Una cueva irreductible

Fotos: Gladys Linares

LA HABANA, Cuba, octubre,www.cubanet.org – Miles de compradores obstruyen la avenida principal y calles accesorias diariamente en busca de artículos que no encuentran en otra parte. O demasiado caros. Mercado con características únicas afincado en el municipio habanero San Miguel del Padrón.

Llegan a La Cuevita -trasunto de mercado mayorista- hasta de provincias más lejanas para comprar a buen precio y revender. Mercado mayorista que Papá Estado prometió a los trabajadores independientes pero no cumplió.

Maikel Rodríguez, de Regla, preguntó si el balde de plástico era fuerte. El vendedor lanzó el cubo gomoso contra el pavimento mientras decía ante miradas atónitas: “¡Este cubo no se rompe y más barato que los del estado, enseguida se rompen!”  Sorprendente propaganda.

Cubos y muchos otros artículos de plástico, madera, hojalata, aluminio, piezas de autos, motos, lavadoras, artículos, perfumería, alimentos enlatados, vinos, salen de fabriquitas generalmente clandestinas o son de  importación.

María Mir, de Guanabo, necesitaba perchas la para la ropa de su nietecito. “No hay en ninguna tienda de La Habana. Las encontré en La Cuevita, más baratas, de mejor calidad, en muchos diseños y colores ¡tan bien imitadas que ni los chinos!  Quedé impresionada por la cantidad de personas, mucho más que en el  bulevar de Obispo, en La Habana Vieja, hasta extranjeros. Sobre la procedencia de algunas cosas, mejor no averiguar. Noté gran compenetración entre vendedores. Si alguno no tiene lo que buscas te indican a cuál dirigirte. O encargarlo para otro día. ¡Y qué cortesía, buenos modales! ¡Da gusto! La  generalidad de trabajadores estatales no tienen tan buen trato”.

La Alarma se dispara al grito  “¡Agua! ¡Agua!” Cada negocio, vivienda, recoveco, zaguán, pasadizo, túnel por donde escapar de inspectores y policías o esconder mercancías non sancta se convierte en catacumba romana.

La Cuevita es un mercado tolerado porque el gobierno no lo ha podido exterminar. Muchos poseen licencia, otros venden escondidos. La policía les tiende cercos, inspectores registran, multan, decomisan. Parece magia con qué prontitud recogen las mercancías en sus grandes gusanos (bolsos) y desaparecen. Si los detienen suelen comentar entre ellos: “¡Esperemos a que baje la marea para volver!”  Estos “merolicos” (nombre tomado de una teleserie mexicana) viven de susto en susto y no siempre se libran del azote de policías e inspectores extorsionadores. “No quisiéramos evadir el fisco, pero no tenemos fondos para compra y revender, pagar impuestos, enfrentar a inspectores corruptos”.

El profesor Carlos Ortega, de Alamar, ahora trabajador particular, opina: “Los cuentapropista de La Cuevita tienen sorprendente organización. Todos se ayudan. Es admirable cómo crearon un mercado autónomo y se mantienen con buenos precios y surtido a pesar de las cacerías. La Cuevita es modelo de economía de mercado a escala liliputiense. Presenta los fundamentos de competencia y economía liberal desaparecidos en 1958. Me atrevo a comparar a La Cuevita con el espíritu industrioso de las comunidades judías. Llevan el comercio en la sangre y así crearon su país”.

Me acerco a una mesa con cintos, carteras, chalecos, mochilas grandes, suvenires, de piel. El vendedor pondera virtudes de su mercancía, habla seguido para no darme chance a mirar al puesto al lado también con artículos de piel. Palpo un cinturón. “¡Es de  cerdo!”, explica y hace un guiño de inteligencia. Con tono cómplice añade: “Los verdaderos de cuero de res los escondo cerca. Cuestan un poquito más, pero duran muchísimo. Tenemos estrictamente prohibido confeccionar y vender artículos de piel vacuna. ¿Ve? Ni podemos comer un bistec, ni tomar leche, ni usar un buen cinturón”.

“La mayoría nació y vive en ese barrio marginal con más de medio siglo dedicado a mercadear. Aprenden el oficio desde niños. Llevan el comercio en la sangre. Hay que ir a La Cuevita para apreciar cuánto han logrado a través de los años a pesar de persecuciones, operativos militares, decomisos. El gobierno no ha podido eliminar el centro comercial informal más grande de Cuba”, afirma Ortega.

¡La Cuevita es irreductible!

cosanoalen@yahoo.com

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