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Generoso, qué bueno toca usted

Generoso, Benny Moré, cubano

MADRID, España.- El músico Generoso Jiménez, nacido en 1917, aprendió a tocar el trombón muy joven en la banda municipal de Cruces, Villa Clara, su ciudad natal; y llegó a ser considerado el padre del trombón cubano.

A lo largo de su vida artística fue integrante de reconocidas agrupaciones como la Orquesta Aragón y la Orquesta Tropicana; pero su encuentro con Benny Moré sería decisivo para el impulso de su carrera.

A Benny Moré lo conoció en 1952, durante una grabación en la Cadena Azul. Desde entonces surgió entre ellos una gran relación tanto personal como profesional.

En su honor, Benny Moré durante sus grabaciones decía con frecuencia, “Generoso, qué bueno toca usted”; frase que se hizo muy popular en la cultura cubana.

En 1965, Generoso grabó “El trombón majadero”, considerado un clásico de la discografía nacional.

En el año 2002 se grabó un disco en su honor titulado precisamente “Generoso, qué bueno toca usted”. El álbum, en el que intervinieron figuras como Arturo Sandoval y Paquito D´Rivera, fue candidato a los premios Grammy, por lo que Generoso viajó a Nueva York para participar en la ceremonia.

En el 2003 se quedó a vivir en Miami y en el 2005 recibió un Premio Grammy Honorario a la Excelencia Artística entregado por la Academia Latina de Grabaciones Musicales (LARAS).

Su última grabación fue para el proyecto de disco y documental “90 millas”, de la cantante cubana Gloria Estefan.

Generoso Jiménez falleció en Miami el 15 de septiembre de 2007, a los 90 años de edad, por un paro renal. Su música influyó en toda una generación de trombonistas cubanos.

https://www.youtube.com/watch?v=xcL9PtSA6kM

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Benny Moré: el Bárbaro del Ritmo a más de un siglo de su nacimiento

Benny Moré, Cuba

MADRID, España.- Este 24 de agosto se cumplen 103 años del nacimiento del músico cubano Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez, conocido como Benny Moré y apodado el “Bárbaro del Ritmo”. 

Nacido en Santa Isabel de las Lajas, Cienfuegos, de niño aprendió a tocar la guitarra y muy pronto demostró su talento para cantar. 

Aunque incursionó con éxito en diferentes géneros musicales como el mambo y el bolero, fue reconocido fundamentalmente por su son montuno; por lo que también se ganó el calificativo de el “Sonero Mayor de Cuba”. 

A los 16 años por primera vez formó parte de un conjunto musical. A los 17 estuvo unos meses viviendo en La Habana, donde trabajó vendiendo frutas y verduras. Tras su regreso a Las Lajas, y con el dinero ahorrado cortando caña, se compró su primera guitarra.

De vuelta a La Habana, en 1940, se ganaba la vida pasando el sombrero tras tocar en bares y cantinas. Ese mismo año ganó un concurso de la emisora radial CMQ, cuyo premio era grabar y cantar sus canciones; lo que comenzó a abrirle camino en el mundo de la música. 

Sobresale en su carrera artística el largo paso por el famoso Trío Matamoros, donde llegó a sustituir como cantante principal a Miguel Matamoros, quien se dedicó exclusivamente a dirigir la agrupación. 

Con este conjunto realizó una exitosa gira por México y numerosas grabaciones. 

En 1952, cuando ya era reconocido en varios países de América Latina, regresó a la Isla, donde no gozaba del mismo reconocimiento. 

La canción “Bonito y sabroso” fue su primera grabación y éxito en Cuba. Otros de sus temas más populares son “Santa Isabel de Las Lajas”, “Qué bueno baila usted”, “Francisco Guayabal”, “Cienfuegos” y “¿Cómo fue?”.  

En 1953 formó la Banda Gigante, que se convirtió en una de las principales big bands cubanas de la década de 1950. Con esta agrupación actuó en la ceremonia de entrega de los Premios Oscar, en Estados Unidos. 

Tras el triunfo de la Revolución Cubana, El Benny decidió quedarse en Cuba, lo cual es muchas veces resaltado en el discurso del régimen, por encima de su talento musical. 

La última presentación de Benny Moré fue el 17 de febrero de 1963, en Palmira, cerca de su ciudad natal. Dos días más tarde murió de una cirrosis hepática que le aquejaba desde hacía tiempo. 

Pepe Olmo, cantante de la Orquesta Aragón, dijo que con su muerte había terminado una era musical. 

Entre los homenajes póstumos al músico cubano se encuentran las novelas Que bueno baila usted, de Faisel Iglesias; La isla de los amores infinitos, de Daína Chaviano; y el filme El Benny, de Jorge Luis Sánchez. 

Sin embargo, como confirma un reportaje realizado por este medio, su música no es muy escuchada entre los jóvenes cubanos. Jóvenes entrevistados en Santa Isabel de las Lajas aseguraron que al Benny solo se le recuerda en su natalicio y el aniversario de su muerte.

A pesar de que en la capital cienfueguera existe una estatua en su honor, uno de los entrevistados para CubaNet refirió que en su pueblo natal debería existir algo que le brinde homenaje. Además de espacios que cuenten la vida del famoso cantante y que le rindan tributo no solo en las fechas de su nacimiento y muerte.

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Muere en La Habana Hilda Moré, una de las hijas de Benny Moré

MIAMI, Estados Unidos. – Hilda Moré, hija del legendario cantante y músico cubano Benny Moré, falleció este viernes en La Habana a los 77 años, según confirmaron fuentes familiares.

La noticia fue anunciada en redes sociales por Roly Moré, un sobrino de Hilda radicado en Miami.

“Recibí unas noticias muy triste de Cuba. Mi tía Hilda Moré falleció. Que el señor y los santos le den paz y tranquilidad a su alma y a sus hijos”, publicó el familiar en su perfil de Facebook.

Pese a haber sido Hilda hija de “El bárbaro del ritmo”, hasta el momento la prensa oficial cubana no se ha hecho eco del suceso.

Nacida en Santa Isabel de las Lajas, provincias de Cienfuegos, Hilda Moré fue la mayor de siete hijos que tuvo Benny Moré en cuatro matrimonios diferentes.

(Captura de pantalla/Facebook)

“Para él lo más importante era la familia, nos cuidaba a todos, nos atendía y, sobre todo, nos daba mucho cariño”, declaró Hilda en 2019 a la agencia rusa Sputnik, una de sus pocas apariciones en medios de prensa.

Hilda reveló al medio ruso que conoció a su padre cuando ya tenía nueve años, y él regresaba de una larga temporada en México.

“Hilda creció sin la presencia de su padre. Había nacido en Santa Isabel de las Lajas, el mismo lugar donde nació su padre, pero se separó de ella muy pequeña, para irse a buscar fortuna a la capital de Cuba, con sus sueños de siempre de triunfar en la música”, reseña Sputnik.

Al momento de su muerte Hilda Moré residía en la misma casa donde vivió sus últimos años Benny Moré, ubicada en el reparto La Cumbre, en la periferia de La Habana.

En 2019, la mayor de las hijas de “El Benny” recogió el premio Estrella del Siglo que le otorgara a su padre el Instituto Latino de la Música (ILM).

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Chocolate y Benny Moré: música cubana en dos tiempos

Chocolate Benny Moré
Chocolate (izquierda) Benny Moré (derecha). Foto collage CubaNet

LA HABANA, Cuba.- El reguetonero cubano Chocolate MC afirmó, hace unos días, ser el Benny Moré de estos tiempos. Su declaración revolvió la bilis a miles de cibernautas que le han respondido con burlas, improperios y deplorables ataques racistas; aunque más de un cubano instruido ha salido en defensa del polémico cantante, procurando establecer algunos paralelismos entre el Bárbaro del Ritmo y el autonombrado Presidente Único de la República Repartera.

Las reacciones contra el autor de “Bajanda” por haberse comparado con el Benny han sido desmesuradas, como si el autobombo y la hiperbolización del éxito alcanzado no fueran rasgos inherentes a los cultores del reguetón. Chocolate es un provocador, y dijo lo que dijo porque sabía que muchos iban a saltar. La iconoclasia también forma parte de su performance y ahora, para demostrarle a sus haters que no hay rencores, acepta que lo llamen King Kong.

Está claro que Choco no es el Benny, y quienes han intentado asemejarlos trayendo a colación cuestiones de raza, extracción social y un comienzo difícil en sus respectivas carreras, necesitarán mucho más que argumentos simplistas, de carácter extra artístico además, para sostener su criterio. Mal que pese a muchos, el “reparterismo” que pregona Chocolate tiene decenas de miles de seguidores. Ha ganado cuatro discos de oro y ha sido reconocido por la plataforma YouTube, principal medidor del éxito comercial en los tiempos que corren.

El Bárbaro, hasta donde se sabe, no obtuvo más recompensa que la veneración de un pueblo entero a su legado musical. Esa es justamente la razón por la cual Chocolate jamás podría ser el Benny de hoy; porque cambiar un compás y rebautizar un estilo no es suficiente para perpetuar una obra e inspirar a generaciones de músicos medio siglo después.

Los entusiastas defensores del reguetón que han encontrado en la declaración de Chocolate el menor destello de verdad, necesitan refrescar sus oídos y redescubrir de qué está hecho un músico virtuoso. El Benny tenía una intuición excepcional para el ritmo y la melodía. Ciertamente necesitó de un arreglista capaz de llevar al pentagrama lo que a él le sonaba en la cabeza; pero su manera de interpretar cada uno de los géneros de la música cubana fue propia de un genio.

Es infantil comparar la proeza de quien se curtió con los músicos más importantes de su tiempo antes de fundar su legendaria Banda Gigante y llevar el son a un nivel de popularidad sin precedentes en los años cincuenta del pasado siglo, con un artista que no difiere de sus congéneres más allá del toque personal que pueda imprimirle a un background infinitamente repetido. Sin los artificios del Dj, Chocolate y sucedáneos no podrían dedicarse a la música. En cambio Benny Moré, además de poseer un amplio registro vocal, era un tremendo improvisador, de impecable dicción, bendecido con un carisma excepcional.

Chocolate es el “Rey de los Reparteros” por ahora. Sabe que la “pegadera” es efímera porque hay demasiados haciendo lo mismo para un público que olvida rápido. Muchos de sus seguidores le aplauden el mérito de haberse posicionado a golpe de ego y confrontación; pero también han asumido la defensa del repartero mayor como si hubiese que reconocerle obligatoriamente una relevancia que no tiene.

Dicha actitud se ha visto acompañada en ocasiones de un insultante desprecio por la música cubana de épocas anteriores. Al parecer, las urgencias de nuestros días imponen el dominio de estas sonoridades violentas que constituyen el reflejo de una parte de la realidad que se vive en la Isla. Chocolate es el resultado de la fermentación de la sociedad cubana; en tanto Benny Moré fue la consecuencia lógica del proceso de enriquecimiento que venía experimentando la música antillana desde finales de los años treinta del siglo XX.

De manera sigilosa se ha ido entronizando la noción de que para ser un crítico de actualidad hay que tragarse lo que sea sin hacer arcadas; algo que en mi opinión es, cuando menos, deshonesto. Esta tendencia es la que ha provocado que en programas y shows televisivos eleven a reguetoneros y cantantes urbanos con apenas un par de años de carrera, a la categoría de grandes artistas. El elogio inmoderado, la apreciación acrítica o enfocada únicamente en la rentabilidad de determinadas propuestas musicales, contribuyen a que figuras menores, como Chocolate, se le ocurra compararse, medio en broma, medio en serio, con el Bárbaro del Ritmo.

El reguetón, como cualquier otro género musical, tiene derecho a existir; pero cada quien en su sitio para no perder la brújula. Chocolate tiene la estatura de sus letras y su reggaemorfa, una fórmula que funciona solo para un sector de la sociedad. Benny Moré representa un canon. Es, junto a otros creadores e intérpretes de insuperable huella, la prueba de que alguna vez fuimos una Isla con una creatividad explosiva, el rincón más musical del planeta.

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El Benny cumple 100 años

Benny Moré en el paseo del Prado Cienfueguero. Foto Internet

MIAMI, Estados Unidos.- Este 24 de agosto se cumple el centenario del nacimiento, en 1919, en Santa Isabel de las Lajas, en la entonces provincia Las Villas, de Benny Moré (Maximiliano Bartolomé Moré era su verdadero nombre).

Todos los homenajes resultarán insuficientes para celebrar el aniversario tan redondo del que sin dudas es el más grande cantante que haya dado la música cubana.

Se suele exagerar con el calificativo de genio, pero no es el caso del Benny. Si alguien fue genial fue él, que, sin haber estudiado música, solo a fuerza de sentimiento y de su innato sentido musical, fue el mejor intérprete del son, el bolero, la guaracha y el mambo. Nadie ha podido superarlo en fraseo e improvisación. Su talento era sobrenatural, como si le hubiese sido concedido como don por los dioses de sus antepasados africanos.

Había que verlo, luego de dar tres patadas en el piso, dirigiendo con sus gestos, con todo su cuerpo, aquella prodigiosa orquesta que creó a su medida a mediado de los años 50, la Banda Gigante, una jazz band de vendaval, con percusión afrocubana, que sonaba como un conjunto sonero y que no le constreñía su libertad, sino que le permitía adelantar y atrasar el tiempo, cambiar de tono a su antojo y a la que agradecía cada proeza sonora con un “anjá”.

No abundo más sobre la importancia del Benny en la música cubana. Muchos lo hacen mejor que como yo pudiera hacerlo. Por ejemplo, Faisel Iglesias, abogado y escritor cubano residente en Puerto Rico, en Oh vida (Ediciones Unos & Otros, 2019), un libro que acabo de leer y que me ha dejado fascinado por la visión que da del Bárbaro del Ritmo y su música.

Prefiero elucubrar un poco y suponer qué habría sido de Benny Moré y cómo hubiese sido su vida de no haber muerto de cirrosis hepática, a los 44 años, el 19 de febrero de 1963.

¿Pueden imaginar cuán desolado se sentiría cuando de la noche a la mañana se fueron del país, huyendo del huracán revolucionario, Celia Cruz, Olga Guillot, Rolando La Serie, Rolando Contreras, y muchos otros soneros y boleristas amigos suyos?

Benny Moré
Benny Moré. Foto Internet

Si Benny se quedó en Cuba, en El Conuco, como llamaba a su casa en el barrio La Cumbre, cerca de San Francisco de Paula, fue porque su salud estaba demasiado deteriorada, no porque simpatizara y se sintiese a gusto con el régimen. De haber vivido unos años más, hubiese tenido muchos problemas. Una persona tan libre como él, por muy querido que fuese por el público, no hubiese encajado en la rígida sociedad instaurada por  Fidel Castro. Dudo que los mandamases hubiesen podido domeñarlo.

¿Cómo habría juzgado una ridícula comisión de evaluación al Benny, que no estudió música, no sabía leer una partitura, y que, en vez de anotarlas en papel pautado, tenía que tararear las melodías que se le ocurrían?

No puedo imaginar a Benny Moré, por muy humilde y sencillo que fuese, como empleado de una empresa artística estatal que se apropiara de la mayor parte de sus ganancias y le ordenara qué hacer y cómo, luego de asignarle turno en una larguísima cola, que podía demorar años, para grabar un disco en la EGREM.

¿Pueden imaginarlo componiendo por encargo oficial, cantando en un coro al estilo de “We are the world”, junto a reguetoneros y timberos tracatanes, para homenajear a Fidel, los CDR, el MININT o el 26 de julio?

Era tan impuntual que en el cartel del Alí Bar lo anunciaban como “Benny Moré, si viene…” Y si venía, con horas de atraso, llegaba tambaleándose y dando tropezones, aunque no por ello dejase de cantar como siempre, con el alma, como si le fuese en juego la vida…

¿Hubiesen podido contar con él para animar las tribunas y los guateques fidelistas? Con el mal carácter que tenía, con unos tragos de más encima (que era casi siempre), y peor si había fumado marihuana, ¡ay de los funcionarios que se hubiesen atrevido a ir a regañarlo y amenazarlo con imponerle sanciones disciplinarias!

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A 100 años de su nacimiento, así recuerdan los jóvenes en Lajas a Benny Moré

Benny Moré

MIAMI, Estados Unidos.- En Santa Isabel de las Lajas, en Cienfuegos, pueblo natal de Benny Moré, los cubanos recuerdan al cantante cubano y aseguran que solo las personas de la tercera edad escuchan al bárbaro del ritmo, casi olvidado en el sector joven.

De acuerdo a un reciente video para CubaNet, los más jóvenes del pueblo aseguraron que al Benny solo se le recuerda en su natalicio y el aniversario de su muerte, pues no es la misma cultura cubana en la actualidad.

“La juventud no le presta mucha atención, está en otros tiempos, se ha ido de la juventud, aunque su música todavía se escucha en el municipio”, contó uno de los jóvenes entrevistados.

Por su parte, un joven de Lajas aseguró que en los centros recreativo no se escucha la música de Benny Moré. “Se escucha más la música urbana”, aseguró.

A pesar de que en la capital cienfueguera existe una estatua en su honor, uno de los jóvenes entrevistados para CubaNet refiere que en su pueblo natal debería existir algo que le brinde homenaje. Además de espacios que cuenten la vida del famoso cantante y que le rindan tributo no solo en las fechas de su nacimiento y muerte.

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¿Benny Moré, qué ritmo canta usted?

Benny Moré. Foto tomada de Internet

LA HABANA, Cuba.- Supongo que la prensa oficial cubana hoy mencione a Benny Moré, “el bárbaro del ritmo”. Es muy probable que se refiera a su deceso, ocurrido un día como este, hace ya cincuenta y seis años. Y no me asisten dudas, tengo la certeza de que esa prensa se referirá con exaltados elogios, más que a la nobleza de su voz, a la voluntad que guió al músico en su decisión de vivir en Cuba después de que los barbudos, con Fidel Castro al frente, bajaran de la Sierra para instalarse indefinidamente en el poder.

No dudo que esa prensa, regida por el gobierno comunista cubano, vuelva con la cantaleta que atiende mucho más a ese músico, “supuestamente revolucionario,” y “comunista” por derivación, cantando en Varadero a los jóvenes alfabetizadores que se congregaron en la muy azul playa matancera para recibir adoctrinamiento, para prepararse en la emergencia de una campaña que costó mucho dinero al país tan “pobrecito”, pero que resultaba preciso completar para hacer visibles las “bondades” de una “nueva y benefactora revolución”.

La prensa oficial no perderá la oportunidad de referirse al hombre de Santa Isabel de las Lajas que cantara a unos maestros voluntarios que “jamás tuvieron la posibilidad de ir a la mejor playa del mundo”, y que no lo consiguieron más tras la “campaña”. No creo que las publicaciones comunistas de la isla pierdan, esta vez, la oportunidad de mencionar la disposición del artista de ofrecer su canto en aquella rimbombante inauguración del “Parque de las ocho mil taquillas”, esa plaza que abría “las puertas” de la gran playa cubana a sus obreros, a sus campesinos, a todos los preteridos de otros gobiernos.

La prensa comunista hablará, como tantas veces, de esa enorme edificación que ofrecía taquillas, no habitaciones de hotel, al pueblo, para proteger su ropa de los ladrones que legó el “cruel capitalismo”; para que pisaran, tranquilos y descalzos, las blancas arenas; para que disfrutaran del sol más “bello y cálido” del mundo, de las aguas más transparentes y “calientes” del universo…, “¡sin dudas la revolución cubana ha sido tremendamente cursi!”. Y así, sospecho, se hablará del gran músico cubano, del que conquistó a México y cantó a Cienfuegos.

El hombre del bastón, el de los muy rítmicos movimientos, será reverenciado esta vez por su “fidelidad”, esa que solo pudo probar por apenas tres años. Es una pena, sin dudas, que haya muerto tan pronto una de nuestras voces más universales, un artista tan popular y de singular talento. Su temprana muerte nos dejó sin su canto, y también sin saber que habría pensado de esa revolución. El pobre Benny se quedó sin ver muchas cosas. No se enteró jamás de lo difícil que resultó luego al pueblo conseguir una habitación sencilla, no “una pieza colosal”, donde se pudiera veranear, “descansar”, en Varadero.

El Benny se fue sin comprobar los estropicios que provocó esa revolución de mentirita en la gran plaza del turismo isleño. No supo de los tantos “extranjeros” que se adueñaron de cada habitación de Varadero, en detrimento del “turismo nacional”. El gran músico no supo de los precios impagables, “inapagables” todavía. Ni de las risas que provoca todavía aquel poema de Guillen que advierte que: “nadie me puede detener a la puerta de un hotel”, o a la entrada de esos campos de golf tan merodeados por los Castro.

No sé qué habría dicho el Benny al constatar que lo de igualdad de oportunidades para cualquier raza era mentira. ¿Qué habría pensado aquel que cantaba a los orishas? ¿Qué habría pensado el que pegaba con destreza a los tambores, o a cualquier cosa a la que pudiera sacar un ritmo bueno y muy sonoro, bien sabroso? ¿Qué pensaría hoy el rimador de Santa Isabel de las Lajas del “Decreto 349”? ¿Tendría que gozar del visto bueno de Alpidio Alonso, el nuevo ministro de cultura, si quisiera entonar una guaracha en público?

¿Tendría hoy, Benny Moré, que probar su fidelidad a la “revolución” para cantar en: Estados Unidos, Venezuela, México y Colombia? ¿Lo habrían mandado alguna vez en una delegación a la República Democrática Alemana, Unión Soviética, Bulgaria, Checoeslovaquia, Angola y Etiopía? ¿Lo disfrutarían porque Celia Cruz interpretaba sus canciones, o le habrían exigido que la demandara? Benny se fue muy pronto, un 19 de febrero de 1963, y resulta muy impropio suponer que habría estado el resto de sus días con esa “revolución” que lo reseña como un “gran revolucionario”.

Su fidelidad eterna a los Castro no podrá probarse con monsergas y discursos trasnochados. Nadie podrá especular sobre lo que él habría creído de esa “revolución” y de sus “perpetuados y poderosos revolucionarios”. Benny Moré podría estar en Cuba o en Miami, en Nueva York. Benny es de todos los cubanos, de quienes estamos aquí, de los “Peter Pan”, de los que se escurrieron por Camarioca, Mariel, por el malecón habanero o por cualquier costa, o pista del país. No sería bueno andar esos caminos que la especulación propicia. Si el Benny estuviera vivo de seguro sería un viejito, y asegurar que sería comunista, fidelista, me parece exagerado, ridículo… El Benny también podría ser hoy un “viejo” disidente del castrismo.




Cuba recuerda con música a Benny Moré a los 98 años de su nacimiento

LA HABANA, Cuba.- El legendario músico cubano Benny Moré es recordado hoy en Cuba con conciertos y homenajes en su pueblo natal de Santa Isabel de las Lajas (Cienfuegos, centro), que festeja en pleno el que habría sido el 98 cumpleaños del mítico “Bárbaro del Ritmo”.

El tributo a Moré (1919-1963), considerado por muchos como el mejor músico cubano de todos los tiempos, comenzó este jueves temprano con una peregrinación a su tumba, en la que tocará la banda de conciertos de Santa Isabel de las Lajas, pueblo inmortalizado por el músico en una famosísima canción y donde pidió ser enterrado.

El Casino de los Congos de Santa Isabel de Las Lajas -templo de la religión yoruba al que estuvo ligado Moré- también se unirá al homenaje con un toque de tambor para el “Sonero Mayor” y un espectáculo de rumba, señala una nota de la estatal Agencia Cubana de Noticias.

Los festejos por el aniversario incluyen una exhibición de fotos y documentos originales relacionados con la vida y obra del autor y cantante de “Bonito y sabroso” y “Como fue”.

Maximiliano Bartolomé Moré murió en La Habana y cumpliendo su voluntad fue enterrado en un sepulcro de mármol, en el que se lee la inscripción “Benny Moré, Lajas, mi rincón querido, pueblo donde yo nací”, frase de la canción que dedicó a su villa natal.

Por ser “destino de peregrinación” de los seguidores del músico, la tumba fue declarada Monumento Nacional en 2009.

Moré, autodidacta y de quien se dice que nunca aprendió a “leer” música, es un mito en la isla, donde muchos opinan que no ha aparecido todavía un intérprete del son ni mucho menos un bolerista que lo supere en autenticidad como compositor e intérprete.

(EFE)




Aquella Habana que sabía reír

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Benny Moré arrollando a paso de conga con Rita Montaner, Guillermo Álvarez Guedes y Mimí Cal

LA HABANA, Cuba -Tengo ante a mí a Benny Moré arrollando a paso de conga en fila con Rita Montaner, Guillermo Álvarez Guedes, Mimí Cal y otros famosos de La Habana en los 50. Con los brazos en cruz, las risas de oreja a oreja y todo el esqueleto en acción, resulta obvio que están pasándola de maravilla. Tanto que a pesar de verlos mediante una borrosa instantánea en blanco y negro, uno se siente contagiado con su alegría.

La foto fue tomada en el año 1954, durante el show “La Calle”, en el Cabaret Montmartre, cuya ubicación, en calle P, esquina a Humboldt, en el Vedado, ostenta la curiosa peculiaridad de recordarnos juntos los tres momentos históricos más significativos para la vida de los habaneros a lo largo de más de medio siglo.

Desde París hasta La Habana pordiosera de hoy, pasando por la meca del estalinismo en tiempos de los vulgares mega-establecimientos. La simple mención del Montmartre nos fulmina la mente, recreándonos, en primer lugar, una idea de lo que pudo ser el esplendor de las noches habaneras de cabaret, antes de 1959, codo a codo con las mayores luminarias del espectáculo, tanto nacionales como internacionales: Celia Cruz o Edith Piaf, Maurice Chevalier o Ernesto Lecuona o Nat King Cole o Agustín Lara; Olga Guillot o María Félix… Y de seguida, nos remite al restaurante Moscú, el cual, con todo y sus mesas en estricta hilera, su bullicio y su ambiente de comedor obrero, ha pasado a ser parte irremediable de nuestra nostalgia.

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El anuncio de Montmartre, en la calle P, al fondo se ve el Hotel Nacional

Muchos aquí recuerdan todavía al Moscú como el restaurante más grande de la Isla, otorgando al dato una importancia que tal vez no merezca. Hay quienes aseguran que es el único sitio en que han comido caviar. En tanto otros lo guardan agradecidos en su memoria como una plaza idónea para el intercambio de inquietudes intelectuales o de cualquier otro tipo; o para la primera cita amorosa, o para la celebración en familia de fechas u otros acontecimientos de común relevancia.

Lo cierto es que aquella madrugada de los 80, cuando el Moscú encontró su fin envuelto en llamas, moría por segunda vez allí el símbolo de una época, al tiempo que el lugar pasaba a simbolizar otra época nueva, que aún perdura, y sólo Dios sabe hasta cuándo: la etapa de la devastación, las ruinas, la fealdad y la miseria extrema.

Quien no tenga presente la inutilidad administrativa y la enfermiza desidia de nuestras autoridades, no hallará explicación al abandono que ha sufrido, durante más de 30 años, el inmueble donde estuvo el Cabaret Montmartre y luego el restaurante Moscú, ubicado nada menos que al pie de La Rampa, céntrica y populosa como pocos sitios de La Habana, y además muy visitada por el turismo extranjero.

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La esquina de 23 y P, en el Vedado habanero, en 1960 y 1990

Su único beneficio, en tres décadas y, claro, al margen de la ley, ha sido el de albergue de perdularios: alcohólicos, vagabundos, inmigrantes de provincia sin hogar, desahuciados sociales… La entrada principal fue tapiada por quienes al parecer ignoraron que los pobres huéspedes accedían (y aún acceden,) al local por su parte trasera, en la calle Humboldt, desde donde se aprecia vívidamente la atmósfera de morada fantasma, no apta para inocentes, que ocupa casi una cuadra de largo.

Parte el alma el espectáculo que hoy ofrece el antiguo Cabaret Montmartre, o el antiguo restaurante Moscú, descascarado, sucio, con los rezagos ruinosos de aquella entrada en la cual, para que no le falte sustancia, murió aparatosamente un famoso sicario de la dictadura de Fulgencio Batista, el coronel Antonio Blanco Rico, acribillado por la metralla de Rolando Cubelas y Pedro Carbo Servia, ambos del Directorio Revolucionario.

¿Lograremos ver la salvación de este museo del discurrir histórico de La Habana en los últimos cincuenta años? Por lo pronto, una cosa sí podríamos asegurar, y es que no auguramos la menor posibilidad de salvación histórica para quienes lo condenaron.

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