido por la música clásica. En sus montunos se siente cierta dulzura, reminiscente de Chopin y Gershwin. Esto se puede apreciar en un  documental de 1983, donde Lilí toca junto a Chucho Valdés y Frank Fernández. Mientras ellos se afanan y se sofocan por sonar lo más soneros posibles, Lilí, con naturalidad y elegancia,  juguetea en su tumbao con los acordes de The man I love.

Ahora en Fuera de rosca, un programa musical de la TV cubana, una bella y simpática locutora, entre sonrisas y arrumacos,  cuando entrevista a los artistas invitados, invariablemente  termina preguntándoles cómo quieren ser recordados en los próximos cien años. Ellos responden, ilusionados, lo que se les ocurra: cosas como “alguien que puso a bailar a su público y lo hizo gozar”.

Como si alguien fuera a acordarse en el próximo siglo, por bonitillos que sean, del nombre de un reguetonero o una insulsa intérprete de baladitas pop hechas en serie. ¡Si no se acuerdan de figuras como Chano Pozo, Lilí Martínez y Bienvenido Granda, el bigotudo cantante de la Sonora Matancera, cuyo centenario también se cumple este 2015!

Y con estos olvidos, todavía tienen la cara dura los gerifaltes de la cultura oficial de hablar del rescate de la identidad nacional.