Por poco Abel se pasa de rosca

Por poco Abel se pasa de rosca

Según Abel Prieto, exministro de Cultura del régimen, el triunfo de la Revolución dio un golpe devastador a la yankofilia y nos formó como antimperialistas

Abel Prieto; Cuba
Abel Prieto (Foto de archivo)

MIAMI, Estados Unidos. – Hace unos días que Abel Prieto, intelectual pinareño que fuera presidente de los escritores cubanos y luego Ministro de cultura, hizo un análisis en Granma, uno de los periódicos de Fidel Castro y su hermano Raúl, sobre la yankofilia.

Una de las cosas que más sorprende en su artículo es cuando dice que el triunfo de la Revolución dio un golpe devastador a la yankofilia y nos formó como antimperialistas. Y a continuación aclara que nunca fomentó rencores hacia el pueblo. ¿Se habrá referido al recibimiento que Raúl le hizo a Obama y la cantidad de veces que tanto este como Díaz Canel le enseñaron los dientes?

Comienza su perorata con un barbarismo: Quiere convencernos de que la modernidad y el progreso de Estados Unidos, admirado ya desde Martí, “…era una idea que florecía entre los anexionistas, fascinados por un país de rápido crecimiento económico”.

Hoy, por si no lo sabe, bajo Donald Trump, vuela la economía de Estados Unidos y el índice de desempleo es el más bajo desde hace cincuenta años.

Luego se refiere al dinero y lo llama “diablo velludo con quien danzan políticos, banqueros, toda una fauna sórdida”.

¿A cuáles políticos se refirió Abel? ¿A los hombres de negocio de Estados Unidos o a los generales cubanos del negocio, que viven en las residencias de los ricos de ayer, a Fidel Castro, dueño exclusivo de islas misteriosas de Cuba, repartos de la exaristocracia cubana, donde viven los comunistas de hoy con su familia, donde hasta sus criados manejan un BMW?

Cuidado, Abel, no se pase de rosca.

Pues sí, fueron las leyes de Estados Unidos las que le dieron prosperidad a ese país, como dijo José Martí, hoy diría que las leyes de la dictadura castrista destruyeron al nuestro.

¿O es que Abel no comenzó a ver cómo se destruía, con sus diez años de edad, cuando a partir de 1960 pasó nuestra industria moderna y próspera a manos de un guerrillero que nada sabía de industria y sí de tiros y fusilamientos?

¿Y qué me dice pues de esos millones de cubanos que huyen de Cuba, en cualquier cosa que flote, año tras año? ¿Se imagina hoy otros Mariel, otras Embajadas de Perú?

Y los que hoy venden sus casas y hasta las cazuelas, para irse con un destino final: ¿Estados Unidos? ¿Son anexionistas o yankófilos de a pie que quieren escapar del comunismo?

Pues sí, amigo mío, los cubanos están absorbidos eternamente por el modernismo y la prosperidad.

Veámonos bien al espejo.

A cuantos intelectuales cubanos de vanguardia les gustaría seguir las huellas de todos sus colegas que se han ido y que hoy nos ven con pena por un atraso de siglos, sufriendo una dictadura con el fracaso de siempre y esperando ayuda de Venezuela, destruida y corrupta, pero empecinado su pueblo en ser libre.

El triunfo revolucionario de 1959, amigo mío, fue lo peor que le pudo ocurrir a Cuba. Es ciego quien no quiere aceptarlo o un dirigente bien acomodado, gozando de los beneficios de una modernidad a través de sus viajes al extranjero.

Es cierto lo que dice al finalizar su articulito: “…desde hace unos años, parece haber renacido la identificación entre ‘lo yanqui’ y lo moderno”.

Por último, le pregunto y hasta la próxima:

¿En serio cree que alguna vez el cubano olvidó cómo se vivía en aquella Cuba próspera y moderna, libre de dictadura comunista?

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