Las trampas de la fe

Las trampas de la fe

Hundido hasta el pescuezo en sus fallidos intentos de consolidar un modelo económico inviable y una política social antipopular, el régimen cubano tira patadas de ahogado para conservar el poder

Oficina de Western Union en Cuba (Foto de archivo)

GRANMA, Cuba. – Las trampas económicas, las emboscadas políticas y un gran número de artimañas manipuladoras urdidas por las autoridades cubanas para revertir situaciones adversas a su favor cobran relevancia en un contexto donde el coronavirus, el desabastecimiento y la escasez son las caras visibles de un plan macabro que intenta sacar a flote a la Revolución.

Hundido hasta el pescuezo en sus fallidos intentos de consolidar un modelo económico inviable y una política social antipopular, el régimen cubano tira patadas de ahogado para conservar el poder y acude a mecanismos excluyentes como la imposición de la Moneda Libremente Convertible (MLC) para la adquisición de productos de primera necesidad y a prácticas represivas como la creación de brigadas paramilitares para contener a la población.

Poco les importa el abismo que abren entre diversos estratos de la sociedad cubana, y menos que sus mañas y carencias de dignidad queden expuestas a la mirada crítica de una población aterrorizada por el poder y sumida en un entorno de “sálvese el que pueda” y “al que Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga”.

De ahí que los cubanos que envían remesas familiares desde el exterior (FE) se conviertan en cómplices o aliados de las artimañas de un poder cuyo único propósito es salir a flote con la ayuda de quienes, hasta no más ayer, eran calificados como traidores, apátridas, lacras y gusanos.

El comportamiento de chulos retirados, reinas de la noche light, especuladores o miembros de un exclusivo club de magnates del atracón muestra que muchos en Cuba reciben remesas del exterior.

Ellos, a sabiendas de que su inflado estatus depende del grado de crisis de la Revolución, cimientan su falsa impunidad como presidentes de un Comité de Defensa de la Revolución (CDR) y organizan actividades por efemérides como las de 26 de julio y el natalicio de Fidel Castro, costeándolas con el dinero que reciben gracias al esfuerzo de sus familiares en el país enemigo jurado de la Revolución.

En la ciudad de Bayamo, mientras la mayoría de la población sufre en las interminables colas la embestida de las brigadas de enfrentamiento a coleros, acaparadores y revendedores, y busca -sin saber si hay-, un kilo de pollo, un litro de aceite o un jabón, quienes reciben remesas miran a otro lado y continúan jugando a la Revolución.

La cuestión no está en dejar de enviar remesas a sus familiares en Cuba, sino en pedir que la empleen en lo necesario para vivir con decoro y sin ofender a esa mayoría víctima de la discriminación gubernamental, de la que hace poco formaron parte también, con las mismas penurias y necesidades de progresar en libertad que ostentan sus familiares hoy.

Las trampas de la fe, disimuladas en leyes, decretos y otros artilugios impuestos en Cuba, aún en contra de la Constitución del país, emiten señales inequívocas. La población, en general, sólo atina a mascullar su infortunio, hacer colas, recibir multas y golpes, hasta que algún familiar logre abandonar la nación.

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Acerca del Autor

Víctor Manuel Domínguez

Víctor Manuel Domínguez

Periodista independiente. Reside en Centro Habana. [email protected]

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