En pos del Sí, Villa Clara derrocha lo que sea

En pos del Sí, Villa Clara derrocha lo que sea

En un rapto de falso entusiasmo la provincia incrusta en cada puerta de vecino su propaganda de cara al referendo el 24 de febrero

SANTA CLARA, Cuba.- Sin miramientos, vacilaciones, ni consultas con persona alguna, el gobierno de una de las provincias más depauperada del país —luego de eventos climatológicos anteriores al paso del tornado capitalino, el cual genera explicables envidias entre los aún destechados locales, quienes no conseguirán teja alguna en la repartidera— ha emprendido el asentamiento intensivo de fulgurantes pegatinas sobre cada resquicio santaclareño, barrios descascarados, bateyes polvorientos, distritos, circunscripciones y demás áreas pobladas del territorio, con muy espurios fines propagandísticos, obcecados como están los “factores” con el próximo simulacro refrendario al que ya dan por vencido.

Semejante conducta pudiera despertar insospechadas sorpresas, porque no traspira convicción de facto, ataraxia, certidumbres, ni se sienten los cubanos tan seguros como intentan sobre el terreno que pisan, que remite bufonescamente a la reificación materialista de la Ley de Negación [de la Negación], es decir; promoviendo un SI —patético por insostenible— ante la posibilidad real de un NO —dado el hastío masificado que minuciosamente conocen—.

Calculado por la ONEI en el último censo, el fondo habitacional de la región arrojó casi un millón de ciudadanos (903000 mil), los que ocupan 298 mil viviendas “confortables”.

Por un trabajador/especialista del Centro de Divulgación e Impresiones Digitales ¿S.A.? que confeccionó este libelo, perteneciente al boato que opera colegiadamente al lado de otro tan humilde como lo es el de “los pesos cubanos” poligráficos, supimos que el metro cuadrado del material adhesivo empleado en la impresión “es de importación”, y oscila “entre los 6 y 14 CUC”, según la proveniencia.

El empleado dejó entrever también que cuando “se trata de acometer una tarea priorizada por la más alta jerarquía del primerísimo nivel”, el subsidio —que cubrirá cualquiera de las pérdidas subsiguientes— desciende del olimpo a través de cheques ¿en blanco?, (léase Consejo de Estado, Comité Central), con sus cuentas insondables. Los mismos talones que se emplean para sufragar otros (ser)vicios en que incurren habituales del selecto/secreto sector.

Preguntado acerca del artículo dedicado a los derechos sociales, civiles y políticos en el trajinado documento que se “ratificará” como sea este 24 de febrero, y que ha copiado al calco a su antecesor en la aún vigente (in)constitución de 1976, añade que; “nadie de forma particular podrá ejercer por ningún medio propaganda a favor de una votación determinada” y que “se podrá sancionar/amonestar a precursores por ese causal” (no registrado como delito ni como derecho, sino que se intuye sin predeterminación de cuotas punibles). Es prerrogativa reservada en exclusividad al “soberano estado”, algo que se infiere de tal “declaración de principios”.

Sería fácil calcular entonces los costos (morales, más los financieros) de esta última algazara publicista que ha puesto a infelices ignorantes a repartir caros carteles como si de regresar al período republicano se tratara, resultando otro inútil desperdicio si nos atenemos al anuncio del primer ministro (tuitero menor: pues Chávez y Trump le superaron antes), de que “los cubanos asentirán su ya aprobada [por ellos mismos] Constitución de la República” rebautizada como “sin armas”, acaso por el bien común.

En la ilustración del pasquín de marras destaca la imagen patriotera de un coloreado Elpidio Valdés, cabalgando sobre su erguido caballo Palmiche, chillando el ¡SI COMPAY!, que suena y (des)luce ahora en papel, confusamente “mambisero”.

Pero se cuidan de mostrar a la consorte María Silvia —enredada entre los mil inventos culinarios que hay que urdir para no morir de inanición, igual a cualquier ama de casa cubana— en una de esas casas etiquetadas sin permiso y con sorna.

PS: Molesto ante la usurpación del espacio privado, por lo que constituye atiborrar con mensajes indeseados/violatorios de la neutral propiedad familiar —y hasta de la presunta ley en curso—, retiré de mi puerta el correspondiente cartelito.

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La propaganda retirada de mi puerta. Foto del autor
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