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Cuba y los cuentos de hadas para adultos mayores

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Una mujer mayor usa una máscara facial como medida preventiva contra la propagación del nuevo coronavirus, COVID-19, en La Habana, el 24 de marzo de 2020 (Foto: AFP)

GRANMA, Cuba. – Es tan cínico el comportamiento y burda la manipulación de funcionarios y voceros cubanos en torno a salarios, condiciones de vida y alza de los precios de los alimentos para las miles de personas inscriptas en el Sistema de Atención a la Familia (SAF) que ahora tratan de hacer creer que los acogidos en este programa no están por falta de solvencia, sino de útiles de cocina.

Pero, de ser esa la causa para que los pensionados corran a indigestarse con un chícharo helado, un congrí sin frijoles y dos croquetas rancias ¿dónde falló la Revolución Energética del invicto Comandante? ¿A quién vendieron o en qué sitios quedaron las cocinas, cafeteras, duchas y demás implementos canjeados por chirimbolos a iniciativa del máximo líder sabelotodo y energizante?

El desfile de miembros de la cúpula gubernamental, ministros, economistas y otros acólitos de apéame una que en orden descendente comparecen ante las cámaras para tratar de poner orden y enmendar el batiburrillo que han formado con todo lo que abarca su Tarea Ordenamiento, de nada sirve y para nada funciona, pues ya las naves están quemadas y sólo queda escapar a nado.

Según la matriz de opinión que intentan generar en la ciudadanía, y aún con mayor énfasis entre los adultos mayores, ante el rechazo público que ha provocado el alza de los precios a un sector que sobrevivía de subsidios, y también se los quitaron, es que “la revolución es justa, y cambiará lo que deba ser cambiado”, en un falso alarde de poder y equilibrio que ya se le fue de las manos.

Además, que aun mirando el abandono masivo de estos establecimientos por personas de la Tercera Edad, quienes también se ven obligados a dejar los mandados en la bodega, los huevos en la carnicería, e incluso el pan en la panadería al no alcanzarles el salario para adquirirlos, lleguen los tracatanes y ventrílocuos disfrazados de “cuadros” y periodistas a decir frente a la pantalla que “la esencia de la revolución es proteger a sus viejitos”, más que una burla es un insulto.

El SAF, inaugurado en el año 1996 para complementar “la alimentación a los adultos de la tercera edad, personas con discapacidad, embarazadas con alto riesgo y casos sociales críticos con insuficientes ingresos y carentes de familiares obligados en condiciones de prestar ayuda”, si bien ha devenido en décadas de gestión en un paliativo para calmar las constantes urgencias de alimentos para las personas más vulnerables dentro de la sociedad, nunca se han consolidado.

Los reiterados problemas con la diversidad en los surtidos, la mala elaboración de los alimentos, así como las magras raciones que se sirven, crean, junto al robo y la falta de higiene en muchos de estos recintos, la imagen de un nivel de indigencia que unos jodedores llaman “El umbral de un lento suicidio”, otros “El club de los mata viejos”, y el resto “Los campos de exterminios digestivos”.

De acuerdo a una opinión bastante difundida entre estos amplificadores de un régimen que les paga y les premia por su incondicionalidad ideológica y su aura de tentempié político, quienes requieren ayuda del gobierno para subsistir fueron dados a empinar el codo (tomar), jugar a la bolita y el siló, o cuando menos anduvieron de callejeros, holgazaneando, o no estudiaron, como si las víctimas de la miseria en Cuba no provinieran de los centros de estudio, de trabajo y del hogar.

Lo expresado en días recientes en el programa Mesa Redonda por Marino Murillo: “No hay dinero para todos”, puso fin a décadas de un cuento de hadas para adultos mayores, donde los desarrapados y hambrientos ancianos que cubrían apenas sus miserias con los subsidios, eran reconvertidos en elfos y gnomos que custodiaban los tesoros políticos de la Cuba revolucionaria.

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Así vive adulto mayor a quien el gobierno cubano quitó sus propiedades

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SANTIAGO DE CUBA.- José Armando Martínez Nieves es un adulto mayor de 77 años que ha sido saqueado por el gobierno cubano en dos ocasiones. Fue propietario de bienes que le fueron confiscados sin motivos, según afirmó a CubaNet.

“Tenía dos propiedades que fueron herencia familiar y los comunistas me las robaron. Me quitaron todo. Una la robó el gobierno cubano y la otra se la vendieron a una persona sin mi consentimiento. No me han dado nada”, denunció.

José Armando asegura que en el terreno donde hoy se encuentra el restaurante “El Rosal” ubicado en Alto Songo, Santiago de Cuba, donde reside, existía una Ponchera de la que su familia era dueña. En 1963 se la confiscaron y hasta ahora no le han dado un centavo teniendo en cuenta su condición de heredero.

También le fue expropiada forzosamente la tierra donde ha vivido desde que nació. El gobierno se la vendió a una persona que Martínez Nieves no conoce. En esta ocasión tampoco ha sido indemnizado.

Actualmente el adulto mayor vive en la más absoluta miseria. Su sustento se limita a la venta de algunos productos que cosecha en este mismo terreno, y a la recogida de materias primas a cambio de un ínfimo pago.

“Yo vendo lo que aparece, cualquier cosa, fongo, guayaba, lo que sea. Pero lo que más hago es recoger latas para venderlas en los centros de acopio de materias primas. Así hago un peso hoy y otro mañana, que no me alcanza ni para comer”, señaló.

En 2012 el huracán Sandy arrasó con su vivienda y desde entonces ha permanecido en una especie de rancho que él mismo construyó para no dormir a la intemperie.

En estas condiciones infrahumanas ha estado durante siete años. El gobierno cubano, por su parte, comenzó a construirle una casa, pero aún no la ha terminado, esto desde hace cinco años. A la vivienda todavía le falta el piso, las puertas y ventanas, así como todas las instalaciones eléctricas, hidráulicas y sanitarias.

Por tales motivos no es considerada habitable, ya que no cumple con los requisitos de “vivienda mínima habitable”, de acuerdo a las disposiciones del Instituto de Planificación Física, referentes a que debe tener acceso independiente, al menos 3 locales: habitación, baño y cocina, y superficie útil mínima de 25 metros cuadrados”.

Aunque José Armando vive en un lugar con un tamaño aproximado de un metro de ancho y dos de largo, y no tiene habitación alguna, a no ser una letrina improvisada por él mismo, no puede trasladarse a la casa en construcción, que por lo menos tiene paredes y techo firmes.

“Me quiero mudar así mismo, porque aún con todo lo que le falta es una mansión comparada con el ranchito donde vivo. Pero no puedo porque todavía no me dan el certificado de habitable. Ya he perdido las esperanzas y pienso que el gobierno cubano está esperando que me acabe de morir para terminar la casa y dársela a otro”, aseguró el señor.

Martínez Nieves sirvió a la “Revolución Cubana” en 1966 cuando participó por nueve meses en la Lucha contra Bandidos en la Sierra del Escambray. El ya fallecido dictador Fidel Castro bautizó con este nombre a la guerra civil que duró seis años, de 1960 a 1966, y que consistía en la caza, tortura y ejecución de opositores alzados que surgieron luego del giro comunista del gobierno, sobre todo en este territorio.

“Hace poco me llamaron para darme una medalla y no la quise, porque lo que quiero que es que me devuelvan mis propiedades y que acaben de terminarme la casa”, declaró.

Por otra parte, José Armando está presentando serios problemas de visión. Fue al médico y le informaron que debe operarse con prontitud o puede quedar totalmente ciego.

“No veo casi nada, dicen que tengo dañada la retina y tengo que operarme de inmediato, pero no puedo hacerlo. No tengo condiciones aquí para recuperarme después de la operación, ya me resigné a quedarme ciego”, concluyó.

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