Yoani Sánchez y la máquina del tiempo

Yoani Sánchez y la máquina del tiempo

El autor analiza los resultados de la gira mundial de la bloguera, y la considera “una oportunidad perdida”

PARIS, Francia, mayo, 173.203.82.38 -Pronto se termina la gira de Yoani Sánchez y como no ocurrirá nada nuevo con ella (los gritos y la histeria ya no son noticia), desde ahora podemos hacer un balance de lo que ha significado su mediático recorrido fuera de Cuba. La primera observación que se me ocurre, es que las pasiones que suscita esta mujer resultan demasiado desmesuradas como para que no parezcan organizadas, tanto de un lado como del otro. En política no hay buenos ni malos y por desgracia “tous les coups sont permis”.

La sociedad de la información y del espectáculo genera un volumen importante de plataformas informativas efímeras, deseosas de atraerse con fines publicitarios una parte del público disponible. Las noticias son divulgadas e inmediatamente olvidadas. Los medios tradicionales parecen incapaces de competir con la “trend noticia” generada por la red, y a veces resulta difícil distinguir lo que es importante o significante y lo que no. La publicación de una foto de un supuesto y agonizante Hugo Chávez, ejemplo reciente, no es el primero y tampoco será el último.

Cuando Yoani regrese a Cuba, igual que el personaje de Wells que remontara el tiempo, volverá al olvido; con el agravante de que sus glorias externas tendrán poco o ningún impacto en Cuba y que, además, serán explotadas en su momento por la propaganda castrista, lo cual ahondará su divorcio con el Liborio común y corriente, que, como se sabe, sólo está buscando una manera de salir huyendo de aquel infierno como sea.

Hubiera sido mejor para ella, que no siguiera presentándose como una modesta, frágil, perseguida e inocente damisela, moviéndose por el mundo gracias a la benevolencia de amigos e instituciones. Es algo que, como ya se ha dicho, lejos de honrarla, la desacredita. Yoani Sánchez no es ninguna mansa paloma, es una mujer fuerte, ambiciosa y con grandes proyectos personales. Permitir que la encasillen en un símbolo, sea éste el de libertad, es como consentir que le corten las alas en pleno vuelo. Se trata de un error estratégico porque a los cubanos les gustan las aves, pero sólo cuando se posan en los hombros de los hombres fuertes o cocidas a la barbacoa.

Así, atada de pies y manos como se encuentra actualmente, no puede sino convertirse en una marioneta de sus propias contradicciones como le sucedió a Yulia Timochenko y, como ocurre frecuentemente con los guapísimos actores de las series televisivas, le costará mucho romper esta imagen para poder hacer carrera en Hollywood, o dicho de otra manera, en las Grandes Ligas de la política, a las cuales estoy seguro que aspira, a pesar de que afirme todo el tiempo lo contrario. Nadie sacrifica su bienestar, ni el de su familia, por el sólo “amor” a la patria; hacen siempre falta objetivos más elevados para mover la maquinaria que sustenta el ego. Negarlo es un insulto a la razón.

Por otro lado, su discurso de fondo se ha centrado en una cuestión, que como ya lo han observado hasta los medios de izquierda en América Latina, no difiere mucho de las posiciones oficiales del gobierno Cuba. No hay nada nuevo en lo que dice, ni en la manera en que lo hace.

Yoani está en contra del Embargo, es su opinión, tiene el derecho de defender las ideas que quiera. Pero sus razones, -todas afectivas-, soslayan las causas que motivaron estas medidas; para el que no lo recuerde: la nacionalización sin compensaciones de las propiedades de las compañías norteamericanas en Cuba. El Embargo fue la respuesta natural, indispensable, a una agresión contra el patrimonio de una nación soberana. Hasta que no se diga lo contrario, la indemnización de esas propiedades robadas por la dictadura sigue vigente. No se puede atentar contra la propiedad ajena creyendo que no habrá consecuencias. Cualquiera que se manifieste a favor de una normalización entre Cuba y los Estados Unidos, deberá afirmar, en aras de la credibilidad, que el respeto a la propiedad será un principio inalienable de la Cuba nueva. El gesto apropiado pasa por el reconocimiento de esa deuda, y las maneras en que se procederá a su rembolso.

Como el viajero de Wells, Yoani volverá a Cuba, llevando consigo el único resultado visible de su gira por occidente: el de una flor ajada y el de una ocasión perdida.

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