Los presidentes de la calle G

Los presidentes de la calle G

Ningún pueblo debería olvidar su historia en favor de la ajena. ¿Por qué estatuas de líderes latinoamericanos, en lugar de cubanos, en nuestra Avenida G?

Fotos Gladys Linares

LA HABANA, Cuba -En la edición impresa del periódico Trabajadores del 11 de agosto de este año, en la sección Buzón Abierto, página 4, aparece una foto acompañada de un texto titulado “¿Qué ocurre en este monumento?”. En la foto se observa la losa que falta en el monumento erigido a Salvador Allende en la calle G, también conocida como Avenida de los Presidentes. El autor del texto especula sobre un acto vandálico, que se haya caído o que haya sido retirada por desperfectos, y lamenta la falta, según el caso, de eficiencia o de disciplina y respeto por la Historia.

Opino que la respuesta a su inquietud, que probablemente también es la de otros ciudadanos, seguramente se encuentra en las cámaras policiales que a lo largo de la avenida monitorean y registran todo lo que en ella acontece. Sin embargo, en cuanto a la pérdida del respeto por la Historia, hay que decir que no es de ahora. Los cubanos que peinamos canas recordamos cómo, sin el más elemental respeto por la Historia ni por la voluntad popular, en los años iniciales del gobierno de Fidel Castro fue arrancada de su pedestal en dicha avenida la estatua del primer presidente cubano elegido democráticamente: don Tomás Estrada Palma.

La estatua fue erigida el 26 de junio de 1921 por suscripción popular, con una contribución máxima de 20 centavos. Para realizarla se había contratado al escultor italiano Giovanni Nicolini, quien también por voluntad popular esculpió años más tarde la de José Miguel Gómez, que fue colocada el 18 de mayo de 1936 en el monumento a su memoria -restaurado hace relativamente poco tiempo- que preside la avenida a la altura de la calle 27. Contrastantemente, los transeúntes que pasan frente al Hotel Presidente pueden observar el pedestal que sufrió el vandalismo castrista, en el que solo quedaron los zapatos de la estatua.

Estrada Palma fue elegido presidente el 31 de diciembre de 1901, sin contrincantes, y juró el cargo el 20 de mayo de 1902. Ese día, el general en jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez, dijo: “Ahora sí creo que hemos llegado”. En esa propia fecha entró en vigor nuestra Constitución, redactada por 31 delegados cubanos que formaron la Asamblea Constituyente, la cual también elaboró una ley electoral.

El nuevo presidente se enfrentó a una República destruida por una prolongada guerra, con la agricultura y la industria en ruinas, pero gobernó con tal austeridad que a pesar de ello logró para 1905 un superávit de más de 20 millones de dólares. Su imagen fue vilipendiada por la nueva dictadura, pero ni siquiera ésta puede negar que para sus contemporáneos (incluyendo al propio José Martí) fue ejemplo de honradez y patriotismo.

A propósito del tema, recuerdo cierto día en que viajaba yo en una 174 hacia Lawton. Mientras el ómnibus hacía su recorrido por la calle G, un hombre entrado en años que iba a mi lado, me dijo: “Esas estatuas están mal puestas, porque esos presidentes no son cubanos. Esos deberían estar en el parque de la Fraternidad, que para eso se hizo. En esta avenida hay que poner presidentes cubanos, para que todos conozcan nuestra Historia, porque por algo alcanzamos el desarrollo que teníamos antes del 59”.

En efecto, las estatuas colocadas hace algunos años en la avenida G corresponden a presidentes extranjeros. Además de Salvador Allende, están Benito Juárez, Eloy Alfaro, Omar Torrijos y Simón Bolívar. Incluso un vecino del lugar me cuenta que recientemente han colocado frente a la cancillería una réplica de la estatua de Hugo Chávez que está en Caracas. Funcionarios de la Embajada vienen al lugar, hacen actividades y ponen ofrendas florales.

Creo que aquel hombre de pueblo tenía razón. Los ciudadanos no deben renegar de su propia historia, ni colocarla en segundo plano con respecto a la extranjera. No se debe olvidar a quienes, con sus errores y sus aciertos, consiguieron llevar a nuestro país al lugar que ocupaba en el mundo antes de 1959, si bien aún no se había alcanzado la sociedad perfecta.

“En definitiva”, agregó aquel señor, “ninguno de aquellos Gobiernos fue peor que este. Antes, al menos, estábamos aprendiendo a hacer democracia. Ahora, ni eso. En 1959 nos impusieron el terror y nos hicieron olvidar lo aprendido. Y de Gobiernos ladrones, para qué hablar. Este es el gobierno que más ha robado a este pueblo. Si los de antes robaban, uno podía quejarse. Ahora, ¡te roban y tienes que aplaudir!”

Acerca del Autor

Gladys Linares

Gladys Linares

Gladys Linares. Cienfuegos, 1942. Maestra normalista. Trabajó como profesora de Geografía en distintas escuelas y como directora de algunas durante 32 años. Ingresó en el Movimiento de Derechos Humanos a fines del año 1990 a través de la organización Frente Femenino Humanitario. Participó activamente en Concilio Cubano y en el Proyecto Varela. Sus crónicas reflejan la vida cotidiana de la población.

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