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El terror contenido en el artículo 4 de la nueva Constitución cubana

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Acto de repudio en La Habana contra Damas de Blanco (EFE)

LA HABANA, Cuba. – Al leer el proyecto de Constitución que será sometido a votación el 24 de febrero, de pronto me impactó el artículo 4: “La defensa de la patria socialista es el más grande honor y el deber supremo de cada cubano.

“La traición a la patria es el más grave de los crímenes, y quien la comete está sujeto a las más severas sanciones.”

“El sistema socialista que refrenda esta Constitución es irrevocable.”

“Los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible otro recurso, contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido en esta Constitución.”

Aprobar un artículo semejante (sobre todo redactado tan ambiguamente) equivaldría a autorizar a cualquiera a atacarnos por expresar nuestra opinión prodemocrática y contraria al régimen. Cualquiera podría agredirnos amparado en la ley. Estaríamos legalizando el crimen y la violencia entre cubanos, amén de acentuar la división de nuestra sociedad.

Inmediatamente vinieron a mi memoria varios de los episodios más lamentables de la historia cubana posterior a 1959. Recordé los masivos y arbitrarios fusilamientos sin juicio o con juicios amañados de los años sesentas, y los actos de repudio de los años 80 promovidos por los CDR, la FMC, la CTC y otras organizaciones políticas y de masas —que no sociedad civil— durante el éxodo de Mariel tras los sucesos de la embajada del Perú. En aquellas ocasiones no era necesario probarles a las víctimas su disensión, homosexualidad, prostitución, proxenetismo ni intención de emigrar. Bastaba la acusación no demostrada de cualquier vecino o colega ambicioso o envidioso para terminar fusilado, encarcelado indefinidamente, apedreado y vejado públicamente o al menos con la fachada manchada de huevazos.

Recordé asimismo las revueltas de los noventas durante el éxodo masivo de los balseros, a comienzos del período especial. Según múltiples testigos, en aquella ocasión las turbas represoras, supuestamente civiles y espontáneas, llevaban la misma ropa (las camisetas del contingente Blas Roca) y las mismas cabillas.

El régimen dictatorial siempre se ha equiparado a la patria, y en este caso equipara el “sí” a la dignidad, al patriotismo, y otros valores. De cara a un referendo popular es habitual hacer campaña, pero esta debe ser honesta. En el caso particular de Cuba, cualquier campaña gubernamental es de hecho deshonesta, pues el gobierno ejerce el control absoluto sobre los medios de comunicación. En adición, se ha descubierto que ETECSA bloquea mensajes con textos alusivos a votar “No”. Además de la fuerte campaña por el “sí”, incluso el discurso oficial lo da por hecho (“cuando aprobemos”, “cuando el pueblo acuda a votar ‘sí’”, “el nuevo proyecto que será aprobado el 24 de febrero”, “el referendo para aprobar la nueva Constitución”, etc.). En el propio título del tabloide (“Constitución de la República de Cuba”, en lugar de “Proyecto de Constitución…”) se evidencia que la propaganda está concebida de tal manera que muchos no se dan cuenta de que el “No” es una opción.

Esto crea en los ciudadanos una sensación de indefensión, de que el resultado está ya decidido y no servirá de nada oponerse. Una parte de esos desencantados piensan abstenerse, ya sea no presentarse a las urnas o entregar la boleta en blanco, porque “el gobierno de todas maneras va a declarar aprobada la nueva Constitución”. Opinan que la dictadura siempre se saldrá con la suya, que “aquí nada va a cambiar”, que no se puede hacer nada para revertir nuestra situación. Otros, por ese mismo motivo, piensan ir a votar “sí”, pero no por convicción, sino por miedo. El gobierno ha magnificado hasta tal punto su capacidad de vigilancia y espionaje, que muchos se lo han creído y piensan que las boletas están marcadas o que hay cámaras ocultas en la cabina de votación. En uno y otro grupo hay también quienes no están interesados en expresar su opinión, sino en pasar desapercibidos hasta lograr la ansiada oportunidad de irse.

Es importante no confundir el referendo con las falsas elecciones. Si bien cada cuatro años es acertado no acudir a las urnas, en el caso de este referendo la abstención es peligrosa, pues sería como firmarle un cheque en blanco a un estafador inescrupuloso. Si regalamos el derecho a expresar nuestra opinión estaríamos dando consentimiento a la represión, dándole luz verde al régimen para agredirnos. Y es que con el artículo 4 se crean las condiciones para que las bandas paramilitares (representativas de lo peor de la sociedad) asesinen impunemente a opositores pacíficos y a cualquier ciudadano digno que no se quede callado.




Golpean a Dama de Blanco Sonia Garro

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Gobierno reclutó a niños para acto de repudio a disidentes en Santiago de Cuba

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SANTIAGO DE CUBA, Cuba. – Ayer jueves 30 de abril, niños de 6 a 10 años edad fueron trasladados en horario escolar por profesores al frente a la sede nacional de la organización opositora Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), en Santiago de Cuba, con el propósito de gritar consignas en favor del gobierno y sus líderes.

Estos niños fueron sacados de su centro educacional Pepito Tey, sin el consentimiento de sus padres, para ser utilizados en este acto de repudio, como muestra de la impotencia del régimen castrista ante el aumento de la oposición pacífica y el creciente apoyo popular a la misma.

Según Yusmila Reyna Ferrara, madre del niño Julio Cesar Frandin, de cinco años de edad, Yriade Hernández Aguileras tampoco autorizó a su hija Noemí Hernández Isas a que la sacaran de la escuela sin consentimiento. Otro que mostró su inconformidad fue Lionel Rodríguez Díaz padre de Alicia Rodríguez, de 11 años.

Es práctica común del gobierno cubano utilizar niños para actos políticos, violando los tratados internacionales que prohíben el uso de los menores en estos actos, sin la aprobación de sus padres.

Acto de repudio contra Estado de Sats. Usan a niños y grupo musical de Arnaldo y su Talismán

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La revolución representada por matones

Delegación oficial cubana realizando acto de repudio en Panamá (foto de Internet)
Delegación oficial cubana realizando acto de repudio en Panamá (foto de Internet)

LA HABANA, Cuba. -A raíz de lo que está sucediendo en Panamá, los medios de propaganda del régimen castrista han alterado sus prácticas habituales. Mientras se aguarda el inicio de la Cumbre Intergubernamental y el consiguiente arribo de los jefes de estado y gobierno, los espacios informativos oficialistas extienden sus horarios de transmisión para dar amplia cobertura a los eventos paralelos de la sociedad civil.

De nuevo sucede con frecuencia que el Noticiero Nacional de Televisión —por ejemplo— alargue su duración: en vez de la media hora habitual, su Emisión Estelar llega a ocupar el doble de tiempo. Esto resultaba algo común bajo Fidel Castro, pero en tiempos de su hermano menor constituye un hecho excepcional.

En las últimas horas, el interés del Departamento Ideológico del Comité Central —que dirige, orienta y censura esas transmisiones— se centra en la Cumbre de los Pueblos. La mayor parte del tiempo televisivo ha estado consagrada a recoger los lamentos de la nutrida delegación de la autotitulada “sociedad civil revolucionaria”, enviada desde La Habana bajo el mando de Abel Prieto, asesor del jefe de estado y gobierno.

Entre los quejosos que desfilan ante las cámaras hay de todo, como en botica. Hemos visto —por ejemplo— a un dirigente del ramo de la literatura que, en lugar de defender la libre emisión del pensamiento (lo que cabría esperar de un intelectual), se dedica a denigrar de modo virulento a quienes piensan distinto que el gobierno cubano y se atreven a expresarlo.

También aparece en las cintas cierto conocido dirigente religioso que se autoproclama seguidor de Cristo. El personaje, mientras habla sobre los que dentro de la Isla se enfrentan al castrismo, lanza en derredor miradas furibundas, gesticula con violencia y exhibe en su boca un rictus de crueldad. Todo su lenguaje —tanto oral como corporal— manifiesta una sola cosa: odio visceral. ¿Y es un pastor cristiano!

La esencia de lo que plantean todos los descontentos es la misma: condenan que los organizadores del evento hayan dado acceso a cubanos inconformes con el actual régimen, tanto de la Isla como del Exilio. Los meten a todos en un mismo saco y, dando muestras de una paupérrima imaginación, les ponen una y otra vez las mismas etiquetas: “terroristas” y “mercenarios”.

Este último adjetivo invita a sonreír. Entre los así calificados se encuentra (por sólo mencionar uno) el licenciado Guillermo Fariñas. Me consta que el combativo y fraterno Coco ha criticado —y de manera bien tajante, por cierto— los pasos dados en los últimos meses con respecto a Cuba por el presidente Obama y su Administración. ¡Y es ése uno de los “mercenarios al servicio del Imperio”! ¡Menudo “asalariado” se han buscado los norteamericanos!

Pero, desde el punto de vista de la disidencia, lo mejor de todo es la imagen mediática que los castristas, con sus ayes, están proyectando hacia el cubano de a pie. Durante decenios, el “Comandante en Jefe” y sus paniaguados se presentaban de modo subliminal (a veces no tanto) como los más guapos, los invencibles, los que siempre se salían con la suya, los poseedores de los órganos sexuales —por alguna razón misteriosa, siempre masculinos— de mayor tamaño.

Pero he aquí que, de pronto, sus enviados se muestran incapaces de discutir sus opiniones con compatriotas que piensan diferente. Porque podrán alegar falsamente que para ellos constituiría un problema de principios estar bajo el mismo techo que los supuestos “mercenarios”, pero en esencia se trata de lo antes dicho: el reconocimiento tácito de su impotencia para sostener, en presencia de terceros, un debate de pensamiento. ¿En eso quedó la tan cacareada “Batalla de Ideas”!

Al propio tiempo, proyectan una imagen de perdedores, de pobres desvalidos que no son admitidos en sitios a los que desean entrar. Hace días, el rechazo de los tarugos del impresentable sindicato oficialista CTC —defensores de la patronal y perseguidores de obreros— anticipaba esta situación. A ello se añade ahora el rechazo de decenas de otros enviados oficiosos y la consiguiente decisión de los jefes de la delegación enviada desde La Habana: abandonar en masa el sitio del encuentro.

A esta última medida se sumaron los chavistas: otros que también son incapaces de sostener con sus opositores un debate que no esté basado en el atropello, la descalificación y el uso de la fuerza bruta.

Veremos qué nos deparan los próximos días. Pero barrunto que el evidente deterioro de la imagen victoriosa de los castristas, propiciado por los mismos medios de difusión al servicio del régimen, provocará sinsabores a más de uno de los burócratas que diseñaron la contraproducente campaña propagandística actual en el tenebroso Departamento Ideológico. ¡Ojalá!