Prueba masiva de la Internet de ETECSA: de tres, cero

Prueba masiva de la Internet de ETECSA: de tres, cero

A lo largo del 2018 el consorcio militar para las telecomunicaciones ensayó modos de controlar los accesos a Internet

SANTA CLARA, Villa Clara.- Dicen que “a la tercera va la vencida”. Y que cuando las cosas no funcionan, entonces “hay pitirres en el alambre”

La aspiración estalinista del encierro informativo y absoluto de la sociedad, presente en “un pasado que no se puede borrar”, debería inferirse, además, de los esfuerzos que “encienden ese luminoso futuro” que el régimen dosifica a través de medios muy caros.

A los falsos comunistas —que son mayoría—, no les gusta Internet ni el riesgo que conlleva. Pueden verse expuestos allí, naturalmente, sin poder controlar lo que se consume. Prefieren seguir “a la antigua” (como la vaquita Pijirigüa) y de contra cobrarnos por el alquiler.

Sin embargo, tienen que acatar dictámenes de quienes sí saben que no se concibe el desarrollo ni la aparición del dinero sin él.

Dar una visión de “adelanto democrático-participativo” resulta, además, oportuno en etapas “de aperturas”, aunque en realidad solo importen las opiniones que del país tengan los clientes extranjeros: inversores o turistas. Los nacionales, que esperen.

Entre el pasado sábado 8 de septiembre y ayer lunes 10, ha transcurrido el tercer experimento del monopolio ETECSA para “demostrar” —a los cubanos soñadores— “cómo funcionará en breve la conexión de datos móviles” en la telefonía contratada por ellos.

 

Se trata de la seducción favorita de los sin escrúpulos de esta Isla, que quieren hacer ver que con cualquier actividad económica “actualizada” —váyales en ello el cargo— podemos pretender que ya somos “prósperos y sustentables”, aunque nadie sepa bien cómo ni cuándo.

Como la “Sociedad Anónima” del servicio público no reprodujo otro mamarracho que coronase su sede que con aquel cartel goebbelsiano que alucinaba: “En la Guerra como en la Paz mantendremos las Comunicaciones”, se me antoja que quizá este tanteo pudiera ser reflejo de intermitencias desprendidas del discurso procastrista para argumentar cualquier derrota venidera.

Alguien, previsor de la debacle este fin de semana —cuando nadie ha podido estabilizar su señal en ninguna parte del país más allá de 3 minutos—, dijo en las redes sociales que “ya tendríamos abundante Internet desde la cama”, pero olvidó aclarar de qué tipo, en cuál rango y a qué precio.

Es sabido que caciques y periodistas oficialistas —y hasta hijitos de papás—tienen su cartera abarrotada de megabytes gratuitos en un paquete asignado por los ideólogos precoces —ya sabemos con cuáles fines—. Sin embargo, lo que no pudieron evitar fue que el “pueblo humilde” se lanzara contra la acera/oficina —con sus 50 + 50 del trofeo— como si fueran al combate y con la guagua andando.

Cuando se ha vencido el plazo de un fin de semana decepcionante, terminó la oportunidad para muchos de vislumbrar, imperceptiblemente, el frágil equilibrio del mundo. Lo mismo pasó en los frustrantes intentos anteriores. A todos se nos evaporó “la asignación”.

Dar semejante “velocidad de trasmisión” en 3G ha sido otra mojiganga para que tengamos supongamos lo que viene —que no será 4G, sino G2—, si consiguen que no quede un cable suelto, y les otorguen luz verde.

Cuando asevero que el “control mediático” de los que navegamos a contracorriente está entre las máximas prioridades policiales del generalato, no es una convicción fortuita ni otra paranoia abyecta.

El gobierno manipula la tecnología, y mantiene un sistema de hackeo a sus ciudadanos, en cuanto al nivel de infiltración en cuentas privadas de disidentes y opositores, que aunque el espionaje a terceros resulte ilegal en términos jurídicos, llevan siempre las de ganar con acciones que incitan al miedo y a la autocensura.

Desde que se iniciaron las prácticas “masivas” de Internet en Cuba se puede apreciar cómo sitios que anidan nodos para sortear al “gran hermano”, usando el anonimato —proxys libres—, empiezan a pedir informes de datos que ya les has suministrado, como una simple URL, o exigen una membrecía en una corporación que esencialmente es gratuita.

Un ejemplo de los más atascados es la VPN conocida como HideMe.com, la que cuenta con 3 servidores en Holanda, Alemania y los EE.UU. A ninguno se puede acceder cuando implementan la caótica “fase de prueba”.

Igual sucede con Psiphon3, que recomienda una “versión actualizada” que ya tienes instalada. Al final te conecta y no se despliega página alguna.

Otro daño colateral ocurre con la telefonía corriente —Cubacel— que cada vez empeora llamadas y mensajería. Sufres demoras, interrupciones abruptas, y falsas informaciones cuando recibes respuestas tipo: “el usuario que usted solicita no existe”, o “el número está apagado o fuera del área de cobertura”; y la más frecuentemente; “hay congestión en las líneas”.

Con tantas afecciones oclusivas ¿de qué mejorías hablan?

La tecnología que ha sido “cedida” para soportar la infraestructura del primer mundo —hermanas naciones asiáticas, hibridación de fuerza chino-vietnamita: arroz Ho Chi Minh con gorriones Mao Zedong— se estrella sobre una realidad precaria y disfuncional.

Desde los técnicos empíricos que corrigen cualquier desperfecto que desfase al artefacto —porque les va implícito “el estímulo” con el cual sobreviven—, hasta los de la brigada apagafuegos que deben velar porque temperatura más humedad no revienten plataformas conectivas, todos se hallan cumpliendo con “su-misión”, nunca mejor emparejados.

Si este es el Internet “que viene llegando” —regulado por la canalita para los desclasados que seguimos siendo—, entonces: apaga y vamos.

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