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Cuba: 19 y 20 de mayo, duelo y gloria

José Martí, Cuba, Cubanos

José Martí fue el artífice de la guerra de Independencia de Cuba y aunque cayó mirando al sol a menos de tres meses de iniciado el conflicto, su gesta, su laborar por la independencia, rindió el resultado apetecido, porque su ejemplo cundió más allá de las fatalidades de la guerra.

Hay una expresión y concepto de Martí que es admirable al testimoniar el debate interno que debió haber padecido como consecuencia de su extrema sensibilidad de poeta y su rechazo a la violencia, paralelo a su convicción de que Cuba solo alcanzaría la independencia a través de una guerra, que él llamó “la Guerra Justa y Necesaria”, haciendo una clara distinción entre la guerra de conquista y aquella que es ineludible por los valores morales que encierra.

Martí estaba convencido de que España jamás dejaría voluntariamente su soberanía sobre Cuba, y en consecuencia dispuso organizar una cruda contienda por la independencia, aunque ya había afirmado que “En esto, como en todos los problemas humanos, el porvenir es de la paz”. No hay contradicción en esta expresión con sus actos, desear la paz no es lo mismo que construirla, la opresión y la esclavitud no son sinónimos de paz.

Rechazaba la violencia, pero estaba consciente de que sus deseos no eran compatibles con la realidad, una enseñanza que desgraciadamente muchos no quieren adquirir cuando siguen confiando que las dictaduras y los déspotas en general van a ser dejación de sus prerrogativas por la sola voluntad de sus contrarios. Martí deseaba la paz, pero sabía que esta no era posible si quería la independencia.

Cuba arribó a los 126 años de la muerte de José Martí, 19 de mayo de 1895, y a los 119 años de su independencia, 20 de mayo de 1902, dos efemérides indisolublemente vinculadas en la historia nacional, aunque el totalitarismo insular haya trabajado arduamente para convencer a la mayoría de la nación de que el Primero de enero de 1959 fue el día de la Emancipación de Cuba y los cubanos.

El castrismo aduce que Estados Unidos impuso a la Isla la Enmienda Platt, un apéndice constitucional que le otorgaba el derecho de intervenir en los asuntos internos del gobierno nacional, una cláusula más que reprobable que muchos dirigentes cubanos de la época rechazaron, mientras, Fidel Castro y sus acólitos moncadistas suscribieron espontáneamente acuerdos con la extinta Unión Soviética que supeditaban la soberanía a la voluntad de Moscú a instancias muy superiores a las establecidas en la ignominiosa clausula estadounidense.

La cúpula de la Revolución escribió en el preámbulo de la Constitución castrista de 1976 que, “Guiados por el marxismo leninismo… Apoyados: en el internacionalismo proletario, en la amistad fraternal y la cooperación de la Unión Soviética y otros países socialistas… a llevar adelante la Revolución triunfadora del Moncada y del Granma, de la Sierra y de Girón encabezada por Fidel Castro…”

Es difícil encontrar una carta magna en la que se rinda tributo a una nación extranjera como sucede en la constitución de 1976 en relación a la URSS, y se haga referencia a un líder en vida y en el poder como fue el caso de Fidel Castro, dos abominaciones morales que empequeñecen cualquier otra mezquindad de nuestra historia nacional.

La obra independentista en la que destacaron tantos patricios, entre otros, Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo y Máximo Gómez, y a la que Martí se dedicó prácticamente desde su niñez, se concretó aquel 20 de mayo cuando se izó solitaria y soberana en el Castillo del Morro la enseña nacional.

Cierto que la soberanía tenía un ominoso parche, la Enmienda Platt, impuesto por Washington en la Constitución de 1901, pero fue una condición inseparable de la proclamación de la República, sin embargo, los ciudadanos y el país disfrutaban de plenos derechos como cualquier otra nación independiente, lo que no ocurre en la Isla desde 1959.

La sumisión de Fidel Castro a la URSS convirtió a Cuba en portaaviones de los intereses soviéticos en el mundo. Soldados cubanos fueron a combatir a las Guerras Soviéticas en África y Asia, en Naciones Unidas, Cuba al igual que Ucrania, era otro país soviético con votos. Nunca antes la soberanía nacional estuvo más sometida a una voluntad extranjera como bajo el totalitarismo castrista.

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Cuba no encaja en la Unión Económica Euroasiática

Unión Económica Europea

LA HABANA, Cuba.- En días pasados el primer ministro de Cuba, Manuel Marrero, intervino de forma virtual en la Reunión del Consejo Intergubernamental Euroasiático. Como se sabe, nuestro país tiene el estatus de Estado Observador en la Unión Económica Euroasiática (UEE), formada por cinco naciones que conforman parte del espacio postsoviético (Rusia, Bielorrusia, Kazajistán, Armenia y Kirguistán).

Se trata, evidentemente, de un intento de la cúpula castrista por oxigenar la moribunda economía cubana, aquejada de una crisis en sus finanzas externas debido a una caída de sus rubros de exportación, y en consecuencia no poder importar los insumos que necesita la industria y los bienes de consumo que precisa la población.

Sin embargo, un somero análisis indica que Cuba no encaja en el mecanismo de trabajo de la UEE. Y el desencuentro no viene dado por la distancia geográfica que separa a nuestra isla del núcleo fundacional de ese organismo de integración regional. Más bien se debe a esa especie de autarquía con la que Díaz-Canel y compañía pretenden conducir la economía cubana.

Pero echemos un vistazo a los argumentos expuestos por Marrero en dicha cita, y que fueron recogidos por el periódico Granma (“Cuba aspira a fortalecer la cooperación mutua con la Unión Económica Euroasiática”, edición del 1ro de mayo).

Como es lógico suponer, el jefe del gobierno cubano les ofreció a los integrantes de la UEE las vacunas cubanas contra el coronavirus, lo que evaluó como “una línea estratégica de cooperación”. A propósito, ya están pensando en exportar unas vacunas que aún no se han aplicado a los cubanos.

Marrero también abogó por incrementar las exportaciones de bienes y servicios cubanos al mercado de la Unión, así como lograr la participación del empresariado de la UEE en proyectos de inversión extranjera en Cuba, los que contarían “con todo el apoyo de las autoridades cubanas correspondientes”.

Con respeto al sector turístico, el Premier señaló que Cuba trabaja para potenciar esas ofertas, y para ello se aspira a negociar la amplitud del tráfico aéreo entre la isla y las naciones de la UEE.

Pero hay más, pues Marrero habló de la posibilidad de que Cuba se convierta en una especie de trampolín para introducir los productos euroasiáticos en los países latinoamericanos y caribeños, en condiciones preferenciales y ventajosas.

Es decir, que casi todas las propuestas de Marrero tienen que ver con que Cuba exporte. ¿Y es que acaso Cuba no piensa abrir sus mercados para que algún día entren en la isla las mercancías de la UEE?  Por supuesto que no se trató de un olvido en el discurso del funcionario cubano, sino del núcleo de esa disfuncional política de “sustituir importaciones”, contraria a las indicaciones de la Organización Internacional del Comercio. He ahí el elemento que desencaja entre la estrategia castrista y la proyección de la UEE.

Porque es difícil concebir que una organización que mantiene tratados de libre comercio con varias naciones, y que ahora mismo proyecta una zona más amplia de mercados abiertos con la participación de China, Vietnam, Singapur e Indonesia, vaya a dar amplia acogida en su seno a un país que reniega del libre comercio, y que cierra los ojos para no ver las ventajas que a todos les reporta el intercambio entre las naciones.

Mas, en el fondo, hasta los propios funcionarios castristas comprenden que la UEE no es el CAME, aquel mecanismo de integración de la Unión Soviética y sus colonias, donde primaban los factores ideológicos, y por tanto las majaderías del castrismo eran casi siempre pasadas por alto.

Ahora, probablemente, a Putin y compañía habrá que demostrarles no solo adhesión, sino también afinidad en lo concerniente a los mecanismos económicos a implementar.

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Martínoticias: Pro castristas agreden a escritor de libro crítico con Fidel Castro

El escritor J.J. Armas MarceloUn altercado que requirió la intervención de la policía se produjo hoy en la presentación de la novela “Requiem habanero por Fidel”, del escritor canario Juan Jesús Armas Marcelo, en la X Feria Internacional del Libro (FIL) de Panamá.

La situación se produjo casi al final de la actividad cuando fue abierta a la intervención de los asistentes, entre los que había partidarios del exgobernante cubano, quienes reaccionaron airados por el tratamiento dado en la obra de ficción a Castro y el Che Guevara.

Las declaraciones de Armas Marcelo remarcando su rechazo a la figura del “dictador cubano” calentó más el ambiente. “Viva Fidel”, “yo defiendo a la revolución cubana” y “tú eres anticastrista” fueron algunas de las consignas y acusaciones lanzadas contra el escritor español.

Una de estas personas, un hombre, se acercó bastante a la mesa que ocupaba Armas Marcelo y amenazó con liarse a puñetazos molesto con alguien que, según dijo, le empujó.

La policía llegó y lo invitó a salir del recinto sin que fuera necesaria su detención. Armas Marcelo dijo a Efe que estaba preparado y que esperaba que esto sucediera.

“Me parece que siempre hay gente así, gente que no acepta el que uno tenga su opinión”, indicó. Añadió que cualquiera que estuvo en la sala se dio cuenta que solo estaba presentando un libro al cual, aclaró, “le quité un punto político, le quité puntos ideológicos”.

“Y la verdad es que yo trabajé la novela de esa manera, pero claro, está muy bien explicado en los libros de texto cómo se hace un acto de repulsa de los cubanos en el exterior”, remarcó.

Armas Marcelo afirmó que el es “un perro viejo en estas cosas y no me puedo sorprender de algo que me parece normal y a lo que estoy acostumbrado”. “No me asombra ni me parece escandaloso, actúan así”, subrayó.

“Requiem habanero por Fidel” es su tercera novela ambientada en Cuba y cuenta la historia de un seguroso llamado Walter Cepeda.

“Walter Cepeda es fundamental en la concepción de la novela, entre otras cosas porque me da el tono, me sugiere que la narración tiene que ser un río de confesión interna, sin que sea un arrepentimiento de su vida, pero sí que el tipo se plantee si realmente valía la pena haber pasado por todas esas penurias y haber asumido esos privilegios para que su mujer se ría, desde hace tiempo, de todo eso, de esa “revolución” suya, y para que su hija se haya exiliado. Es decir, al tipo se le desmorona, se le “desmerenga”, como dice el propio Fidel, todo ese mundo que tenía que construir aquel adefesio que el Che Guevara llamó “el hombre nuevo”. De manera que todo es una ruina y Cuba es, como decía Guillermo Cabrera Infante, “un santuario en ruinas”.

Walter Cepeda está tremendamente confuso. Cuando oye la noticia de la muerte de Fidel Castro, y sabiendo que le viene de buena fuente, se la toma en serio y lo que hace es tratar de convencerse de que eso es falso y de que Fidel Castro es inmortal como la Revolución y la Revolución es Fidel y ahí se mete en un laberinto de confusiones que le llev an a la confesión y eso es la novela.

A Walter Cepeda, coronel retirado de la seguridad del Estado, se le concede un último privilegio en la vejez: de ser chofer para los turistas, lo que no deja de ser una “paradoja” a lo Cabrera Infante, que es no querer ni un turista más en Cuba y ahora, es increíble, lo único que mantiene a Cuba es el petróleo venezolano, que viene de fuera, el dinero que manda el exilio cubano, que viene de fuera y el turismo, que viene de fuera. ¿Qué produce Cuba? Gente de fuera, foralidad.

¿El resultado? una tragicomedia que, si no fuera por la música y el cubaneo, la resistencia de la gente sería mucho más frágil y débil, pero esa capacidad de embromarlo todo, esa capacidad de convertirlo todo en música y en fiesta es lo que ha hecho que se mantenga Fidel Castro, porque no se crean que lo de Venezuela va a salir igual, esa jaulita no va a salir exactamente igual que la otra”, dijo en una entrevista concedida a Pedro Crenes Castro para PanamaAmerica.