Tres niñas negras y un presidente blanco

Tres niñas negras y un presidente blanco

En la mente de Díaz Canel la vida de una niña negra cubana hoy vale menos de lo que los negreros cubanos hubieran pagado por su libertad hace 150 años

Díaz-Canel; Derrumbe; La Habana; CubaDíaz-Canel y el derrumbe en La Habana, Cuba. (Foto: Collage/CubaNet)

A la memoria de María Carla Fuentes (12 años), Lisnavy Valdés (12 años) y Rocío García (11 años), víctimas de la desidia e incompetencia de los amos de Cuba

MIAMI, Estados Unidos. – En las primeras décadas del siglo XIX en casi toda Iberoamérica se adoptó la Ley de Vientres Libres, que permitió la compra de la libertad de un hijo o hija por nacer de una esclava. En Cuba no fue hasta 1870 que esto aconteciera, a partir de la Ley Moret (promulgada por el ministro Segismundo Moret) mediante la cual el Estado pagaría 125 pesetas por vientre, libertad que se le garantizaba al individuo al cumplir los 22 años.

Pero mucho antes, la libertad de esclavos también se compraba. En 1664, según documentos de la época, la tía de una joven esclava de 17 años compró la libertad de su sobrina por 250 pesos. Francisca Herrera, negra liberta, compró la de su nieta por 70 pesos.

En 1768, una deuda de 337 pesos y siete reales se pagó con una esclava llamada Cecilia. En 1864, la esclava Quirina Toledo, de 21 años, fue traspasada a nuevo dueño para saldar una deuda de 600 pesos.

Hasta en 600 pesos se cotizaba en el mercado negrero una esclava menor de 18 años, y en 1604 se compró una esclava y sus tres hijos mulatos (dos varones de 18 y 9 años y una niñita de 6) por 1000 pesos. En el siglo XVII se compró en 2,800 pesos a la esclava Baldomera y a sus cuatro hijos; más o menos en esos años se pagaba 1050 pesetas por un joven negro de 16 años, o una “negrita” de 12. Una esclava comprada en 1718 por 225 pesos se revendía en un mercado vecino por 450.

En La Habana durante el siglo XVI, el precio de una  esclava negra fluctuaba entre 2400 y 3120 pesetas; si la esclava era mulata, el precio ascendía a 3600; si tenía hijos, ascendía a 5400 pesetas.

Toda esta letanía de compra y venta de seres humanos del sexo femenino en el horrendo, pavoroso e inhumano mercado esclavista en las Américas sirve en esta columna un solo propósito: establecer el precio fijado por traficantes negreros y autoridades explotadoras sobre las cabezas de mujeres y niñas negras durante casi cuatro siglos… como punto de comparación conceptual.

Resumiendo: ese precio fluctuó (en pesos o en pesetas) entre 70 (para saldar una deuda) y 5400 (por la compra de esclava e hijos). Difícil calcular con certeza el equivalente hoy de esas cifras en dólares o Euros, mucho menos en pesos cubanos. Pero sí podemos estimar que, si un Euro equivale a 166 pesetas y también a 1,09 dólares, un dólar equivaldría a unas 181 pesetas.

Si bien pienso que computar el valor equivalente entre dólares actuales con pesos antiguos, o con pesetas ya en desuso, es labor casi imposible, al menos sí hallé una cifra real que nos da una idea. De 1969 al día de hoy, la peseta ha fluctuado en un 2007,3%, lo que hace que, por ejemplo el valor adquisitivo de 200 000 pesetas en 1969 hoy equivalga a 4 214 600 pesetas. Y entonces, ¿a cuánto más si nos remontáramos 100 años más, o sea a 1870, el año de la Ley Moret?

Miguel Díaz-Canel, el presidente blanco de Cuba, ha ofrecido una indemnización a las familias de las tres niñas negras muertas en el derrumbe del barrio Jesús María, de 350 pesos cubanos por cada criatura. Eso equivale a 13,59 en moneda convertible (CUC) o dólares. Las 125 pesetas de hace 150 años que hoy serían unas 3750 pesetas, equivaldrían a 20,72 dólares o moneda convertible.

Lo que significa que en la mente de Miguel Díaz-Canel, presidente blanco de Cuba, la vida de una niña negra cubana hoy vale menos –unos 7,13 dólares menos- de lo que los negreros cubanos hubieran pagado por su libertad hace 150 años. La vida de una cubana negra no cuenta para nada, por el contrario, se deprecia por día en el infierno socialista del Caribe.

Ahora cuando los derrumbes comiencen a suceder en su nativa Santa Clara –según ya está anunciado para una decena de antiguos hoteles hoy convertidos en cuarterías- y los balcones y paredes caigan sobre niñitas cubanas -posiblemente blancas-, ¿qué indemnización ofrecerá el racista y sexista presidente Díaz-Canel a esos padres?

¿Hasta cuándo seguirán las cubanas y sus familias hacinadas en los barracones de hoy, a unas cuadras de los recintos de lujo de la dirigencia, o los fastuosos hoteles, como el Manzana Kempinski, de los turistas?

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