Celia Cruz en el Parque de G

¿Ustedes qué saben de Celia Cruz? Primeramente hubo
cierta confusión, pero uno de los chicos cantó por ella

LA HABANA, Cuba, julio de 2013, www.cubanet.org.- Me preguntaron sobre Celia Cruz en el Parque de G. Desde el año 2000, esta Avenida ubicada en El Vedado es una especie de caleidoscopio juvenil. Hace diez años, cuando esa formidable artista cubana falleció, los adolescentes que ahora me preguntan por ella apenas eran niños. Hoy ellos pertenecen a la tercera o cuarta generación de cubanos, a los cuales les ha sido arrebatada la memoria musical y espiritual de su país. Quizás por eso, respondí con otra pregunta: ¿Ustedes qué saben de Celia Cruz? Primeramente hubo cierta confusión, como que no se ponían de acuerdo para decir algo coherente, pero uno de los chicos cantó La vida es un carnaval.

Lo llamativo fue que la identificó en su versión original y no con la adaptación que se escuchó en Cuba en la voz de Isaac Delgado. Ambas versiones se difundieron en la isla en 1998. La de Isaac se convirtió en hit otoñal del boom salsero cubano de esa década. La original de Celia circuló de modo semi clandestino en fiestas familiares y de algunos centros de trabajo; nunca se escuchó en la radio. De paso recordé la parodia bien lograda que Alexis Valdés hizo del tema en aquel momento. También  por ese tiempo el músico oficialista Adalberto Álvarez, y su orquesta, intentaron popularizar una especie de “respuesta” a esta canción. Aquello decía algo así como, ” Puede que la vida sea un carnaval, pero si te duele tienes que llorar”.

En parte me alegré de que nadie entre los presentes se acordara de esto último. Otro muchacho del grupo contó la anécdota de un tío, que huyó en balsa y fue retenido en la Base Naval de Guantánamo en el verano de 1994. Éste era un fiel escucha de la emisora floridana Súper Q 108, luego 107.5. Hasta hace poco, tenían en casa los casetes con grabaciones tomadas de esa emisora de FM. Entre esas cintas había una de la célebre orquesta Fannia All Starsn con la voz de Celia Cruz.

Cuando les dije que la Fannia vino a Cuba en 1979 pero trajo como vocalista a Rubén Blades, todos se rieron incrédulos y me preguntaron qué edad yo tenía cuando eso pasó.

Una de las chicas del grupo me contaba que cuando ella estaba en la primaria llevaron a su casa un video donde aparecían las imágenes del entierro de “esa señora, que era una cantante cubana muy famosa en el Yuma”. Que la impresionó el mar de personas concentradas para despedirla. En esa época, en la escuela, exigían a los estudiantes atender el Noticiero de la TV porque al otro día les harían preguntas sobre lo que vieron. Pero lo más impresionante no estaba en el Noticiero. Aquel mar de pueblo acompañando el sepelio en tierra extranjera de una cantante cubana era para ella algo extraordinario. Así lo dijo al otro día en el aula y la maestra palideció. Luego, la niña supo que Celia Cruz estaba prohibida porque “era emigrada y  había hecho declaraciones en contra de la revolución”.

Recuerdo el éxito de público que tuvo la película Zafiros, Locura Azul hace unos años. Aquellas largas colas para ver el filme eran todo un acto de reivindicación a ese grupo vocal y a la generación que les vio en su mejor momento. A cuenta gotas se han vuelto a escuchar recientemente en la radio, canciones en la voz de Luisa María Güell o Los Meme. En la música popular bailable más actual de la isla, las vocalistas femeninas veneran a Celia Cruz, esa mujer que tocó el cielo con las manos y con la voz. Una mujer que  quiso llevar a la tumba un puñado de tierra guantanamera. Quizás intuyó que ese puñado de tierra sería su resguardo contra el olvido de los cubanos de esta orilla. Más ahora, que mediocridad y  vulgaridad  campean por toda la isla, y también más allá, en nombre de una popularidad comprada. En este país, la memoria musical mal vive en la nostalgia de los mayores. Pero Celia Cruz está en la raíz de nuestra nación. Contra eso no pueden  la censura, la ignorancia y la desidia.

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