¿Por qué no repúblicas distritales jeffersonianas?

¿Por qué no repúblicas distritales jeffersonianas?

Un número relativamente grande de gobiernos locales asentados aporta no solamente un laboratorio, sino también una escuela de gobierno y ciudadanía

Estados Unidos;
Capitolio de la Florida en Tallahassee (Foto: Internet)

MONTANA, Estados Unidos. – No se suponía que fuera así. Estados Unidos no fue concebido como un estado gigantesco, voluminoso y altamente centralizado. Los Padres Fundadores imaginaron un país formado mucho más por gobiernos locales y regionales que un estado central nacional. Con este fin, Jefferson promovió contundentemente su concepto de “república distrital” (Ward Republics).

Para Jefferson la mayoría de las funciones gubernamentales deberían tener lugar en el distrito (o precinto). En 1816 escribió: “Lo más cercano a mi corazón es la división de condados en distritos”. Jefferson consideraba que los condados de Virginia eran demasiado grandes para participación directa de votantes, y defendía pequeñas unidades de gobierno local o repúblicas distritales. Actualmente nos hemos alejado bastante de esta visión jeffersoniana de pequeñas repúblicas a favor de un gran gobierno federal y gobernantes lejanos en Washington D.C. Y mi pregunta impertinente es: ¿deberíamos revisitar la noción de repúblicas distritales?

Para Estados Unidos puede defenderse un sólido caso de que un gobierno central poderoso es necesario para la defensa nacional. Este argumento de un gobierno central poderoso puede ser cierto también para un puñado de otras funciones donde una gran escala nacional es imperiosa. Sin embargo, las “repúblicas distritales” de Jefferson no son necesariamente un anacronismo de otra era. Incluso en 1800 Jefferson reconoció que “Nuestro país es demasiado grande para que todos sus asuntos se dirijan por un solo gobierno”.

Cuando un distante gobierno federal asume autoridad en un siempre creciente ámbito de tareas,  necesariamente usurpa la efectividad política de individuos y comunidades. La autoridad concentrada en un solo lugar tiene que venir de alguna parte, y esa parte somos nosotros. La tradición jeffersoniana estimula autoridad local y regional más que una autoridad nacional. Desafortunadamente, para Estados Unidos puede ser demasiado tarde para emprender reformas políticas significativas que devuelvan el flujo del poder del gobierno federal a autoridades estatales y locales.

Pero, ¿es el modelo jeffersoniano de repúblicas distritales aplicable a otras naciones? Aquí mi historia personal me lleva a pensar en un futuro democrático de Cuba o Venezuela. ¿Es apropiado un modelo de pequeñas unidades de gobierno local para esos países tras una historia de gobiernos totalitarios y autoritarios altamente centralizados? ¿Existe en esos países una población capaz de reafirmarse en el gobierno de sus municipios, provincias y estados?

Las “pequeñas repúblicas” de Jefferson dependen enteramente de una ciudadanía virtuosa, deseosa y capaz de asumir responsabilidades políticas en sus comunidades. En teoría esta ciudadanía tomaría decisiones locales más fundamentadas que un lejano gobierno central. Aunque imperfecta, la toma de decisiones a nivel local y regional probablemente sea más adecuada para las necesidades de la comunidad.

Una típica respuesta aquí es que poblaciones que no han tenido la oportunidad de practicar el autogobierno por décadas, están mal preparadas para asumir los retos de gobernar, y probablemente lo hagan pobremente. He comentado sobre este tema en mis escritos. Pero esto, más que ser un razonamiento contra la autoridad del gobierno local, actualmente puede ser un argumento a favor.

Si se van a cometer errores en el gobierno es mucho mejor que se cometan en pequeña escala de gobierno local que en la gran escala del gobierno nacional. Además, un número relativamente grande de gobiernos locales asentados aporta no solamente un laboratorio, sino también una escuela de gobierno y ciudadanía. Y sería descuidado no mencionar que un mayor número de oportunidades para gobierno local son un vehículo para satisfacer las ambiciones políticas de más ciudadanos.

Gobiernos locales también ofrecen a la ciudadanía una oportunidad de evaluar quién ha gobernado bien a nivel local y quién debería ser considerado para ocupar posiciones superiores. Es en este sentido que en Estados Unidos los gobernadores estatales son vistos como potenciales candidatos presidenciales. Podemos evaluar su resultado ejecutivo como gobernadores.

Pero el argumento más sólido para las pequeñas unidades de gobierno local es que la centralización gubernamental desalienta virtudes cívicas y alienta la dependencia al gobierno, y finalmente que el poder centralizado presenta una amenaza a nuestros derechos y nuestra libertad. Entonces, ¿por qué no repúblicas distritales?

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