Utopías, supercherías y babosadas de mi vecino

Utopías, supercherías y babosadas de mi vecino

El hombre no pierde las esperanzas de ganarme para su bando

Muchos cubanos todavía esperan que lo que siguen llamando “la revolución” sea salvado por los lineamientos, la conceptualización del modelo económico y el plan de desarrollo hasta el año 2030 (foto: AP)
Algunos cubanos todavía esperan que lo que siguen llamando “la revolución” sea salvado por los lineamientos, la conceptualización del modelo económico y el plan de desarrollo hasta el año 2030 (foto: AP)

LA HABANA, Cuba.- Como sé cuánto duele dar el brazo a torcer, reconocer que nos estafaron y que la fe que nos animaba estaba basada en simples supercherías, no me gusta abusar de la franqueza cuando converso con alguno de los convencidos que todavía quedan de la perfectibilidad del socialismo castrista. Pero a veces –uno también es humano y suele estar al tope- no puedo contenerme…

Me pasó recientemente con un vecino, que todavía espera, con una paciencia que compite con la de Job, que lo que todavía sigue llamando “la revolución” sea salvado por los lineamientos, la conceptualización del modelo económico y el plan de desarrollo hasta el año 2030, que parece una mal hilvanada trama de ciencia ficción de la peor.

Como el hombre, que no pierde las esperanzas de ganarme para su bando, había estado infructuosamente intentando convencerme de que, tal como afirma la bandería castro-chavista, el impeachment a Dilma Rousseff es “un golpe de estado urdido por la derecha oligárquica”, se me apareció con La mosca azul, un libro de Frei Betto que fue publicado hace un par de años en Cuba por la Editorial de Ciencias Sociales, y me recomendó encarecidamente que lo leyera, para que, según me dijo, pudiera entender lo que pasaba en Brasil.

Efectivamente, luego que terminé de leerlo, entendí mejor la situación en el país sudamericano y así se lo dije a mi amigo, para desmayo suyo, cuando le devolví el libro: “Ahora sí me acabé de convencer que el Partido de los Trabajadores (PT) está lleno de corruptos y ladrones, empezando por Lula”.

Y es que no puede ser otra la conclusión que uno saca luego de leer los desencantos de Frei Betto con el PT, del que se apartó, harto de la demagogia y la idolatría por el poder de sus corruptos dirigentes, para seguir su opción por los movimientos sociales y las comunidades eclesiales de base.

A Frei Betto, por algunas verdades que diga sobre el mundo de hoy con un tono moralizante y  ‘embellecidamente’ bíblico, no se le puede hacer demasiado caso. Para el dominico, la Cuba del castrismo es el escenario más cercano a ese “otro mundo mejor posible” que busca. ¡Imagínese usted!

Pero precisamente eso fue lo que embelesó a mi vecino con el libro de Frei Betto y le devolvió cierta fe en ideales que ya hace rato que se tambalean en su corazoncito zurdo. Y hasta le pareció una audacia y le hizo sentir cierta culpabilidad, atreverse a leer un libro donde se le hacen críticas al estalinismo, al socialismo real, al socialismo de mercado chino y se aboga por un socialismo democrático y participativo, como si eso fuera posible. ¡Ay Rosa Luxemburgo!

El libro de Frei Betto, con sus babosadas utópicas y su marxismo cristiano, a medio camino entre la comunidad primitiva y las catacumbas, puede funcionar como entretenimiento para personas como mi vecino, que escribe cartas lo mismo a Juventud Rebelde que a Díaz Canel y Eusebio Leal, y todavía se empeña en ver señales alentadoras donde  no las hay, como en el artículo recientemente  aparecido en el periódico Granma “Reglas para el debate, una cuestión de principios”, escrito por un tal Rafael Cruz Ramos,  y que le ha inspirado sueños con un referendo constitucional y eventuales reformas democratizadoras, dentro del socialismo, faltara más, pero que  para el año 2030,  gracias a los lineamientos y la conceptualización, será  próspero y sostenible.

Confieso que luego que le expresé mis opiniones, sentí pena por mi vecino. Había que ver la expresión de desconsuelo en su rostro. Espero que desista por un tiempo de hacer “trabajo ideológico” conmigo y acabe de darme por irremisiblemente perdido para su causa. Aunque no estoy seguro, porque como siempre, antes de despedirse, me aconsejó que debo tratar de vencer el resentimiento con la revolución y ser más positivo…

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Acerca del Autor

Luis Cino

Luis Cino

Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956). Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Se inició en la prensa independiente en 1998. Entre 2002 y la primavera de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Fue subdirector de Primavera Digital. Colaborador habitual de CubaNet desde 2003. Reside en Arroyo Naranjo. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.

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