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Abuso policial y violencia de género en tiempos de pandemia

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Vecinos protestan por violación policial a dos menores. La Habana, Cuba (toma de pantalla)

LA HABANA, Cuba. – El pasado jueves dos oficiales de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) abusaron de su autoridad para agredir sexualmente a dos adolescentes que residen en el asentamiento ilegal conocido como “Indalla”, en el municipio habanero de Marianao. El indignante suceso, unido al maltrato que recibió la madre de una de las menores afectadas al llevar el caso a la policía, sacudió a la comunidad que tomó las calles para denunciar el ataque y solidarizarse con ambas víctimas.

Hace poco más de una semana los municipios habaneros entraron en aislamiento tras la suspensión del transporte público y el cese de todas las actividades consideradas no imprescindibles para mantener el pulso exangüe de la economía nacional. Miembros del ejército y la policía han invadido las calles con la misión de mantener el orden, controlar las aglomeraciones y obligar a los ciudadanos a acatar la distancia social. Las fuerzas represivas se han enseñoreado de la ciudad; una decisión que muchos han aplaudido a pesar de que ya se reportan eventos de abuso de poder y castigos ejemplarizantes que, lejos de concientizar a la ciudadanía, exacerban el sentimiento colectivo de frustración e impotencia.

En este nuevo contexto signado por el coronavirus, la policía tiene luz verde para cometer excesos. Por ello dos oficiales alcoholizados no dudaron en detener, amenazar, amedrentar y emboscar a dos adolescentes para agredirlas sexualmente; una conducta similar a la de los señores feudales que recorrían sus tierras a caballo en busca de jóvenes campesinas para violarlas.

Probablemente no fuera la primera vez que los uniformados cometían esa vileza, amparados por el poder que representan y la impunidad con que habitualmente la policía actúa en comunidades empobrecidas, donde la ilegalidad es un imperativo para sobrevivir y a la vez una mordaza que suprime cualquier reclamo de derechos. Tan seguro estaban los policías de que el ultraje no tendría consecuencias, que se disculparon e incluso uno de ellos le dio su número de teléfono a una de las víctimas, en un retorcido intento de relativizar el incidente o reducirlo a algo sin importancia: “ups, fue sin querer, llámame cuando quieras y lo hablamos”.

Es un caso representativo de hasta qué punto han escalado el abuso policial y la violencia de género en Cuba. Dos menores resultaron agredidas, la madre de una de ellas fue maltratada en la estación de policía, y ninguna ha tenido más garantía que la promesa de una llamada que en algún momento llegará para informarles en qué quedó todo. Ese lapso incierto marca el principio y fin de los derechos de dos cubanas pobres y negras —hay que decirlo— frente a un cuerpo represivo compuesto en su mayoría por hombres que no poseen el mínimo de instrucción, ética y empatía para servir a la sociedad.

La línea que separa a la policía cubana de la peor delincuencia se distingue apenas por un tono de azul, tan empercudido como el sentido común y la humanidad de quienes ya ahondan en otras consideraciones con la intención de culpar a las víctimas. No importa si las adolescentes debían o no estar en la calle a esa hora; o si resulta incomprensible que la menor presuntamente violada se haya negado a declarar.

El único asunto que interesa es la violencia no tipificada en el Código Penal de Cuba y la desprotección legal para cualquier mujer cubana; sobre todo las que sobreviven en un ambiente marginal que las hace vulnerables frente a toda la pirámide del poder; pero en primera instancia frente al rufián del carro patrullero. No importa lo que aún no ha sido dicho cuando es suficiente lo que habló una madre dolida ante las cámaras de la prensa independiente, mientras los noticieros del oficialismo desgranaban sus medias verdades y exageraciones sobre lo que ocurre en cualquier otra parte del mundo.

Los medios estatales no han dicho una palabra del incidente, a pesar de que casi provocó una revuelta social en medio de las medidas de confinamiento para evitar la propagación de la COVID-19. La urgencia de ampliar y fortalecer el marco legal de protección a las féminas sigue obteniendo el silencio por respuesta. A nadie le preocupa que un uniformado se creyera con el derecho de cometer un acto tan repudiable en su horario de servicio, portando todas las insignias que lo legitiman como brazo protector del Estado y los ciudadanos.

Ante estos casos el discurso oficial no se inmuta, pero la justicia social acumula fracturas insalvables. Lo ocurrido a las menores de “Indalla” podría repetirse dada la inoperancia de las leyes y el rechazo a la sociedad civil independiente, cuyas propuestas para defender los derechos de miles de cubanas desamparadas se han estrellado contra el mismo poder patriarcal que engrosa las filas de la represión con individuos de la peor calaña, enlistados para estrechar el control sobre ciudadanos cada vez más insatisfechos, sin importar el rastro de violencia que dejen a su paso.

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A prisión hombre que abusó sexualmente de adolescente cubana

 

ESPAÑA.- Un hombre de 41 años ingresó ayer en prisión por orden del Juzgado de Instrucción Número 3 de Lugo, España, como investigado por abusar sexualmente de la hija de su pareja durante siete años.

Según informaron hoy a Efe fuentes policiales, la joven, de nacionalidad cubana, se presentó ayer en la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía para denunciar que las supuestas agresiones sexuales de las que fue víctima por parte del compañero sentimental de su madre, de origen colombiano, desde que tenía 13 años -en la actualidad tiene 19 años de edad-.

Agentes de la Comisaría Provincial detuvieron ayer mismo al supuesto agresor sexual, que pasó a disposición del Juzgado de Instrucción Número 3 de la capital lucense, pero se acogió a su derecho a no prestar declaración.

Finalmente, el juez decretó su ingreso en prisión sin fianza y el hombre fue trasladado a última hora de la tarde de ayer al Centro Penitenciario de Bonxe (Lugo).

Además, dictó una orden de alejamiento que le impide acercarse o comunicarse con la supuesta víctima, así como con su hija, una niña de corta edad.

Todos residían desde hace años en la capital lucense y, de acuerdo con la información facilitada por fuentes policiales, los hechos investigados supuestamente sucedieron en la ciudad de Lugo.

(EFE)




Gobiernos de Cuba y EEUU dialogan sobre abuso sexual infantil

Abuso sexual; Cuba

WASHINGTON.- Estados Unidos y Cuba abordaron este miércoles su colaboración en la lucha contra el abuso sexual infantil en un nuevo encuentro de la ronda de reuniones técnicas que han mantenido ambos países en las últimas semanas en Washington.

Se trata del primer encuentro técnico sobre esta materia que celebran los dos países, informó la Embajada de Cuba en Washington en un comunicado.

Estados Unidos, como ha sido la costumbre en toda esta serie de reuniones técnicas, no se pronunció al respecto del encuentro.

“Ambas delegaciones estuvieron de acuerdo en fortalecer la cooperación bilateral e incrementar la coordinación de acciones para asegurar que se actúe con determinación contra estos delitos y quienes los cometen”, se señala en la nota.

La delegación cubana estuvo integrada por representantes de los ministerios del Interior y de Relaciones Exteriores, así como de la Fiscalía General de la República.

Por el lado estadounidense participaron funcionarios de los departamentos de Seguridad Nacional, Justicia, y Estado.

En las últimas semanas, el Gobierno cubano ha informado de varias reuniones técnicas en Washington con funcionarios estadounidenses sobre ciberseguridad, narcotráfico, terrorismo, inmigración irregular, lavado de activos y trata de personas, encuentros sobre los que el Departamento de Estado no se ha pronunciado y a los que se ha dado un muy bajo perfil desde la capital estadounidense.

Las relaciones de EEUU y Cuba pasan por un momento muy delicado porque el Gobierno estadounidense acusa al cubano de saber quién perpetró entre noviembre 2016 y agosto de 2017 los supuestos ataques a 24 de sus funcionarios en la isla y no decírselo, además de no haberlos protegido adecuadamente.

Aunque Cuba lo niega, EEUU dejó su embajada en La Habana en mínimos el pasado septiembre por esta crisis, y expulsó de Washington a 17 funcionarios de la legación cubana.

(EFE)




Más crímenes a la lista

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Dos niños en una barriada de Cuba (EFE)
Dos niños en una barriada de Cuba (EFE)

CAIBARIÉN, Villa Clara.- Cuando todavía no se han mitigado las voces que repudian la reciente violación –a manos de un hombre anónimo– de una jovencita de 16 años que regresaba a casa tras las parrandas pospuestas el pasado 15 de enero, nuevo hecho vejatorio de la condición humana ha proseguido a ese.

En horas de la tarde-noche del 19 del corriente, la alarma crecía por minuto, espeluznaba e indignaba al pueblo que nada hacía para evitarlo.

Caibarién había conseguido ser en su decursar –a diferencia del Boston plagado de curas pederastas de a mediados del pasado siglo que nos mostró el premiado filme Spotlight (2016)– sitio de infrecuentes acontecimientos delictivos, escasa corrupción y muy eventuales crímenes.

Hoy, lamentablemente, ya no es así. Demasiados hechos de sangre lo transformaron en temible espacio de convivencia.

Vistos desde su lado más ruin, no se concibe cómo envuelve esta turgencia a las fobias sociales y sexuales –las ya aceptadas–, con esa mezcla infeliz de la pobreza menos irradiante, la vileza aprendida, sea lasa (o tenaz) para con la maldad oculta, que subyacen en un lugar remoto del desarrollo individual o la conciencia colectiva, en sitio “evolutivo” donde no fue católica –sino marxista-leninista– la enseñanza pública ofrecida.

Estos quebrantamientos repugnantes de la ley que con periodicidad toman por el gaznate a cualquier sociedad contemporánea –más a las corruptas e hipócritas del orbe–, solo hasta hace muy poco nos hicieron creer que en la Cuba magnificada por la imaginería ideológica, apenas ocurrirían. De ahí, de esa verdad mentirosa, nos nace el lógico sobresalto.

Repetía, a sus acólitos muertos de miedo con martilleos y hozasos interminables, el soviet Stalin, que en el socialismo (“paraíso”, lo llamaba él) no existe, no puede suscitarse, el crimen.

Un ciudadano local de la segunda edad, con antecedentes penales, habría coaccionado al menor, procedente de una familia disfuncional –como muchas– y estudiante atolondrado de 14 años, para que entrase a su domicilio cercano a mirar la colección de aves de corral que poseía.

Sabía el supuesto agresor de la preferencia mayoritaria en los jóvenes por la crianza de animales, emoción que engendra peligro extra, poco explicado y fatalmente extendido: el de contraer una variante aviar de la neumocistitis parasitaria proveniente de las heces. A pesar de todo el riesgo, insistentes en el hobby.

El adolescente, sin sospechar las intenciones malévolas del vecino “buena gente” –ni saber de una cónyuge que en diciembre le abandonó con alboroto del barrio por maltratos físicos y verbales– se adentró en la casa del tipo solícito, y, aquel, enfermo de secreta pedofilia, cerró la puerta.

No hay que abundar en lo sucedido. Los sollozos del infante le fueron ahogados nadie sabe de qué manera ni bajo cuáles pánicos. Jamás alcanzó a ver el señuelo emplumado prometido por su captor. Ni tuvo consigo sino ira y rabia sorda.

Horas más tarde, cuando el chico logró escapar bajo promesa de nada decir acerca del  abuso infligido a su madre, le fueron descubiertos en el cuello, espalda y brazos las huellas sangrantes de la concupiscencia ajena. Ella armó el escándalo creyéndolo cobardía u otra actitud imputable a simples muchachadas. El hijo no pudo más, y dijo.

La policía arrestó e investiga todavía al energúmeno que perdió la cabeza  “por amor pasional”, como suelen encauzar hoy día nuestros jueces a estos delitos “menores”. Probablemente así lo expedientarán los deshacedores del embrollo humano, burócratas furibundos, expertos en tanto castigar a un país con décadas de auto-represión sexual, torcimiento mental e inconfesables preferencias de sus entes “normales”, como secuelas deshonrosas del machismo peor almidonado.

Asuntos de “tiempos de combate” que terminaban aplastados bajo la curia patriarcal al mando, por muy reales fenómenos de raza, género o conducta que nos fuesen comunes con los del odioso enemigo. Constituíamos una nación viril, vigorosa, soberbiamente justiciera, equilibrada y equitativa con una colmada noción del concepto de “vida revolucionaria”, tan macha, tan inclaudicable e implacable con las desviaciones que…

Ahí está, impertérrito, el casto “Código Cubano de la Familia para el Normal Desarrollo de la Infancia, la Adolescencia y la Juventud”, desde 1975.

El niño violado en su integridad, deberá recibir de inmediato atención especializada para remendarle –si aún se puedan– el cuerpo y el espíritu, deseando con ese acre proceso suyo preservar también a la mundial esperanza, en su inocencia impura. Para que no se nos muera –otra vez entre los brazos– el sueño inacabado del apóstol.




Polémica en Facebook por vídeo de cubanitas “modelos”

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MIAMI, Estados Unidos.- Un video mostrando la “pasarela” de niñas cubanas en ropa de baño y realizando movimientos que muchos considerarían lascivos frente a un amplio público ha encendido la polémica en las redes sociales.

En el mencionado video, publicado por el periodista Alejandro Condis en su cuenta de Facebook, se puede ver que un grupo de cuatro niñas entra y sale de un escenario improvisado frente a lo que parece ser el garaje de una casa, que sirvió de “camerino”. Un público compuesto tanto por adultos como por menores les aplaude e incita a quitarse la ropa.

Las niñas realizan movimientos similares a los de de bailarinas exóticas y una de ellas se quita la falda frente a los espectadores. Finalmente todas se quedan en lo que aparentan ser bikinis.

“No conozco en qué parte de Cuba fue grabado (el video) ni qué día exactamente”, dice el periodista, quien no obstante asegura que se trata de una filmación reciente.

La publicación de otro video hace meses de una pareja de niños de enseñanza primaria bailando reggaetón de forma lasciva también provocó una explosión de ira en los medios, que consideraron un escándalo el comportamiento de los padres al permitir esos actos y publicarlos en Facebook.

Varios críticos han alegado que la “pérdida de valores” y de la educación en Cuba, debido al sistema imperante, conllevan la ocurrencia más o menos frecuente de este tipo de hechos.




¿Las felices niñas cubanas?

Abuso sexual; Cuba

abuso sexual

LA HABANA, Cuba.- Asegura Teresa Carpio, funcionaria de Save the Children, que Cuba es el país de América Latina con mejores oportunidades para el desarrollo de las niñas. Aunque suene demasiado categórico,  tiene razón básicamente en lo que dice. Cuba aventaja a muchos países del continente en cuanto a los indicadores que Save the Children tiene en cuenta: matrimonio infantil, fertilidad adolescente, educación, número de mujeres parlamentarias, etc. Y en Cuba, por mucho machismo y violencia de género que haya, no se llega a los niveles de México, Guatemala u Honduras.

Pero solamente eso no basta. A no ser que se pretenda seguir con el embellecimiento de la fábula del castrismo bueno y “los logros de la revolución”, tendremos que convenir que en Cuba, como resultado del fracaso del sistema impuesto durante más de medio siglo, la miseria y el consecuente deterioro de los valores éticos, son bastantes pocas las oportunidades para el desarrollo tanto de las niñas como de los niños o de cualquier ser humano.

Para empezar, de ningún modo puede ser buena la enseñanza si predomina el adoctrinamiento. Los alumnos, desde la primaria, son obligados a repetir consignas que no entienden y a declararse incondicionalmente  leales al régimen si es que aspiran a poder estudiar una carrera en la universidad que es “solo para los revolucionarios”.

De sus padres, que fueron educados en circunstancias similares, tienen poco que aprender: las mañas de la supervivencia, el oportunismo, el  fingimiento, la doble moral, el pensar una cosa y decir otra bien distinta “para no buscarse problemas”.

Producto de tantas carencias, los niños se interesan demasiado por las cosas materiales (la ropa de marca, un iPhone, etc.) E imitando a sus padres, sus hermanos mayores y sus vecinos, que muchas veces además de darles malos ejemplos, también los alientan, van aprendiendo que vale casi todo para conseguir lo que uno quiere. Lo mismo engatusar con súplicas a sus parientes en el exterior para que complazcan sus caprichos –las niñas, con sus lagrimitas a propósito de la imposibilidad de “tener la ropa que se usa” o  celebrar los quince, son las ideales para conmover- que mentir y estafar. Y por el camino, algunos y algunas, que por suerte no son la mayoría, aprenden hasta a robar o a prostituirse.

¿Nunca ha visto reírle la gracia a alguna niña que dice que cuando sea grande quiere ser jinetera?

Muchos padres y madres, que también se criaron en una sociedad rabiosamente sexista, desde bien pequeñas enseñan a las niñas a vestirse de modo que luzcan bien femeninas, que realcen sus atributos físicos, que caminen provocativas, que se meneen y se descoyunten  al ritmo del reguetón, que aprendan a seducir al macho, a ser putonas. Y en las fotos de los quince, por las que pagaron una fortuna, mientras más se asemejen a las modelos de las revistas porno, mejor.

Así, con este aprendizaje, no es de extrañar que la mayoría de las adolescentes cubanas sean bien precoces en la práctica del sexo. Y si no es mayor la tasa de natalidad entre ellas es porque recurren al legrado como si fuera un método anticonceptivo.

Por lo mismo de la sociedad sexista, son lo  normal en Cuba actos que en el Primer Mundo serían considerados como acoso sexual. Da lo mismo si es doctora, ingeniera, diputada o policía. Siempre la llamarán mami, china, belleza, ricura, mamichula o cualquier barbaridad si es un piropeador callejero de esos que se  enciman sobre la piropeada, echándole el vaho y agarrándose la entrepierna, como si estuviera a punto de violarla. Pero se supone que desde niña también la enseñaron a defenderse de los tiburones que la acecharían. Y a ceder ante el jefe, si no queda otro remedio para ascender.

Luego, queda la búsqueda de un buen partido. No importa la diferencia de edad. Lo importante es  que tenga casa y dinero. Si también tiene carro, mejor. Y si es extranjero, ni se diga. Y a soportarle sus majaderías. Y hasta algún que otro bofetón. O tal vez se limite solo a un empellón. Ya se sabe que los hombres son un poco brutos. Y cuando no son así, aburren, hay que pegarles los tarros con otro que te haga sentir que estás con un macho de verdad. Si no fue eso, algo parecido le dijo mamá.

Y machos brutos, que las traten como perras, se sobran. Si se les va la mano, ni cuentes con ir a la policía, porque si la golpiza no fue demasiado fuerte y evidente, lo más probable es que les aconsejen que se pongan de acuerdo, porque “entre marido y mujer, nadie se debe meter”.

Si a la adolescente cuando llegue a la adultez la pareja le sale buena, si tiene un matrimonio feliz, será a pesar de que los salarios de ambos conyugues solo les alcanza para malcomer un par de semanas y del hacinamiento en que vive con sus parientes o los del marido, porque ni soñar con una casa propia.

Sé que hay lugares peores, como Ciudad Juárez o ciertos países islámicos donde a las niñas les rebanan el clítoris y en cuanto crecen un poco las obligan a usar burka y a vivir encerradas en la casa. En comparación, no hay dudas que como afirma la señora Carpio, de Save the Children, que las niñas cubanas tienen mejores  oportunidades para el desarrollo.

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Niño de tres años, abusado por su cuidadora en Círculo Infantil

El pequeño Samuel con su tío Materno, Yuniel López (foto del autor)
El pequeño Samuel con su tío Materno, Yuniel López (foto del autor)

LA HABANA, Cuba – El pasado dos de septiembre el menor Samuel Orlando Martín Reina, de tres años de edad, fue sometido a intimidación y maltrato físico por parte de la educadora encargada de su cuidado.

El hecho ocurrió en el círculo infantil “Florecitas del naranjo”, ubicado en Calle Armando, entre Mario y Alberto, Reparto Santa Amalia, municipio Arroyo Naranjo.

Caridad Allegue Piñeiro, bisabuela del menor, refiere que “cuando el niño llegó a la casa yo le preparé un pomo de leche para que merendara, pero cuando él trató de sostenerlo me dijo que no podía, porque le dolía el bracito. Llamé a mi nieto para que lo revisara, y cuando lo hizo descubrimos que tenía varios moretones y arañazos. Le preguntamos qué le había pasado y nos respondió que la seño (cuidadora) lo había tirado contra el escaparate”.

El nieto de Allegue Piñeiro, Yuniel López O’Farrill, tío materno del niño, declaró que “esperé que mi hermana regresara del trabajo, y cuando llegó la acompañé al círculo infantil para indagar sobre lo que había pasado”.

Samuel Orlando Marin Reina, de 3 anhos, muestra las lesiones (foto cortesia del autor)
Samuel enseña los moretones en su brazo (foto cortesía del autor)

“Cuando llegamos al círculo, nos recibió la subdirectora”, cuenta Yadira de la Caridad Reina O’Farrill, madre del niño. “Luego de explicarle el problema, muy asustada me dijo que se reuniría con nosotros y las educadoras, para conocer quién había sido la responsable y tomar las medidas pertinentes, pero durante la indagación ninguna de ellas aceptó la responsabilidad por el abuso que recibió mi hijo; entonces, la subdirectora llamó al Municipio de Educación y pidió que le enviaran una inspectora”.

La madre y el tío del niño le hicieron saber a la subdirectora del círculo infantil que llevarían al niño al médico para que lo examinasen y extendieran un certificado por lesiones, y que después irían a la policía para denunciar el caso.

Yadira de la caridad asegura que más tarde, “cuando me encontraba próxima al Hospital Infantil Ángel Arturo Aballí, ubicado en Calzada de Bejucal, Reparto Alcázar, municipio Arroyo Naranjo, fui alcanzada por la subdirectora y la educadora Yaumara, quienes me pidieron que no hiciera la denuncia, que el problema podía resolverse internamente”.

La madre del pequeño Samuel comenta que “la petición de la subdirectora y la educadora me molestó mucho y les reiteré mi decisión, así que después que salí del hospital me dirigí a la estación de policía del Capri y formulé la denuncia, donde las autoridades no precisan el nombre de la agresora porque yo aún desconocía su identidad”.

Según el testimonio de la madre y el tío del niño abusado, el día tres de septiembre la inspectora municipal se personó en la instalación educativa y, luego de hablar con el personal del centro, pudo conocer que la educadora nombrada Yaumara, y una de las auxiliares, de nombre Madelín, “confesaron haber forcejeado con el niño, porque tenía una ‘perreta’” y que ese podía ser el motivo de las marcas que presentaba en su bracito, pero que “hay que esperar hasta el martes 8 de septiembre para que el jurídico del municipio firme la sanción laboral que se les aplicará a las responsables”.

El círculo infantil donde ocurrió el hecho (foto cortesía del autor)
El círculo infantil donde ocurrió el hecho (foto cortesía del autor)

Reina O’Farrill y su hermano Yuniel confiesan que “nos quedamos perplejos cuando la inspectora municipal nos dijo que la sanción podía ser una rebaja de salario o la separación temporal del puesto de trabajo por un período de seis meses; pero que hasta entonces, las culpables de la agresión contra el niño conservarían su puesto de trabajo”.

Sin embargo, Omara O’Farrill Allegue –abuela del menor–, comentó: “protesté enérgicamente ante la decisión de la funcionaria de conservar en su puesto de trabajo a las responsables del maltrato a mi nieto mientras se decidía la sanción que le aplicarían, y las autoridades de educación modificaron su acuerdo y ordenaron la separación inmediata, nombrando otras suplentes”.

Días después de realizada la denuncia en la policía, las autoridades visitaron el Círculo Infantil para investigar los hechos. La familia accedió a dicha información a través de una fuente cercana a la institución educativa, que prefirió no revelar su identidad por temor a ser expulsada.

El tío de Samuel Orlando ha dicho que “el jueves 10 de septiembre mi hermana recibió una citación oficial para que se presentara el viernes 11 con mi sobrino en Medicina Legal, ubicada en Rotonda de la Ciudad Deportiva, Avenida Boyeros esquina 26, Plaza de la Revolución, La Habana, para realizarle un examen médico y descartar cualquier secuela que pudiera haberle dejado el maltrato a que fue sometido”.

Refiriéndose al examen médico, Yadira de la Caridad señala que “por suerte el niño no sufrió ninguna lesión interna y ya los moretones han ido desapareciendo”.

Citación de la policía a Yadira de la Caridad para que se presentara con su hijo en el Instituto de Medicina Legal (foto del autor)
Citación de la policía a Yadira de la Caridad para que se presentara con su hijo en el Instituto de Medicina Legal (foto del autor)

En el centro de Medicina Legal se encontraba también el instructor policial Teniente Yordiesky Ramos Alba, oficial actuante en el caso quien, según la madre del menor, “me aseguró que la única responsable del abuso contra mi hijo fue la educadora nombrada Yaumara, y que la sanción penal que le correspondía por el delito que cometió es una multa, aunque no precisó la cantidad”.

Al parecer, la investigación policial exoneró de responsabilidades a la auxiliar nombrada Madelín, aunque la inspectora municipal –de quien no se reveló su identidad– había declarado con anterioridad a la madre del menor que la auxiliar había aceptado estar involucrada en el “forcejeo” que lastimó al niño.

En otro momento de su declaración, la abuela del pequeño Samuel informó que “aún no sabemos, de manera oficial, la sanción laboral que le aplicaron a la ‘educadora’ responsable del abuso contra mi nieto. Es cierto que fue separada inmediatamente del círculo, pero yo espero que esa ‘educadora’  jamás vuelva a poner un pie en un centro escolar”.

La familia de Samuel Orlando quedó a la espera de que en los próximos días la dirección del Círculo Infantil y las autoridades municipales de educación les informen oficialmente sobre la sanción dictada contra la educadora que violentó al pequeño de tres años.

“Vamos a exigir que se nos informe de las conclusiones del caso, tanto la sanción laboral como la penal”, afirma la abuela de Samuel. “No pretendemos magnificar el abuso cometido contra mi nieto ni pretendemos promover un escándalo mediático; pero tampoco vamos a aceptar que las autoridades minimicen la gravedad de los hechos”.

Sin embargo el tío el niño, Yuniel López O’Farrill, el opositor político que se presentó en las últimas elecciones a candidatos municipales del Poder Popular, declaró que “todo lo sucedido con mi sobrino debe ser considerado un crimen y castigado con severidad ejemplarizante. Las autoridades escolares, médicas y policiales han actuado como si nosotros estuviéramos exagerando la gravedad del delito cometido contra mi sobrino. Parece que tenemos que esperar que un niño muera a manos de una ‘educadora’ para que los tribunales movilicen la justicia”.




Explotadora de niños ante las narices de la policía

JH  Quitándole el dinero a uno de los niños de su banda-Foto JHF
Quitándole el dinero a uno de los niños -Foto JHF

LA HABANA, Cuba -No es la única persona en La Habana que se dedica a explotar a los niños, pero otros tienen al menos la precaución de no hacerlo ante la mirada pública. Aterriza en los sitios más visitados por el turismo extranjero y, a la luz del sol, distribuye a su banda, cuyos miembros (ninguno con más de 10 años de edad) tienen la misión de pedirle dinero a los turistas mientras ella controla cada uno de sus movimientos, presta a despojarlos de todo cuanto consiguen.

Como quiera que la vista hace fe, sería bueno que algún activo de la Comisión de Atención a la Niñez, la Juventud, y la Igualdad de Derechos de la Mujer (adscrita a la Asamblea Nacional del Poder Popular), o que algún ilustre representante de la UNICEF en la Isla, fuesen a verlo con sus ojos en la feria de artesanía de la Avenida del Puerto. No es que el fenómeno sea observable únicamente allí, pero es donde acabo de ver y retratar a la explotadora en cuestión.

Antes que alguien se apresure a responder con datos fríos, más que con hechos contantes y sonantes, debo reconocer que en Cuba los derechos de la infancia están protegidos por la Constitución de la República a través de diversos códigos, leyes y decretos leyes. Mientras que la institucionalización del adoctrinamiento político para los niños no sea descrita como lo que es: un delito de lesa humanidad, se podrá decir que el nuestro le saca raya y salida a los demás países del tercer mundo en lo que respecta a la buena atención a la niñez.

La aplicación aquí de aquella máxima hitleriana: “Tú puedes no pensar como yo, pero tus hijos me pertenecen”, propicia que los niños sean tratados con real deferencia, para beneplácito de ciertos románticos observadores internacionales. Pero el hecho concreto es que no resulta común encontrar a desalmados como la explotadora de la foto, que se lancen a violar lo legislado en lugares de tanta concurrencia y además particularmente vigilados por la policía.

Por contravenciones muchísimo menos graves otros luchadores del peso y aun los cuentapropistas habaneros viven bajo el constante asedio de los agentes de la ley. Muy difícil será encontrar en cualquier otra parte del mundo una ciudad con mayor número de policías, inspectores e informantes de toda laya por cada metro cuadrado. ¿Cómo es posible entonces que pasen por alto fechorías de tal magnitud y además expuestas tan descaradamente ante sus narices?

No me parece que sea por complicidad por lo que no arremeten contra este tipo de fenómenos. Pero tal vez sea porque no alinea entre sus objetivos priorizados.

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Manipulaciones sobre abuso infantil

Abuso sexual; Cuba

abuso sexualLA HABANA, Cuba -El Informe presentado por las autoridades cubanas Sobre el enfrentamiento jurídico-penal a la trata de personas y otras formas de abuso sexual, correspondiente al año 2013, constituye el primer documento en que se reconoce oficialmente la existencia en Cuba de prostitución, proxenetismo, abuso sexual contra menores y mujeres, corrupción de menores y trata de personas.

Si bien el Informe parece ser solo un gesto (pose) de la dictadura para lavar su rostro con un enjuague de “transparencia” y “buena voluntad”, a fin de mostrar los cambios verdaderos que exige la Casa Blanca como requisito para el inicio de un acercamiento entre ambos gobiernos, no por ello resulta menos significativo. El tema tratado es un flagelo cuya existencia en Cuba ha sido denunciada y profusamente documentada por organizaciones de la sociedad civil y por el periodismo independiente a lo largo de los años, pero el gobierno de la Isla siempre lo había negado a rajatabla, aduciendo que se trataba de “patrañas de los enemigos de la revolución”.

La renuencia a reconocer males considerados como rezagos de las decadentes sociedades capitalistas, que no tenían lugar en nuestro sistema social superior, propició que el mal se multiplicara exponencialmente, en particular desde que se produjo el desplome de la Unión Soviética (URSS) y del socialismo real, desatándose la mayor crisis económica que recuerda Cuba, y que se mantiene hasta el presente.

¿Ninguno de ellos es cubano?

Pese a la generalización de la pobreza y al florecimiento de la prostitución en todas sus variantes e implicaciones sociales, el catecismo oficial ha sostenido hasta el hartazgo que la niñez cubana estaba a salvo de los males que azotan al resto de las naciones, en particular las de los países subdesarrollados. Los medios oficiales y las vallas públicas repetían que millones de niños en el mundo padecen de hambre y de abandono, lo que los hace susceptibles de convertirse en víctimas de la trata y del abuso sexual, pero podíamos estar satisfechos porque “ninguno de ellos” era cubano.

Sin embargo, bastaba con salir a la calle y observar con atención el movimiento humano en aquellas zonas más proclives a los delitos vinculados a la prostitución –incluida la de menores–, por ejemplo, el Barrio Chino de La Habana, al que concurren comúnmente turistas en busca de proxenetas y traficantes de droga, y donde pululan la corrupción y el contrabando de todo tipo; o las áreas cercanas a escuelas secundarias de los barrios más pobres, donde los proxenetas están al acecho porque allí existen mayores probabilidades de seducir adolescentes cuyas familias viven en condiciones materiales precarias, para iniciarlas y explotarlas a través del sexo rentado. En Cuba la realidad y el discurso transitan por vías paralelas.

Así, podría considerarse que el reciente Informe presentado por el gobierno cubano constituye al menos un paso de avance, puesto que la erradicación de un mal comienza por el reconocimiento de su existencia. No obstante, tampoco cabría esperar que las autoridades reconocieran la verdadera magnitud del problema, su enorme cuota de responsabilidad en su propagación y arraigo, así como la demostrada ineficacia e inutilidad de sus muy cacareadas organizaciones políticas y de masas –los combativos y vigilantes Comités de Defensa de la Revolución (CDR) de cada cuadra del país y los “bloques zonales” de la Federación de Mujeres Cubana (FMC)– a la hora de prevenir y combatir estos delitos que implican a la niñez, el segmento más frágil e indefenso de la sociedad.

Por demás, el Informe de marras está plagado de las limitaciones inherentes a cada documento oficial.

Pecado de imprecisiones

Asumiendo ingenuamente que los datos ofrecidos en el informe oficial cubano sean rigurosamente ciertos, resulta incongruente que en un año se hayan producido 2 231 casos de abuso sexual contra niños si en la implementación de la política gubernamental en tal sentido “desempeñan un papel decisivo los órganos de la Fiscalía General de la República y de los Tribunales Populares, así como un grupo de Organismos de la Administración Central del Estado, entre los que se encuentran los Ministerios de Educación y de Educación Superior, el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social, el Ministerio de Cultura, el Ministerio del Turismo, el Ministerio de Salud Pública, el Ministerio de Justicia, el Ministerio del Interior, y el Ministerio de Relaciones Exteriores, de conjunto con organizaciones no gubernamentales de la sociedad civil como la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex)”.cenesex

¿Es posible que más de una docena de instituciones oficiales de nivel central, con ramificaciones y filiales en todo el país, no hayan sido capaces de impedir, o siquiera de prevenir, la comisión de los peores delitos: los que se cometen contra menores de edad?

Cierto que la legislación cubana de jure condena los delitos de trata de personas, la venta y tráfico de menores, el comercio de órganos, los trabajos forzados, la corrupción de menores –sea en cuestiones de prostitución, pornografía y “otras conductas deshonestas” –, entre otros crímenes relacionados, pero de facto, en medio de la pobreza general, la crisis de valores morales y familiares, y la imposibilidad de la sociedad para organizarse de manera autónoma para participar en la prevención y erradicación del mal, la ley es papel mojado.

Otro punto del Informe refiere que existen programas educativos y preventivos, tanto en los medios de difusión como en la forma de impresos, folletos, plegables y carteles. Con excepción de un programa televisivo semanal, spots ocasionales relacionados con campañas temporales, o algún esporádico panel acerca de la violencia de género y los “derechos” de mujeres y niños, cuestiones tan importantes como la prostitución raramente son tratadas en los medios. En cuanto a la prostitución o el abuso sexual infantil, nunca el tema ha sido abordado, de manera que la población no tiene verdadera percepción del problema.

Muy alarmante resulta, además, el hecho de pretender minimizar el impacto social de los crímenes contra los menores, al sostener que dicha cifra constituye solo (¿apenas?) el 0,09% de una población infanto-juvenil total de 2 260 751 individuos. Como si dichas estadísticas significaran alguna reparación del daño irreversible sufrido por esos niños o se tratara de una competencia global en la cual “gana” el país que mejores estándares muestre. Un récord de insensibilidad bastante desacertado para tratarse del “sistema más justo del mundo”. Un solo niño ultrajado sexualmente es un insulto a la justicia, y todo castigo será insuficiente para mitigar el perjuicio causado. Cualquier número es demasiado grande cuando se trata de daños a un menor.

Pero puestos a considerar pautas numéricas, 144 causas judiciales durante 2013 son una cifra muy escasa para hacer justicia a 2 231 niños sexualmente ultrajados. Más insignificante se torna el dato si tenemos en cuenta de esos 144 juicios incluyen también los procesos seguidos contra proxenetas y abusadores sexuales de mujeres adultas, y si de estos procesos resultaron sancionados solo 14 cubanos y cuatro extranjeros. Obviamente, para el sistema judicial cubano resulta más punible disentir del gobierno que abusar sexualmente de un menor o de una mujer.

Ahora la dictadura posa de proactiva y se apresura a ofrecer informes sobre sus desvelos a favor de la seguridad de la infancia y de las mujeres víctimas de la prostitución, de la trata y de otros crímenes sexuales, pero a la vez se asegura de mantener el monopolio sobre los programas a desarrollar, las donaciones de instituciones extranjeras y las estadísticas que ha de mostrar. No casualmente el elitista y “familiar” Cenesex es una de las instituciones más comprometidas.

En cuanto a la verosimilitud del documento presentado, queda en entredicho, como toda verdad a medias. Así será mientras las inaccesibles estadísticas formen parte de las cábalas utilizadas para cubrir al mínimo los requerimientos formales que exigen los organismos mundiales, y mientras los países civilizados sigan tolerando amablemente la longeva satrapía de los Castro.