Recordando a Álvaro Ínsua, un cubano desconocido y olvidado

Recordando a Álvaro Ínsua, un cubano desconocido y olvidado

Nos preguntamos si Álvaro Ínsua, una víctima de la investigación antropológica en la Cuba socialista, resultó ser, además, un cubano “desechable”

Álvaro Ínsua Cuba
Álvaro Ínsua. Foto Anthropology News

NUEVA JERSEY, Estados Unidos.- Este 19 de febrero Álvaro Daniel Ínsua Torres (1935-2019) hubiese celebrado su 86 cumpleaños; desafortunadamente falleció hace dos años. Aunque fueron publicados varios obituarios en la prensa hispana miamense mencionando su historial de encarcelamiento en la Cuba socialista, ninguno de ellos explicó la razón. Mi propósito en este breve ensayo es llenar ese vacío biográfico desde un punto de vista personal.

Álvaro nació en La Habana el 19 de febrero de 1935, de padres que trabajaban en la revista Carteles. Estudió en el Colegio Belén y obtuvo una licenciatura en estadísticas en la Universidad de La Habana, aunque su pasión de joven era actuar en teatro y televisión.

Cuando era evidente que el régimen castrista tomaba el camino del totalitarismo estilo ruso-soviético, Álvaro contempló emigrar, pero se resignó a quedarse, mayormente para cuidar a familiares que envejecían. No obstante, mientras se producía la invasión de Playa Girón (abril, 1961), él fue uno de los miles de cubanos víctimas de “prisión preventiva”. Fue confinado en el recién-confiscado Teatro Blanquita, en Marianao, experiencia que lo dejó “enfermo espiritualmente”.

Entonces aceptó una plaza docente en la universidad, posición donde apenas duró unos años, ya que fue cesanteado por negarse a participar en actividades progubernamentales obligatorias. Milagrosamente, logró mantener otro trabajo realizando investigaciones estadísticas en la Academia de Ciencias.

Fue allí donde conoció al afamado antropólogo estadounidense Oscar Lewis, quien había ido a Cuba en 1969 acompañado de su discípulo de la Universidad de Illinois, Douglas Butterworth.  Con la anuencia del gobierno cubano, tenían el propósito de realizar investigaciones socio-culturales entre los exresidentes de “favelas” habaneras, quienes habían sido relocalizados en las afueras de la ciudad.

Lewis era mejor conocido por su debatida teoría de la Cultura de la Pobreza [C-P], basada en investigaciones entre mexicanos y puertorriqueños. Una de las metas del proyecto en Cuba era someter a prueba un corolario de la tesis de la C-P: que dicho fenómeno sociocultural-económico sólo se podía encontrar en sociedades capitalistas. Influenciado por el marxismo, Lewis estimaba que la C-P no podía desarrollarse en economías “socialistas” (o comunistas).

Mientras que la pobreza es definida en términos relativos, la C-P fue conceptualizada con una serie de valores y comportamientos interrelacionados como son: poca ética de trabajo y conciencia social, fatalismo, alcoholismo, temor de las autoridades, abuso de las parejas, homofobia/machismo/sexismo, y, sobre todo, gratificación instantánea y baja visión del futuro.  Ese síndrome socio-patológico constituye un obstáculo clave para lograr la movilidad en dirección hacia la clase media. No todos los pobres desarrollan una C-P, pero el ser pobre es una condición necesaria.

Irónicamente, las entrevistas a la población cubana más vulnerable socio-económicamente revelaron disidencia antigubernamental, y especialmente la existencia de una C-P, como lo explicara Butterworth en su propio libro, The people of Buena Ventura (1980). Peor aún, esa C-P no parecía ser un legado negativo del régimen anterior, sino un fenómeno que se desarrolló a partir de 1959.

Álvaro y su esposa colaboraron como voluntarios con Lewis y Butterworth. Bien documentado después, resulta que el gobierno espiaba todos los aspectos del proyecto, y las autoridades lo cancelaron súbitamente (Julio, 1970). Además, incautaron documentos y equipos, y los investigadores extranjeros fueron expulsados del país acusados de “espiar para el imperialismo”.

¿Y Álvaro Ínsua? Álvaro fue dejado atrás en prisión por su ingenua colaboración. No tengo conocimiento de ninguna personalidad u organización intelectual extranjera que haya protestado a su favor. Ninguno de sus colegas alzó la voz por él. Al ser excarcelado seis largos años más tarde, me escribió gracias a gestiones de una intermediaria que me había conocido en República Dominicana, cuando realizaba mis propias investigaciones antropológicas para la Universidad de Pittsburgh en los 70. Fue cuando me contó su odisea.

Lewis falleció poco después de regresar a EE.UU. Una década más tarde, su viuda Ruth y la politóloga Susan Rigdon publicaron una trilogía de libros basados en el material que Lewis —por suerte— había sacado de la isla antes de la expulsión: Living the Revolution; Four neb, four women y Neighbors (1977-78. Solo el primer volumen fue publicado en español (México, 1980).

En abril de 1980 la familia Ínsua logró exiliarse en EE.UU., primero en Miami, y luego en New Jersey, donde les di la bienvenida personalmente. En 1984 regresaron a Miami al ser Álvaro contratado como corresponsal de Radio Martí, de donde se retiró en 2011. Falleció en esa ciudad el 13 de enero, 2019.

Quedaron atrás su esposa Greta, de 63 años, su hijo Manolo, su nieto Jemmy, su biznieta Karina, y su tataranieto Andresito.

Nos preguntamos si Álvaro Ínsua, una víctima de la investigación antropológica en la Cuba socialista, resultó ser, además, un cubano “desechable” al abandonársele a su suerte en el gulag tropical de los hermanos Castro.

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Radicado en New Jersey, es un investigador asociado externo en etnología
con el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Pittsburgh, de donde es también egresado.

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