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Jueves, 23 de marzo 2017

El “proceso secreto” contra el artista del grafiti El Sexto

Una obra de arte puede llegar a poseer valor delictivo y ello se halla contemplado en el código penal cubano

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En sus ya cinco años como artista del grafiti, Danilo Maldonado, El Sexto, ha pasado por detenciones arbitrarias y violentas, incautación objetos personales, amenazas y otros abusos, pero no ha dejado de estampar sus obras por toda La Habana.

La Seguridad del Estado lo ha secuestrado incluso para llevarlo a visitar a Alexis Leyva, Kcho, “ejemplo de artista” según ellos. En vano: El Sexto, sigue reincidiendo y cada vez aumenta más el tono contestatario y directo de su arte. Si en una época usó magníficas ironías como “Devuelvan mis cinco euros”, ahora pone “Abajo Castro” sobre un fondo sangriento o pinta una cruz gamada encima del rostro de Fidel Castro.

“Soy como el perro huevero”, reconoce Danilo en conversación con este periodista, “aunque cada vez me borran más rápido los grafitis”. Cuando más aumentó la presión sobre él, decidió combinar las artes marginales del tatuaje y el grafiti y comenzó a dibujar en su piel lo que quería denunciar, además de que, por ejemplo de persistencia, escribió su firma encima de tachaduras rosadas de la policía sobre grafitis suyos anteriores.

Un spray como toda arma

Pero no tienen que atraparlo en acción para detenerlo. Basta con que lleve en el bolsillo del pantalón un spray, como ocurrió el viernes 17 de mayo, cuando fue con unos amigos a comprar unas cervezas a la esquina de Veintitrés y G sobre las nueve de la noche. Un policía le pidió documentación y lo llevó para la estación de Zapata y C, donde tuvo que esperar hasta el día siguiente para encontrarse con el jefe de la unidad. “Cuando por fin hablé con él”, cuenta Danilo, “me preguntó: «¿Así que tú eres el que hace todo eso por ahí?». Yo le di un disco con mis trabajos, para que supiera lo que yo hacía”. La reacción fue tomarle muestras de olor (intentaron que les diera muestras de orine, pero se negó, aunque le faltaron el respeto con suma grosería) y llevarlo en dos patrullas para hacer un registro en su domicilio.

“Empezaron a coger lienzos, sprays, laptop, cámara fotográfica, cartulinas, discos y lienzos sin usar, y a meterlo todo en bolsas de nailon que decían «Criminalística»”, dice El Sexto. Luego lo regresaron a la unidad y a las doce de la noche del mismo sábado 18 volvieron a llevarlo a la oficina del jefe, ausente ya. “Había una mujer que se comportó con muy poco respeto. Todas mis pertenencias estaban sobre una mesa, como quiera, todo revuelto”, relata Danilo.

Fotos: cortesía Ernesto Santana

La oficial le informó que quedaban confiscados tres de sus lienzos, además de las plantillas para esténciles, sus proyectos artísticos, treinta y siete sprays de esmaltes e incluso cuatro latas de simple pintura de aceite y su currículum vitae, con el argumento de que eran objetos relacionados con “un hecho delictivo que se investiga”. Luego le entregó un acta de ocupación y lo puso en libertad.

Desocupado no: artista

Dos días después, El Sexto comenzó un proceso legal con un abogado para que le devolvieran lo incautado, ya que, cuando registraron su casa y requisaron los objetos, no le dieron una copia de lo que ocuparon, como dicta el procedimiento. “¿Y por qué me devolvieron algunas obras sí y otras no?”, se pregunta el grafitero. “¿Por qué se quedaron con sprays que yo compré en tiendas del estado? Hicieron lo que les dio la gana, violaron muchas cosas”, asegura.

Lo habían tildado de desocupado y él había replicado: “Soy artista, aunque no artista de los tuyos. No estoy para alabar a ningún dios. Yo tengo derecho a criticar y a decir lo que quiera”. Y fue más claro cuando le dijo al policía: “Tú no estás hablando de ninguna revolución, sino de una falange que adora la F de Fidel. Es ilegal que yo pinte las paredes, pero no que se escriba «Viva Fidel» o «En línea con Fidel» sin contar con nadie. ¿Por qué yo tengo que contar con ustedes para decir algo?”

El proceso secreto

Dispuesto a no dejarse pasar por encima, va a seguir reclamando sus obras. “No maté a nadie, soy una persona honrada, vivo de mi trabajo y mi mujer está embarazada”, le puntualizó al oficial: “De hecho, lo que más aval me da es eso que tú haces, reprimirme, que confirma que estoy haciendo bien mi trabajo. Qué ironía”.

Cuando al abogado le informaron que a su representado se le había abierto un expediente, el letrado preguntó de qué se le acusaba y, como única respuesta, según cuenta Danilo, “le comunicaron que no podían decirlo, pues era un proceso secreto. Yo insistí, pero lo único que me dijeron fue que «próximamente» me informarían de qué se me acusaba. Alegaron la falsedad de que a mí se me había hecho una acusación y yo me había negado a firmarla. Pero hicimos las cartas con las reclamaciones y las entregamos en los lugares correspondientes”, concluye Danilo Maldonado.

El valor delictivo de la obra de arte

A partir de esos acontecimientos, Otari Oliva, uno de los coordinadores del proyecto Cristo Salvador Galería (que entre septiembre y noviembre hizo un magnífico ciclo de exposiciones sobre el grafiti cubano), escribió un texto donde exponía sus preocupaciones como artista: “La situación de El Sexto me hace reflexionar: una obra de arte puede llegar a poseer valor delictivo y ello se halla contemplado en el código penal de mi país. Desde hoy me gustaría poder determinar, tal como puedo determinar el valor delictivo de determinados actos, el valor delictivo en el que puede recaer una obra de arte”. Y a continuación dejó bien nítida su postura: “O habrá adecuación al código penal y el fallo se pronunciará desde un ejercicio de transparencia, aclarando para Danilo y para todos la razón del proceder de las autoridades, o estaremos peligrosamente cerca de una pira de libros ardientes, amén de que nuestras manos de artistas temblarán quizás un poquito más a partir de entonces”.

De cualquier manera, El Sexto no tiene entre sus planes dejarse amedrentar. En el burdo registro que le hicieron en su domicilio, los peritos dejaron abandonada una bolsa con la palabra «Criminalística» impresa, que ahora piensa él utilizar para hacer un trabajo. Un regalo que le hicieron para seguir afilando su arte.

Acerca del Autor

Ernesto Santana Zaldívar
Ernesto Santana Zaldívar

Ernesto Santana Zaldívar Puerto Padre, Las Tunas, 1958. Graduado del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona en Español y Literatura. Ha sido escritor radial en Radio Progreso, Radio Metropolitana y Radio Arte. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Distinciones obtenidas: Menciones en el género de cuento de los concursos David, de 1977, y Trece de Marzo, de 1979; premios en los concursos Pinos Nuevos, de 1995, Sed de Belleza, de 1996 (ambos en el género de cuento), Dador, de 1998, (proyecto de novela) y Alejo Carpentier, de 2002 (novela), Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, de 2010, por su novela El Carnaval y los Muertos

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