Una humillación repartida entre dos, toca a menos

Una humillación repartida entre dos, toca a menos

La vida del Partido Comunista de Cuba ha estado vinculada a tres personajes importantes de la política: Gerardo Machado, Fulgencio Batista y Fidel Castro

Fidel Castro y Blas Roca (Foto Granma)

LA HABANA, Cuba. – Pasan los años y todavía los cubanos se preguntan quién fue más humillado, el viejo Partido Comunista de Cuba (PCC), al postrarse a los pies de Fidel Castro y desaparecer, o Fidel Castro, al verse obligado a representar un partido con una historia tan turbulenta, que no se atreven a contarla a los  cientos de delegados que hoy lo representan.

La vida del PCC, fundado en 1925 por Julio Antonio Mella y Carlos Baliño, con un recorrido de más de una década por la clandestinidad durante, siempre estuvo vinculada a tres personajes importantes de la política: Gerardo Machado, Fulgencio Batista y Fidel Castro Ruz.

En medio de una descomunal y espontánea huelga general contra Machado en agosto de 1933, opuesto el pueblo y la clase trabajadora a que continuara el dictador en el poder, los líderes comunistas hicieron todo lo posible para protegerlo y trataron de paralizar la lucha civil. Se trató, sin duda, de un grave error del PCC, algo que nunca mencionaron los historiadores castristas, con excepción de Briones Montoto.

Transcurren cinco años de aquella acción vergonzosa y gracias a Batista queda legalizado el PCC el 13 de septiembre de 1938.

La prensa libre de aquellos años se nutre de artículos sobre el PCC. Eduardo Chibás publica en Bohemia “Yo acuso a Blas Roca de traidor”, Jorge Mañach denuncia  que “Los comunistas se oponen al progreso del país” y Carlos Rafael Rodríguez responde con “La plataforma de Batista y el proletariado, en defensa del ‘hombre fuerte de Cuba”, como se le decía al General.

El libro “Los fundamentos del socialismo en Cuba”, publicado en 1943 por Blas Roca, secretario general del PCC desde 1934 hasta 1965, define una etapa de la evolución del pensamiento revolucionario cubano. Tanto por su evolución como por sus increíbles contradicciones, puede verse que, para alcanzar el poder y sus privilegios, los comunistas son capaces de cualquier cosa.

En el escenario político de 1952 aparece Fidel Castro postulado para representante de la Cámara. Meses después, tras el asalto al Cuartel Moncada, el PCC rechaza públicamente el hecho.

Asimismo, el 5 de agosto de 1953, aparece en el periódico norteamericano Daily Worker una declaración del PCC calificando el asalto al Moncada de “putchista y pequeño burgués”. Desde la cárcel, el 12 de diciembre de 1953, Castro responde y critica duramente a los dirigentes comunistas.

El 29 de diciembre de 1956 y luego el 28 de febrero de 1957 el PCC vuelve a condenar “los métodos terroristas del Movimiento 26 de Julio y del Directorio 13 de Marzo” y aboga por la huelga general como solución.

Pero, ¿qué ocurre cuando los líderes comunistas ven cerca la posibilidad de éxito del Movimiento 26 de Julio?

Un cambio radical en febrero de 1958

El PCC envía a varios de sus hombres a la Sierra Maestra, entre ellos a Carlos Rafael Rodríguez. Ya en 1959, los líderes del PCC, aceptados en secreto por Fidel Castro, comenzaron a escalar posiciones de poder; tanto, que un grupo numeroso de ellos fue procesado por la llamada “microfracción”. Algunos fueron enviados a prisión, otros llevados en pijama a sus casas y, con el tiempo, muchos terminaron en el exilio de Estados Unidos.

La historia del PCC aún se desconoce

No quedó clara la muerte de los revolucionarios de Humboldt 7, ni el fusilamiento del militante comunista Marcos Rodríguez, mucho menos la prisión domiciliaria de Edith García Buchaca, Joaquín Ordoqui y otros.

Tampoco se sabe todo lo relacionado con la muerte de Julio Antonio Mella, acusado de tenencia de explosivos en noviembre de 1925 y de haber puesto una bomba en el Teatro Payret. En la cárcel hace una huelga de hambre durante un mes y es separado del PCC. Esto nunca se ha conocido bien. Luego Mella marcha a México donde, según recientes investigaciones, es asesinado por comunistas extranjeros en enero de 1929.

Poco después del triunfo revolucionario, cuando Fidel Castro logra establecerse en el poder, sólo faltaba el nombre para el partido único que la encabezara. Once años después surge la prensa independiente, que aún juega un papel extraordinario. En aquel entonces, el hijo predilecto de Blas Roca, Vladimiro, convertido en disidente, es condenado a cinco años de prisión por el Partido de su padre.

El verdadero final del PCC

El verdadero final del PCC fue exactamente el 1ro de octubre de 1965, cuando Blas Roca se conforma con la dirección de las cuatro “paginitas” del periódico Granma y entrega su partido a un régimen que ya había fusilado a miles, que había condenado a largos años de prisión a otros tantos y que entregaba su bienestar a los subsidios de la URSS.

Desde París, Nicolás Guillén, el poeta y militante comunista, acusó a Fidel Castro de “muchacho loco”. La meta de los comunistas era alcanzar el poder, ocupar las residencias de los ricos y lograr posiciones privilegiadas. Mientras que a Fidel y a su hermano Raúl poco les importó la oscura vida del viejo partido ni sus malos manejos. A partir de ahí, la humillación experimentada por los comunistas y por Fidel Castro se repartió en dos.

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