Una historia de tres revoluciones

Una historia de tres revoluciones

Diferencias y similitudes en las Revoluciones Americana, Francesa y Cubana

(sololistas.net)

ESTADOS UNIDOS.- Extensa literatura compara y contrasta la revolución francesa y Americana, pero un reciente artículo de Patrick Estebe titulado “Una historia de dos revoluciones” me hizo pensar en la influencia de ambas en la revolución cubana de 1959. Como un adolescente en la Cuba pre 1959, recuerdo estudiar extensamente la Revolución Francesa y la influencia en ella de filósofos de la Ilustración como Jean-Jacques Rousseau. Sin embargo, no recuerdo a mis maestros hablándonos sobre la Revolución Americana, o el correspondiente papel inspirador de John Locke en el  pensamiento de los Fundadores.

Me desconcertaba si esta disparidad en mi instrucción era una falla de mi memoria, y consulté con el Dr. Eugenio Yáñez y otros doctos colegas. Me aseguraron que mis recuerdos eran correctos. En la educación cubana la Revolución Francesa era enfatizada y la Revolución Americana no era estudiada como una revolución. Era considerada más como una guerra de independencia con pocas consecuencias intelectuales sociopolíticas mundiales.

Tras la Revolución cubana este abandono fue más pronunciado. En esa mentalidad “revolucionaria” era incongruente referirse a la Revolución Americana como revolución. Los yanquis eran imperialistas y no podrían ser estudiados como revolucionarios.

Es imposible en un corto artículo periodístico hacer justicia a las diferencias y similitudes en las Revoluciones Americana y Francesa, pero destacaré algunos tópicos útiles a mis propósitos actuales. Ambas revoluciones fueron producto de los ideales de la Ilustración que enfatizaron los derechos naturales y la igualdad. Ambas fueron respuestas a monarquías opresivas que gravaban pesadamente y pretendían subyugar. Pero ambas tuvieron diferentes resultados.

La Revolución Francesa comenzó mientras la Constitución de Estados Unidos se adoptaba en 1789, y líderes como el Marqués de Lafayette, que había participado en ambas, probablemente tuviera en mente un modelo similar de gobierno para Francia.

La Revolución Americana se guió por preocupaciones prácticas sobre la representación. Pero fue la ira, resultado de los abusos de la nobleza dominante y el clero, lo que provocó la Revolución Francesa. Esa ira rápidamente llevó a gobernar  mediante el terror y finalmente al reino de Napoleón.

Consideremos qué sucedió respectivamente a los organizadores de las revoluciones. Líderes de la Revolución Francesa, como Maximiliano Robespierre, instigaron miles de ejecuciones en la guillotina, incluidos el Rey Luis XVI y su esposa María Antonieta durante el “Reinado del Terror”. El mismo Robespierre fue posteriormente guillotinado sin juicio.

De los líderes de la Revolución Americana, solamente uno de los 56 firmantes de la Declaración de Independencia falleció de muerte violenta. Esa muerte, sin ninguna relación con la Revolución, fue la de Alexander Hamilton, en un duelo a muerte con Aaron Burr. De hecho, la mayoría de los revolucionarios americanos fueron honrados después de la Revolución, y algunos como John Adams y Thomas Jefferson desarrollaron largas vidas de servicio público.

La Revolución Americana se basó filosóficamente en los derechos a la “vida, libertad y propiedad”. Promovió el constitucionalismo y el gobierno limitado como lo articuló John Locke. Por su parte, la Revolución Francesa fue influenciada por la filosofía de Rousseau. Las ideas de Rousseau conducían en última instancia al gobierno de poder absoluto y completo control sobre la sociedad. La lucha francesa por “libertad, igualdad y fraternidad” es contradictoria en sí misma. Igualdad impuesta por el gobierno es inconsistente con libertad.

La Revolución Americana engendró una “Carta de Derechos” para proteger libertades individuales. La Revolución Francesa produjo un documento muy diferente en la “Declaración de los derechos del Hombre y del Ciudadano” que, aunque promovía derechos básicos, concebía el poder absoluto del Estado. El tercer artículo plantea: “El principio de la soberanía reside esencialmente en la Nación.  Ningún grupo, ni individuos pueden ejercer autoridad que no emane expresamente de la Nación”.

Ahora, la revolución cubana no tiene nada que ver con la civilidad, valores democráticos y defensa de la propiedad privada de la Revolución Americana. Tiene mucho en común con la ira de la revolución francesa, como demuestran los miles de paredones de fusilamiento desde 1959 y su fórmula de partido único totalitario.

Y quedo preguntándome si hay alguna relación de causa y efecto entre los gobiernos con los que resultamos y las historias que narramos sobre esas tres revoluciones.

El último libro del Dr. Azel es “Reflexiones sobre la Libertad”

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