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Sábado, 16 de diciembre 2017

Represión al que disiente, el verdadero combustible del castrismo

Solo la represión brutal contra la oposición, la disidencia y la diferencia, sostiene al castrismo en el poder

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MIAMI, Estados Unidos.- Lo que estamos viendo claramente en Cuba es un régimen totalitario que se mantiene por la represión abierta y violenta contra la oposición, la disidencia y hasta el pensamiento simplemente diferente en su propio seno.

La violencia no es solo física. El abuso de poder, los encarcelamientos injustos, las expropiaciones forzosas, los registros ilegales, las prohibiciones de salidas del país y otras acciones por el estilo de las cuales están siendo víctimas opositores, disidentes y periodistas independientes, también son formas de violencia.

No hay datos oficiales que permitan determinar la cantidad de personal, medios y recursos que dedica el gobierno cubano a mantener sus fuerzas represivas, visibles y no visibles. Los aparatos dedicados al trabajo secreto que llaman la Contrainteligencia —cuando en verdad el grueso no está dirigido esencialmente a trabajar contra las inteligencias de países hostiles— se dedican a  penetrar, dividir, confundir y desactivar la oposición, la disidencia y el descontento en las propias filas gubernamentales, donde no hay nadie a salvo de controles personales y grabaciones telefónicas, microfónicas, fotográficas, de videos y contenidos de internet.

En los últimos meses, tres grandes campañas represivas se han estado viviendo simultáneamente en Cuba:

  1. El impedimento, usando todos los medios y métodos a su alcance, a más de 150 opositores de presentarse siquiera para la nominación de candidatos a las elecciones del Poder Popular a nivel de barrio
  2. Las acusaciones de “centristas”, “agentes de la CIA y del imperialismo”, a intelectuales cercanos al oficialismo que han planteado la necesidad de cambios
  3. La represión sistemática a decenas de periodistas independientes en las últimas semanas (más de 30), a los que encarcelan, intimidan, decomisan sus medios de comunicación, acusan de cualquier cosa, los multan arbitrariamente, los enfrentan al barrio y a sus familias y, encima de eso, les impiden salir del país.

Imaginemos por un momento que esas campañas no existieran, que los candidatos independientes hubieran podido presentarse a las elecciones y haber defendido sus programas en público; que la intelectualidad oficialista, cercana al oficialismo y la disidencia socialista que vienen hace años haciendo propuestas alternativas al sistema para resolver los principales problemas que agobian a la sociedad cubana, generados por el centralismo, hubieran podido divulgar ampliamente en Cuba esas posiciones; y que la prensa independiente se hubiera podido desplegarse libremente en el país dando a conocer esas posiciones,  los graves problemas de la sociedad y la economía con informaciones y análisis que no aparecen en la prensa oficial y discutiendo los temas de las campañas para dar solución a los problemas de la sociedad.

Muy probablemente la gran mayoría de los candidatos independientes habría quedado al menos nominada para las elecciones de delegados, se hbarían dado a conocer al pueblo ampliamente los programas alternativos, la gente en todas las esferas de la sociedad habría tomado más conciencia de los problemas y sus soluciones.

Las políticas gubernamentales, sometidas a la crítica popular, habrían perdido mucho de lo que les queda de apoyo,; los candidatos del gobierno, incapaces de defender sus programas, habrían sido derrotados y el panorama político sería otro.

De seguro que, en esas circunstancias, el castrismo no resistiría la presión popular y se vería obligado a hacer cambios democráticos y económicos reales, a pagarles mejores salarios a los trabajadores, a establecer políticas serias para resolver los problemas de la alimentación, la vivienda y el transporte, a abrir de verdad la economía y a enfrentar abiertamente la posibilidad de perder parte o todo el poder real y el control actual de la sociedad, si no se aprestara a un cambio inmediato.

De manera que, efectivamente, solo la represión brutal contra la oposición, la disidencia y la diferencia, sostiene al castrismo en el poder.

Los mandantes los saben, pero no parecen entender que es mejor perder una parte que no el poder completo.

Si el castrismo aceptara realizar cambios importantes en el sistema político y económico, si admitiera las libertades fundamentales, podría mantener el control de algunas importantes empresas, seguir teniendo una presencia importante en un eventual parlamento democrático y EEUU levantaría el embargo. Eso facilitaría un intercambio amplio con la economía de Cuba, que pronto se elevaría a importantes planos internacionales por las características del suelo cubano, la laboriosidad de sus hijos cuando se ven estimulados y la incalculable inyección de capital cubanoamericano que se desplazaría para levantar al país.

Pero como los sueños, sueños son, preparémonos para lo peor.

Acerca del Autor

Pedro Campos
Pedro Campos

Exdiplomático cubano. Colabora con publicaciones como 14yMedio y Diario de Cuba. Reside en La Habana

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