¡Serán cínicos sus carceleros!

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Nota oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Isla califica de “infortunada noticia” la muerte de la madre del contratista norteamericano

Judy Gross, esposa del contratista encarcelado en Cuba_Internet
Judy Gross, esposa del contratista encarcelado en Cuba_Internet

LA HABANA, Cuba -El pasado miércoles, la prensa dio una noticia triste: Falleció la señora Evelyn, madre del contratista estadounidense Alan Gross, quien se encuentra preso en Cuba, condenado a quince años de prisión por el “terrible delito” de intentar facilitar a sus correligionarios judíos de la Isla unos equipos de comunicación satelital. Se trata de objetos cuya tenencia es lícita en todo el mundo. Pero según los inefables tribunales castristas, esa conducta atenta contra la seguridad de la nación.

La señora tenía 92 años de edad y padecía de cáncer en ambos pulmones. Se puede decir que el desenlace era —pues— esperado. Precisamente por esta razón resulta más cruel la actitud asumida por el gobierno cubano, que rechazó la petición formulada por los familiares y abogados del norteamericano para que él pudiese ir a visitar a su anciana mamá antes del inevitable final, que una nota oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Isla (MINREX) califica ahora de “infortunada noticia”.

Este doloroso sucedido tiene lugar pocas semanas después de difundirse determinadas especulaciones sobre el posible intercambio del contratista por los únicos tres espías castristas integrantes de la llamada Red Avispa —desmantelada hace un decenio y medio por el FBI— que permanecen en cárceles de Estados Unidos.

A raíz de ese anuncio, algunos albergaron esperanzas de que por fin se hiciera realidad la consigna anunciada de manera triunfalista, hace más de un lustro, por el fundador de la dinastía Castro: “¡Volverán!”. Pero hay que decir que los sucesos más recientes en Estados Unidos hacen que las dudas sobre el cumplimiento de esos pronósticos resulten cada vez más fundadas.

Durante mi reciente estancia en la Florida, pude aquilatar la reacción de la prensa de Estados Unidos a raíz de otro intercambio de análoga naturaleza: el realizado hace unos días entre el desertor norteamericano Bowe Bergdahl y cinco de los peores terroristas talibanes, quienes permanecían recluidos en la Base Naval de Guantánamo.

Con independencia del resultado que llegue a tener este debate en el seno de la gran democracia norteamericana, el asunto no dejará de tener incidencias en la situación de nuestro país. De modo particular —como ya apunté—, en las esperanzas que algunos han concebido sobre las posibilidades de realizar el intercambio entre el contratista norteamericano y los tres espías castristas.

Lo anterior incluye a las propias autoridades cubanas, que ahora, en la ya mencionada Declaración del MINREX, dicen de modo eufemístico la “disposición de Cuba a buscar de conjunto con Estados Unidos una solución a los casos de Gross y de Gerardo, Ramón y Antonio, que sea aceptable para ambas partes…”.

A mi modesto entender, lo importante no es la evidente asimetría entre los dos objetos del presunto canje (como es obvio, ella sería menor que entre Bergdahl y los cinco talibanes). El problema es que, después de la virulenta reacción que ha provocado este último trueque, parece razonable dudar que la actual administración demócrata de Washington se embarque en otra permuta similar, que también despertaría críticas virulentas.

Cabe presumir —pues— que mientras el gobierno del general Raúl Castro no abandone sus planes de intercambiar a tres espías convictos por un simple contratista y se niegue a excarcelar a este último, continuarán cerradas las posibilidades de normalizar las relaciones entre la Isla y Estados Unidos. Los grandes perjudicados con ello serán el sufrido pueblo cubano y las posibilidades de que se halle una apertura real a la terrible situación que sufre hoy nuestro país.

 

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