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Revolution Rent y la ordalía de llevar Broadway a Cuba

Revolution Rent

MIAMI, Estados Unidos.- A estas alturas ya debiera ser reconocido como género cinematográfico aquel que insiste en contar el regreso de los exiliados o sus descendientes a Cuba, sobre todo los que proceden de los Estados Unidos.

Valga aclarar que no se trata de los numerosos inmigrantes que hacen caso omiso de las filiaciones políticas para retornar a la isla tan pronto tienen la documentación que se los permita, aunque hayan cruzado medio continente por selvas, montañas y otros peligros.

La modalidad cinematográfica que sugiero es aquella que protagonizan exiliados escapados del infierno castrista, por vías legales y alternativas.

Son los que sufrieron cismas irreparables en sus vidas y no conciben regresar a donde fueron vapuleados y humillados, solo por considerar que el comunismo no era el paraíso proletario donde quisieran vivir y fundar familia.

El presunto género ha tenido más éxito en los documentales, pues en la filmografía de ficción cada cierto tiempo se intentó pero nunca con mucha fortuna, porque las películas padecieron la vigilancia y limitaciones propias del sistema de control ideológico establecido por el régimen desde el comienzo.

Por otra parte, a los personajes exiliados que regresaban a la isla en dichos filmes les faltó credibilidad en unos casos y resultaron ser estereotipados en otros.

Basta mencionar en esta categoría películas como “Lejanía” (1985), de Jesús Díaz; “Reina y Rey” (1994), de Julio García Espinosa, y “La anunciación” (2008), de Enrique Pineda Barnet.

El género documental, sin embargo, sí ostenta diversos ejemplos de historias, entre las cuales resultan más atractivas aquellas que se refieren a la descendencia de los primeros exiliados tratando de lidiar con un regreso que pudiera resultar ofensivo para sus padres.

El más reciente y verosímil, titulado “Birthright” (Patrimonio), refiere el viaje del dúo musical Afrobeta, integrado por jóvenes cubanoamericanos, a la isla cumplimentando una invitación del centro cultural La Fábrica.

Este documental resulta similar, en su esencia, al que acaba de divulgar la plataforma de streaming HBO Max, “Revolution Rent”, donde se cuenta la accidentada historia de productores norteamericanos tratando de montar un musical de Broadway en Cuba, con joven talento de la isla, riguroso casting mediante, en el año 2014.

“Rent” es un exitoso musical rock de 1996 basado libremente en la ópera La Boheme, de Giacomo Puccini, que estuvo 12 años en cartelera y mereció los principales premios que se conceden habitualmente a las obras de Broadway.

Fue escrito por Jonathan Larson, lamentablemente ya fallecido, y se desarrolla en el East Village de Manhattan, donde un grupo de artistas jóvenes trata de sobrevivir, empeñados en su creatividad, bajo la amenaza del SIDA que hace mella en sus filas.

El codirector del documental y responsable de la puesta de “Rent” en La Habana es Andy Señor Jr., actor cubanoamericano que interpretó, durante numerosas temporadas, desde 1997, el personaje de Angel, un travesti percusionista que figura en el reparto del musical.

En principio, Señor tuvo que salvar la barrera interpuesta por su madre y algún otro miembro de la familia para viajar a Cuba, porque se oponen a que regrese al lugar donde continúa el régimen de donde tuvieron que escapar.

El actor argumentó que, si había dirigido la puesta en escena de “Rent” en otros países del mundo, no podía negarse a que sus compatriotas disfrutaran de la misma experiencia, además de que era una tarea pendiente conocer el mítico y desdichado lugar de donde provenían sus padres, del cual había escuchado hablar tanto durante su infancia en Miami.

“Rent” sería el primer musical de Broadway en subir a un escenario cubano luego de medio siglo.

Durante el casting, Señor y su equipo se darán cuenta que hay talento y deseos de desarrollo entre los jóvenes cubanos, pero muy poca formación y disciplina para integrar las exigentes filas de los musicales de Broadway.

Se intuye que la academia donde se formaron es sumamente limitada, envejecida y mediocre, apabullada por todos los elementos extra artísticos agobiantes que padecen, en un medio ambiente ruinoso y sin esperanza.

Señor los conduce con paciencia, aunque a veces se frustra cuando los ve disociarse de la obra durante los meses de ensayo. Hay un momento que lo sacan de quicio porque nadie está atendiendo sus recomendaciones, y les increpa que hasta cuándo iban a seguir “comiendo mierda”.

Una muchacha que debe interactuar como personaje gay se niega rotundamente a ser tocada por su contraparte femenina, mientras otro de los actores revela los resultados de un análisis médico donde le diagnosticaron SIDA.

A diferencia de otros documentales similares, donde se atribuye al embargo todas las calamidades de la sociedad cubana, este deja bien claro de dónde proviene la represión, incluyendo segmentos de opositores acosados por la policía y, tal vez, en su momento más dramático, Señor logra que una de las actrices haga catarsis gritando con furia y desconsuelo la elusiva palabra “libertad”.

La desesperanza asoma también cuando Señor es invitado a visitar las viviendas de algunos de sus actores, lugares devastados por la miseria y la escasez donde, no obstante, siempre es invitado a tomar café.

“Rent” se logra, finalmente, montar en la sede del Grupo Bertold Brecht, antiguo edificio de la comunidad hebrea. La madre de Señor accede, asimismo, a visitar Cuba, donde deposita una ofrenda floral en la tumba de su mamá y llora porque el esposo había fallecido y le quedó pendiente el regreso a su Cienfuegos natal.

La presentación acontece el año que se establecen las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, unión que sigue siendo la única idea de prosperidad posible para los cubanos inmersos en un régimen que se las coarta.

El grupo luego fue invitado a los Estados Unidos y algunos de sus miembros decidieron no regresar a Cuba.

“Revolution Rent” es una aproximación sincera al drama de la isla, sin apenas manipulaciones políticas, donde se vuelve a trazar la dicotomía entre los cubanos libres y hacendosos y aquellos hostigados por una dictadura que los anula y les frustra la posibilidad de progresar.

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Fallece en Nueva York a sus 88 años dramaturga cubana María Irene Fornés

María Irene Fornés. Foto New York Times

MIAMI, Estados Unidos.- La dramaturga, poeta, pedagoga y directora escénica de vanguardia cubana María Irene Fornés falleció este martes en Nueva York a la edad de 88 años, según reportó la revista Vogue. Considerada por dicha revista como una de las voces latinas más influyentes del siglo XX, Fornés murió a la edad de 88 años a causa del Alzheimer.

Fue una figura de culto dentro de la escena del Off-Off Broadway neoyorkino de la década de 1960 y en su país de adopción ganó ocho veces el Premio Obie (equivalente al Tony para la escena del Off-Off Broadway), que le entregó además un galardón a toda su carrera en 1982. También quedó finalista al Pulitzer en 1990, y recibió además el reconocimiento del New York State Governor’s Arts.

A Fornés el Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami le otorgó el premio ‘Toda una vida dedicada a las Artes Escénicas’ en una de sus ediciones.

De acuerdo a la publicación, la cubana, aunque nunca renunció a la escena alternativa, escribió obras en inglés como La conducta de la vida, La exitosa vida de 3, Fefu y sus amigas y Fango, que son consideradas entre las más importantes de la dramaturgia estadounidense de todos los tiempos. En sus más de 40 obras trató temas como el deseo femenino y la desigualdad económica.

Durante su carrera no solo escribió piezas para la escena, sino que además dirigió e impartió docencia. Su primera producción fue There! You Died, de 1963, a la que siguió el exitoso musical experimental Promenade. En esta pieza estaban ya los rasgos de su estilo: la estructura narrativa no convencional y una aproximación surrealista a los asuntos de lo cotidiano.

María Irene Fornés

Fornés fue pionera del teatro inmersivo mucho antes que el término alcanzara notoriedad a través de figuras tan influyentes como Tony Kushner, el también cubano Nilo Cruz, y Paula Vogel.

María Irene Fornés nació en La Habana en 1930, y viajó con su familia a la edad de 15 años a los Estados Unidos, donde estudió arte con el artista alemán Hans Hofmann, figura pionera del expresionismo abstracto. Tras marchar a París por un tiempo, el impacto que le produjo asistir a una puesta en escena de Esperando a Godot, de Samuel Beckett, la inspiró para emprender su propia obra.

Sin embargo, a pesar del éxito de su carrera, su obra permanece casi desconocida y apenas divulgada en Cuba. Apenas en 2008 el grupo Argos Teatro de Carlos Celdrán montó su célebre pieza de madurez Fango.

The Rest I Make Up, es un largometraje documental de Michelle Memran que recoge la década final de su vida, resumida a manera de crónica.