Morir por la boca como el pez

Morir por la boca como el pez

¿Quién, ante la necesidad de acompañar el cotidiano arroz con frijoles que “nos toca” por la bodega, no ha comprado alimentos en mal estado o adulterados con sustancias dañinas? No pocos terminan en el hospital

tiburónLA HABANA, Cuba. — (Cuba Sindical) Alimentarse bien en Cuba es una utopía y comer cualquier cosa una peligrosa tentación. Muchos de los actuales vendedores de alimentos por cuenta propia, como quienes laboran en establecimientos estatales o en tiendas recaudadoras de divisas, comercian productos adulterados o vencida la fecha de caducidad.

Aquí no son los atentados, la religión o las etnias los que te pueden mandar al más allá o dejarte hecho polvo en el más acá, sino la necesidad o el deseo de hacer cinco pesos que les permita llevarse un trozo de boniato a la boca, o presumir de que poseen más dinero que Bill Gates o un príncipe sultán saudí.

La falta de escrúpulos de no pocos , el ansia de sobrevivir de muchos aunque para eso tengan que joder a los demás, se juntan a la hora de improvisar o adulterar alimentos que actúan como bombas dentro del estómago, subvierten el sistema nervioso central, y dejan secuelas de por vida en el consumidor.

Los once muertos y decenas de lesionados que provocó la venta de alcohol metílico como ron casero en Marianao (Café fuerte, 28 de junio de 2014), evidencian el afán de lucro que pervierte a ciudadanos del país, aunque 14 de los principales implicados recibieran condenas de hasta treinta años de cárcel.

Pero sin ser los primeros ni los últimos que mueren por ingerir bebidas alcohólicas bautizadas por el pueblo como Pisotón de Mamut o Jim de la selva por el efecto que causan entre los tomadores, la masividad del hecho conmocionó a la población e hizo que las autoridades actuaran  con severidad.

Sin embargo, en Cuba no sólo los bebedores mueren por la boca como el pez. ¿Quién, ante la necesidad de acompañar el cotidiano arroz con frijoles que “nos toca” por la bodega, no ha comprado alimentos en mal estado o adulterados con sustancias dañinas, que no pocos terminan en el hospital?

Ahora mismo, un señor que dijo nombrarse Alfonso, junto a su esposa y un niño de tres años, acaba de salir del hospital por comer un pescado ciguato, comprado a un vendedor furtivo en Centro Habana. Adela, mi vecina, también sufrió una intoxicación por el consumo de una carne adquirida en una TRD.

Un brote de vómitos y diarrea entre varios peloteros del equipo de Granma, impidió la celebración de los juegos pactados contra Sancti Spíritu en la actual

Serie Nacional de Béisbol. Descartado el cólera, se analizaron los alimentos consumidos en el Hotel Zaza, y sólo queda preguntar; ¿mala elaboración?

Son muchos los que a diario en la cola para el pan, un ómnibus, la funeraria, un uniforme escolar, los huevos, las papas, el médico, la balita de gas -en fin, las colas en el país-, cuentan de amargas experiencias con frutas, lácteos y embutidos, entre otras perversidades sufridas en busca de alimentos para vivir.

“Es la miseria humana, el descontrol, la falta de todo para subsistir. Es una cadena delincuencial que comienza en la cúspide de la pirámide social y culmina aquí en el barrio donde las víctimas no son hijos de papá”, me dijo un abogado que no reveló su nombre por temor a morir por la boca como el pez.

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Acerca del Autor

Víctor Manuel Domínguez

Víctor Manuel Domínguez

Periodista independiente. Reside en Centro Habana. [email protected]

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