El régimen está aterrado

El régimen está aterrado

La inminencia de la Cumbre en Lima y sus previsibles altercados, mantiene en vilo a los represores

Ileana Álvarez y Pedro Manuel González, en el aeropuerto de La Habana (foto del autor)

VILLA CLARA.- El pasado viernes debimos asistir —en Ciudad Panamá— al comienzo de un taller de Periodismo sobre Género y Minorías que durará esa semana, invitados por la CELAP. Fecha fatal por coincidir con la próxima algazara peruana. Al evento concurren medio centenar de periodistas, activistas, y escritores de Latinoamérica.

Se trata de un proyecto para empoderar a quienes civilizatoriamente indagan en las razones por las cuales nuestras sociedades patriarcales permanecen inmunes a los constantes abusos cometidos desde las instancias del poder contra comunidades diversas y pluriculturales, y también en las de sus poblaciones enfermas del machismo —entre varios ismos— aún por curar.

Se murmuraba que una “lista negra” de artistas molestos y contestatarios ya estaba circulada por la red policial desde principios de abril, previsoramente para evitar asistencias.

Basta comprobarlo mirando el respingo que dan los de aduanas en los puntos fronterizos cuando leen el informe en el ordenador y te ordenan retroceder para apelar al oficial de turno.

Al personarnos en el aeropuerto habanero nos informaron que teníamos “una restricción para salir del país”. Es la primera vez que nos ocurre semejante cosa —y ahora explico por qué uso el plural para referirnos—.

Coincidí en la terminal 3 con la poeta y periodista Ileana Álvarez, natal de Ciego de Ávila, que también estaba invitada al cónclave y se encontraba dentro del “cuartico está igualito” el que algún día cogerá candela como el de Tula, el de la “Jefa”, que nos rompió el ticket de abordaje al avión e informó que “si debíamos “algo” al estado cubano, nos remitiéramos a la oficina de atención a la población en la dirección de inmigración de nuestros respectivos municipios para…” etc., etc.

La misma muela que ofrecen gustosos del deber cumplido a todos los que nos precedieron en ese escrache, y que ellos tienen por ordenanza repetir cuales fieles papagayos.

En estos tiempos de invocados ahorros, de despilfarros inevitables y corruptelas flagrantes en ese ocre sector, sería conveniente grabarlo y evitarse el salivar, lo que les consume muy caros carbohidratos.

Como usualmente no suelo preguntar a los organizadores de eventos internacionales al que me invitan más que lo esencial, no sabía quiénes, además, lo estaban, excepto Ileana y yo.

Ni siquiera a cuántos habrían interceptado esa mañana de la grosera manera con que pretenden neutralizar nuestros ímpetus, y hacernos desistir. Tampoco he tenido noticias de que fueran advertidos otros, como a veces ocurre, con opositores, disidentes, periodistas, activistas y escritores independizados ya de la tutela estatalizada.

Por tanto, me sorprendió verla allí, “detenida” igualmente, a una mujer que además de ser miembro de la UNEAC, ostentar varios premios nacionales, tener más de una veintena de libros publicados en el país —y fuera de él—, y que dirige 2 revistas feministas como “Alas Tensas” y “Evidencias”, que ha viajado medio mundo y siempre ha vuelto como yo al eterno país de nuestras malasvidas, no intuyéramos otra razón de estado (léase prerrogativa flagrante del MININT) que activar el resorte de nuevo acto vejatorio al derecho ciudadano y la condición humana, que no fuera episodio de ruindad abusiva de la autoridad desnuda frente a las imputaciones de la charranada cotidiana, consecuencia de emplear a imbéciles en un sistema que eructa a los 4 vientos el “respetar” las normas que ellos mismos inventaron.

Cuando en 2013 el general decidió con sus “reformas” oportunísimas, liberar del viejo yugo instaurado por su hermano a los nacionales —extorsionados y privados de muchas otras cosas durante los 54 años precedentes—, y permitirles salirse del cepo mediante un decreto rimbombante como si fuera conquista redentora y “revolucionaria” y no un derecho inalienable usurpado hasta aquel momento, cual desinencia de uno de los acápites incumplidos de la carta de los DD.HH., de la que Cuba es signataria por conveniencia y no por aplicabilidad real, no contemplase ni rastro inhibidor de tal virtud en aquel mamotreto que no fuera el referido “a limitaciones por proceso penal en curso, restricciones de libertad de movimiento, deudas pendientes con el estado, etc.”.

O poseyendo los famosos “antecedentes” y falsas peligrosidades que ni Ileana ni yo hemos tenido.

Por tanto, como promotor de literatura del ICL, economista de formación y peluquero cuentapropista, hombre y mujer —-animal y planta— libres de florecer en el suelo patrio, ciudadano cubano y español (y hasta soviéticus universalis de mi contraparte actoral), que no son ni serán reconocidos nunca por la dualidad —¿multiplicidad?— moral reinante (ni falta que nos hace esa “distinción”), en uso de las facultades civilizatorias que nos están conferidas por la cartuja medieval estalinista renombrada como Constitución de la “República” (sin armas ya, que no sean obsoletas) y modificada a cojones por el magnífico cuando le hizo falta; mis personales opiniones políticas, escritos y denuncias continuas  se sucederán hasta que la muerte nos separe, pues se encuentran contempladas entre las libertades “formales” descritas allí y no por ello punibles o encausables. Al menos, en letra.

En caso contrario, de desespero por contenerme, les impelo a cerrar mi engrosado expediente policial que ya contiene varios años de rentable laboriosidad — “verde que te quiero ver-de…lejos”—, y emprender al fin proceso público por difamación e irrespeto a sus majestades, dejando al descubierto bajezas de “ofendidos”, parapetados detrás de un  “valeroso” ano-ni-mato.

No existe vehículo legal —bien lo saben— para encausar manifestaciones inalienables al ejercicio del criterio cívico, siendo óbice para restringirme el derecho a viajar cuando se me antoje. Máxime que todavía trabajo —más de 4 décadas— para el estado explotador del obrero asalariado que se autotitula “revolucionario” e insiste en desconocer la máxima fidelista de “cambiar lo cambiable, asumir la responsabilidad, jamás mentir”, y pare de contar.

¿Lo recordarán quienes restringen libertades —incluso a sus vasallos— mientras corren a las Cumbres Americanas, las que hace apenas un lustro ni les importaban hasta que comprobaron la eficacia de soltar a la sempiterna chusma, preparada loca(l)mente dentro del mono-sistema-milico como “sociedad civil”, sufragando una turba fascistoide con los dineros inconsultos de contribuyente nacional, y alebrestarse al show del ripeo bajito, chancleta en mano?

¿Y esa claque “elitaria” osa llamarnos “mercenarios al servicio de una potencia extrajera” porque escribimos en cualquier prensa dentro o fuera de este caimán que languidece impotente?

Pregúntenles si CubaNet, Diario de Cuba, Cuba Encuentro, etc. (sitios prohibidos) o El Guardabosques, OnCuba, Observatorio Crítico, IPS, etc. (tolerados) donde hemos publicado, nos han puesto las restricciones ideológicas que los diarios y revistas propios. Porque nunca “es el momento”, si fuera creíble tal argumento.

¿No rugió Lena Horne en el primer video clip de la historia (1964) —obra de Santiago Álvarez— sobre las luchas emancipadoras de Angela Davis con “Now is the moment!”? Entonces, ¿hasta cuándo?

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