Un grano de racionalidad en medio del fango

Un grano de racionalidad en medio del fango

Hasta los oficialistas dicen a veces algo racional y positivo

VII Congreso del PCC (Foto: TelesurTV)
VII Congreso del PCC (Foto: TelesurTV)

LA HABANA, Cuba.- El pasado martes, el diario oficialista cubano Granma publicó, a página completa, un trabajo tomado de La Pupila Insomne. Su título es “Reglas para el debate o cuestión de principios”, y aparece a nombre de Rafael Cruz Ramos. Según lo que se plantea en el largo escrito, las normas en cuestión son dos; a ellas aludiré en el presente artículo.

Como su autor no es conocido, se ignora a ciencia cierta si se trata de un ser real o si el nombre en cuestión es un mero seudónimo. De inmediato se produjeron reacciones de rechazo a los planteamientos inmovilistas del aludido autor. Ellas provienen de intelectuales de renombre, cuyas opiniones merecen que las tomemos muy en cuenta.

El primer comentario lo recibí del prominente ingeniero Dagoberto Valdés. Se trata del fundador de la revista Vitral y actual inspirador del proyecto Convivencia. Por fortuna, el pensador pinareño ya no se ve obligado a ejercer la especialidad “en yaguas” a la que durante años lo condenaron los comunistas mezquinos. En un mensaje de texto, el fraterno Dago condensó su opinión en un solo adjetivo impactante: “Horrendo”.

Después leí la opinión de la destacada compatriota Marlene Azor, publicada en CubaEncuentro. El título de su trabajo es elocuente: “Las patéticas reglas estalinistas”. Gran parte de este artículo está consagrada a interesantes antecedentes. Al abordar lo escrito por Cruz Ramos, doña Marlene resume las dos normas en cuestión: “El ‘socialismo cubano’ no se discute”; y “no se permitirá participar a todos los que aboguen por ‘el capitalismo’”.

Por último, la colega Miriam Celaya, en “Reglas para impedir el debate” —publicado en 14ymedio—, expresa sus fundadas prevenciones, que dan pábulo a la alarma: “A medida que la crispación social crece y el Gobierno aumenta las trabas, mayor es la incertidumbre sobre la manera en que podría desatarse un conflicto que escaparía al control de las instituciones”.

No es mi propósito debatir con esos ilustres intelectuales independientes. Máxime cuando todo lo que ellos plantean, en esencia, es acertado. En verdad resulta increíble que, a estas alturas del juego, el colaborador de La pupila insomne y Granma emplee un vocabulario más propio de aquellos años que nuestro pueblo bautizó acertadamente como “La época de la barbarie”.

Un solo ejemplo: Como “primera regla”, Cruz Ramos plantea: “No será posible entendernos con quienes llegan hasta nosotros portando una granada de fragmentación lista para hacerla estallar en el seno de la República, de la Nación, de la Patria”.

A primera vista, parece una condición razonable: no dialogar con quien se reserve el derecho a, en medio de la negociación, abandonar la vía pacífica y recurrir a la violencia. Pero al continuar leyendo, vemos que el símil de la granada se aplica a una categoría bien diferente de personas: aquellas que persiguen “el fin de destruir el sistema socialista en construcción”. (Por cierto, ¿necesitarán otros 57 años para terminar de edificarlo?)

Pero no nos extendamos en el análisis del dichoso artículo. Como bien dice la colega Celaya, se trata de un mamotreto “que llena toda una plana con lo que podría haberse dicho en un par de párrafos”. Y después: “No se alcanza a entender a quiénes se alude con ‘nosotros’, qué temas estarían sujetos a debate, quiénes participarían, quiénes portarían la peligrosa ‘granada de fragmentación’ o en qué consiste ésta”.

Sin embargo, pese a todo, deseo matizar lo planteado por los tres compatriotas mencionados. Ellos no vislumbran, en ese trabajo periodístico —en verdad denso y farragoso—, lo que puede considerarse una luz al final del túnel. Dagoberto, Marlene y Miriam —cada uno a su manera— fustigan con acierto la insustancial retórica gobiernista que emplea Cruz Ramos, pero omiten constatar lo que de positivo hay en su trabajo.

Es el caso que el escribidor castrista se hace eco de lo que, en el Informe Central al VII Congreso del partido único, planteara el general-presidente Raúl Castro: que las reformas que se propongan a la vigente superley serán sometidas a un referendo. Al respecto dice: “Si se mantiene y la mayoría vota a favor de la Constitución en toda su letra, entonces ahí estamos, firmes en el camino adelante”.

Pero acto seguido no elude la alternativa opuesta: “Si por el contrario la carta magna no es aceptada y recibe los votos mayoritarios en contra, entonces habrá que ir a una nueva propuesta”. Es de esa forma que se plantea una manera de darle al pueblo una voz en la determinación del futuro del país. Y esto es racional y positivo.

René Gómez Manzano

(La Habana, 1943). Graduado en Derecho (Moscú y La Habana). Abogado de bufetes colectivos y del Tribunal Supremo. Presidente de la Corriente Agramontista. Coordinador de Concilio Cubano. Miembro del Grupo de los Cuatro. Preso de conciencia (1997-2000 y 2005-2007). Dirigente de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil. Ha recibido premios de la SIP, Concilio Cubano, la Fundación HispanoCubana y la Asociación de Abogados Norteamericanos (ABA), así como el Premio Ludovic Trarieux. Actualmente es miembro de la Mesa de Coordinación del Encuentro Nacional Cubano

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