“Nosotros, el pueblo”: ¿Libertad individual o voluntad de la mayoría?

“Nosotros, el pueblo”: ¿Libertad individual o voluntad de la mayoría?

Debemos reclamar, como nuestros fundadores, que somos personas individuales que nos definimos como participantes independientes en una sociedad libre

Estados Unidos; Donald Trump
Constitución y bandera de Estados Unidos de América (Foto: Pioneer Institute)

MONTANA, Estados Unidos. – Nuestros problemas políticos comienzan con las primeras tres palabras de la Constitución de los Estados Unidos: “Nosotros, el pueblo”. Según Randy Barnett, profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Georgetown, quienes favorecen un enfoque democrático de la Constitución presumen de “Nosotros, el pueblo” como una entidad grupal o colectiva. Pero aquellos proclives a una interpretación republicana ven “Nosotros, el pueblo” como personas individuales.

De los documentos fundacionales y de la afinidad de los Fundadores con la filosofía de John Locke, queda claro que la libertad individual fue el principio rector en la creación de los Estados Unidos. La Constitución fue diseñada para aplicar los principios de la Declaración de Independencia, y funciona como dispositivo institucional para asegurar nuestros derechos naturales de vida, libertad y propiedad. Para los Fundadores, “Nosotros, el pueblo” significó no una entidad colectiva, sino cada uno de nosotros como ciudadano individual. Sin embargo, como señala George Will en La sensibilidad conservadora, nuestra elección por una u otra de estas diferentes interpretaciones, tiene extraordinarias consecuencias políticas.

La interpretación de “Nosotros, el pueblo” como un colectivo expresa la prevalencia de la voluntad de la mayoría. Así, la Constitución se convierte en un mecanismo para satisfacer la voluntad colectiva, donde los únicos derechos legales individuales son aquellos que otorga la mayoría. En contraste, la interpretación individualista de “Nosotros, el pueblo” considera la Constitución como una herramienta para mantener a raya al gobierno y limitar leyes contrarias a nuestros derechos naturales como individuos.

El ideal estadounidense no es que la mayoría se salga con la suya, sino más trascendente: que nuestros derechos fundamentales no estén sujetos al voto democrático ni a resultados de elecciones.

Tal como lo formula el profesor Barnett, “la gran división actual en Estados Unidos es entre aquellos que creen, de acuerdo con los Fundadores, que primero están los derechos y luego el gobierno; y los que creen que primero está el gobierno y luego los derechos”. El gobierno no es el creador de nuestros derechos naturales, y la mayoría no tiene derecho a violarlos. Nuestros derechos están por encima de una mayoría democrática.

En el centro de esta cuestión está la doctrina de los derechos naturales. Estos no dependen de las leyes o del gobierno, sino que existen antes del gobierno y emanan del sentido común. Construimos gobiernos para garantizar nuestros derechos naturales. Somos individuos con derechos y Estados Unidos es un gobierno basado en el derecho. La verdadera función de nuestro gobierno, como se afirma en la Declaración de Independencia, es proteger nuestros derechos naturales. La función del gobierno es proteger nuestra vida, libertad y propiedad, para que podamos buscar la felicidad individual.

Los Padres Fundadores creían que los gobiernos elegidos por mayoría eran inherentemente peligrosos para nuestros derechos individuales. Como nos recuerda George Will, “De las principales instituciones creadas por la Constitución —Congreso, presidencia y Corte Suprema— solo la mitad de una de ellas, la Cámara de Representantes, es elegida directamente por el pueblo en su diseño original”.

Consecuentemente, durante aproximadamente 150 años después de la Fundación, las discusiones políticas comenzaban a menudo con un debate sobre si el gobierno federal tenía derecho a tomar alguna acción bajo los poderes enumerados por la Constitución. Hoy, “casi nadie en la rama legislativa o ejecutiva cree que haya algún tema, en cualquier esfera, en que el gobierno federal esté excluido constitucionalmente” (Will). Esto es lamentable, porque nuestros derechos naturales deben prevalecer sobre el poder de la mayoría a gobernar.

La historia se ha definido como el registro de la lucha entre la libertad y la autoridad. James Madison identificó, como mal político, que la democracia pudiera producir la tiranía de la mayoría.  “Nosotros, el pueblo” no debe entenderse como grupos étnicos, raciales, políticos o sexuales. No estamos definidos por accidentes de nacimiento o socialización como lo requiere la “política de identidad”. No somos lo que sea nuestro grupo. No somos una sociedad de colectivos adormecidos políticamente. Las opiniones individuales son necesarias para una democracia saludable. Debemos reclamar, como nuestros fundadores, que “Nosotros, el pueblo” somos personas individuales que nos definimos como participantes independientes en una sociedad libre.

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Acerca del Autor

José Azel

José Azel

(Cuba, 1948): Llegó al exilio en Estados Unidos en 1961, con 13 años de edad. Fue profesor adjunto de Negocios Internacionales de la Escuela de Administración de Empresas de la Universidad de Miami. En la actualidad es catedrático del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos (ICCAS) de la Universidad de Miami. Posee una maestría en Administración de Empresas y un doctorado en Relaciones Internacionales de la Universidad de Miami. Se especializa en análisis a profundidad de temas económicos, sociales y políticos cubanos, con especial énfasis en las estrategias a seguir en la Cuba post Castro. Es autor del libro Mañana en Cuba: El legado del castrismo y los retos para la transición. Pertenece a la Junta Directiva de CubaNet Noticias.

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