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Congresistas rinden tributo a la Brigada 2506: “Son la referencia moral de este exilio”

Maria Elvira Salazar y Mike Bost, Brigada 2506, Bahía de Cochinos

MIAMI, Estados Unidos. — Los congresistas Maria Elvira Salazar y Mike Bost, republicano de más alto rango en el Comité de Asuntos de Veteranos de la Cámara, visitaron este jueves el museo de Bahía de Cochinos, en Miami, informó Radio Televisión Martí.

La ocasión sirvió para que ambos representantes participaran en un Mesa Redonda cerrada a la prensa, donde se reivindicó el aporte y el legado de la Brigada de Asalto 2506.

“Los veteranos de Bahía de Cochinos son la referencia moral de este exilio, porque el que estuvo dispuesto con 18 años a enfrentarse con las fuerzas castristas para defender la Isla con la esperanza de que no cayera en el comunismo hay que reconocerlo en todo momento”, declaró María Elvira a Radio Televisión Martí.

La visita del legislador Mike Bost (Illinois) sirvió para entregar una mención del Congreso a los veteranos de Bahía de Cochinos.

Ambos políticos también ofrecieron un reconocimiento al recién electo presidente de la Brigada 2506, Rafael Montalvo.

“Muy honrado. Que el Congreso americano honre a la Brigada es una cosa importantísima. Y yo creo que no solamente honran a la Brigada, sino a todos los cubanos”, dijo Montalvo.

Contra las medidas de Biden

María Elvira se refirió a las recientes medidas tomadas por el gobierno de Estados Unidos para eliminar numerosas restricciones al régimen cubano, desmontando la política seguida por Donald Trump entre 2017 y 2021.

“Se trata de la decisión de darle oxígeno a un gobierno nefasto. No son los vuelos, es el gran paquete donde desgraciadamente se ve la voluntad por parte de la administración del presidente Biden de querer darle oxígeno a gente que lo que tiene es una bota arriba del cuello del pueblo”.

De acuerdo con Radio Televisión Martí, los congresistas también realizaron una visita al centro médico para veteranos Bruce W. Carter junto al también representante cubanoamericano Carlos Giménez, exalcalde de Miami-Dade.

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Especulando en torno a Girón

Batalla de Playa Girón

LA HABANA, Cuba. – El régimen castrista cada año conmemora con gran alharaca la batalla de Playa Girón, ocurrida entre el 17 y el 19 de abril de 1961, a la que, sin escatimar en exageraciones, califican como “la primera derrota del imperialismo yanqui en América”. 

Los castristas se muestran cual si hubieran enfrentado a la Séptima Flota y la División 82 Aerotransportada en vez de a una brigada de 1.400 exiliados mal entrenados, y a los que ―equipados por los soviéticos― superaban en armamento, y más de nueve veces en número de combatientes sobre el terreno. 

La victoria de las fuerzas castristas sobre la Brigada 2506 en Playa Girón se debió principalmente a los errores y la mala coordinación de la invasión por parte de la CIA y los titubeos del presidente John F. Kennedy, que ejecutó sin fe y con reluctancia el plan heredado de Eisenhower, su antecesor, para derrocar al régimen de Fidel Castro.

El desgano y desinterés de Kennedy respecto a la invasión se evidenció, cuando le consultaron el sitio escogido para el desembarco de los expedicionarios y respondió con la frase: “Drop them anywhere” (Tíralos dondequiera).

El sitio escogido, un punto en la cenagosa costa de la Bahía de Cochinos, se convirtió en una encerrona para los invasores. Encima de eso, se vieron privados del apoyo aéreo que los norteamericanos le habían prometido. La aviación castrista, que no había sido tan dañada por los golpes aéreos del 15 de abril como suponían los planificadores de la invasión, pudo dominar los cielos y ametrallar a mansalva a los invasores, que habían quedado prácticamente abandonados a su suerte y a los que no les fue posible hacer más de lo que hicieron durante las cerca de 70 horas que duró la batalla. 

Si Kennedy no confiaba en el plan de la CIA, si pensaba que estaba condenado al fracaso, mejor no hubiese hecho nada. Pero, con su desidia, envió a cientos de hombres a una carnicería y le regaló una victoria a Fidel Castro, más que todo propagandística. Es por eso que muchos anticastristas no perdonan a Kennedy y lo acusan, habiendo tenido la oportunidad de destruirlo, de ser el culpable de que el régimen castrista se consolidara.

Hoy, con la perspectiva que dan los 61 años transcurridos, uno puede, si no disculpar, al menos entender mejor los porqués de las vacilaciones de Kennedy.

Viéndose arrastrado a un creciente involucramiento estadounidense en Vietnam, enfrentado a Jrushchov en torno a la cuestión de Berlín, Kennedy subvaloró la peligrosidad de Fidel Castro. ¿Cómo iba a imaginar que poco más de un año después de Girón, en 1962, Fidel Castro, al alentar y permitir el emplazamiento en Cuba de misiles atómicos soviéticos, iba a poner al mundo al borde de una guerra nuclear?

En los días de Girón, debe haber pesado en Kennedy, a la hora de decidirse a  involucrar a las fuerzas militares estadounidenses en una intervención para derrocar al régimen de Castro, el apoyo popular con el que este todavía contaba en aquella época, gracias a su demagogia y sus promesas populistas.

Si la Brigada 2506 hubiese logrado establecer una cabeza de playa en Playa Girón e instalar en ella un gobierno provisional que hubiera solicitado y conseguido la intervención de los Estados Unidos, los estadounidenses hubiesen conseguido barrer al régimen de Fidel Castro. Pero, dado el apoyo militar de la Unión  Soviética y el fervor pro-Castro existente entre gran parte de la población, lo más probable es que habrían tenido que enfrentar una fuerte resistencia y enfrascarse en una carnicería. Ni remotamente habría sido tan rápido y fácil como la intervención en Santo Domingo en 1965. 

Además, intervenir en Cuba le hubiera granjeado a los Estados Unidos la animadversión de muchos en América Latina y otras partes del mundo que aún idealizaban a la Revolución Cubana.

Haciendo un ejercicio de especulación histórica, es fácil deducir que con aquella intervención, que nos hubiera ahorrado seis décadas de dictadura comunista, hoy no estaríamos sumidos en este callejón de miseria, opresión e ignominia del que no parece haber salida a la vista.

Pero también podemos suponer que, a pesar de que estaríamos en mejor situación que otros países de América Latina (Cuba siempre lo estuvo), de haber intervenido los Estados Unidos, habría entre muchos cubanos un fuerte sentimiento antinorteamericano y las añoranza por el castrismo, por todo lo que prometía, por el paraíso que nos pintaba.

Hoy ya no quedan dudas acerca de la perversidad del castrismo y sus continuadores. El día que termine la pesadilla, nos daremos a la tarea de borrar todo cuanto quede de ella, y por todo lo que sufrimos, nunca permitiremos que vuelva.    

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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Veritas: “un nuevo y contundente enfoque sobre la invasión a Bahía de Cochinos”

Veritas documental

MIAMI, Estados Unidos.- El documental Veritas, que narra la historia nunca antes contada de la Invasión de Bahía de Cochinos, en Cuba, en boca de sus protagonistas, será presentado el próximo 15 de abril en la Casa de la Brigada 2506, sita en el número 1821 de la calle nueve en el suroeste de Miami.

Veritas, del cineasta cubano Eliécer Jiménez-Almeida, revela detalles de Bahía de Cochinos 60 años después, “desde la preparación militar, la batalla en playas cubanas, las vejaciones del presidio y de la propia liberación”.

“Los horrores de la guerra, la sensación de abandono (al no tener la ayuda prometida), son revividos exhaustivamente por estos hombres que desde el exilio, no han dejado de extrañar a su país”, reza la sinopsis que acompaña el lanzamiento del documental.

A decir de su director, Veritas es un filme que expone aspectos de un suceso clave en la historia del siglo XX, y es necesario darlo a conocer porque hasta hoy, desde el cine, no se había mirado de manera tan profunda un evento que dio paso a la Crisis de los Misiles, entre la antigua URSS, Cuba y EE.UU., y que puso al mundo al borde de un conflicto global y una guerra nuclear.

Eliécer Jiménez-Almeida asegura que Veritas “es un nuevo y contundente enfoque sobre la invasión a Bahía de Cochinos, en el que se encuentran narraciones inéditas, desde la voz de los brigadistas”, y consigue “abundantes revelaciones acerca de la invasión y las causas de la derrota”.

En el documental “se descubre la humanidad y la autenticidad de unos hombres que al final de su vida optan por narrar un pasado difícil, de cara a la verdad”, cuenta Jiménez-Alemeida.

Asimismo, se descubren detalles reveladores: todos los atacantes de Bahía de Cochino eran cubanos, no eran mercenarios, como se ha repetido por años, sino voluntarios, pues “al ser lanzada la convocatoria para el reclutamiento la inmensa mayoría de los hombres del exilio en edad militar no acuden al llamado, y ellos sí”.

“Esta es una valiosa lección de vida que muestra los juego del poder al no dar información sobre cuándo y qué tipo de ayuda darían, y no cumplir con el apoyo prometido, lo cual fue la causa principal de la derrota de la Brigada 2506. Veritas es un filme que habla sobre la guerra (que deshumaniza), como nos habla de la verdad y la virtud como utopía, que ha de seguir inspirando los afanes del hombre”, expresó el director.

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Documental “Veritas” o la verdad de una hazaña

MIAMI, Estados Unidos.- Fue a mediados de los años sesenta en la cafetería del centro comercial de la Habana del Este, que ya se desmoronaba con la escasez, cuando empezaron a dispensar, inesperadamente, el refresco americano Kool-Aid, de sabor a uva, en unas tanquetas impecables de acero reforzado.

Otros productos del “enemigo”, que no alcanzo a recordar, aparecieron brevemente en nuestra indigente estantería comercial, desvirtuada por la ansiedad de consumir.

Luego se supo que esos bienes habían sido canjeados, como indemnización, por los miembros de la Brigada 2506, apresados en la contienda de Bahía de Cochinos.

La prensa castrista la volvía a emprender contra los héroes. Se burlaba de cómo habían sido cambiados “por compotas”, luego de años en presidio riguroso e, incluso, amenazados de eventuales fusilamientos porque, aparentemente, la barbarie popular así lo reclamaba.

Por supuesto que el dictador, Fidel Castro, especialista en denigrar a sus enemigos con epítetos rimbombantes, los llamó mercenarios, desde el primer día, falseando totalmente el concepto. De tal modo, quedaron calificados en todos los programas de estudios, bibliografía, y demás medios de comunicación y audiovisuales. Por entonces, nadie se hubiera atrevido a contradecirlo públicamente.

Ahora que se acaba de celebrar el sexagésimo aniversario de aquella gesta, el director de cine Eliecer Jiménez-Almeida ha concluido el documental “Veritas”, que comenzará su correspondiente gira de festivales, antes de ser presentado, públicamente, en Miami y, eventualmente, en La Habana, ciudades que son las fuentes culturales principales de la cubanidad y sus acontecimientos.

Veritas
Póster del documental Veritas. Foto cortesía

Jiménez-Almeida es un director de cine independiente muy perseverante y siempre del lado de quienes reclaman justicia, como una suerte de poética. Sus documentales “Usufructo” y “Persona”, entre otros de una filmografía notable, generan oposición y contradicciones insalvables en el poder totalitario y su malsana vocación por desvirtuar la experiencia histórica real.

Con este instrumental, al director, quien ha sido exhibido en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), en una de las pocas muestras de contenido anticastrista de la institución, se le presenta la oportunidad de colaborar con los veteranos de Bahía de Cochinos para dejar plasmada parte esencial de aquella vivencia excepcional en un documental que titula “Veritas”, para que no quede duda de su vocación y contenido.

Sin proponérselo, la obra deviene desmentido humanista de la tergiversación y tribulaciones sufridas por jóvenes idealistas que se presentaron, sin ninguna otra compensación material, a un llamado de reclutamiento para ir a liberar la patria, usurpada por el comunismo, mientras hubiera tiempo de revertir tan lamentable destino.

Veritas Eliécer Jiménez-Almeida
Foto cortesía

No fueron muchos los que tomaron la temeraria decisión, pues otros optaron por esperar los cambios y alentaron el anticastrismo desde la legitimidad del exilio. Los que comparecen en el documental, sin embargo, siguen convenciendo al espectador de aquella perentoria necesidad de recuperar la patria por la fuerza, que la historia luego ha suscrito con creces.

A diferencia de otras aproximaciones, más inclinadas a la academia, o a temas recurrentes como la guerra fría, el enfrentamiento ideológico, el panorama político internacional, entre otras complejidades históricas y puntos de vista posibles, “Veritas” deriva y se narra desde los participantes con una sinceridad avasalladora de quienes no solo afrontaron la denigración sistemática del aparato ideológico del régimen, sino de sus “fellow travelers” internacionales.

Jiménez-Almeida se arriesgó, asimismo, a redondear visualmente las arduas circunstancias de los brigadistas sobre el terreno, desbastecidos y tácticamente abandonados, filmando imágenes del escenario histórico, incluso del fondo del mar donde descansan las huellas del combate.

Son elementos que enriquecen el contenido y colocan al público en aquella ingrata geografía que terminó por conspirar contra el éxito posible de una hazaña sin parangón en la historia contemporánea de la isla.

“Veritas” no deja de subrayar la nobleza de sus protagonistas con la palabra directa y mucha emoción en el recuerdo. La construcción narrativa no sucede a partir de frases hechas o patrioteras. Es una conversación serena, en paz, convincente, sin rencores, de quienes no dudan de haber estado del lado correcto de la historia.

Jiménez-Almeida se las arregla, mediante atinado montaje y esmerada recreación visual y testimonial, para que sigamos el hilo conductor en el laberinto de la guerra fría y la alta política internacional, sujeta a sus intereses específicos, dejando que los veteranos de Bahía de Cochinos manifiesten, abiertamente, sus frustraciones por verse imposibilitados de alcanzar el triunfo, en medio de determinaciones burocráticas improcedentes, distantes de la realidad.

El haber perdido la posibilidad de cambiar el rumbo de la historia y evitar la debacle de seis décadas de férrea dictadura, ofrece a los brigadistas toda la certidumbre del éxito moral indiscutible que ostentan.

“Veritas” es un acto de justicia, traducido al cine, que aborda las razones de los héroes y pone a prueba sus convicciones.

Demuestra que la búsqueda de la libertad no entiende de obstáculos, farsas o traiciones. Es un hecho consustancial a la idea de patria.

Para Jiménez-Almeida la cultura cubana es indivisible y distintas generaciones se dan cita en la producción del documental para ofrecerle el valor y la permanencia que merece.

En el 60 aniversario de una gesta mítica que les dio la razón a sus héroes y mártires, “Veritas” abre las puertas de la verdad para que el mundo comprenda, y no olvide, que la lucha por la libertad en Cuba sigue totalmente vigente.

Ficha técnica:

Productor ejecutivo: Carlos León Acosta

Manager de producción: Angélica M. Loucraft

Productor en La Habana: Ricardo Figueredo

Fotografía: Eliecer Jiménez-Almeida

Editor: Jorge (Tuti) Abello y Jiménez Almeida

Música original: Sergio Valdés

Mezcla de sonido: Rubén Valdés

Diseño gráfico: Cabilla ST

Corrección de color: Alex Medina

Cine Cubano en Trance con Alejandro Ríos.
Dilucidar la isla y su cultura a partir del séptimo arte que la denota. La intensa quimera de creadores, tanto nacionales como foráneos, que no cesan de manifestar una solidaria curiosidad por tan compleja realidad, es parte consustancial de esta sección.

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“Su causa fue la de la libertad”: conmemoran en Miami los 60 años de Bahía de Cochinos

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MIAMI, Estados Unidos. – Veteranos del grupo de combatientes cubanos que participaron en la fallida invasión de Bahía de Cochinos en 1961 rindieron con emoción este sábado honores en Miami al centenar de brigadistas que murieron en el desembarco y en los combates aéreos.

Según informa la agencia de noticias EFE, al pie del monumento a la Fuerza Aérea de Liberación de la Brigada de Asalto 2506, bajo dos grandes carpas, se congregaron cerca de medio millar de personas, entre brigadistas, familiares de varias generaciones, legisladores del estado y autoridades del condado de Miami-Dade.

El principal orador invitado fue el gobernador de Florida, el republicano Ron DeSantis, quien elogió el “valor” y el “espíritu” de los brigadistas cubanos anticastristas.

“Los miembros de la Brigada de Asalto 2506 se levantaron contra la represión y una ideología inmoral, se levantaron por la libertad”, resaltó DeSantis, el mismo “espíritu”, acotó, que “anima a las personas de todo el mundo que luchan contra cualquier forma de totalitarismo”.

En ese contexto, el gobernador identificó el “espíritu” que definía a la Brigada de Asalto 2506 con el mismo que impulsó las protestas contra el comunismo en Tiananmen (China), que tiñó la caída del muro de Berlín hace 31 años o que alienta en los cubanos que siguen arriesgando sus vidas echándose a un mar para salir de la isla.

DeSantis advirtió que ese espíritu de “lucha por la libertad” marca también esta hora en Estados Unidos, en la que, afirmó, “estamos luchando contra la censura política”.

“Mientras yo sea gobernador de Florida, este estado será dirigido por el espíritu de la Brigada de Asalto 2506”, sentenció el gobernador, palabras que fueron recibidas con una fuerte ovación.

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El gobernador de la Florida Ron DeSantis asistió al evento en conmemoración de la Brigada 2506 (foto OCB)

Hugo Sueiro, teniente del Ejército cubano, que era con 21 años el jefe del Batallón de Infantería número 2, el primero que desembarcó en Playa Larga (cercana a Playa Girón, en Bahía de Cochinos), dijo este sábado a Efe que “la guerra se perdió antes de entrar en Cuba”, en referencia a las decisiones erróneas del entonces presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy.

Seis décadas después de la fallida invasión de Bahía de Cochinos, todos los cubanos exiliados protagonistas de aquella operación coinciden en que el fracasó se debió a la falta de compromiso e indecisión de Kennedy, los cambios de planes y la falta de cobertura aérea para amparar el desembarco.

Era una invasión, pues, condenada al fracaso.

Emoción y tristeza son también las sensaciones presentes este sábado en el ánimo de Salvador Miralles, de 86 años, que pilotaba con el grado de capitán el primer avión B-27 que bombardeó el 17 de abril las fuerzas del régimen cubano. Su ataque destruyó el barco cañonero “Baire”, que se hundió parcialmente.

“Me siento muy triste por todos los amigos que murieron por nada, tras hacer un esfuerzo máximo, por culpa del Gobierno estadounidense que no hizo lo que debía haber hecho”, dijo Miralles a Efe.

El senador estadounidense por Florida Marco Rubio, de origen cubano, dirigió también unas palabras a los asistentes en las que destacó que la condición de los brigadistas era la de cubanos, pero “su causa fue la de la libertad”.

Por ello, subrayó, la “mejor manera de rendirles honor (a los brigadistas caídos en combate) es defender la libertad donde esté amenazada, también en Estados Unidos”.

Por su parte, el congresista Mario Díaz-Balart, también de origen cubano, anunció que ha presentado una resolución para convertir el 60 aniversario de la invasión de Bahía de Cochinos en una conmemoración permanente.

“Es una deuda de honor. Es lo que se les debe. Nunca dejaremos de luchar y Cuba será algún día libre con el ejemplo de la Brigada de Asalto 2506”, sentenció.

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Los congresistas Mario Diaz-Balart y María Elvira Salazar asistieron a la conmemoración del aniversario de la Brigada 2506 (foto OCB)

Jeanette Núñez, la primera latina vicegobernadora de Florida, mencionó con orgullo ser hija de padres cubanos y expresó su admiración por los brigadistas que lucharon con ‘las fuerzas represivas comunistas impulsados por el anhelo de democracia y libertad’.

“Queremos ver una Cuba libre y en manos democráticas”, apostilló Nuñez.

También dirigieron una breves palabras a los presentes el alcalde de Miami, Francis Suárez, y la regidora del condado de Miami-Dade, Daniella Levine Cava, quienes recordaron el “heroísmo y sacrificio” de los cubanos exiliados que participaron en la operación militar frustrada.

“Estamos con ustedes y unidos. Hasta la libertad”, dijo en español Levine Cava.

No solo fue una invasión fallida, sino que, según dijo el presidente de la Brigada de Asalto 2506, Johnny López de la Cruz, el fracaso de la operación tuvo “serias consecuencias para Cuba, para Estados Unidos, el continente y más allá”.

“El régimen de Castro se consolidó y sirvió para exportar su modelo revolucionario” a Latinoamérica y otros continentes, apuntó De la Cruz, que estaba al mando de una de las compañías de paracaidistas de la Brigada de Asalto 2506.

Esta tarde tendrá también lugar en el Monumento de la Brigada el acto denominado “Pase de Lista”, en el que se rendirá tributo a los brigadistas caídos en combate. A continuación, habrá una misa de recuerdo por las víctimas de la invasión en la Casa Museo de la Brigada, en la Pequeña Habana.

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Bahía de Cochinos: el mito castrista y la victoria que no fue

Bahía de Cochinos, Playa Girón, Miembros de la Brigada 2506 prisioneros en Bahía de Cochinos cubanas

GUANTÁNAMO, Cuba. ─ Hecho añicos el triunfalismo de la dictadura, desembocado el país en una crisis que parece irreversible, algunos vencedores pudieran preguntarse si lo que un día festejaron como triunfo acabó siendo una derrota.

El régimen usa el despectivo vocablo “mercenario” para calificar a quienes formaron parte de la Brigada 2506. Sin embargo, esa fuerza expedicionaria estuvo conformada en su mayoría por estudiantes universitarios, excombatientes del Ejército Rebelde y luchadores de la clandestinidad que fueron sacados de Cuba con el objetivo de ser entrenados militarmente y regresar a ella para luchar contra la dictadura castrista. Todos estaban imbuidos de un sentimiento altamente idealista en bien de la patria traicionada por un ególatra despiadado y sórdido.

El vocablo tiene larga data en la historia de la propaganda de la dictadura, pues lo endilgan a todo el que se les enfrente y dejan de atribuírselo a quienes hacen de la genuflexión ante el Partido Comunista de Cuba (PCC) un ejercicio cotidiano por el cual cobran.

Quienes serían parte de esa brigada arribaron a EE. UU. por diversas vías, reclutados por Manuel Artime, líder político de la expedición, médico y exteniente del Ejército Rebelde. Podían haberse establecido allí desentendidos de la política y trabajar por el bienestar económico que propicia toda sociedad organizada en libertad. Pero en ellos pudo más el sentido del deber que el interés personal y dejaron atrás estudios, familias y trabajos para cumplir la ineludible cita que siempre tienen con la patria los hombres dignos ─que los ha habido siempre─, como también los que eluden su responsabilidad histórica bajo cualquier pretexto.

Diversos documentos dan registro de cerca de 2 680 nombres de afiliados a la Brigada 2506. De ellos, aproximadamente 1 330 viajaron en barcos; 1 297 lograron desembarcar, mientras 177 lo hicieron como paracaidistas aerotransportados. Hubo aproximadamente 114 bajas ─entre ahogados y muertos─ y 1183 fueron capturados, juzgados y hechos prisioneros hasta que fueron devueltos al exilio.

Algunos mitos del castrismo

Los defensores del castrismo aseguran que la de Bahía de Cochinos fue una invasión sorpresiva. Sin embargo, ellos mismos se han encargado de divulgar materiales donde aseguran que se conocía de ella desde días antes gracias a la confesión de uno de los expedicionarios en un país centroamericano.

Aseguran también que la Fuerza Aérea Revolucionaria fue casi totalmente destruida durante los ataques previos a la invasión a los aeropuertos de Santiago de los Baños y Santiago de Cuba. Eso es falso. Momentos después de esos ataques, el régimen de Fidel Castro protestó enérgicamente ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) y el presidente John F. Kennedy ordenó la suspensión de todos los vuelos planificados con ese objetivo para los días siguientes, provocando con esa decisión que se preservara gran parte de la aviación castrista, lo que fue fatal para el desenlace de las acciones.

En un artículo titulado Bahía de Cochinos: la invasión que pudo evitar más de cinco décadas de dictadura en Cuba, del periodista Manuel Trillo, se lee que Pedro Corzo ─presidente del Instituto para la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo─ declaró que “en los encargados de planificar la invasión primaron las consideraciones políticas sobre las militares y que el presidente estadounidense no estaba convencido del todo de la necesidad de este tipo de acción militar pues había heredado el plan de su predecesor y lo enmendó, convirtiendo lo que en principio iba a ser una guerra irregular en una de tipo convencional sin facilitar los recursos que tal tipo de contienda demanda”.

Varios de los barcos que transportaban a los expedicionarios fueron seriamente dañados. El mismo 17 de abril el “Houston” fue alcanzado por el proyectil de un tanque soviético y comenzó a hundirse, razón por la cual el capitán decidió encallarlo para evitar que se hundiera del todo. Parte de los hombres que transportaba murieron ahogados o alcanzados por los disparos de la artillería en la cubierta. Los que llegaron a tierra se batieron heroicamente en Playa Larga, donde se afirma se libraron los más encarnizados combates. El barco “Río Escondido” también fue alcanzado por el bombardeo enemigo y explotó. Eso no habría ocurrido si el gobierno estadounidense hubiera apoyado efectivamente la invasión.

Las autoridades militares estadounidenses llegaron al extremo de asegurar que si algún piloto de la Fuerza Aérea de Liberación aterrizaba en la base naval de Guantánamo sería entregado a las autoridades castristas.

El batallón 339, de Cienfuegos, atrincherado desde hacía varios días en Playa Girón, fue el primero en entablar combate con la Brigada 2506 ─el castrismo celebra la victoria de Girón como si fuera un hecho ocurrido en la provincia de Matanzas, lo cual es otra distorsión de la historia─ y a este se sumaron de inmediato fuerzas militares que llegaron a ser hasta diez veces superiores a las de la Brigada 2506.

Carentes de la imprescindible base logística para mantenerse, superados en hombres y armamentos por las fuerzas de la dictadura y sin poder contar con el apoyo de sus fuerzas aéreas no puede usarse otro adjetivo que el de heroico para calificar la actuación de los expedicionarios.

Lo curioso de esta historia, según han pasado los años, es que muchos de los que se enfrentaron a los supuestos “mercenarios” ─algunos de ellos oficiales de alto rango de las fuerzas armadas del castrismo─ salieron luego de Cuba totalmente decepcionados por la egolatría de Fidel Castro y su total desinterés por los padecimientos del pueblo.

Muchos de los que entonces festejaron el supuesto triunfo y quedaron en nuestro país se percataron de que la acción militar en la que participaron no era para gloria suya ni de la patria, sino para insuflar la vanidad de un ser despiadado y enfermo desmesuradamente de apego al poder. Y eso duele.

Como bien dijo Manuel Trillo, de haber recibido apoyo la invasión de Bahía de Cochinos pudo haber sido un éxito y nos habríamos ahorrado varias décadas de dictadura. Nada como un día tras otro. Lo que pareció alegría luego se volvió tristeza. Así de mutables resultan los actos humanos.

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Brigada 2506: el juicio de los hombres y el de la historia

Brigada2506Veteranos

GUANTÁNAMO, Cuba. ─ Este 29 de marzo se cumplen 59 años del inicio del juicio contra los cerca de 1 300 exiliados cubanos que formaron parte de la Brigada de Asalto 2506 y que fueron apresados en Playa Girón y otros lugares luego del fracaso de la invasión.

El proceso se celebró entre el 29 de marzo y el 3 de abril de 1962. Fue el epílogo judicial de Playa Girón y otra muestra de la capacidad política de Fidel Castro, porque le sirvió para proyectar internacionalmente una presunta imagen humanista de su dictadura, consumada de facto pero carente de institucionalidad.

En marzo de 1962 había en Cuba miles de presos políticos viviendo en condiciones inhumanas y se continuaba fusilando a diestra y siniestra en contra de lo establecido en la Constitución de 1940, que Castro había prometido restablecer. De hecho, 14 miembros de la brigada fueron juzgados por el Tribunal Provincial de Las Villas y, de ellos, cinco recibieron la pena máxima por estar vinculados a crímenes cometidos durante la dictadura de Batista.

Y aunque el régimen necesitaba proyectar esa imagen frente a la opinión pública internacional no creo equivocarme si afirmo que en lo más íntimo de su ser el dictador anhelaba fusilar a todos los procesados.

¿Tuvieron los acusados un juicio justo?

El órgano que juzgó a los combatientes anticastristas estuvo formado por el capitán Augusto Martínez Sánchez como presidente y además por los comandantes Juan Almeida Bosque, Guillermo García Frías, Sergio del Valle Jiménez y Manuel Piñeiro Losada. Ninguna de esas personas eran juristas en el momento de la celebración del juicio. Siendo oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias no puede hablarse de imparcialidad pues todos tenían interés directo en el proceso y enemistad manifiesta contra los acusados, sus enemigos ideológicos.

Entre el 19 de abril de 1961 y el 29 de marzo de 1962 transcurrieron 345 días. No he descontado aquí el tiempo que tuvo la Fiscalía para formular su acusación. Suponiendo que fue un mes, serían 315 días las jornadas que se dedicaron a tomar declaración a todas las personas acusadas y a las relacionadas con el suceso, una cifra que seguramente superó las 2 000.

¿Pudo en ese tiempo hacerse un examen concienzudo de lo ocurrido? ¿Se verificó el dicho de cada uno de los acusados, otro requisito ineludible del debido proceso? Obviamente no. Por eso las autoridades cubanas optaron por hacer una acusación general sin analizar la responsabilidad individual de cada procesado y su real participación en los sucesos. Bajo esa cobertura fueron sancionados a igual cantidad de años los combatientes, el personal paramédico y otros que no tuvieron participación directa en las acciones militares.

La acusación, según el artículo La condena de los mercenarios ─publicado por el periódico Granma el 29 de marzo del 2007 con la firma de Mariagny Taset Aguilar─, fue por el delito de “Traición a la Patria” y conforme al artículo 128 del Código de Defensa Social (CDS), afirma Miguel Fernández Díaz en su artículo Juez y parte.

Tal delito no existía en el CDS en el momento de la celebración del juicio. Entonces, bajo la figura genérica de “Delitos contra la Integridad y Estabilidad de la Nación” se regulaban las tipologías delictivas que atentaban contra la Seguridad del Estado.

Aquí entran a debate dos aspectos que trascienden al fallo del  “tribunal” y que son los siguientes: el poder establecido en Cuba no era legítimo —al ser de facto, no de iure— y en Cuba no había república, por tanto, los procesados no podían haber sido sancionados conforme al artículo 128 del CDS, que establecía: “El que en interés de una potencia extranjera ejecute un hecho con el objeto expreso y conocido de que sufra detrimento la independencia de la República o la integridad del territorio nacional, será sancionado con privación de libertad de veinte años a muerte”.

La invasión no se ejecutó en interés de una potencia extranjera y la propia actitud de Kennedy desmiente esta afirmación del castrismo. Tampoco se hizo en detrimento de nuestra independencia, sino para reafirmarla ante el rumbo entreguista que con respecto a la URSS asumía el castrismo. Mucho menos puede hablarse de que en Cuba había una república, pues 60 años después tampoco la hay.

Como presuntas pruebas de la “magnanimidad” de la revolución ─la misma que desde los primeros días de enero convirtió al país en una fiesta sangrienta─, en el juicio fueron presentadas cartas que, según afirmó el capitán Pedro Luis Rodríguez, fueron escritas por José Alfredo Pérez San Román, encargado principal del mando de las tropas invasoras, que sabrá Dios cómo fueron obtenidas.

Los acusados fueron sancionados a 30 años de privación de libertad, sanción que sólo se interrumpiría cuando la administración estadounidense pagara la indemnización solicitada. Durante todo ese tiempo fueron obligados a trabajar y se les impuso como sanción accesoria la pérdida de la ciudadanía. Además, Fidel Castro solicitó una indemnización superior a los 60 millones de dólares, suma que fue pagada principalmente en alimentos.

El reducido grupo de hombres que tuvo el valor de desafiar a la ya gigantesca maquinaria militar castrista habría podido obtener la victoria de haber contado con el apoyo de la administración de John F. Kennedy. Esos hombres fueron tan patriotas como los que subieron a la Sierra Maestra para acabar con la dictadura de Batista y no merecían esa traición estadounidense.

Mi padre fue uno de los también heroicos combatientes del batallón 339, de Cienfuegos, el primero en entablar combate contra la Brigada 2506. Pudo haber muerto en combate. Nunca olvidaré que muchos años antes de morir me pareció muy desilusionado con una causa a la que entregó los mejores años de su vida. Él también aprendió que no siempre los vencedores cumplen sus expectativas y que con el paso del tiempo, más que vencedores y vencidos hay muchos más traicionados. Ahí están las historias de la Brigada 2506 y del pueblo cubano para confirmarlo.

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Fallece en Miami Esteban Bovo, piloto en el asalto a Bahía Cochinos

Esteban Bovo

Esteban Bovo
Esteban Bovo. Foto captura de pantalla

MIAMI, Estados Unidos.- Esteban Bovo Carás, uno de los pilotos cubanos de la Brigada 2506 que participó en la fallida invasión en 1961 de Bahía de Cochinos (Cuba), falleció en Miami a causa de una afección cardíaca, informó este viernes la agencia de noticias EFE.

El piloto y exiliado cubano, padre del político y exconcejal del condado de Miami-Dade Esteban Bovo, fue miembro activo de la Brigada de Asalto 2506 que el 17 de abril de 1961 invadió la costa sur de Cuba con el objetivo de lograr un cambio democrático en la Isla.

Su hijo, el ex comisionado de Miami-Dade, publicó en la red social de Twitter algunas fotos de su padre y lo describió como alguien apasionado a su familia que soñaba todo el tiempo con la libertad de Cuba.

“Una Cuba libre fue la segunda pasión de mi papá; le dio un propósito. Cualquiera que quisiera estar cerca de él o entenderlo, primero tenía que aceptar que Cuba tenía que ser libre. Mi papá midió a la gente por lo que hicieron por la causa de una Cuba libre”, escribió Steve Bovo.

En otra publicación aseguró que el régimen castrista lamentablemente “le robó su primera pasión. Pasó el resto de su vida luchando por recuperarlo. Lo llevó a Bahía de Cochinos y Hermanos al Rescate. A veces nos robó su atención, pero nunca cuestioné su amor por mamá o por nosotros”.

La Brigada 2506, de la que Bobo Carás formó parte como piloto de un bombardero B-26, estuvo integrada por 1 500 cubanos entrenados y financiados por Estados Unidos que pretendía poner fin al régimen comunista que había implantado Fidel Castro en 1959.

“Se inscribió en la Brigada como piloto, pero lo pusieron como asistente y artillero”, dijo este jueves a EFE Luis González-Lalondry, excombatiente de Bahía de Cochinos.

“Simple y llanamente era un gran cubano y un gran brigadista. Se dedicó por años a atender a la Brigada y el Museo que tiene (esta organización) en Hialeah Garden. Tanto en el museo como en la casa de la Brigada en el southwest (de Miami), atendía todos los días a los visitantes, hasta que se enfermó”, agregó.

“Posiblemente esté volando en un avión”, dijo este jueves a América Tevé Esteban Bovo sobre su padre, que antes de exiliarse en México en 1970 fue piloto de la fuerza aérea cubana.

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Muere general retirado Erneido Oliva, segundo al mando de Bahía de Cochinos

Erneido Oliva
Muere general retirado Erneido Oliva, segundo al mando de Bahía de Cochinos. Foto Miami Herald

MIAMI, Estados Unidos.- El general retirado Erneido Oliva, que con 28 años fue el segundo al mando en la invasión a Bahía de Cochinos en 1961 para derrocar a Fidel Castro, murió “de una enfermedad” el jueves en Maryland (EE.UU.), según recogen este viernes medios locales de Miami, donde se encuentra la sede de la Brigada de Asalto 2506.

Oliva, quien falleció a los 87 años de una “enfermedad” que no ha sido esclarecida a los medios por sus familiares, fue un militar de carrera que ascendió al rango de general en jefe de la Reserva del Ejército de Estados Unidos. Muy conocida es su fotografía en la que el 29 de diciembre de 1962 Oliva entrega en Miami al entonces presidente estadounidense John F. Kennedy la bandera de la Brigada de Asalto 2506, que llevó a cabo la invasión por la zona costera cubana de la provincia de Matanzas.

En la fotografía aparecen Erneido Oliva y Kennedy y, detrás, el también combatiente de la Brigada, el cubano Manuel Artime.

Bajo la presidencia de Kennedy, al menos 1500 voluntarios, en su mayoría exiliados cubanos entrenados por la CIA, desembarcaron en Bahía de Cochinos el 17 de abril de 1961 para tratar de derrocar a Fidel Castro.

La operación no resultó exitosa y el gobierno de la Isla se hizo de cientos de prisioneros, entre ellos Oliva, que luego canjeó por alimentos a Estados Unidos.

“Lideró a los brigadistas contra viento y marea, y siempre recordó con gran orgullo el valor, la determinación y el sacrificio desinteresado que sus hombres exhibieron en el fragor de la batalla”, dijo este viernes al Miami Herald su hija, Maria Oliva-Hemker.

Johnny López de la Cruz, presidente de la Brigada 2506, comentó por su parte que Erneido Oliva se destacó por su “don de mando”. “Tenía un liderazgo innato. Había sido oficial del ejército constitucional de la República de Cuba. Durante la pelea mostró su increíble valor ”, sostuvo. “Fue un gran líder en prisión, evitando que nos mataran”, agregó De la Cruz.

Con 64 años, Erneido Oliva creó en 1996 el Consejo Militar Cubano Americano (CAMCO).

“No se trata de organizar un ejército, una aviación ni una marina, sino de establecer un cuadro militar altamente calificado que pueda estar preparado y organizado para asistir al pueblo cubano durante una transición a la democracia”, dijo entonces el militar al local “The Miami Herald”.

EFE

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¿Victoria de Playa Girón o abandono de Kennedy?

Bahía de Cochinos, Playa Girón, Miembros de la Brigada 2506 prisioneros en Bahía de Cochinos cubanas

Miembros de la Brigada 2506 prisioneros en Bahía de Cochinos
Miembros de la Brigada 2506 prisioneros en Bahía de Cochinos (Foto de archivo)

LAS TUNAS, Cuba. – Este viernes se cumplen 58 años de los últimos disparos del encontronazo fratricida causante de la mayor cantidad de víctimas que sufriera la nación cubana. Los vencedores rotularon el éxito con el nombre de Playa Girón. Los vencidos llamaron a su tragedia Bahía de Cochinos.

Entre el 15 y el 19 de abril de 1961 se libró la contienda. Tal fue el encono entre los contendientes por la Revolución que Fidel Castro, que anteriormente había renegado del comunismo, por aquellos días, enterrando a sus muertos, admitió que lo era. Entre los días 17 y 19, 272 cubanos de ambos bandos perdieron la vida; pérdidas que equivalen a cuatro muertos por cada hora de batalla.

De esos cubanos muertos hace 58 años, unos murieron por heridas de bala, otros por fragmentos de metralla, otros ahogados al ser bombardeadas sus embarcaciones, y otros, nueve para ser exacto, murieron asfixiados, cuando ya prisioneros de los castristas, por incuria o por sevicia, quizás por la sumatoria de la dejadez criminal y el odio de sus captores, fueron encerrados herméticamente dentro del compartimiento de carga forrado de aluminio y madera contrachapada de un camión-tráiler.

En enero de 1960 el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Allen Dulles, presentó al presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower, un programa de acción anticastrista, esquema con el que el presidente no estuvo de acuerdo, pidiéndole a Dulles un programa más “amplio”. Esa administración entendía que el gobierno de Fidel Castro en Cuba era nocivo para las relaciones de Estados Unidos con América Latina. Los años por venir darían razón a la administración Eisenhower, ¿no?

Aquel programa que Eisenhower pidió “ampliar” creció bajo la administración del presidente John F. Kennedy hasta conformar la Brigada 2506, que la madrugada del 17 de abril de 1961 llegó a Bahía de Cochinos, a última hora, con las alas recortadas.

En una conferencia de prensa celebrada el 12 de abril, Kennedy aseguró que en ningún caso se produciría una intervención en Cuba por parte de las fuerzas armadas americanas. “La cuestión básica no está entre Estados Unidos y Cuba, sino entre los mismos cubanos”, dijo Kennedy.

Y por supuesto, cuando en la Sesión Plenaria de la XX Asamblea General de la ONU, el ministro de Exteriores Raúl Roa García acusó al gobierno de Estados Unidos de ser el autor de los bombardeos a los aeropuertos militares de La Habana y Santiago de Cuba el 15 de abril de 1961, el representante de Estados Unidos vino a confirmar lo dicho por el presidente Kennedy: “era un asunto entre los mismos cubanos”.

Con esos antecedentes públicos y notorios, el lunes 17 de abril de 1961, a las cuatro y 45 minutos de la madrugada, Fidel Castro hizo una llamada a la base aérea de San Antonio de los Baños, ordenando que se pusiera al teléfono el otrora comandante del ejército constitucional y piloto de aviones caza entrenado en Estados Unidos, Enrique Carrera Rola, a la sazón jefe de escuadrilla. Según relata el propio general en sus memorias, Fidel dijo: “Carreras, en Playa Girón se está llevando a cabo un desembarco. Despeguen y lleguen allá antes del amanecer. Húndanme los barcos que transportan las tropas y no me los dejen ir.”

La escuadrilla de Carrera estaba compuesta por tres aviones, dos cazas Sea Fury y un B-26. Y según reiteró en diversos momentos Fidel Castro, “a pocas millas” de la costa de Playa Girón, “a bordo de buques de guerra norteamericanos, entre ellos el portaaviones USS Essex, estaba lista para desembarcar la infantería de marina de Estados Unidos con apoyo naval y aéreo”.

Vamos a ver. Un portaaviones de la Clase Essex, tripulado por 2600 marinos, estaba artillado con 12 cañones de 127 milímetros y transportaba de 80 a 100 aviones. Óiganme, un portaaviones de la Clase Essex, el Lexington, empleando su artillería y el escuadrón aéreo de abordo, destruyó más de mil (1000) aviones durante la Segunda Guerra Mundial.

Luego, ¿cómo Fidel Castro iba a ordenar al piloto Carrera que, con tres aviones, volara a Bahía de Cochinos y, antes del amanecer? “Húndanme los barcos que transportan las tropas y no me los dejen ir”.

¿Materialmente era posible para la fuerza de Fidel Castro destruir la Brigada 2506 si su retaguardia en Bahía de Cochinos hubiera estado protegida por un portaaviones de la Clase Essex? Si la vanguardia de la Brigada 2506, compuesta por infantería motorizada y paracaidistas hubiera tenido un sistemático apoyo aéreo… ¿Hasta dónde hubiera llegado? ¿Hubiera llegado la escuadrilla de Carreras a Bahía de Cochinos si sobre ella hubieran venido cazas desde un portaaviones?

Pero no hubo tal protección aérea para la Brigada 2506. Según el jefe de escuadrilla Enrique Carrera, al amanecer del 17 de abril, protegido por uno de los dos aviones que le acompañaban, primero lanzó sus bombas sobre un transporte de tropas, luego recuperó picada para descender otra vez sobre el barco, esta vez disparando “todos los cohetes que llevaba debajo de las alas”.

Así fueron hundidos el Houston, el Río Escondido, los transportes de tropas. Del hundimiento del Río Escondido, Carreras dice en sus memorias: “Hice un impacto directo en la bodega trasera del barco, donde tenían concentradas grandes cantidades de municiones, alimentos y gasolina. La enorme explosión también barrió con el remolque de comunicaciones con sus unidades en tierra, con el barco insignia”.

Así y todo, Fidel Castro admitió: “la victoria no se mide por el número de bajas enemigas, nosotros tuvimos muchas más bajas mortales que ellos”.

Los cubanos muertos al mando de Fidel Castro fueron 157. De la Brigada 2506 murieron 115 hombres y 1214 fueron hechos prisioneros. De ellos el presidente Kennedy dijo: “Ellos confiaron en mí. Y ahora están en la cárcel porque yo la regué de plano”.

Entonces, cabe preguntarse: ¿Fidel Castro ganó la batalla de Girón o Kennedy abandonó a su suerte a 1500 cubanos en Bahía de Cochinos?