Guabairo, el pueblo que respira cemento

Guabairo, el pueblo que respira cemento

Prensa local en Cienfuegos intenta tapar realidad de vecinos prácticamente asfixiados por la fábrica Karl Marx

Galería de fotos de la fábrica de cemento Karl Marx

LA HABANA, Cuba.- El extenso reportaje aparecido  el viernes 28 de febrero en el semanario cienfueguero “5 de septiembre”, bajo la firma de la periodista Mercedes Caro Nodarse y el título: Cementos Cienfuegos S.A. Argumentos para explicar la vida, pretende reflejar la situación medioambiental que presenta la mayor fábrica de cemento del país, la Karl Marx, ubicada 15 km al este de la ciudad de Cienfuegos, en el poblado Guabairo.

Desfigurando la realidad

Contrario a lo que cabría esperar de un reportaje objetivo, el de Nodarse se muestra viciado desde los comienzos. Para quienes hemos investigado el tema de la contaminación medioambiental que afecta al poblado de Guabairo, nos queda claro el carácter irreal del escrito.

Tras una breve introducción, la periodista se adentra en una apologética narración expresando: “Allí existe un antes y un después bien marcado, evidente, pues cuando nos acercábamos al sitio – con el propósito de realizar el trabajo_, nos preguntábamos si la imponente industria estaba funcionando o no, ya que no observamos señales de vertimiento de contaminantes al aire a través de sus torres. Ni siquiera la añeja y molesta columna de polvo blanco acudió a saludarnos”.

Quiero darle el beneficio de la duda a la periodista y aceptar que no vio los signos contaminantes que bajo la forma de columna de polvo emergen regularmente desde las torres de la cementera, y se explayan por los cielos. Considero, sin embargo, que al menos debió cuestionarse si lo observado era un comportamiento permanente o excepcional; Mercedes no se tomó la molestia de indagar. ¿Es que acaso no sabe la periodista que es práctica común entre nuestros funcionarios esconder a la vista de los visitantes, sean periodistas o auditores, aquellos aspectos negativos que pudieran denunciarles?

 Travieso, el caballo de batalla de la fiscalía

Diligente, cursó entrevista a Jorge Díaz Travieso, vicegerente técnico de la Karl Marx, quien se recrea exponiendo las políticas pro ambientalistas que, asegura, han venido implementando en la industria. Travieso refirió el conjunto de medidas que se han adoptado y que según él han contribuido a bajar los niveles de emisión de gases de invernaderos u otros contaminantes a la atmósfera, lo que le ha valido el reconocimiento del CITMA, entidad que monitorea la situación  medioambiental en Cuba. De igual modo, comenta las medidas adoptadas para disminuir la emisión del polvo que surge del proceso fabril, causa fundamental de las quejas de los pobladores

“Hemos garantizado la recuperación de casi el 95 por ciento del material fino; de igual manera, se aumentó la hermeticidad”, dijo.

Travieso olvidó comentar que año y medio atrás participó en un juicio celebrado a Margarito Álvarez Díaz, residente de Guabairo, quien realizó un acto de protesta para pedir a las autoridades que pusiesen fin a la contaminación que afecta a cientos de habitantes.

La fiscalía utilizó a Travieso para contrarrestar los argumentos del acusado que, cansado de quejarse a los burócratas, sin que estos aportasen soluciones al problema, decidió parar la estera -que atraviesa el pueblo- trasladando la materia prima con que se elabora el cemento y es causa fundamental de la polución.

De igual modo, Travieso olvidó mencionar la golpiza que recibió el ciudadano Elio Rojas Sabina, de parte de la policía, cuando en protesta por la contaminación decidió colocar piedras en la carretera que pasa frente a su casa, buscando que los camiones de la Carl Marx desvíen su ruta y no levanten el polvo que invade su casa.

El subgerente reconoció que el mal se agudizó luego que la industria rehabilitara la línea tres de producción y colocaran un secador en el área de materias primas, necesario para disminuir el contenido de humedad del material enviado a las instalaciones de dosificación de crudo, lo que ocasiona un aumento en la cantidad de polvo en diversos puntos de las bandas del transportador (mide 2,5 km de largo) que atraviesa el pueblo de Guabairo. Pero mintió cuando dijo que tras activar los sistemas de desempolvado lograron hasta un 98% de eficiencia en las torres de transferencia (elevados).

La verdad es que el polvo que desprende la estera por momento hace irrespirable el ambiente. La estera está ubicada a unos 10 metros de las viviendas, fundamentalmente en el área de las torres, que luego se asienta en la carretera que corre paralela a ella. El polvo es levantado continuamente por los equipos de transporte a lo largo del muy maltrecho  vial – cuasi pedraplén – que une a las canteras con la industria y atraviesa la zona poblacional.

Entre las medidas adoptadas cuentan, según Travieso, la prohibición a los camiones de la industria que transiten por la vía. Aunque los choferes y quienes deben velar por el cumplimiento de la disposición se burlan olímpicamente de lo dispuesto.

Otro aspecto que escapó a la labor investigativa de la periodista fue el hecho que, en no pocas ocasiones, la industria traslada la materia prima de la estera en horas nocturnas, para evitar que los pobladores vean, debido a la oscuridad, el polvo que gravita en el aire.

Verdades a medias

En el afán por seguir justificando a la industria, Travieso refiere:

“Es preciso señalar que a raíz de la construcción de esta fábrica fueron erigidas viviendas en otras comunidades y poblados. La mayoría de las personas fueron a vivir allá; sin embargo, dejaron atrás a miembros de sus núcleos familiares habitando los inmuebles, muchos de ellos -por no decir casi todos- se encuentran ubicados dentro de la franja de protección sanitaria, que establece un radio mínimo de resguardo de mil metros desde el centro de la fuente emisora”.

Esta es una verdad a medias. Es cierto que en los inicios de la construcción de la Karl Marx se construyeron viviendas que fueron ofrecidas a algunos de los habitantes de Guabairo. Lo que Travieso no menciona es que los inmuebles se destinaron exclusivamente a personas que vivían donde luego instalarían la estera, o que vivían cerca de las canteras de piedra de donde se extrae la materia prima para la elaboración del cemento.

Olvidó decir que una parte de los dineros destinados a la construcción de viviendas, con la finalidad de extraer al pueblo de las inmediaciones de la fábrica, fueron utilizados por el gobierno para asuntos ajenos a ese propósito.

Ello dio lugar a que, con el de cursar del tiempo – treinta y cuatro años después-, las familias que quedaron rezagadas se hayan multiplicado y expandido, erigiendo nuevas viviendas que hoy ocupan una vasta extensión, colocando a las casas más cercanas a solo 15 metros de la industria. En el año 1980, cuando fue fundada la fábrica, apenas se podían contar unas decenas de habitantes. Hoy su número rebasa los mil.

Prensa local omitió lo más importante

Hubiese sido importante que Nodarse hubiese plasmado en su reportaje la opinión directa de los habitantes, o mostrado estadísticas de aquellos cuya salud ha sido afectada por la contaminación. Podía haber hablado con el personal médico del lugar,  que hace tiempo se hizo una investigación relacionada.

Debería haber señalado que el poblado estaba establecido en el lugar desde mucho antes que llegara  la industria, y que por tanto corresponde a ésta solucionar el problema que ocasiona su presencia.

Finalmente, me habría gustado leer la opinión de Yuba Valdés, actual Delegado de la Circunscripción, quien recientemente fue coaccionado por autoridades políticas de la provincia para que dejara la idea de viajar a La Habana, con la finalidad de presentar una queja ante organismos superiores.

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