El presidente cubano ara en el mar

El presidente cubano ara en el mar

Año tras año, el mal de la corrupción agrava la economía cubana, algo que comenzó por los años sesenta del siglo pasado, sin que nadie le prestara atención

Miguel Díaz-Canel
Miguel Díaz-Canel (Foto Reuters)

LA HABANA, Cuba.- El presidente cubano Miguel Díaz-Canel, elegido por su padrino Raúl Castro, está arando en el mar.

Cree, en primer lugar, que posee los atributos personales de los dos dictadores anteriores, Fidel y Raúl, que podría suplantarlos por la gran estatura física que posee, o por la devoción enfermiza que siente por las ideas castristas.

No sabe todavía este coterráneo mío que ha asumido la jefatura de una dictadura que carece, y ha carecido siempre, de un ordenamiento jurídico, de legislaciones vigentes, puesto que el poder de se concentró en torno a la figura de dos individuos, Fidel y Raúl, incapaces de mantener ni elevar el desarrollo económico que existía en el país antes de 1959.

Es por eso que hasta los peores escenarios desafían al presidente actual, como el reciente tornado del 27 de enero pasado, y los recorridos que hace con el fin de comprobar las grandes dificultades en las que vive el país.

Pongamos por caso su reciente visita a la provincia de Ciego de Avila, donde según el periódico Granma, “Ni las reuniones, análisis y chequeos, impidieron que el pasado año cerrara con más de 16 millones de pesos por pagar”.

En la Cuba de los Castro eso es pura rutina. Aún así, el pobre Díaz-Canel insiste en hacer un llamado “para lograr la identificación oportuna de las causas que llevan a la ocurrencia de estos hechos”.

O sea, que año tras año, el mal de la corrupción agrava la economía cubana, algo que comenzó por los años sesenta del siglo pasado, a lo que Fidel y Raúl no le prestaron mucha atención. ¿Será que el desorden, en general, contribuye al mantenimiento del poder?

Para nada los análisis fueron sistemáticos, según Díaz-Canel, “tras las cuentas por pagar y cobrar puede esconderse el delito, porque tenemos inestabilidad en los cuadros”.

Recordemos aquella conclusión a la que llegó el escritor colombiano Gabriel García Márquez, con su crónica La primera noche del bloqueo: “Cuba fue por aquellos años iniciales el reino de la improvisación y el desorden”.

¿Acaso sabe Díaz-Canel que durante diecisiete largos años el castrismo vivió sin Constitución, regido por un sistema autoritario, avalado hoy por más de doce mil concejales llamados delegados, y que ninguno de ellos logra la mayoría de los votos válidos para ser elegidos?

¿Tampoco sabe el presidente que asumió el cargo en un país donde la Ley aún no reconoce la propiedad privada, el mercado, la inversión extranjera  ̶ algo que pide a gritos la quiebra de la situación cubana ̶ , y que las reformas económicas puestas en práctica por Raúl Castro no ayudaron al desarrollo del país?

A sesenta años del modelo castrista para la economía cubana, hoy Cuba sigue en el reino de la improvisación y el desorden. Veremos qué hace Díaz-Canel cuando se logre, sabe Dios cuándo, concretar el comercio electrónico, sobre todo si constituye una manera eficaz de conocer con inmediatez los hechos de corrupción.

Tal vez ni así se logre hacer de Cuba un país normal, donde su presidente deje de arar en el mar. Cualquier recorrido por Cuba que haga el señor Miguel, le hace sentir el clavo caliente que lleva en la mano al asumir la presidencia de la dictadura más vieja de este mundo.

Y ante este desperdicio de gobierno, Díaz-Canel llama “tremendo homenaje” al Referendo de días pasados, y lo dedica a los próceres de la Independencia de Cuba, según él, los Padres de la Nación: José Martí, Fidel y Raúl.

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