Sin derecho al desayuno

Sin derecho al desayuno

Muchos cubanos desconocen cómo debe ser la primera comida del día

Pan racionado en Cuba (CC)
Pan racionado en Cuba (CC)

LA HABANA, Cuba.- Cuando en el 2006 Raúl Castro asumió el poder, una de las primeras cosas que dijo fue que le daría un vaso de leche al día a cada cubano. Él conocía muy bien la importancia que el pueblo daba a aquella fuerte tradición de desayunar con café con leche y un pedazo de pan con mantequilla. Incluso durante los años de República estaba al alcance del más pobre en cualquier cantina, fonda, timbiriche, o cafetería.

Fue a partir de 1991, con el desplome del comunismo soviético, que desapareció el desayuno del cubano. De esa forma fracasaba la permanente enseñanza de Fidel, cuando decía: “Sí se puede”.

Sencillamente, no se ha podido obtener una industria lechera, a pesar de que en un discurso de diciembre de 1966 vaticinó que llenaría de leche la bahía de La Habana, porque “en 1970 la isla tendrá 5 mil expertos en la industria ganadera y alrededor de 8 millones de vacas y terneras, buenas productoras de leche”.

Un poco de historia

La industria lechera cubana comenzó su gran desarrollo en 1927, bajo el gobierno de Gerardo Machado. Pocos años después, cuando nuestra población fue de 6 millones de habitantes, se había logrado una cabeza de ganado vacuno por persona y el precio de la carne era uno de los más bajos de América Latina. Su producción anual de leche era de 960 millones de litros, equivalente a 149 litros por persona al año.

La leche que se vende en CUC proviene de Vietnam o Asturias (España), entre otros lejanos países (Foto: Tania Díaz)
La leche que se vende en CUC proviene de Vietnam o Asturias (España), entre otros lejanos países (Foto: Tania Díaz)

Según datos económicos de aquellos años y como lo recordamos todos los cubanos de la tercera edad, en Cuba se producía una excelente mantequilla, así como buen queso, leche condensada, evaporada o en polvo, y se podía adquirir un litro de leche fresca a diario y a precios módicos, gracias a las empresas privadas y fábricas modernas, que desaparecieron prácticamente en los comienzos de la dictadura castrista, cuando en1960 el Che Guevara fue nombrado ministro de Industrias.

Lo que dice el futuro

Hace apenas unas horas, con motivo de la visita de un alto dirigente ruso, el General Raúl Castro ofreció la gran noticia: En la economía de la isla, participaría el gobierno de Rusia. ¡Madre mía! Ojalá no sea para que nos envíe de nuevo carnes enlatada rusa nadando en agua, en vez de buenos vacunos de raza.

El futuro de la industria nacional, sobre todo de productos alimenticios, es incierto. Se trata de una industria incapaz de participar de manera activa para resolver las carencias del país. Uno de sus males, dijo recientemente el Comandante Ramiro Valdés, es el éxodo y la falta de disciplina de los trabajadores y, sobre todo, las malas condiciones tecnológicas y de riesgos en plantas y fábricas.

Por sólo poner un ejemplo, en 2014, comenzó a funcionar en Ciego de Avila una fábrica, la única de ese tipo para productos lácteos, a un costo de 800 mil pesos en divisas. Su directora comercial, Pérez de Corcho, informó al periódico Granma en febrero de 2015 que: “La fábrica no trabaja a plena capacidad porque el territorio atraviesa por los meses de baja producción leche, aunque lo producido fue destinado a los municipios del polo turístico Jardines del Rey, de Venezuela y de Ciego de Ávila”.

La realidad actual

Hoy, ni haciendo malabares los cubanos pueden desayunar. Para que una familia compuesta de matrimonio y dos hijos, por ejemplo, pueda tener derecho a su desayuno diario, tendría que disponer de unos cincuenta CUC al mes, equivalentes a más de mil pesos cubanos, en un país donde el suelto promedio de un trabajador no pasa de cuatrocientos pesos en moneda nacional.

Producto cubano: lata de carne de pollo, aunque la etiqueta muestra reses (Foto: Tania Díaz)
Producto cubano: lata de carne de pollo, aunque la etiqueta muestra reses (Foto: Tania Díaz)

Se trata de productos importados —leche, café y mantequilla—, provenientes de países muy lejanos, aunque también pueden verse de América Latina, con excepción de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, de donde no nos llega, ni caro ni barato, ningún alimento.

El privilegio de desayunar sólo lo tienen aquellos cubanos que reciben remesa familiar, principalmente de Estados Unidos, para compras en CUC. El cubano de a pie, que es la gran mayoría, ha perdido irremediablemente ese derecho.

Nuestra industria alimenticia, estamos ante una verdad irrefutable, gracias al comunismo cubano hace tiempo que se fue a bolina.

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