Quién protege a los niños del régimen

Los infantes cubanos son sometidos, desde su más temprana edad, a un intenso adoctrinamiento ideológico

(foto: radiorebelde.cu)
(foto: radiorebelde.cu)

LA HABANA, Cuba.- Los representantes de Naciones Unidas destacados en La Habana actúan como heraldos complacientes con las autoridades cubanas. Estos acomodados funcionarios se muestran incapaces de criticar al gobierno y mucho menos acercarse a los ciudadanos. A pesar de esto, los estamentos de la ONU que promueven los derechos humanos, en los últimos años, han cuestionado fuertemente la realidad cubana y las responsabilidades gubernamentales en estos delicados temas.

Varios de los mecanismos vinculantes de monitoreo del cumplimiento de los instrumentos jurídicos de promoción de los derechos fundamentales, como los Comités para la Eliminación de la Discriminación Racial, para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, de Protección de las Libertades de Reunión, Asociación y Manifestación, han consensuado serias críticas y señalamientos sobre la falta de garantías y protecciones efectivas a esos derechos universales.

Sin embargo estos señalamientos y recomendaciones tienen muy poca incidencia en la realidad cubana en tanto las autoridades de La Habana incumplen su responsabilidad de conectar a la sociedad cubana con esos espacios jurídicos internacionales. Ocultamiento y tergiversación total sobre esos foros y sus resultados es la actitud recurrente de los gobernantes cubanos ante los compromisos contraídos con la firma de estas convenciones internacionales.

A pesar de que la propaganda oficial asegura que en Cuba los derechos de los niños están protegidos y garantizados el Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, que regula y monitorea el cumplimiento de lo estipulado en la Convención sobre los Derechos del Niño de la que Cuba es signataria, ha señalado varias de las deficiencias de la Isla en este tema.

Este Comité el pasado 15 de octubre de 2015 emitió sus “Observaciones finales sobre el Informe presentado por Cuba en virtud del artículo 8, párrafo 1, del Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en los conflictos armados.”

El documento solo reconoce como positivo la presentación del Informe mismo y la adhesión del Estado cubano a varios instrumentos jurídicos y acto seguido vuelve a reiterar la preocupación por el no establecimiento en Cuba de los diez y ocho años como límite de la mayoría de edad y las graves implicaciones que esto tiene para la protección de los derechos de los adolescentes cubanos.

En el documento “El comité alienta al Estado parte a que fije en 18 años la edad mínima para ingresar en las Fuerzas Armadas”

El documento “celebra el nombramiento del Primer Vicepresidente como la autoridad nacional responsable del seguimiento y la coordinación de las cuestiones relacionadas con los derechos del niño”…

Al igual que hizo con el tema de la cuestión racial, la información internacional de esta falsa designación pretende confundir a los observadores e interlocutores internacionales convenciendo a todos del compromiso oficial con los derechos universalmente consagrados. Resulta lamentable la actitud inescrupulosa de los gobernantes cubanos, quienes no se sonrojan para informar al mundo de un nombramiento que no tiene reflejo alguno en la realidad nacional.

El Comité reitera su preocupación por la inexistencia en Cuba de mecanismos o instituciones independientes de derechos humanos que monitoreen desde la sociedad civil la observancia y protección de los derechos fundamentales.

El documento cuestiona al Estado cubano la falta de información y capacitación a instituciones y ciudadanos sobre los instrumentos jurídicos consensuados para promover y proteger los derechos humanos.

El Comité lamenta profundamente el reclutamiento militar obligatorio de menores de 18 años, así como la matrícula de jóvenes de menores de 18 y 15 años en escuelas militares.

La historia responsabiliza al alto liderazgo de La Habana con la participación de ciudadanos menores de 18 años en contiendas bélicas. En los umbrales mismos de la revolución fueron muchos los niños menores de 16 años involucrados en acciones de guerra. De igual forma, durante las décadas de los años setenta y ochenta, muchos menores de 18 años fueron enviados a las guerras ajenas e inútiles en el continente africano, sin brindar a los padres derechos a decidir sobre esta participación.

Resulta justo señalar que en los últimos años, gracias a la presión de los organismos internacionales, el gobierno cubano alista a los jóvenes en las fuerzas armadas a partir de los 18 años. Sin embargo, las inscripciones en el registro militar obligatorio y en los centros de instrucción militar se verifican antes de los 16 años. En este sentido el Comité exige al Estado cubano que adecue sus leyes nacionales para prevenir institucionalmente esos reclutamientos antes de la edad requerida.

Resulta alentador que organismos internacionales de esta magnitud tomen conciencia y sensibilidad sobre las violaciones flagrantes que comete el gobierno cubano en temas tan delicados. Sin embargo sería ideal que también tomaran en cuenta la desprotección social y económica que sufren muchos niños en condición material vulnerable, los que son considerados ilegales en su propio país o deportados dentro del territorio nacional.

Esperemos que en algún momento el Comité de los Derechos del Niño atienda y se preocupe por las enormes presiones, coacciones y chantajes que sufren los infantes cubanos, sometidos, desde su más temprana edad, a un intenso adoctrinamiento ideológico que tanto daña la formación cívica, la independencia y la realización personal y social de los ciudadanos.

Mucho de la atención internacional a estos delicados temas se deben al celo y al desvelo de la activista cívica Dora Mesa Crespo, una maestra consagrada por vocación y una defensora de los derechos del niño por convicción, quien ha demostrado enorme sensibilidad y valentía para develar verdades lamentables y ocultas con el único objetivo de que los niños cubanos sean protegidos y respaldados no solo en el discurso si no en la realidad cotidiana.

Cuba necesita que los representantes en la plaza del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y sus colegas cumplan su compromiso y cometido de prestar atención a los traumas y necesidades de los ciudadanos, y no solo en satisfacer los intereses oficialistas y diseños de imagen de las autoridades cubanas.

Resulta además imperiosamente necesario que los líderes y activistas incorporen la información y los resultados de los mecanismos internacionales que promueven los derechos humanos, para utilizarlos de manera eficaz en función de lograr mucha más cultura cívica y el tan anhelado respeto a los mismos.

Montesinos3788@gmail.com

[fbcomments]