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Calixto García y su intento de suicidio: detalles de una insólita historia

Calixto García, bala, Cuba

MADRID, España.- “Calixto García no necesita encomio: lleva su historia en su frente herida. El que sabe desdeñar la vida, sabrá siempre honrarla”, dijo José Martí sobre el Lugarteniente General del Ejército Libertador Calixto García Íñiguez. 

Con estas palabras Martí hacía alusión a unos hechos ocurridos el 6 de septiembre de 1874, fecha en que Calixto García, uno de los principales estrategas del ejército mambí, estuvo a punto de morir. 

Ese día, el general mambí fue sorprendido por las tropas españolas en San Antonio de Baja, cerca de Veguitas, Bayamo, cuando se encontraba con solo 20 hombres. 

Ante esta situación, se disparó debajo de la barbilla la última bala que le quedaba, para evitar caer en manos de los españoles. Sin embargo, aunque sufrió graves heridas bucofaciales, la bala salió por la frente y Calixto García sobrevivió. 

Un capitán español tapó el agujero provocado por el proyectil y le realizó las primeras curas. Posteriormente fue deportado a las cárceles de España. 

Tras enterarse del encarcelamiento, su madre, Doña Lucía Íñiguez, que no podía creerlo, al saber que se encontraba gravemente herido, expresó: “Ese es mi hijo Calixto, muerto antes que rendido”. 

Conocido como el León Holguinero, fue liberado en mayo de 1978. Entonces viajó a Nueva York, donde presidió el Comité Revolucionario Cubano y se dedicó a organizar la Guerra Chiquita. 

En el año 1893 su hijo Calixto García Vélez, graduado de cirujano dentista, le realizó una cirugía para mejorar las afectaciones provocadas por aquel disparo. Le extrajo varios dientes y le colocó una prótesis de caucho.   

Más de cien años después, el doctor holguinero Raúl Pupo Triguero, especialista de Primer Grado en Cirugía Maxilofacial, realizó un estudio de reconstrucción de la trayectoria seguida por la bala.

El estudio permitió conocer que el proyectil había entrado por detrás del mentón. En su recorrido hasta salir por la frente afectó la piel, el músculo milohiodeo, el suelo de la boca, la lengua y la mucosa palatina.

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Cuba se pudre y se muere… no es un hashtag, es un hecho

Cuba salud hospital Calixto García

LA HABANA, Cuba.- Liborio, como le decimos cariñosamente, nos tocó la puerta del cuarto pasadas las dos de la madrugada. El viejo se había trancado de la orina, la sonda estaba tupida y por más que intentó aguantar para no molestar el dolor era insoportable. Conscientes de la urgencia de la situación, nos vestimos en tiempo récord. La Habana en toque de queda, COVID-19 en los hospitales, cero transporte a esa hora, pero había que salir. La primera idea fue llevarlo al policlínico más cercano, en Reina y Chávez. Allí, suponíamos, harían algo. Cuando estábamos a punto de salir algo me detuvo. Regresé al cuarto y agarré medio paquete de servilletas, sin saber por qué. Hay impulsos que resultan providenciales.

Adolorido, el viejo caminó hasta el policlínico cerrado a cal y canto. A través del cristal se veían tres bultos arrebujados en los bancos. Eran las enfermeras. Una de ellas acudió a abrirnos y al conocer la situación nos dijo que no podía hacer nada, pues solo les habían asignado tres pares de guantes para toda la guardia, y ya los habían utilizado.

La solución era llevarlo al hospital lo antes posible. Lo dijo como si no hubiera nada más sencillo que estirar el brazo y parar un taxi a aquellas horas. “Una que se quede aquí conmigo. Tú párate en la esquina de Reina y Belascoaín por si pasa algún patrullero, a ver si tienes suerte”, me dijo. Esa era la estrategia cada noche con casos como el nuestro, o peores. Las patrullas han sustituido a las ambulancias en un país donde el parque automovilístico con fines represivos supera, en número y calidad, al del sistema de salud pública.

Quiso la providencia que no tuviéramos que esperar ni diez minutos para que apareciera un carro patrullero y nos llevara al Hospital Calixto García, convertido en un muladar desde que la pandemia se tragara todos los recursos de nuestro frágil sistema de salud, especialmente de los centros no destinados a atender pacientes de COVID-19. Para llegar a la consulta de Urología tuvimos que atravesar una multitud que a simple vista excedía la cantidad de médicos que iban de un lado a otro, entre pacientes con síntomas respiratorios que se agolpaban en las consultas de Medicina General. El urólogo de guardia era un doctor joven que nos recibió sonriéndole a la pantalla de su celular. De un vistazo adivinó cuál era el problema y sin tomar los datos de Liborio nos señaló una puerta del otro lado de la sala de estar. “Acuéstenlo en la camilla y espérenme ahí”.

Las camillas en cuestión estaban tan asquerosas que Liborio, a pesar del dolor, dio un paso atrás y nos miró consternado. Las manchas de sangre coagulada sobre las superficies metálicas daban deseos de salir corriendo y sacar al inútil de Díaz-Canel de los barrios y sembradíos para lanzarlo contra aquella inmundicia. No había agua, ni un paño estéril, ni un estante limpio. No había rastro de lejía u otro desinfectante. En una esquina un cubo sucio, desbordado de guantes usados, revolvía el estómago. El vaho a sangre y orina de los baños cercanos, reconcentrado por la climatización, era insoportable.

Cuba salud hospital Calixto García
Restos de sangre coagulada en una camilla del hospital Calixto García, donde tenía que acostarse un paciente. Foto del autor

Asqueada, le metí mano al oportuno paquete de servilletas y casi vacié el frasco de desinfectante para manos sobre la camilla menos cochina. Cuanto más rociaba, más sucio e indignante me parecía aquello. En ningún momento acudió un enfermero para ayudar. Sobre la camilla colocamos una saya larga y vieja que habíamos llevado por si la sonda comenzaba a gotear. En eso llegó el médico con un bultico de materiales estériles que abrazaba contra su pecho como si se tratara de un recién nacido.

Cuba salud hospital Calixto García
Materiales usados, no desechados correctamente. Foto del autor

Tuvimos que cargar a Liborio y sentarlo en la camilla porque no había un banquito u otro apoyo para facilitar la maniobra. Una vez acostado, el urólogo retiró la sonda y le aplicó varios enjuagues vesicales. Enseguida comenzó a destupir y desinfectar la sonda porque en el hospital no había; así que le pondría esa misma, que ya había rodado por la camilla asquerosa y volvería, cargada de bacterias, a la uretra del paciente. Por suerte llevábamos una nueva, comprada en el mercado negro donde tampoco abundan, pero siempre algo se puede resolver.

El doctor repitió los enjuagues, terminó de vaciarle la vejiga a Liborio y sin ponerle lubricante -tampoco había- empujó la sonda por el canal urinario del pobre viejo que hasta el momento no se había quejado, pero no se pudo aguantar y se le escapó un grito: “¡Ay, médico, médico!”.

Camillas sin esterilizar en el hospital Calixto García. Foto del autor

El sufrimiento de un hombre que ha trabajado tanto por este país se me hizo intolerable y salí del cubículo solo para encarar otros horrores. Reparé en el aspecto de los técnicos de salud, en la espuma de goma asomando por los bordes de una cama sobre la cual respiraba con dificultad una mujer; en una señora muy mayor que a duras penas podía mover la camilla en que yacía un familiar más viejo que ella; en un deambulante que se había defecado encima y permanecía sentado en la sala de estar, tosiendo, sin que ningún médico lo atendiera.

La peor Cuba me hizo sentir mucho odio, tristeza e impotencia, porque hay que pasar por la terrible experiencia de ir a un hospital en estos momentos para entender lo mal que anda este desgraciado país. El Calixto García es el reverso invisible de la postal donde aparecerá el hotel que sigue creciendo en 3ra y 70, o la torre López-Calleja, nuevos pilares capitalistas de una Revolución que se alzó sobre la espalda de hombres como Liborio.

Todo el dinero que debería ser invertido en ese y otros hospitales que funcionan en condiciones de absoluta indigencia, está siendo dilapidado irresponsablemente a costa de la vida, la salud y la cordura de millones de cubanos. El contraste es brutal y no deja brecha a malentendidos: son ellos o nosotros, sus proyectos megalómanos contra nuestras aspiraciones ciudadanas, sus privilegios contra nuestros más elementales derechos humanos. Cuba se pudre y se muere. No es un hashtag. Es un hecho.

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Calixto García Enamorado, otro héroe olvidado de la gesta independentista

Calixto García Enamorado, Cuba

GUANTÁNAMO, Cuba. ─ Este 19 de mayo en que se recuerda el 126 aniversario de la caída en combate de José Martí Pérez, el Apóstol de la independencia de Cuba, también se cumplen 70 años de la muerte del General de Brigada Calixto García Enamorado.

Según el Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba ─del que hemos tomado toda la información para la redacción de este artículo─  García Enamorado nació el 1ro de junio de 1874 en Canapú, antiguo departamento de Oriente, y fue el hijo del Mayor General Calixto García Íñiguez.

El 6 de marzo de 1895, cuando contaba 21 años de edad, se incorporó como soldado a las tropas del Mayor General Bartolomé Masó. Por su actuación en el combate de Dos Ríos, donde perdiera la vida José Martí, fue ascendido al grado de alférez.

Dos meses después participó de forma destacada en el combate de Peralejo, una de las acciones militares más importantes de la Campaña de Oriente, previa a la Invasión a occidente. En este combate, el Mayor General Antonio Maceo estuvo a punto de hacer prisionero al entonces capitán general Arsenio Martínez Campos y causó a las tropas españolas cerca de 400 bajas, aunque la metrópoli solo reconoció 28, entre ellas la del general Fidel Alonso de Santocildes.

Calixto García Enamorado también destacó en otros combates que marcaron la gesta invasora hacia occidente, como los efectuados en La Reforma, Mal Tiempo, La Colmena, El Desquite, La Antilla y Calimete.

Al terminar la invasión en Mantua, el 22 de enero de 1896, fue designado jefe de despacho de la Brigada Sur de La Habana bajo el mando del coronel Juan Masó Parra. Para entonces ya había sido ascendido al grado de teniente coronel del Ejército Libertador.

El 24 de marzo de 1896, su padre ─luego de varios intentos fallidos─ logró desembarcar con 78 expedicionarios por Maraví, al oeste de Baracoa, región de Guantánamo. Por tal razón, Calixto García Enamorado solicitó su traslado para Oriente para combatir a su lado. Allí participó en el combate de Loma del Hierro, celebrado el 21 de agosto de 1896, donde las tropas mambisas causaron estragos a las españolas, acuarteladas en la fortaleza de ese lugar. En el combate tuvo destaque decisivo el uso de la artillería, arma en la que Calixto García Íñiguez era un experto.

García Enamorado también intervino en los combates de Las Tunas, del 28 al 30 de agosto de 1897, y en el de Santiago de Cuba. Esta última acción puso fin a la guerra hispano-cubana-norteamericana, donde el hijo del General de las Tres Guerras destacó por su valor en combate, razón por la cual fue ascendido a General de Brigada en agosto de 1898,.

Durante la intervención militar estadounidense se desempeñó como inspector de policía de La Habana y contador de la zona fiscal de Matanzas, cargo que desempeñó entre 1900 y 1902.

Calixto García Enamorado también fue cónsul de la República de Cuba en Montevideo, Uruguay; en Génova, Italia; y en Hamburgo, Alemania.

Desde 1902 y hasta 1914 fue representante a la Cámara por la provincia de Oriente. De 1914 a 1922 retomó su labor diplomática ocupando el cargo de cónsul en Liverpool, Inglaterra, y en Nueva Orleans, Estados Unidos.

García Enamorado es otro de los generales cubanos desconocidos por la inmensa mayoría del pueblo, a pesar de su brillante participación en la última guerra por nuestra independencia y de su labor dentro de la república democrática.

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Calixto García, el general de las tres guerras

Calixto García Íñiguez (Foto de archivo)

GUANTÁNAMO, Cuba. – Cuba es un país pequeño, pero con una historia heroica y trascendente que supera la de otras naciones de mayor extensión territorial. Un ejemplo de ello fueron las guerras por la independencia y, en particular, la vida de nuestros padres fundadores y sus hazañas militares.

Este 4 de agosto se cumplen 180 años del nacimiento de Calixto Ramón García Íñiguez, uno de esos hombres. Nació en Holguín un día como hoy de 1839. Tres días después del alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua, García se levantó en armas en la finca Santa Teresa, Jiguaní, junto con el patriota Donato Mármol.

Su valentía y distinción en los combates estuvieron presentes en su carrera militar desde el mismo 13 de octubre de 1868, cuando participó en los ataques a Santa Rita y Jiguaní, poblado este último donde quedó como jefe militar. En noviembre de 1868 ya había alcanzado el grado de coronel del Ejército Libertador (EL) y el 15 de febrero de 1869 tuvo la responsabilidad de dirigir su primer combate en Loma de Piedra. Ese mes fue designado segundo jefe de la Brigada de Jiguaní, al mando del Mayor General Máximo Gómez. Para entonces ya era General de Brigada. Finalmente, en junio de 1870, sustituyó al Generalísimo en la jefatura de ese distrito.

Según la información contenida en el tomo I del Diccionario Enciclopédico de la Historia Militar de Cuba -del que hemos tomado información para este artículo- Calixto García fue un brillante estratega -que aprendió ese arte de forma autodidacta- reconocido como un experto en el uso de la artillería y en el sitio de plazas enemigas. Sólo eso puede explicar su ascenso meteórico dentro de las estructuras de mando del EL y sus brillantes victorias militares. En la Guerra de los Diez Años participó en 27 combates entre 1868 y 1874, entre estos destacan la toma de Bayamo y su posterior defensa, el combate de Loma de Piedra, la toma de Holguín (en diciembre de 1872) y el ataque a Manzanillo el 10 de noviembre de 1873.  Entonces, ya era el jefe de la División Cuba -antes dirigida por Máximo Gómez y que abarcaba los territorios de Baracoa, Guantánamo y Santiago de Cuba- y mantenía la jefatura de la división Holguín.

Su brillante participación en la Guerra Grande se vio truncada por lo ocurrido en el combate de San Antonio de Baja, localidad situada cerca de Veguitas, Bayamo. El 6 de septiembre de 1874 el Mayor General se encontraba en ese lugar acompañado por veinte patriotas cuando fue cercado por los españoles. Ante la posibilidad de ser apresado optó por suicidarse con un disparo en la boca. El proyectil salió por su frente, dejándole una cicatriz que muchos han comparado con una estrella libertaria. Fue apresado gravemente herido y remitido a cárceles españolas, en las que permaneció cuatro años, hasta ser liberado tras la firma el Pacto del Zanjón.

Partió hacia Nueva York con el objetivo de continuar la lucha. Allí presidió el Comité Revolucionario Cubano, desde donde conminó a otro gran patriota, el General de División José Ramón Leocadio Bonachea Hernández -verdadero intransigente de la Guerra de los Diez Años- a que abandonara la lucha y se le uniera para continuarla cuando existieran mejores condiciones.

El destino le fue adverso en las tres oportunidades en que se dirigió a la isla con ese objetivo. La última vez, luego de desembarcar cerca de Santiago de Cuba, se vio obligado a capitular ante las fuerzas de la metrópoli y fue deportado a España, donde permaneció hasta el inicio de la última de nuestras guerras por la independencia.

Se dirigió a Nueva York. Tras dos intentos fallidos por regresar a Cuba e incorporarse a la lucha, logró desembarcar con 78 expedicionarios por Maraví, cerca de Baracoa, el 24 de marzo de 1896, hecho que algunos investigadores aseguran que fue el más grande desembarco de armas de las luchas independentistas.

El 28 de abril de 1896 fue designado jefe del Departamento Oriental. Participó en 19 combates, entre los que se destacan la toma de Guáimaro en octubre de 1896, de Las Tunas en agosto de 1897, de Guisa en noviembre de 1897 y la liberación de Bayamo el 28 de abril de 1898.

Tras la muerte de Antonio Maceo fue nombrado Lugarteniente General del EL, manteniendo el mando del Departamento Oriental. Jugó un papel decisivo en el apoyo a las tropas norteamericanas que se sumaron a la lucha por la independencia de Cuba y también en la toma de la ciudad de Santiago de Cuba.

A pesar de su entrega a la libertad de la patria su vida debió enfrentar dos situaciones que le debieron resultar dolorosas en esa etapa. Primero fue la decisión del General William R. Shafter de impedirle la entrada a Santiago de Cuba una vez obtenida la victoria. Su carta de protesta ante ese militar constituye un ejemplo imperecedero de dignidad. Luego su destitución del cargo de Lugarteniente General del EL por el Consejo de Gobierno de la República en Armas.

Cuando el 22 de septiembre de 1898 entró con sus huestes gloriosas en Santiago de Cuba recibió extraordinarias muestras de cariño y reconocimiento popular.

La Asamblea de Representantes de la Revolución Cubana -también conocida como Asamblea de Santa Cruz del Sur y del Cerro- lo designó para presidir una misión diplomática ante el gobierno norteamericano, con el objetivo de obtener el reconocimiento de EE. UU. y recursos financieros para licenciar al EL.

Lamentablemente, murió allí el 11 de diciembre de 1898 a causa de una pulmonía. Tenía 59 años.

Calixto García Íñiguez, el hombre de la cicatriz en la frente, es otro horcón insoslayable de la nacionalidad cubana y un referente inmortal de nuestra historia heroica.

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