¿Para qué nos sirven las visitas reales?

¿Para qué nos sirven las visitas reales?

Poco nos importan unas entrevistas que no conseguirán que aparezcan los muchos medicamentos que se dispersaron en el éter

Príncipe Carlos de Gales y Camila la duquesa de Cornualles. Foto tomada de Internet

LA HABANA, Cuba.- “¡Una marca de cigarros!”, así respondió a mi pregunta un joven cubano, que este año podría ingresar a la universidad si aprueba los exámenes de ingreso, o sus padres mejoran con dinero sus calificaciones, cuando quise saber cuánto conocía del político inglés Winston Churchill. Otro, algo más joven, hizo una mueca y se encogió de hombros antes de responder con una pregunta: “¿Un músico yuma?”.

Resulta obvio que el militar virtuoso, y discutido premio Nobel de literatura, es un desconocido en esta isla, sobre todo entre los más jóvenes, quienes ignoran sin recato alguno la historia nacional. Ninguno de los muchachos a los que pregunté se había enterado de que el famoso político hizo dos viajes a Cuba. Ninguno conocía de la estancia de Churchill, del lado español, en la manigua cubana de 1895, donde una bala le “picó” muy cerca, y fumó también algunos puros.

Churchill volvió a Cuba en 1946, acompañado de su esposa y su hija Sarah, pero de eso tampoco saben los jóvenes cubanos a los que pregunté. Si algo conocen de los ingleses es que alguna vez tomaron la Habana, aunque no recuerdan la fecha exacta. La memoria de estos muchachos sobre el asunto no va más allá de un breve chispazo del que únicamente sale un nombre: Pepe Antonio. Así se conoce la historia en esta isla: algunos nombres, ciertos sitios, y luego…, un vacío enorme.

Muchos de esos “novísimos” cubanos que tienen, según dice el gobierno, una excelente educación, no saben distinguir bien las diferencias entre monarquías y repúblicas, entre dictaduras y democracias. Quizá por eso no atribuyen importancia alguna, como sucede también con sus mayores, a la visita del Príncipe de Gales y la duquesa de Cornualles, quienes alguna vez serán reyes. Esos jóvenes no saben mucho del Reino Unido; sus saberes sobre esas tierras no van más allá del concierto de The Rolling Stones en La Ciudad Deportiva, y quizá de algún chisme sobre Lady Diana.

Los cubanos poco se interesan en las monarquías que durante sesenta años fueron vilipendiadas en la isla, aunque ahora también se espere la concreción de la visita de los reyes de España, quienes, por cierto, debieron venir antes que estos ingleses que no conseguirán el trono hasta que no muera Isabel II. Los cubanos no prestan mucha atención a esos recibimientos que hace unos años eran impensados. Los cubanos están muy preocupados por la sobrevida, esa que pinta ponerse tan fea con todo lo que sucede en Venezuela.

“La cosa está mala”, así decimos en la calle, sin que nos importe la venida de quienes quizá sean monarcas alguna vez. Durante años no se dijo de ellos otra cosa que no tuviera que ver con esa toma de La Habana, sin que se recuerde mucho que esa “conquista” tuvo un antecedente en Guantánamo. Los cubanos estamos más interesados en la desaparición del huevo y de cualquier otra proteína de origen animal, que en la venida de dos miembros de la casa real británica.

Estamos tan obsesionados con el pan, que no tendremos tiempo para seguir la visita de ese príncipe acompañado por su duquesa, que cenaran con Díaz-Canel y su primera dama en un instante en el que quizá no tengamos ni un huevo pa’ freír. A quién le puede interesar una visita que no irá mucho más allá del interés de una prensa que va a reseñar, con muy escasos detalles, los encuentros, y espiará con los lentes de sus cámaras las vueltas que den por la ciudad que está por cumplir quinientos años.

Poco nos importan unas entrevistas que no conseguirán que aparezcan los muchos medicamentos que se dispersaron en el éter, y cuya ausencia puede acompañarse de un déficit proteínico, o medicamentoso, e incluso de la muerte, del olvido de la estancia habanera de los inquilinos del “Clarence House” donde, se dice, se produce una miel exquisita que jamás pondrán a prueba nuestros paladares.

Esas entrevistas que están por llegar no van a servirnos de mucho, como tampoco nos resultó productiva la visita del gordito rey de Marruecos, cuando rentó todo el Hotel Saratoga para él y su familia, y se dio baños en playas a las que nunca vamos la mayoría de los cubanos. Muchos guiños le hicieron a este rey los que antes nos dejaron sin médicos para mandarlos a Argelia. Quienes apoyaron al Frente Polisario, pero así es la vida…, al menos por acá.

Y es posible que para cuando La Habana cumpla sus quinientos años lleguen los reyes de España, pero estarán tan lejos de nosotros que no verán mucho más que la muy hermosa arquitectura colonial cubana. Habría que preguntarse por qué importan tan poco a los cubanos las visitas de monarcas y otros dignatarios. Habrá que averiguar por qué son tantos los que dan, o simulan dar, sus espaldas a la política. Sería bueno investigar porque interesan más Beyonce y Jay Z, Naomi Campbell y Rihana, Madonna o Vin Diesel, The Rolling Stones o Karl Lagerfeld, Paco Rabanne y Spielberg. ¿Por qué resulta más cercana una marca de cigarros que Winston Churchill en uno de los países “más cultos del mundo”?

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