Rosa Virginia y María Gabriela en el Día de los Enamorados

Rosa Virginia y María Gabriela en el Día de los Enamorados

Hoy en día una foto fija no es la mejor prueba de vida, mucho menos de un presidente

MIAMI, Florida, 15 de febrero de 2013, 173.203.82.38.- Si no fuera porque detrás de este enunciado está el destino de un país -o de dos-, leeríamos con sobrada costumbre superficial una página de prensa rosa, una estampa costumbrista, un comercial aparentemente inocuo por San Valentín; ese día en el que uno suele comprar compulsivamente lo que se vende en la calle para no llegar con las manos vacías al hogar.

Pero no. Detrás de este manifiesto hay un trabajo de marketing muy bien pensando, efectivamente, para que el incauto compre o termine de comprar el culebrónico caso de la enfermedad del presidente Hugo Chávez y su misterioso viaje a La Habana, donde está internado –diríamos, mejor, secuestrado- desde hace 68 días.

Lo más ridículo –la palabra cursi se queda corta- del hecho de presentar fotografías de Chávez como fe de vida, y para contrarrestar la especulación que ellos mismos provocaron, es que se haya escogido el contexto del Día de los Enamorados y se calce la escena con una frase tan sensiblera como que el presidente está enamorado de sus hijas Rosa Virginia y María Gabriela, y viceversa.

Todo esto es pura distracción.

Los cubanos conocemos demasiado bien los montajes de los que son capaces los hermanos Castro, igual que ahora, con el periódico Granma en las manos. Todo para demostrar una fecha equis y ganar tiempo. Así nos educaron  y así trascurrió la vida hasta que cumplimos más de medio siglo de dictadura, hayamos comprado alguna vez, o no, el producto.

Decíamos que lo más lamentable de todo esto es la cursilería en aras de volver a engañar. Como si el tiempo no hubiera transcurrido.

El mensaje ahora es para el pueblo venezolano, no para el cubano.

¡Que viva Chávez! (frase que trata de inducir un pensamiento endiosado), va acompañada de un tecnicismo tal como cánula traqueal (para justificar la ausencia de voz) y de un hiper-historicismo  como recordar en este día los 194 años de un discurso de Bolívar que, recuerdan los chavistas, es su obra maestra.

Se ha necesitado todo este aparataje semiótico para ofrecer la fe de vida que se le debe al pueblo venezolano hace 68 días. Tan fácil como poner una imagen en movimiento, reportando sin torceduras de ningún tipo qué es lo que está pasando para que la vuelta del presidente a su país se haya alargado de esta manera. Y sobre todo explicar por qué, para ellos, fue preciso violar la Constitución.

Hubiera sido todo muy sencillo.

Pero ya sabemos que los protagonistas de este culebrón no son muy naturales que digamos.

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