Jose Martí, el libertador

Jose Martí, el libertador

Al llegar a Estados Unidos escribió “Estoy, al fin, en un país donde cada uno parece ser su propio dueño. Se puede respirar libremente, por ser aquí la libertad fundamento, escudo, esencia de la vida. Aquí uno puede estar orgulloso de su especie”.

el-que-no-tenga-el-valor-de-sacrificarse-por-lo-menos-debe-tener-el-pudor-de-callarse-ante-los-que-se-sacrifican-jose-martiLA HABANA, Cuba — José Martí nació un 28 de enero de 1853 en la calle Paula. Fue el primogénito del matrimonio constituido por los españoles Mariano Martí Navarro y Leonor Pérez Cabrera.

Comenzó sus estudios en el colegio San Pablo, cuyo director, Rafael María de Mendive, supo apreciar el gran caudal de inteligencia del muchacho, que a su vez sentía una gran admiración y un profundo respeto por su maestro y amigo. En el año 1868, cuando Martí matricula en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, es Mendive quien costea sus estudios.

A raíz de los sucesos del teatro Villanueva, el 22 de enero de 1869, Mendive fue preso acusado de infidente. El joven Martí, que lo amaba como a un padre, acompañaba todos los días a la esposa del patriota, que iba a verlo al Castillo del Príncipe. No volvería a ver al maestro que tanto influyó en su formación hasta 1879, en casa de Fermín Valdés Domínguez, su condiscípulo y amigo de la infancia.

El 4 de abril de 1870, José Martí es condenado a seis años de presidio político por una carta redactada junto a Valdés Domínguez, dirigida a otro condiscípulo, al que tildan de apóstata por alistarse en el ejército español. Es enviado a las canteras de San Lázaro, donde conoce los horrores del trabajo forzado de los reos, y de ahí su firme convicción de luchar por la libertad de su amada Cuba.

Durante su encarcelamiento, su madre, doña Leonor Pérez, junto a sus hermanas, acudía todos los días al despacho del gobernador superior civil pidiendo indulgencia para el menor condenado, hasta que logra el indulto, por lo que Martí es trasladado a Isla de Pinos el 13 de octubre de 1870, y el 15 de enero de 1871 es deportado a España, donde publica “El presidio político de Cuba”.

En la Universidad Central de Madrid estudia Filosofía, Letras y Derecho, así como idiomas. Entre ellos domina el alemán y el francés.

Con la finalidad de reunirse con el Apóstol, sus padres y hermanas fijaron su residencia en la capital mejicana en abril de 1874, pero Pepe (como ellos lo llamaban) no se les unió hasta el 10 de febrero de 1875. Durante esa estancia contrae matrimonio con Carmen Zayas Bazán, con quien más tarde tendrá un hijo.

Aunque durante los primeros días de enero de 1877 entra en La Habana, donde permanece hasta el 24 de febrero (de incógnito, con el nombre de Julián Pérez), no es hasta el 31 de agosto de 1878, por la amnistía general, que regresa definitivamente a su patria. Conoce entonces a Juan Gualberto Gómez en el bufete de Nicolás Azcárate, donde entró a trabajar. No tardaron ambos patriotas en estrechar una gran amistad, y en comenzar a conspirar en los clubes revolucionarios, cada vez más numerosos pese al pacto del Zanjón.

Detectados por las autoridades españolas, son detenidos el 17 de septiembre y acusados de conspirar a favor de la independencia de Cuba, y Martí es deportado por segunda vez a España.

Nuestro Apóstol vivió pocos años en su amada Cuba, pero en el exilio trabajó intensamente por lograr su libertad. Creó el Partido Revolucionario Cubano (PRC) y dedicó todo su tiempo a preparar exitosamente la guerra necesaria para lograr la plena independencia de Cuba. Acudió a Máximo Gómez, Antonio y José Maceo y a otros patriotas de la gesta del 68, y a cuanto cubano exiliado amara a la patria.

Es él quien da la orden de alzamiento que en Cuba ejecuta el 24 de febrero de 1995 Juan Gualberto Gómez, representante del PRC en la isla, y el 11 de abril, junto a Gómez y a varios patriotas, desembarca por Playitas.

Ya en la manigua cubana, el 15 de abril de 1895, recibe de Máximo Gómez los grados de mayor general del Ejército Libertador.

Si bien es cierto que José Martí no tenía experiencia militar práctica, sí estaba familiarizado con la teoría a través de los estudios que había realizado de las memorias del general estadounidense Ulises Grant, y de otros próceres latinoamericanos.

Precisamente durante su estancia en Nueva York, en enero de 1880, mientras se encontraba inmerso en los preparativos para la guerra, escribe en tres capítulos (en inglés) para la publicación The Hour sus impresiones sobre ese país (José Martí y los Estados Unidos, Buenos Aires, 1944). En el primero de ellos (10 de julio de 1880) expresa: “Estoy, al fin, en un país donde cada uno parece ser su propio dueño. Se puede respirar libremente, por ser aquí la libertad fundamento, escudo, esencia de la vida. Aquí uno puede estar orgulloso de su especie”.

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