Sandokán, el tigre de la falacia

Sandokán, el tigre de la falacia

El centro de acopio El Amanecer, en La Habana, era uno de los que operaba este personaje, con bastante éxito comercial

(foto tomada de Internet)
(foto tomada de Internet)

LA HABANA, Cuba. -Desde hace un tiempo, la corrupción y el embargo norteamericano, son responsabilizados por el régimen de todas las miserias que nos afligen.

Un lugar destacado entre los corruptos lo ocupan, según la versión oficialista, los intermediarios. A pesar de que existen desde los tiempos de la colonia, son culpados por los elevados precios de los alimentos que son vendidos a la población por los particulares, al margen de la obsoleta libreta de racionamiento.

Para combatir a los intermediarios, el gobierno creó los llamados mercados concentradores, pero a pesar de esas y otras medidas, más o menos draconianas, siguen existiendo intermediarios.

¿Quién es el padre de este neo-villano? No lo dude: no es otro que el propio gobierno, por su avaricia.

Lo más increíble es que en realidad, muchos funcionarios estatales, del Ministerio de la Agricultura en específico, son también intermediarios. Los principales.

Tienen a su disposición camiones, estatales y particulares, y dotaciones para la distribución de los productos agropecuarios, de los que obtienen ganancias fabulosas.

Uno de estos dirigentes, a quien conocí en mi época de auditor, me lo explicó en detalles, hace poco, antes de irse de Cuba, para reunirse con su esposa y sus hijos en Miami.

Como ya se cumplió el tiempo prudencial de la partida del hombre, hago la revelación. Pero como le quedan parientes en Cuba, no le haré ningún favor extra al régimen dando su nombre y llamaré a mi amigo Sandokán. Lo único ficticio en este trabajo es este nombre. 

El centro de acopio El Amanecer, en La Habana, era uno de los que operaba este personaje, con bastante éxito comercial.

Entre otras cosas, Sandokán me explicó que el intermediario surge fundamentalmente por la obsesión del Estado de ahorrar combustible para revenderlo, en divisas, fuera o dentro de nuestras fronteras.

A mi pregunta de cómo era posible que el gobierno no reconociera estos manejos, me respondió con tres palabras: “Porque no quieren”.

Y ahí comenzó a enumerarme los laberintos y entresijos que tiene la corrupción.

Sobre el por qué de esos precios tan altos en los productos agrícolas, contestó el tigre de la Malasia: “¿Quieres saber cuánto me cuesta un día de operaciones? Y todo  esto para que la población acceda a alimentos que de otra forma se perderían en los surcos. Para empezar solo en combustible me gasto diariamente 400 dólares, en salarios y comida para mis empleados, 300. Después, en sobornos a custodios, parqueadores, inspectores, policías y oficinistas, que cuestan no menos de 700 dólares al día. Más arriba entre los jefes de área y sub-administradores, unos 1,000 dólares más y al fin de la cadena esta el administrador del mercado, el cual no baja de 600 dólares diarios, lo que completa los 3 000 dólares diarios”.

Al terminar esta relación, le pregunté si no le parecía mucho. Y me dijo: “No, porque con el 200% de recargo que le impongo a los cientos de quintales de productos que vendo a diario, esto me deja buenas ganancias”.

¿Por qué el gobierno vende en divisas productos, sean importados o no, con un recargo del 350% en sus precios? Lo hace para ganar el triple de lo que cuesta importarlos o fabricarlos y porque la población no tiene otro lugar a donde ir a buscarlos si no es en las TRD. En márketing, eso se llama mercado cautivo.

Lo de los 8 millones de huevos malversados comentados por Esteban Lazo, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, fue solo la punta del témpano de la lucrativa, galopante e incontrolable corrupción que genera el propio régimen. El mismo que castiga con mano de hierro a todo el que no le tribute dinero al Estado, que es el mayor ladrón y corrupto de Cuba, por mucho que culpen a otros pillos de poca monta.

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Paulino Alfonso

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